17 ALICIENTES   Leave a comment

guiaba2017Si aman (un poquito siquiera) el baloncesto universitario, ya están tardando en descargarse (gratis total) la imprescindible Guía NCAA 2016/2017 de BasketAmericano. No es porque yo lo diga sino porque es la pura verdad, por mucho que busquen difícilmente encontrarán en el mercado otra publicación más completa, no ya en castellano sino en casi cualquier otra lengua. Trescientas y pico páginas, análisis de todos los equipos de todas las conferencias grandes y medianas, perfiles pormenorizados de todos esos freshmen que pueblan ya las quinielas pre draft… Y todo ello gracias a la colaboración desinteresada de un buen puñado de locos, veintitantos sujetos enamorados hasta las trancas (y las barrancas) de este juego maravilloso. Me temo que yo soy uno de ellos, y una vez más me ha sido concedido el honor de inaugurar dicha Guía con el típico artículo de presentación de la temporada. Justo este mismo que les pongo a continuación (si encuentran alguna obsolescencia no me la tengan en cuenta, tengan presente que ha pasado ya más de un mes desde que lo escribí) para que vayan abriendo boca. A ver si así terminan de convencerse de una vez por todas…

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Hablar de alicientes para presentar una temporada cualquiera de baloncesto universitario (como si los necesitara) me parece casi una herejía. No existe mayor aliciente que la competición en sí misma, ese impecable planteamiento-nudo-desenlace que empieza en el Tip-Off Marathon y acaba en la Final Four tras un mágico crescendo de apenas cinco meses. ¿Alicientes? Venga ya. Coja un bol, llénelo de palomitas (o de lo que le apetezca en su defecto), desmorónese en su sofá y limítese a mirar, y a disfrutar (bien acompañado por esta Guía, a ser posible). No necesitará absolutamente nada más.

Pero como soy especialista en proclamar una cosa y hacer exactamente la contraria, este año he decidido saltarme mi propia norma y elaborar una relación de detalles que ayuden a vender lo que en modo alguno necesita ser vendido; que nos hagan mirar a esta NCAA como algo aún más interesante de lo que ya es. Cada uno tendrá los suyos pero allá van los míos, los primeros diecisiete alicientes (pensé en hacer quince pero se me fue la mano, pensé luego en hacer veinte pero no me dieron las fuerzas) que se me han venido a la cabeza. Espero que no me lo tengan en cuenta.

1. La sobredosis de Duke. No, por mucho que rebusquen no encontrarán muchos rankings de pretemporada (puede que ninguno, de hecho) que no sitúen a los Blue Devils en el primer puesto del escalafón. Krzyzewski está ante la cuadratura del círculo: conserva piezas fundamentales del pasado año (sobre todo el travieso Grayson Allen y el resucitado Amile Jefferson, pero también Matt Jones, el tirador Kennard y hasta el fantasmagórico Jeter) y puede presumir al mismo tiempo de otra inmejorable promoción de futuro (y van…) gracias al aterrizaje del presunto base Frank Jackson, el versátil Jason Tatum, el imponente Marques Bolden y el más que probable número 1 del draft (eso sí, cuando las lesiones le respeten, lo que a día de hoy parece mucho pedir) Harry Giles. ¿Recuerdan cuando el Coach K debía hacer de la necesidad virtud, utilizando como cuatros (o como cincos, a veces) de mentira a tipos como Jabari o Ingram? Tiempos pasados que no habrán de volver (salvo catástrofe), ya que este año el abanico de posibilidades que se le presentan por dentro nada tiene que envidiar al que podrá presentar por fuera. Rotación interminable, posibilidades inmensas, versatilidad absoluta. Nadie tiene más ni mejor que Duke, lo cual no quiere decir que no podamos encontrar alguna sombra: acaso la dirección (no parece haber más base que Frank Jackson, que tampoco acabo de estar muy seguro de que lo sea) o acaso el exceso de favoritismo, presión que en criaturas tan tiernas puede volverse en su contra. Nada que el ya casi inmortal Krzyzewski no pueda manejar.

2. Gabinete Calipari, 8ª edición. Que Krzyzewski haya superado a Calipari en el ¿noble? arte del one and done no significa que éste no siga siendo el maestro de maestros en dicha faceta. Un año más se ha visto en la tesitura de rearmarse con fornidas criaturas que en apenas unos meses dirán adiós muy buenas y le dejarán un año más en la tesitura de rearmarse con fornidas criaturas que… (y así sucesivamente): por fuera llegan De’Aaron Fox y Malik Monk (productos físicos y/o explosivos para la dirección, muy al gusto de aquella casa) para acompañar a un Isaiah Briscoe que reivindicará su cuota de protagonismo tras verse oscurecido en su año freshman por la dupla Ulis-Murray; y por dentro el habitual chorro de centímetros, no serán más altos que casi cualquier franquicia NBA como sucedió hace un par de años, pero tampoco le andarán muy a la zaga: Wenyen Gabriel, Sacha Killeya-Jones y esa fuerza de la naturaleza (hasta en el nombre) que llaman Bam Adebayo, todos los cuales habrán de asociarse con el veterano (alguno habría de quedar) Derek Willis. Es decir, nada nuevo bajo el sol. Un año más los Wildcats se hincharán a ganar partidos, un año más se llevarán la SEC y se meterán en el Madness sin despeinarse pero una vez allí ya será otra historia, esa que sólo suele estar al alcance de los elegidos. ¿Final Four? Tal vez, es muy posible (no sé si también probable). ¿Título? Ni de coña, en mi opinión. Luego cuando lo ganen acuérdense de venir a cerrarme la boca.

3. ¿Villanova, again? ¿Y por qué no? Ya lo sé, no es nada habitual que un equipo repita título, no hay más que recordar que en estos últimos 43 años sólo ha ocurrido dos veces, mérito exclusivo de las extraordinarias promociones de Duke (1991-1992) y de Florida (2006-2007). Por no ser ni siquiera es fácil que un equipo repita Final Four, pero estos Wildcats tienen los ingredientes suficientes para lograrlo entre otras cosas porque no han padecido la tradicional desbandada de otros equipos campeones. Sólo se fueron quienes se tenían que ir, Arcidiacono y Ochefu.hart-jenkins-300x250 Palabras mayores, sí, pero tampoco son mancos quienes se quedan: el hombre-milagro Kris Jenkins, ese Josh Hart que aspira a ser uno de los jugadores del año, ese Jalen Brunson ya con toda la responsabilidad en la dirección, esos Bridges, Booth o Reynolds que son magníficos complementos. Y añádase al transfer Paschall (desde Fordham), y ahora es cuando tocaría añadir también al freshman Omari Spellman si no fuera porque su inelegibilidad académica nos va a privar de verle por este año, lo que quizás ha rebajado un puntito las ilusiones en Philadelphia. Con todo y con eso no habrá más favoritos que ellos para la Big East, y una vez en el Madness yo tampoco apostaría en su contra. Ya no. Se lo digo por experiencia.

4. La hora de Oregon. ¿Y si yo ahora me tirara a la piscina y les dijera que Oregon es mi principal favorito para alzarse con el título? Pues que me lincharían, probablemente. Apuesta arriesgada, lo reconozco, ésta de situar a los Ducks por encima de las cuadrillas de Krzyzewski o Calipari, incluso de la Villanova de Jay Wright. Pero qué quieren que les diga, saben que no soy de comida rápida sino de cocción a fuego lento, y el guiso éste que están cocinando en Eugene huele que alimenta: echarán de menos sin duda a Elgin Cook y al efervescente Bnejamin, pero a cambio el griego Tyler Dorsey ya será sophomore, Jordan Bell y/o Chris Boucher seguirán sembrando el pánico en la zona, Casey Benson aportará sobriedad en la dirección y el ex villavovense Dylan Ennis (de los Ennis de toda la vida) podrá jugar por fin su año de done and one, una vez superados sus achaques. Y para el final me he dejado a la guinda del pastel, Dillon Brooks, un tipo que me encanta y que es mi principal favorito a jugador del año (otra apuesta arriesgada, ya lo sé), si bien su misteriosa lesión de este verano hará que se incorpore más tarde y puede complicar un poquito mis optimistas pronósticos. Y por supuesto, todo ello amasado por la mano maestra de Dana Altman, acaso uno de los coaches más infravalorados de la nación. El año pasado ganaron por partida doble la Pac12 y se quedaron a un solo paso de la Final Four, superar un balance así no ha de ser tarea fácil pero tampoco hay razones para pensar que no pueda ser posible. Veremos si no es incluso probable.

5. El reto de Izzo. ¿Quién ejercerá de líder en estos Spartans? En temporadas precedentes Michigan State era el equipo de Izzo (obvio) pero era también el equipo de Draymond Green, el equipo de Adreian Payne, el equipo de Denzel Valentine… Este año en cambio resulta muy difícil encontrar un caso similar,freshmen-michst resulta muy difícil encontrar ese mismo predicamento en tipos como Eron Harris (sénior, sí… pero que apenas lleva un año en East Lansing tras aterrizar desde West Virginia) o Tum Tum Nairn. Claro que las penas con pan son menos, y a cambio Izzo tendrá a su disposición una de las mejores camadas de freshmen que ha tenido nunca, una de las mejores que cualquiera pueda presentar este año: Cassius Winston, Josh Langford, Miles Bridges, nombres que hemos conocido hace apenas cuatro días pero que en apenas cuatro más nos resultarán ya como de la familia. Será apasionante ver a Izzo modelando a toda esta panda de imberbes (es un decir) yogurines, le costará más o menos tiempo pero que nadie dude que acabará consiguiéndolo. Por eso, cuando saquemos conclusiones precipitadas en noviembre, habremos de recordar que en NCAA los exámenes finales siempre son en marzo. Tanto más en Michigan State.

6. Gard, Happ. Bo Ryan dijo hasta aquí he llegado y Greg Gard se comió el marrón, pero se lo comió tan bien y con tanta clase que el mundo baloncestístico entero fue un clamor para que se le quitara de una vez por todas el cartel de interino y se le reconocieran sus méritos con un contrato largo y sustancioso, a ser posible. Dicho y hecho, y hoy por fin nos encontramos ante su primera temporada completa en Wisconsin, en la que sus Badgers volverán a girar alrededor de Bronson Koenig y de un Nigel Hayes que parece haberse estancado un tanto en su progresión (o acaso nuestras expectativas fueran demasiado altas, no sé). Y sin embargo me van a permitir que yo me centre sobre todo en un jugador que me epató en su año freshman y que a poco que progrese adecuadamente puede convertirse en una especie de Kaminski 2.0. Se llama Ethan Happ y es una verdadera delicia, otro de esos interiores que no deslumbran por su físico (en absoluto) pero enamoran por sus fundamentos. Sus progresos, unidos a los de Gard en el banquillo, pueden llevar a estos Badgers mucho más arriba de lo que parece.

7. Shaka, segundo acto. No nos engañemos (tampoco podríamos), Kansas volverá a ser favorito único e indiscutible al trono de la Big12, y ya veremos si a más cosas todavía. Pero más allá de ese pequeño detalle sin importancia no serán pocos los alicientes que nos ofrezca una vez más la conferencia del Medio Oeste, y a mí particularmente uno de los que más me apetece es asistir a la evolución de los Longhorns en la segunda temporada de Shaka Smart. Hace un año se encontró un equipo heredado que poco a poco fue modelando (no sin dificultades) a su imagen y semejanza; ahora en cambio el proyecto ya es mucho más suyo, ya se asemeja mucho más a su filosofía: ya no estarán Ridley ni Lammert ni Taylor ni siquiera Javan Felix, ya será sobre todo el equipo de los sophomores Kerwin Roach, Tevin Mack y Eric Davis, tres sobresalientes piezas con las que mirar al presente y al futuro inmediato con una buena dosis de optimismo. Pero será además Texas el equipo de Kendal Yancy y Shaq Cleare, será el equipo de los apetecibles novatos Andrew Jones y Jarrett Allen (interior muy al gusto de Smart, reclutado sobre la bocina tras múltiples avatares), será el equipo de la versatilidad, la velocidad, la intensidad y (ya sí, también) el HAVOC. Será, por encima de cualquier otra consideración, el equipo de Shaka. Nada más y nada menos que eso.

8. Underwood en Stillwater. En estos pasados años el Gallagher-Iba Arena fue cualquier cosa menos un remanso, y no precisamente (o no sólo) por las inolvidables travesuras de Marcus Smart. Con Travis Ford fueron a menos año tras año hasta acabar casi lindando por la insignificancia, razón por la cual los rectores de Oklahoma State decidieron finalmente prescindir de él (veremos si se maneja ahora mejor en Saint Louis) y tuvieron además el exquisito buen gusto de fichar en su sustitución a Brad Underwood. Recuerden, ya ex técnico de Stephen F. Austin y autor intelectual de dos de las más refrescantes sorpresas de estos últimos Madness, la de 2014 cuando sus Lumberjacks se cargaron a VCU y la de este 2016 cuando hicieron lo propio con la West Virginia de su amigo y ex mentor Bob Huggins, Walkup mediante. Pocas contrataciones de entrenadores (acaso ninguna) más ilusionantes habremos tenido en este 2016. Con él los Cowboys volverán a ser más pronto que tarde un equipo ganador, con él los Cowboys volverán a ser (aún más pronto si cabe) un equipo divertido. Su advenimiento, sumado a los ya pretéritos de Shaka y Prohm (continuador de la herencia de Hoiberg) y a la feliz permanencia (por muchos años) de Huggins, le viene de perlas a una Big12 que no siempre fue la alegría de la huerta pero que ahora al menos tendrá ya unas cuantas ventanas abiertas para que pase el aire fresco. Eso sí, si usted es de los que prefieren aburrirse tampoco se me preocupe demasiado: siempre le quedará Baylor.

9. Damocles en UCLA. La espada (la de Damocles, obviamente) pende sobre el cuello de Steve Alford, de quién si no. Al susodicho le pitaron sobremanera los oídos durante la pasada primavera, víctima de una campaña que no reparó en gastos (hasta avionetas sobrevolando el campus) pidiendo indisimuladamente su cabeza.steve-alford Sobrevivió, hizo acto de contrición, examen de conciencia y propósito de enmienda y todo lo que usted quiera, pero muy pocos técnicos va a haber este año en todo el baloncesto universitario a los que se les mueva más el suelo bajo sus pies. Y tanto más tras lo que han puesto en sus manos, una interesantísima camada de freshmen encabezada por el tremendo Lonzo Ball, acaso el mejor base puro de toda esta promoción. Será interesante ver cómo lo mezcla Alford con su hijo Bryce, que presumiblemente habrá de readaptarse ahora al rol de escolta tirador justo cuando parecía haber aprendido por fin (a la fuerza ahorcan) el rol de director de juego. Sumen al lío a Aaron Holiday (de los Holiday de toda la vida), no se olviden de Isaac Hamilton, añadan también a Prince Ali y el resultado de todo ello es que el perímetro de estos Bruins tendrá más y mejores ingredientes que (casi) nunca. Y por dentro echarán de menos a Tony Parker y sobre todo al huido Jonah Bolden pero se apañarán con Welsh, el freshman Leaf y alguna ayudita puntual de Olesinski y del húngaro Goloman. Así las cosas, pueden estar seguros de que todo lo que no sea pelear (al menos) los títulos de la Pac12 y asomarse en serio al Madness será considerado un rotundo fracaso y hará que rueden cabezas. No hará falta que les diga cuál.

10. Foster en Creighton. Más allá del evidente favoritismo de Villanova, más allá incluso del no menos evidente vicefavoritismo de Xavier (un tanto de bajón tras la suspensión de Myles Davis) aún nos habrán de quedar muchísimas cosas destacables en una Big East cada vez más apasionante (a la par que difícil de seguir). Y podría poner el ojo en muchos sitios pero voy a ponerlo en Creighton, o más concretamente voy a ponerlo en Marcus Foster, aquel jugador que nos maravilló en su año freshman en Kansas State y que en su año sophomore se nos fue diluyendo paulatinamente hasta acabar desapareciendo (incluso de manera literal, tras apartarlo Bruce Weber del equipo). Una buena pieza debe ser el amigo Marcus, que ha tardado un año (redshirt mediante) en hacer este viaje de Manhattan (Kansas) a Omaha (Nebraska); habrá que ver si esa temporadita en el rincón de pensar le ha hecho recapacitar, habrá que ver también si encuentra por fin en McDermott lo que no encontró en Weber (que debería). Si así fuera, si reapareciera siquiera mínimamente aquel maravilloso Marcus Foster que un día conocimos, ojo con Creighton. Ojo con estos (ya de por sí fascinantes) Bluejays, mucho ojo con ese tándem que puede formar con Maurice Watson Jr. A ver cuántas universidades de postín, no ya en la Big East sino en la nación entera, pueden presentar una pareja exterior así.

11. Sin Baker ni Van Vleet. Y unos que vienen y otros que se van, hablando de parejas exteriores. Ron Baker y Fred Van Vleet son ya historia (y qué historia) en Wichita, lo que en condiciones normales nos haría temer un estrepitoso bajón en los maravillosos Shockers que hemos conocido y disfrutado durante estos últimos cuatro años. Pues tal vez, algo de bajón habrá, es ley de vida… pero tampoco se me preocupen en exceso: porque llegará la hora de ese fascinante chico para todo llamado Markis McDuffie que ya nos fascinó en su año freshman, porque Rashard Kelly y Shaq Morris impondrán su ley por dentro, porque seguirán defendiendo como perros con Zach Brown a la cabeza, porque el ex Jayhawk Conner Frankamp (ahora ya sin apenas competencia) se tirará y meterá todo lo habido y por haber. La única duda es quién dirigirá todo esto (desde el parquet, me refiero) pero tampoco habrá de preocuparnos porque la verdadera dirección vendrá una vez más desde el banquillo: muchos apostaron a que se iría en cuanto se fueran Baker & Van Vleet (de hecho muchos apostaron por lo mismo incluso en temporadas precedentes, cuando aún estaban ambos) pero lo cierto es que Gregg Marshall ahí sigue, reivindicándose como uno de los grandes, mejorando año tras año su currículum. Ya fue exitoso antes de que llegaran, no hay razón alguna para pensar que no vaya a seguir siéndolo después.

12. Drew en Nashville. El hijo de Homer (a la par que hermano de Scott) sigue creciendo (profesionalmente hablando). Aquel a quien un día conocimos matando sobre la bocina a Ole Miss y protagonizando de paso una de las más emotivas sorpresas que se recuerdan en el Madness, aquel que luego hizo sus pinitos en NBA e incluso ACB (Valencia), aquel a quien Montes rebautizó un día como el Señorito Drew (quizá uno de sus motes menos afortunados) hace ya tiempo que se nos ha hecho mayor.drew-vandy Cinco años ha estado sentando cátedra en su alma máter Valparaiso, tiempo más que suficiente para que sus cualidades hayan llamado la atención de las ligas mayores, concretamente de la SEC y aún más concretamente de Vanderbilt. Cambia el banquillo de los Crusaders por el (ladeado) de los Commodores, cambia Indiana por la capital del country, cambia el nivel de exigencia, cambia un equipo hecho a su imagen y semejanza por otro (podríamos decir) heredado si bien la herencia que le deja Stallings tampoco es que esté tan mal: Wade Baldwin y Damian Jones son ya historia pero a cambio siguen Riley LaChance, Camron Justice, Fisher-Davis y Luke Kornet, material más que decente para empezar a construir algo interesante en Valderbilt. Y mientras tanto al otro lado del país, en Valparaiso, por primera vez en casi treinta años van a tener un entrenador-jefe no apellidado Drew. Les va a costar acostumbrarse.

13. ¿Quo Vadis, Yellow Jackets? Pocas universidades otrora históricas habrán dado más palos de ciego que Georgia Tech durante estos últimos tiempos. Y no acabo de tener yo claro que el coach Gregory fuese siquiera su principal problema (de hecho en esta última temporada hasta pareció revertir ligeramente la tendencia), pero como en tantas otras ocasiones en similares circunstancias han optado por cargárselo, decisión irreprochable si no fuera por el sujeto al que han fichado en su sustitución. Saben que soy mucho más de filias que de fobias, pero hace tiempo que tengo a Josh Pastner (entre ceja y ceja) en esta última categoría. Eso sí, no dudo de sus habilidades como reclutador ya que a menudo consiguió llevarse al huerto a magníficos proyectos para luego desperdiciarlos (y desquiciarlos), sí dudo en cambio de sus (presuntas) habilidades como técnico y no sólo por sus resultados (o su carencia de ellos), también (y sobre todo) por esa actitud histeroide e infantiloide capaz de desesperar al espectador (y al jugador) más avezado. Probablemente en Georgia Tech se vayan a divertir, ahora mucho más que antes; la duda es que sea gracias al baloncesto.

14. Tubby en Memphis. Figúrense si en Memphis lo tendrán claro que para sustituir a Pastner han fichado exactamente todo lo contrario. Tubby Smith no siempre recibió el reconocimiento que merece, no ya por los demás sino por mí mismo en ocasiones. Hace casi veinte años llegó y besó el santo en Kentucky pero a partir de ahí no hizo otra cosa que ir a menos, razón por la cual se nos fue cayendo paulatinamente del cartel. Pero en Minnesota hizo un magnífico trabajo (injustamente retribuido con el despido, en mi opinión) y en Texas Tech más de lo mismo, volviendo a poner a los Red Raiders en el mapa. Así las cosas los Tigers han decidido olvidarse de histrionismos y decantarse por un veterano técnico con la cabeza bien amueblada sobre los hombros, lo que no es poca cosa viniendo de donde vienen. La fuga de Austin Nichols ya hace tiempo que no tiene remedio (palmas con las orejas dan en Virginia), pero alrededor de los hermanos Lawson aún puede haber material como para construir un proyecto bonito. O al menos para que se les quite el mal sabor de boca anterior.

15. Zags vs Gaels en la WCC. O sea, lo de siempre, sólo que aún más y mejor si cabe. Gonzaga huele a nuevo gracias a sus tres flamantes transfers, Nigel Williams-Goss (joyita desde Washington), Jordan Matthews (desde Cal) y Jonathan Williams (desde los escombros de lo que un día fue Mizzou);karnowskidone añádase al (un tanto errático) base Perkins y a la mole polaca (esperemos que por fin sana) Przemek Karnowski y el resultado de todo ello será que ni tiempo tendrán de echar de menos a Wiltjer y Sabonis. Y enfrente St. Mary’s será todo lo contrario, pura continuidad de ese equipo de Naar y Rahon al que sólo las veleidades del Comité de Selección dejaron fuera del Madness el pasado marzo. De tercero en discordia ejercerá como de costumbre BYU (no se pierdan al pívot Eric Mika, por fin de regreso tras sus años de misión por esos mundos de dios). Y para todos los demás quedarán básicamente las migajas, si bien no estará de más prestar atención a dos legendarios bases NBA felizmente reconvertidos al traje y corbata: Terry Porter, en Portland (dónde mejor); y nada menos que Damon Stoudamire, que así para empezar se comerá un buen marrón en la desnortada y castigada Pacific.

16. A10, esa gran desconocida. No son pocas las conferencias que merecerían un párrafo (o varios) para ellas solas, pero dado que tampoco doy para más me van a permitir que dedique al menos unas líneas a la Atlantic 10: a esos Flyers de Dayton (y de Archie Miller) que además de Cooke y Scoochie Smith acogerán ahora también en su seno al enésimo Antetokounmpo (Kostas); a esos Rams de Rhode Island (y de Dan Hurley) que recuperarán por fin para la causa a E.C. Matthews, maravillosa noticia donde las haya; a esos otros Rams de VCU (y de Will Wade) que seguirán jugando al HAVOC como si aún siguiera Shaka; a esos Wildcats de Davidson (y de McKillop) en los que nos volverá a maravillar Jack Gibbs, rodeado ahora además por una apetitosa legión extranjera; a esos Colonials de George Washington que ya no serán de Mike Lonergan, veremos cómo superan su traumático despido; y a Saint Bonaventure, Saint Joseph’s, Saint Louis, UMass, Richmond… A un buen puñado de universidades que deberían recibir mucha más atención por nuestra parte (por la mía, al menos), no digamos ya por parte de un Comité de Selección que en llegando a marzo suele tener cierta tendencia a invitar al Madness no tanto a los que verdaderamente lo merecen como a los que quedan bien. Pero esa es otra historia.

y 17. El resto del carrusel. Del coaching carousel, me refiero. Más allá de los nombres que ya les he ido salpicando aquí y allá en párrafos precedentes, hay otros muchos cambios que no conviene dejar de mencionar: por ejemplo Jamie Dixon, que abandonó su plácido fortín de Pittsburgh para irse a buscar nuevas aventuras en TCU; o Kevin Stallings, que llenará ese hueco en Pitt dejando a su vez otro en Valderbilt para que lo llene Drew; o Rick Stansbury, técnico de aquella Mississippi State de Dee Bost, Arnett Moultrie y Renardo Sidney, asistente después y ahora ya entrenador-jefe de una muy venida a menos Western Kentucky en la que ha irrumpido cual elefante en cacharrería, llevándose ya al huerto a alguno de los mejores productos para 2017; o incluso Johnny Dawkins, que tras su muerte anunciada en Stanford intentará relanzar su carrera en la olvidada UCF; o Beard, Haase, Menzies o Pikiell, cuatro coaches de bien ganado prestigio en mid-majors que ahora habrán de asumir nuevos (y no menores, en absoluto) retos en Texas Tech, Stanford, UNLV (el hotel de los líos, como si dijéramos) y Rutgers respectivamente; o… Tantos como ustedes quieran. Para dar y tomar. La lista sería interminable, más o menos como todos los años. Pero no teman, con esto por ahora tienen más que suficiente.

Y es que podría continuar hasta el infinito (y más allá), podría encontrar un aliciente (o varios) en cada conferencia, en cada equipo, en cada partido. Pero hay ciertas cosas de las que tampoco conviene abusar, por esta vez ya les he torturado bastante, mejor será dejarlo en manos de compañeros que saben mucho más (y mejor) que yo y que en las páginas venideras les ilustrarán sobradamente acerca de todo lo que necesitan saber (y hasta de lo que jamás imaginaron que necesitarían). Con ellos les dejo, pónganse cómodos. Disfrútenlo.

EL NADADOR   Leave a comment

Un huracán nunca trae nada bueno, por definición. Cualquier huracán sólo acostumbra a dejar muerte, destrucción, miseria y desolación allá por donde pasa, tanto más cuanto más pobre sea el lugar por el que pase. Y obviamente el huracán Hugo no fue una excepción, no podía serlo. Hugo fue un huracán de hasta fuerza 5 que en septiembre de 1989 devastó amplias zonas de Puerto Rico, Dominica, el archipiélago de las Islas Vírgenes y hasta el estado norteamericano de Carolina del Sur, dejando además 61 víctimas mortales por el camino. Otra de tantas tragedias que nos depara periódicamente la naturaleza, una más, ante la cual obviamente no cabe consuelo alguno… y a la que sin embargo los aficionados al baloncesto (aún por cínico que resulte, aún por mal que me sienta al escribirlo) siempre le tendremos que estar involuntariamente agradecidos.

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Más o menos cuatro años y medio después, pongamos que hacia febrero de 1994, Canal + decidió tener un maravilloso detalle con sus abonados baloncesteros (sumamente escasos, recordemos que en aquel entonces aún no habían adquirido la NBA), especialmente con aquellos que (como fue mi caso) habíamos llegado meses atrás, al reclamo de su primera Final Four NCAA: ofrecer baloncesto universitario en temporada regular (sí, incluso antes del Madness), algo que nunca habían hecho antes y que hasta donde alcanzo a recordar tampoco han vuelto a hacer después. El pretexto fue que teníamos a un puñadito de compatriotas haciendo las américas, lo cual en aquel tiempo (casi cinco años después de que se nos fuera Fernando Martín, casi cinco años antes de que se nos apareciera Pau Gasol) nos parecía lo más de lo más. Y así vimos a St. John’s porque allí jugaba Sergio Luyk (DEP), vimos a Providence porque allí estaba Borja Larragán (gracias a lo cual pudimos conocer a un magnífico alero que jugó luego a gran nivel en NBA, Eric Williams), puede que hasta viéramos a Manhattan porque allí jugaba Jerónimo Bucero (aunque habré de confesarles que esto último no lo recuerdo con exactitud)… y vimos, cómo no, a Wake Forest. Sobre todo vimos a Wake Forest.

En aquellos Demon Deacons jugaba a gran nivel Ricardo Peral, chaval vallisoletano de 207 centímetros proveniente de la cantera del Madrid, que empezó siendo la gran esperanza blanca, que decían que sería el Kukoc español (nada menos) pero que acabó siendo un juguete roto por razones que se me escapan (aunque algunas las intuyo), si bien ésa es otra historia que habrá de ser contada en otra ocasión (por quien la conozca, a ser posible). Junto a Peral destacaba un base sumamente chupón llamado Randolph Childress, cuya carrera profesional (lejos de USA) transcurrió con mucha más pena que gloria y del que lo último que supe es que había vuelto a Wake Forest para ejercer de asistente a la vera de Danny Manning. Y la tercera pata (por decirlo así) de aquellos Demon Deacons 1993/1994 era un freshman, un espigado chaval que había llegado apenas unos meses antes a Winston Salem y que no provenía de ningún gueto cercano sino de las lejanas Islas Vírgenes, nada menos. Su nombre quizá les resulte lejanamente familiar. Un tal Tim Duncan.

Lo nuestro (lo mío con él, más bien) fue un flechazo absoluto. Quien me conozca sabe que se me gana mucho más por fundamentos que por físico, sabe aún mejor que cuando se dan las circunstancias adecuadas soy de enamoramiento fácil (entiéndase en términos estrictamente baloncestísticos) pero aquello ya no es que fuera fácil, aquello más bien fue amor a primera vista. Fue (suena un tanto grandilocuente decirlo hoy, pero lo cuento tal como lo viví en su día) como descubrir al sucesor de Olajuwon cuando éste aún estaba en plenitud y no necesitaba que nadie le sucediera.Tim Duncan Es curioso, si pensamos en el Duncan NBA no pensamos en él en términos olajuwonianos, para nada. Le recordamos más de cara al aro que de espaldas, más tirando a tabla desde el poste alto que girándose en el bajo. Pero créanme que aquel Tim Duncan recién llegado a Wake Forest tenía un juego de pies sencillamente prodigioso, lo más parecido al gran Hakeem que podía verse entonces y pudo verse después. Y eso con ser bueno no era lo mejor, lo mejor era que fuera sólo freshman (y aún sin estatus de estrella), que producía auténtico vértigo imaginar siquiera lo que aquella criatura podría llegar a ser. Como para no enamorarse.

Pero aquella criatura tenía una historia detrás, quién sabe si a medio camino entre la realidad y la leyenda. Se nos contó (supongo que nos lo contarían Daimiel y Segurola que solían ser quienes hacían NCAA en aquellos tiempos, si bien no puedo precisarlo con exactitud) que Tim Duncan iba para nadador, y no un nadador cualquiera: ya a muy temprana edad poseía algunos récords significativos en 50, 100 ó 400 metros libres, ya muchos apostaban por él para representar a su país en Barcelona 92… hasta que llegó Hugo. Hugo destruyó la única piscina olímpica que había en Saint Croix, razón por la cual el joven Tim (poco más de trece años en aquel entonces) se iba a ver obligado a entrenar en mar abierto. Y cuenta la leyenda que aquello no le hizo ninguna gracia, sobre todo porque aquel chaval tenía un miedo más que respetable a los tiburones. Se fue distanciando, y aún más se habría de distanciar cuando un cáncer se llevó por delante la vida de su madre muy pocos meses después. Las sólidas premisas que le habían sustentado hasta ese momento (la familia, la natación) de repente se le rompieron en pedazos, dejándole sumido en un lógico periodo de indefinición del que sólo empezó a salir cuando alguien se cruzó en su camino y le hizo aquella mítica pregunta, tantas veces referida en tantas otras ocasiones: chaval, y tú con lo alto que eres… ¿por qué no juegas al baloncesto? Y hasta ahora.

Ríanse si quieren (que querrán), pero siempre pensé que ese pasado como nadador formaba parte esencial de su repertorio como jugador, aunque me resulte muy difícil explicar por qué. Hay algo en su gracilidad, en su manera no tanto de moverse como de deslizarse por la pista,td-hermana incluso en su estructura morfológica (tantos hombros para tan poca cintura) que de alguna manera evoca al nadador que pudo haber sido y no fue. O acaso sí lo fue, aunque no nos diéramos cuenta. Quizá sólo cambió el medio, sólo sustituyó el agua por el parquet pero siguió nadando de igual manera. Como si poseyera el don de la ingravidez, que en su caso no se reflejaba (como en tantos otros de sus congéneres) en mates escalofriantes ni vuelos sin motor sino en su condición de flotabilidad. Otros permanecen firmemente apegados a la tierra y cada vez que saltan es como si temblara el mundo, él no. Él era etéreo, por imposible que resulte cuadrar semejante concepto en un corpachón como el suyo. No jugaba sino que fluía. Nunca dejó de nadar.

Nunca más volví a verle en Wake Forest, qué más hubiera querido yo. En los siguientes años la cobertura universitaria del Plus se limitó básicamente a la Final four, evento al que aquellos Demon Deacons jamás llegaron a comparecer siquiera. Pero que no lo viera no significa que no siguiera sus pasos, al menos en la medida de mis limitadas posibilidades: a mediados de los Noventa Internet era aún una entelequia fuera de mi alcance y del de casi todo dios por estos pagos, había que conformarse con leer lo que se pudiera, donde se pudiera. Poco a poco fui sabiendo que por una vez (y sin que sirviera nunca más de precedente) mi percepción de aquel primer año no había sido errónea en absoluto; que ya no era bueno sino grande, que de ahí había pasado a ser una referencia y luego ya LA REFERENCIA, con mayúsculas. Recuerdo una de aquellas impagables crónicas de Daniel Searl para Gigantes, en la que nos habló de una universidad muy menor (a saber cuál) que en los albores de la temporada 1996/1997 (su año sénior) fue a jugar contra Wake Forest; me acuerdo sobre todo de la transcripción de las palabras de su entrenador en la charla previa a sus jugadores: hoy no es ya que vayáis a jugar contra un futuro profesional, contra alguien que pueda ganar algún anillo, no; HOY VAIS A JUGAR CONTRA UN TÍO QUE ALGÚN DÍA ESTARÁ EN EL HALL OF FAME. Disfrutad de cada segundo que estéis en cancha, porque recordaréis este partido durante el resto de vuestras vidas. Algo así. No, él tampoco iba desencaminado, en absoluto.

Aún no habíamos llegado a la era del one and done, aún se le daba un valor a la formación, aún el permanecer cuatro años en la universidad se consideraba una prueba a favor del jugador y no en su contra. Aún estábamos en 1997, y no fueron pocas las franquicias que en aquella primavera se agarraron al sueño (casi) imposible de Tim Duncan como su única tabla de salvación.td-celtics Paradigmático fue el caso de los Celtics, que si no practicaron el tanking sí hicieron algo que se le pareció mucho; todo ello por supuesto contando con la aquiescencia de sus otrora ganadores aficionados, que no parecían tener ningún reparo en acudir al Garden a ver perder a su equipo pero eso sí, exhibiendo carteles en los que le daban la bienvenida a Boston como si ya hubiera llegado, o incluso precarios fotomontajes que nos mostraban al susodicho aparentemente vestido de verde. Como expresión de un deseo no estuvo mal, pero la cruda realidad se empeñó en ir por otro lado como tantas otras veces.

El azar tiene a veces razones que la razón no entiende. Quiso el azar (habrá quien piense que no fue el azar sino alguna mano negra, nunca mejor dicho; de hecho no hay sorteo de draft en que a los perdedores no se les aparezca ese argumento, pero permítanme que yo no lo compre, haciendo gala de mi proverbial ingenuidad) que esta vez la virgen no se apareciera en Nueva Inglaterra sino al sur de Texas, a orillas de El Álamo más concretamente. Es caprichoso el azar: sólo en una ocasión en los últimos veintisiete años (es decir, desde que David Robinson aterrizó en San Antonio) han faltado los Spurs a los playoffs, y ello fue precisamente en aquella temporada 1996/1997; la lesión de Robinson propició un año fallido, en el que sólo ganaron veinte partidos y en el que Popovich cesó a Bob Hill para seguidamente (y tras sopesar con detenimiento el amplio abanico de candidatos) proponerse a sí mismo para el cargo (con muy buen criterio, como pudimos comprobar después). ¿Año fallido, dije? Hay equipos que se hinchan a perder temporada tras temporada sin conseguir jamás un número 1 del draft, y cuando finalmente lo consiguen resulta que justo ese año toca un draft de mierda; a los Spurs en cambio les bastó un solo año perdedor para que se les apareciera ese número 1… y justo el mejor año en que les podía tocar. Es caprichoso el azar, ya se lo dije.

Llovía sobre mojado en San Antonio, y eso que no es lugar lluvioso precisamente. Aún estábamos en el segundo milenio, aún quien tenía un cénter tenía un tesoro, aún no había comenzado (aunque ya se atisbaba) la era de la versatilidad absoluta, el monoteísmo del triple, los cuatros abiertos, los cincos de mentira y los all around player de dos metros y medio (o casi). Casi cualquier franquicia habría matado por un pívot de verdad, de los de toda la vida… y sin embargo el premio gordo le fue a caer a una de las pocas que ya tenía más que cubierta esa posición. Renacía en San Antonio el concepto Torres Gemelas, diez años después de que se disolvieran las de Houston, cuatro años antes de que quedara ya proscrita para siempre (en lo que a baloncesto se refiere) dicha expresión.

Pensé que la convivencia de ambos dos sobre el parquet no sería tan difícil, pensé que Robinson evolucionaría al cuatro para hacer sitio a Duncan en el cinco. En lo primero acerté (no tenía mucho mérito), en lo segundo me equivoqué de plano como en tantas otras ocasiones.td-dr Fue Duncan el que (sin dejar de ser un cinco) evolucionó al puesto de cuatro, o mejor sería decir que redimensionó el concepto de cuatro. No era un cuatro al uso, no era el típico cuatro más ancho que largo que se estilaba entonces (no era Barkley ni Malone, para entendernos) ni puñetera falta que le hacía. Duncan gobernaba cada partido desde el poste alto como habría podido gobernarlo (y lo gobernaba también, de hecho) desde el bajo, Duncan atacaba el aro de cara con la misma fiabilidad (o aún mayor si cabe) que de espaldas, Duncan antes de que nos diéramos cuenta había incorporado la suerte del tiro a tabla (esa que cada vez se ve menos, esa que muy pocos supieron interpretar con tanta maestría como él) a su ya de por sí selecto repertorio. Duncan había llegado para jugar al lado de Robinson, pero no tardó en ser Robinson el que jugaba al lado de Duncan.

No había acabado de llegar y ya era Jugador de la Semana, no había acabado de afianzarse y ya era All Star, no había acabado de aterrizar y ya tenía un anillo, el primero, el de 1999, el del asterisco, Phil Jackson dixit. Jackson enredó y del enredo (y de su inmenso talento como entrenador y/o domador de egos, y de Shaq y Kobe) se fueron tres anillos consecutivos a Los Ángeles. No importó. Podía haber pasado ya el último tren por Sacramento pero todos sabíamos que por San Antonio volvería a pasar tarde o temprano, sólo era cuestión de tiempo. No hizo falta esperar mucho. En 2003 ya no estaba a su vera David Robinson pero a cambio acababan de llegar dos criaturas con ansias de comerse el mundo y talento más que de sobra para lograrlo, Tony Parker y Manu Ginóbili. Fue sólo el principio, o más bien la continuación de aquel otro principio de 1999. Podría gustar más o menos (a mí más, a muchos otros menos), podría ser cemento (como lo calificaban de manera injusta algunos, obviando deliberadamente la fluidez de su juego), podría no ser espectacular ni vistoso (especialmente para aquellos que no buscaban tanto partidos como highlights) pero era BALONCESTO, en estado puro. Se estaba gestando una auténtica obra maestra, que en realidad no había hecho sino comenzar.

Duncan producía y producía. Sin ruido, sólo nueces. Infinitas nueces. Duncan no hacía declaraciones altisonantes, no daba que hablar fuera de la pista, no se le conocían peleas ni procesos ni tiroteos en discotecas a las tantas de la mañana, ni posesiones de sustancias ni conducciones bajo la influencia ni asuntos turbios de ninguna clase. Nunca (que yo sepa). Duncan llegaba, jugaba y se iba, nada más (y nada menos) que eso. Sin aspavientos, sin pedruscos en sus orejas, sin colgantes enormes que pusieran en riesgo la integridad de sus cervicales, sin aditivos ni conservantes ni colorantes. Cero cáscara, cero envoltorio, todo sustancia.

No era lo que se llevaba, claro. En aquellos días empecé a comprar la revista norteamericana Slam, acaso la mejor publicación escrita de baloncesto que se edite en USA (o al menos así era en aquellos tiempos), con reportajes y documentos extraordinarios pero también con una manifiesta orientación hacia ese estilo (como si dijéramos) gangsta, esa moda contracultural imperante en aquellos días y en tantos otros.td-slam Recuerdo como si fuera ayer que mi primer Slam llevaba a Duncan en portada (y es bien sabido que en las revistas yanquis se sacraliza la portada, como si ésta fuera mucho más importante que el contenido) fotografiado entre bloques de hielo como metáfora de su frialdad, como un nuevo Iceman sanantoniano que sucediera a aquel mítico George Gervin. Y recuerdo aún mejor que en el siguiente Slam los lectores (a través de su sección Trash Talking, lo que vendrían a ser las cartas al director) sometieron a los rectores de la publicación a un auténtico linchamiento por haber consagrado su portada a semejante jugador. Cómo podía ser posible, si no era espectacular, si no la rompía en cada mate, si no generaba espuma ni burbujas sino simples canastas, si era un sieso, si no iba de macarra por la vida, si no era de los nuestros, si no era Marbury ni Iverson ni Garnett…

Pero ganaba. Otro anillo en 2005, otro más en 2007. Títulos en años alternos, como si los cursos impares fueran para trabajar y los pares fueran sabáticos. Fue quizá tras ese título de 2007 cuando Popovich viajó a Serbia (cabe suponer que fuera la tierra de sus ancestros, a la vista de su apellido) a impartir unos clínics (o similar). Allí fue preguntado por el secreto de su éxito como entrenador, y su respuesta no dejó lugar a dudas. Tan sólo tres letras: TIM. Y como dijo aquel, no hace falta decir nada más.

Claro está, no se puede caer bien a todo el mundo (hace dos párrafos quedó ya meridianamente claro), tanto menos si no juegas en Nueva York, Chicago o Los Ángeles sino en el profundo sur de Texas, a cuatro pasos de la frontera mexicana, en uno de los menores mercados de toda la Liga. Duncan no buscaba incidentes, pero no siempre podía evitar que los incidentes le buscaran a él. ¿Recuerdan aquel salto entre dos? El árbitro tras lanzar el balón no supo cómo quitarse, se quedó plantificado allí en medio como un pasmarote hasta que Duncan se lo encontró en su desesperado camino hacia aquella bola; lo apartó, en una reacción meramente instintiva y perfectamente comprensible que sin embargo la NBA interpretó como una afrenta, sancionándole a posteriori con (creo recordar) dos partidos de suspensión.td-crawford Mucho peor fue lo de Joey Crawford, aquel cruce de cables vestido de gris al que ya antes algunas voces interesadas habían acusado de (presunta) animadversión premeditada hacia los Spurs, y al que en cierta ocasión no se le ocurrió otra manera de zanjar un rifirrafe verbal que diciéndole a Duncan a la salida te espero. Duncan no le esperó pero la Liga sí, enviándole durante un añito al rincón de pensar para que recapacitara un poco acerca de la intachable conducta que en cualquier circunstancia debe presidir el comportamiento arbitral.

A todo esto empezaron a pasar de largo los trenes (2008, 2009…) y de cada tren que pasó de largo se anunció inequívocamente que era el último como si en verdad lo fuera, como si el tiempo en San Antonio no tuviera su propio ritmo, ajeno por completo al del resto de la humanidad. Mientras el mundo entero los enterraba continuaban trabajando, mientras les reclamaban su reconstrucción ellos quitaban el prefijo y simplemente construían (sin re): inyectando talento al servicio del equipo (que no a la inversa como tantos otros), interpretando el juego justo como siempre pensamos que debía ser jugado, manteniendo como premisa básica la continuidad. Duncan empezaba a tener ya demasiados años, como empezaba a tenerlos Manu, como no tardaría en tenerlos Parker. La naturaleza jugaba en su contra, pero ellos (de la mano de Pop y sus infinitas rotaciones, de la mano –enorme- de Kawhi) aún se guardaban un último as bajo la manga. Y hasta un penúltimo.

El penúltimo fue en 2013. Retaron contra pronóstico a los vigentes campeones Heat, los pusieron contra las cuerdas, los tuvieron incluso al otro lado de las cuerdas, al otro lado de aquella cinta que se empezó a montar en la banda del American Airlines Arena de Miami a falta de unos segundos para el final del sexto encuentro. Se trataba de ir ganando tiempo, de ir preparando ya la ceremonia de entrega del Trofeo Larry O’Brien al campeón, que a esas alturas parecía ya manifiestamente evidente que vestía de negro y plata y había llegado de San Antonio. O no. O acaso donde no llegaban LeBron, Wade o Bosh llegara el eterno Ray Allen, acaso su muñeca incorrupta decidiera hacer la gracia cuando ya no tocaba, cuando ya nadie lo esperaba. Aquel final (todos sabíamos que era el final, por más que los protagonistas lo disimularan en un séptimo partido cuyo desenlace estaba escrito de antemano) resultó especialmente doloroso por la manera en que se produjo, pero también porque todos pensamos que se les acababa de escapar (una vez más, pero ésta ya la definitiva) el último tren. El último de todos los últimos. Con las edades prohibitivas que alcanzaban ya sus principales criaturas, cómo imaginar siquiera que aún les hubiera de quedar un último baile…

Y qué baile, señores. Nunca sabremos qué habría pasado si hubieran ganado aquel anillo de 2013, si se habrían dado ya por satisfechos, si fue precisamente aquella derrota la que les hizo rearmarse para volver con más fuerza si cabe en 2014 aunque no fuera impar. Si así fuera todavía tendríamos que estarle agradecidos a aquel triple postrero de Ray Allen, porque su (presunta) consecuencia fue presenciar un año más tarde acaso el mejor baloncesto que hayamos visto en nuestra vida. Si existiera una Capilla Sixtina de este deporte habría que decorarla con escenas de aquella nueva Final contra los Heat, si aún hoy me preguntaran por el mejor juego que he visto desplegar jamás sobre una cancha tendría que quedarme necesariamente con la primera mitad de aquel inolvidable tercer partido, miren que sobrepaso ya sobradamente el medio siglo y aún así por más que lo pienso me cuesta encontrar nada semejante (o quizá tendría que remontarme a los Lakers del showtime, pero son tiempos y circunstancias tan distintas que me cuesta mucho trabajo compararlas).td-5 Recuerdo bien que me pegué el madrugón para ver aquel tercer encuentro antes de irme a trabajar, recuerdo aún mejor que luego estuve casi toda la mañana alelado, como en una nube, prisionero de una especie de Síndrome de Stendhal baloncestístico. Dicen que la perfección no existe, pero si existiera (en lo que a nuestro deporte se refiere) se parecería muchísimo a aquellos maravillosos veinticuatro minutos. Deberíamos revisionarlos una y otra y otra y otra vez, siquiera fuera a modo de terapia.

Fue el quinto anillo de Duncan, década y media después del primero. Aún nos regaló un par de años más, siquiera fuera para demostrar que si te cuidas, no cometes excesos, llevas una alimentación equilibrada y tienes un entrenador que te administre cuidadosamente los esfuerzos puedes jugar hasta los cuarenta, como fue el caso. Muchos esperaron que anunciara su adiós con el anillo aún caliente en aquel 2014, no fueron pocos quienes lo dieron por hecho en 2015, unos y otros se quedaron obviamente con las ganas. Fue en 2016, pero fue a su manera. Bien pudo haberlo anticipado ocho o diez meses antes para que allá por donde pasara le rindieran homenajes, le pusieran vídeos recopilatorios y le regalaran placas conmemorativas, pero ése no es su estilo, nunca lo fue, a ver por qué iba a empezar a serlo ahora. Dejó que acabara la temporada, hizo caso omiso a las especulaciones, vio pasar las semanas, consultó a su mente, más tarde a su cuerpo y finalmente dijo basta, ya está, hasta aquí. Así de sencillo. Se fue como llegó, como jugó, sin alharacas ni parafernalias innecesarias, sólo esencia. Mera esencia.

Y este artículo debió parirse entonces y no ahora, mea culpa… que acaso también tenga una explicación. Si me permiten otra comparación manifiestamente desafortunada, creo que el proceso (el mío, al menos) es relativamente similar al que se produce tras la pérdida de un ser querido, salvando obviamente las inmensas distancias entre una y otra circunstancia. Cualquier muerte es un mazazo, por definición; pero en las horas siguientes, entre el papeleo, el velatorio y el entierro, estás como aturdido, como en una nube, como sin acabar todavía de tomar conciencia de la nueva situación. Y sólo es días después, una vez que te quedas solo en la intimidad de tu hogar e intentas retomar tu vida, cuando finalmente el dolor se apodera de ti al tomar definitiva conciencia de su ausencia, de la magnitud de ese vacío. No es lo mismo, ya sé bien que no es lo mismo, pero quiero que me entiendan: te dicen en julio que se retira fulano o mengano y lo lamentas, cómo no lo vas a lamentar, pero entonces estás en otras cosas: vacaciones, mercado de fichajes, preparativos olímpicos, qué sé yo. Y es justo ahora, justo cuando empieza la temporada, cuando finalmente tomas conciencia de que ya no verás a Kobe, ni a Garnett (que no fuera santo de mi devoción no significa que no le vaya a echar de menos), ni a Raül López, ni a Dimitris Diamantidis… ni a Tim.td-parker-manu Me dirán que estas cosas son así, que antes de que nos demos cuenta estaremos también echando de menos al propio Manu, a Pau, Navarro o Calde, a tantos otros. Ya lo sé, es ley de vida. Hay que joderse con la ley de vida.

O como comentó Popovich al inicio de la pretemporada, lo más duro será llegar cada mañana al entrenamiento, mirar a tu alrededor y ver que ya no está. Le entiendo perfectamente, aún salvando las (inmensas) distancias. En su caso fueron diecinueve temporadas de convivencia diaria, de victorias (muchas) y derrotas (pocas), de dichas y sinsabores y amarguras y alborozos compartidos. Por supuesto, nada que ver con lo que unos simples aficionados podamos sentir. Pero a nuestro lejano nivel también llevamos lo nuestro, lo llevo yo al menos. En mi caso no son ya diecinueve años sino veintitrés, veintitrés temporadas desde que en la 1993/1994 se me apareció con la casaca de Wake Forest en la pantalla del Plus. Veintitrés años, casi media vida, para otros una vida entera porque no faltarán quienes ni hubieran nacido siquiera por aquel entonces. Veintitrés años, se dice pronto. Como para no echarle de menos.

Claro está, nunca sabremos qué habría sido de él si aquel dichoso huracán no hubiera marcado su vida. Probablemente habría seguido nadando, habría sido olímpico, puede que hasta hubiera cosechado medallas nacionales e internacionales, que hasta hubiera sido becado igualmente por alguna universidad americana (pero para natación, en este caso);td-agua y quizás hoy sería poco más que un probo ciudadano en su isla caribeña de Saint Croix, quizás un padre de familia como tantos otros, dedicado a sus quehaceres profesionales por la mañana y a dar clases de natación por las tardes. O no, vaya usted a saber. O quizás, aunque no hubiera mediado huracán alguno, tarde o temprano alguien al ver su estatura le habría acabado haciendo igualmente aquella mítica pregunta, chaval, y tú con lo alto que eres, ¿por qué no juegas al baloncesto? Nunca sabremos lo que pudo haber sido, sólo sabemos lo que fue. Con eso es más que suficiente.

Sólo sabemos que aquel huracán causó muchas desgracias, que arruinó muchas vidas pero que a nosotros (aficionados al baloncesto) involuntariamente nos hizo un regalo. En medio de tanta desolación, Hugo nos regaló el mejor cuatro de la historia, discútanme otras posiciones si así lo quieren pero ésa no, por favor. EL MEJOR CUATRO DE LA HISTORIA. No va a ser fácil aprender a vivir sin él.

DELIRIOS DE GRANDEZA   4 comments

Pónganse en situación. Miércoles 5 de octubre, a eso de las nueve de la noche. En un televisor cualquiera, el Barça y los Thunder hacen como que se enfrentan. Y en un hogar cualquiera se produce la siguiente conversación:

llulltripleElla: Creo que el Madrid hizo una hazaña el otro día…

Él: Sí, algo así. Perdían de veinte, remontaron, en el último minuto aún perdían de seis, fallaron aposta un tiro libre para que luego Llull empatara con un triple sobre la bocina, y luego ya en la prórroga…

Ella: Ya, pero supongo que estos otros estarán todavía en pretemporada, claro…

Él: No es ya que estén en pretemporada, es que era su primer partido de este año, es que casi ni habían entrenado siquiera. Pero lo que pasa es que algunos se lo creen, y a partir de ahí ya se piensan que el Madrid podría aspirar a jugar los playoffs de la NBA…

Ella: ¡¿Pero cómo puede ser?! ¡Pero si hasta yo que no tengo ni idea sé que eso es una barbaridad, que no es lo mismo jugar contra éstos ahora que luego, cuando ya estén rodados! ¿Cómo es posible que quienes se supone que entienden piensen eso?

Puedo asegurarles que la conversación fue tal cual como la cuento (palabra arriba o abajo), más que nada porque la viví muy de cerca. De hecho ella era mi señora esposa, y no les resultará muy difícil imaginar quién era su interlocutor. Y puedo asegurarles también que a partir de un determinado momento me quedé sin palabras (sí, a veces me pasa), sin argumentos, sin fuerzas para intentar explicarle lo inexplicable. Cómo es posible que quienes se supone que entienden piensen eso, o aún peor, cómo es posible que quienes se supone que informan vendan eso, pretendan impunemente hacernos creer eso. Cómo hemos podido llegar una vez más a esta situación.

[ADVERTENCIA: lo que van a encontrar a partir de este momento es una sucesión de obviedades y lugares comunes. O al menos a mí me lo parecen, probablemente a usted también pero no así al común de los mortales, a la vista de las cosas que hemos ido oyendo/leyendo durante toda esta semana. Por eso las escribo.]

Imaginen que el Real Madrid de fútbol (repito, el de fútbol) volviera a la actividad a mediados de julio y que al día siguiente se marchara a hacer su pretemporada a China. Imaginen que a los dos días de estar allí jugara contra el Beijing (no tengo ni pajolera idea de fútbol chino, pero supongo que algún Beijing habrá). Imaginen que el entrenador del Madrid así de entrada alineara a los titulares para justificar su caché y por aquello del qué dirán, pero que a los pocos minutos los sentara y dedicara ya el resto del encuentro a su verdadero objetivo, es decir, ver a los suplentes, a los que regresan de cesiones y a los que subieron del filial para comprobar cuántos y cuáles de ellos le pueden ser útiles de cara a la nueva temporada. Imaginen que el Madrid marcara pronto, que empezara dominando cómodamente, que se relajara y que hacia el minuto 30 o 40 de la segunda parte el Beijing tras denodados esfuerzos consiguiera el empate. E imaginen que aún no contentos con ello los chinos fueran a por el partido aprovechándose de la caraja madridista, y que finalmente en el descuento lograran el gol de la victoria, imponiéndose así el Beijing por un ajustado 2-1. REAL MADRID - OKLAHOMA CITY THUNDERY ahora imaginen que en la rueda de prensa posterior un periodista chino preguntara a Cristiano Ronaldo, o a Sergio Ramos: ¿piensa usted que el Beijing podría pelear por los puestos que dan acceso a la Copa de la UEFA (o como se llame eso ahora) en la liga española? ¿Qué creen que contestarían Cristiano y Ramos, qué cara creen que se les pondría? Es más, ¿qué no escribirían al día siguiente nuestros medios, qué clase de cachondeo formarían ante semejante delirio de grandeza de la prensa local? (Y ya sé que la distancia entre el fútbol chino y el nuestro probablemente sea mucho mayor que la que hay entre nuestro baloncesto y el yanqui, hasta ahí ya llego; pero ustedes cogen la idea).

Obviamente Westbrook pudo ser más diplomático. Obviamente pudo responder algo más elegante que ese tío, eres muy gracioso cuando le preguntaron si este Madrid podría pelear por los playoffs NBA. Qué sé yo, algo más elaborado, algo como hombre, aquello es otra historia, el Real Madrid es un grandísimo equipo y hoy lo ha demostrado, pero la NBA tiene unas exigencias físicas y técnicas que a día de hoy no creo que estén al alcance de… Qué sé yo, algo así. Nótese que NO se le preguntó si el Madrid podría competir en la NBA (que ya tendría delito), se le preguntó si podría pelear por los playoffs; o dicho de otra manera, se le preguntó indirectamente si consideraba que este Real Madrid podía ser mejor que casi la mitad de franquicias de aquella Liga. Siguiendo por esta misma línea, cabe suponer que la próxima vez que suceda le preguntarán a la estrella visitante si cree que este Real Madrid podría aspirar legítimamente a ganar el anillo. Y así sucesivamente. No tengo por qué defender a Westbrook (que ni siquiera fue nunca santo de mi devoción como jugador; o quizá sí como jugador pero no como director de juego) pero me reconocerán que se lo pusieron a güevo.

roncerohistoriaClaro está, lo peor no fue esa pregunta, lo peor ni siquiera fue esa no-respuesta de Westbrook, lo peor fue todo lo que vino después, la reacción del florentinismo, el roncerismo y demás madridismo mediático de todo a cien saliendo en tromba a limpiar el buen nombre baloncestístico de la entidad (como si éste necesitara ser limpiado), supuestamente mancillado por la estrella de los Thunder. Llamó especialmente la atención la furibunda reacción de un afamado periodista de la SER vinculado profesionalmente al baloncesto y a quien yo tenía (acaso ingenuamente) por un buen conocedor de este juego, un tipo llamado Francisco José Delgado y conocido popularmente como Pacojó. No voy a transcribir al completo sus palabras hacia (como él le llama) el sobrado Westbrook pero sí su frase final, que por sí sola resulta ya más que esclarecedora para que nos hagamos una idea:

pacojoEvidentemente el Real Madrid tendría hueco en la clase media de la NBA, y Sergio Llull, seguro, hueco en la NBA. Así que mejor haría Westbrook en tratar de ser un poquito más humilde y en recordar que no todo se acaba en Estados Unidos, y si no que mire a las plantillas de la NBA, que cada vez están más llenas de europeos.

Por partes: claro que Llull tendría hueco en la NBA, en eso (sólo en eso) siempre vamos a estar de acuerdo. De hecho la única razón de que aún no esté allí es porque no ha querido, ni más ni menos. Y ésa es una opción personal tan legítima como cualquier otra por más que a algunos les pese, por más que se lo echen en cara como si no hubiera otra vara de medir, por más que haya hasta a quien se les llene la boca de insultos grandilocuentes para calificar esa renuncia provisional (véase la muestra). Esto es como aquello que me decía mi padre cuando era niño (y que yo entonces no entendía, claro), en esta vida tienes que escoger entre ser cabeza de ratón y ser cola de león. O trasladado a sullullcobarde caso, escoger entre ser la estrella de uno de los mejores equipos de Europa o ser un jugador más de una franquicia de nivel medio en la mejor liga del mundo. Y tan válida es una opción como la otra. Puede que tarde o temprano los Rockets se lo lleven al huerto o puede que se tire en el Madrid toda la vida, y ello no habrá de modificar en absoluto el hecho de que sea o deje de ser un grandísimo jugador. Al menos en lo que a mí respecta.

Ahora bien: ¿el Madrid tendría hueco en la clase media de la NBA? ¿De verdad? ¿En base a qué? ¿En base a un mero partido amistoso (sí, amistoso) de pretemporada? Y si esta brillante victoria les da para sacar semejante conclusión, ¿no debería bastarles también la abultada derrota de hace un año ante los Celtics para sacar también la conclusión contraria? Y aunque así no fuera, ¿son verdaderamente conscientes de lo que están diciendo? ¿Son verdaderamente conscientes de las diferencias físicas (no entro ya en las técnicas, ni en las de velocidad) entre el baloncesto de allá y el de aquí? (Ya les dije que esto iba a ser un catálogo de obviedades, luego no digan que no se lo advertí). ¿Son verdaderamente conscientes de que un equipo de clase media NBA viene a jugar aproximadamente cien partidos oficiales al año (82 de temporada regular más los que alcance en playoffs), cada uno de ellos de 48 minutos de duración? ¿Que allí juegas cada lunes y cada martes, quince partidos al mes, tres o cuatro por semana, de promedio uno cada dos días, a veces varios en días consecutivos? ¿Son conscientes de las inalcanzables nóminas que se manejan allí, de las desmesuradas estructuras de cada franquicia, de los aviones privados, de los viajes constantes e interminables (que no es porque el Madrid esté en Europa, que aunque trasladara provisionalmente su sede a Idaho seguirían siendo interminables)? ¿Son conscientes de que muchos de esos grandes jugadores del Madrid de los que dicen que podrían estar perfectamente en la NBA en realidad darían cualquier cosa por poder estar en la NBA? ¿Son conscientes de que si no están allí es simplemente porque la NBA no los ha querido (excepción hecha de Llull, obviamente)? ¿Son conscientes en suma de que aquello es otro mundo, de que la NBA y Europa son dos realidades completamente distintas a la par que distantes?roncerobarc%cc%a7a El cuñadismo está muy bien para la barra del bar o para la cena de Nochebuena, pero debería estar de más en un medio de comunicación (que se dice) de prestigio.

A no ser que lo que se diga no sea tanto lo que se piense como lo que se cree que el oyente (lector, espectador) quiere oír. La audiencia deportiva es en su inmensa mayoría futbolera, la audiencia futbolera es en un tanto por ciento muy elevado madridista. Y se ve que al madridismo hay que regalarle constantemente los oídos diciéndole cada lunes y cada martes que su equipo es la más grande institución deportiva jamás creada sobre la faz de la Tierra, así sea verdad o no. Claro está, cierto madridismo está muy mal acostumbrado, cierto madridismo pregunta a su espejito mágico y éste le responde que el Madrid es el equipo de fútbol más grande de la galaxia, cómo no habría de serlo si a día de hoy es el campeón de la Champions. Pero cuando ese mismo madridismo pregunta por su equipo de baloncesto ahí ya la cosa cambia, ahí ya el espejito le responde que acaso puedas ser el más grande de Europa (lo fue hace un año, lo puede volver a ser este mismo año) pero no del mundo porque resulta que al otro lado del Atlántico hay no uno ni dos sino treinta equipos más grandes que tú. Algo que buena parte de sus seguidores entienden y asumen como algo evidente a la par que inevitable (nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio, que cantaba Serrat)… pero no todos, claro.

No todos empezando incluso por su propio presidente, que no fueron pocas las veces que se llenó la boca diciendo que su intención era meter al Madrid en la NBA como si eso fuera posible (de hecho él es el primero que sabe perfectamente que no es posible, entre otras cosas porque si lo fuera ya lo habría hecho).florentinonba Miren, lo de la presunta conferencia europea de la NBA es una entelequia que yo jamás veré, que no se creen ni quienes la enuncian, que no va a ser realidad ni a corto ni a medio plazo, a largo (pongamos cincuenta años) quién sabe. Y que si llegara a suceder alguna vez probablemente no sucedería con las actuales estructuras deportivas europeas, sino con la NBA fundando aquí sus propias franquicias. Deporte ficción, como si dijéramos. A día de hoy (y de mañana, y de pasado) la única realidad es que el Madrid no puede jugar en la NBA, pero eso no es algo exclusivo del Madrid (sigo con las obviedades). Le pasa exactamente lo mismo al Barça, al Fenerbahçe, al CSKA, al Olympiacos, al Maccabi y a cualesquiera otros grandísimos equipos europeos (algunos de los cuales manejan presupuestos bastante más sustanciosos que el de la sección baloncestística de la casa blanca), sin que me conste que ninguno de ellos se haya hecho las mismas pajas mentales tras conseguir (en su caso) alguna victoria de semejante calibre. O quizá sí se las hayan hecho y yo no me haya enterado, que eso también puede ser.

Qué quieren que les diga, a mí me da mucha pena que una victoria tan espectacular y brillante como ésta no haya sido disfrutada por una parte de su afición en la manera en que lo merecería. Nada nuevo bajo el sol, en cualquier caso. Dijo una vez Laso que en este club los títulos no son tanto una alegría como un alivio, y yo aún añadiría que a veces (demasiadas veces) sus victorias no son tanto una alegría como un motivo para ajustar cuentas con el resto de la humanidad. Supongo que es el precio a pagar por tanta grandeza, que las victorias ya las llevas de serie y no te está permitido reaccionar ante ellas como acostumbra a hacerlo el resto de los mortales. Pero claro, una cosa es la grandeza y otra ya muy distinta los delirios de grandeza, que está muy bien tenerlos cuando eres chico pero que resultan un poco ridículos cuando ya eres grande. Quítenselos de la cabeza, por favor. No lloren si no pueden ver el sol, porque sus lágrimas no les dejarán ver las estrellas (ya ven qué frase tan original me ha salido). ¿Por qué ese empeño con el quiero y no puedo de la NBA, siendo como son el equipo más laureado y galardonado y vanagloriado del mundo no-NBA? Son ustedes (permítanme una última obviedad) uno de los mejores equipos de Europa, ya veremos si no el mejor a día de hoy. Nada más y nada menos. Con eso deberían tener más que suficiente.

NO SOMOS NADIE   5 comments

Un sábado cualquiera te proponen salir, hay baloncesto (Final de la Supercopa además, que suena así como muy rimbombante), protestas tímidamente y te montan la de dios, pero eso qué es, pero eso qué más da, pero qué baloncesto vas a tener si ya se acabaron los Juegos, ya vendrá otra vez el baloncesto cuando vuelva a ser verano y se vuelva a juntar la selección. A efectos del gran público somos como los melones o las sandías, una mera fruta de temporada para tomar fresquita en las largas tardes de agosto.balonacb Más allá de eso a nadie le importamos una mierda, lo cual obviamente es muy triste pero tiene también su puntito de ventaja aún por increíble que pueda parecer: antes quedabas, dejabas el partido grabando para verlo a la noche y te tenías que andar con cien ojos para no enterarte del resultado, en cuanto te descuidabas te lo destripaba alguien o se te aparecía en la pantalla de cualquier televisor. Ahora ya no hay peligro, ahora ya puedes juntarte con quien te dé la gana que nadie te lo va a decir, ahora ya puedes asomarte a pecho descubierto (a ojos descubiertos, más bien) a veinte o treinta bares que todo lo que vas a encontrarte en sus respectivos televisores va a ser el mismo tapete verde. Hoy ya el espóiler es imposible precisamente por esa misma razón, porque a nadie le importamos una mierda. O dicho de otra manera, que el que no se consuela es porque no quiere.

Sí me pilló en casa la segunda semifinal, lo cual me impidió llevar a cabo un apasionante experimento: a priori nuestro menú no podía ser más sustancioso, nada menos que un Madrid-Barça, nuestro clásico por antonomasia, nuestro único e incomparable e irrepetible duelo al sol. Y sin embargo reto a quienes estuvieran de bares el pasado viernes entre (pongamos) las nueve y media y las diez y media de la noche (una hora menos en Canarias) a que me digan qué había sintonizado en los televisores de aquellos establecimientos por los que fueran pasando: ¿acaso esa primera parte de nuestro clásico baloncestero? ¿o más bien el Betis-Málaga (de fútbol, of course) que había comenzado tres cuartos de hora antes, por lo que a esas alturas andaría ya por su segunda mitad? No hace falta que me lo cuenten, me temo que conozco demasiado bien la respuesta. Como conozco (aún mejor, que esa sí la viví en persona) la del sábado, ni triples ni Barça ni Granca ni Final ni leches, sólo fútbol y más fútbol en todas las pantallas habidas y por haber.icono-50_450 Y en todas las conversaciones que te ibas cruzando por la calle, pues el Barcelona ha metido cinco (a quién se los hubiera metido daba igual, se ve que a partir de un determinado escalón los rivales son intercambiables), pues no sé quién va ganando uno cero, pues el Madrid creo que juega después. Ya no es que tengas que ser muy torpe para que te hagan espóiler baloncestístico, ya es que lo tendrías crudo (más allá de Internet, obviamente) incluso aunque quisieras enterarte a propósito. Para esto hemos quedado.

Partiendo de la nada hemos alcanzado las más altas cotas de la miseria. Podemos tener una perspectiva engañosa porque a menudo hablamos, nos rodeamos o tuiteamos con otros friquis de esto como usted o como yo, pero la realidad es que más allá de eso (es decir, más allá de ese círculo cerrado en el que a menudo nos movemos) no existimos. No existimos para el 99,99 por ciento de la población de este país, no existimos para el noventa por ciento de (esos que dicen ser) aficionados al deporte, esos que en realidad son sólo aficionados al fútbol y sólo miran tangencialmente a otras disciplinas cuando el honor de la nación está en juego, digámoslo así. Cuando un Nadal o una Marín o una selección cualquiera (la de baloncesto, sin ir más lejos) puede obtener un éxito internacional con el que sacar pecho a la mañana siguiente a la hora del café, justo antes de retomar la tradicional dinámica sobre si es mejor Cristiano o Messi. No existimos, no existimos a nivel de clubes, no existimos durante once meses y medio al año. No somos nadie, aunque nos creamos muchos cuando interactuamos unos con otros para reforzar nuestra opinión. Ya ni cuatro gatos siquiera.

Haga una prueba: coja a uno de esos futboleros que un día (o un rato, ya muy lejano) fueron también baloncesteros y háblele del Baskonia (de Vitoria para abajo, me refiero); o háblele del Valencia Basket; o del Zaragoza (sin CAI). Hágalo y comprobará que no sabe de qué le está hablando. Que necesita traducción. Cuando le ponga cara rara al oír Baskonia dígale Tau (o aún mejor, Taugrés) y verá como ya sí lo entiende, tuityagocuando se le queden los ojos a cuadros al escuchar Valencia Basket dígale Pamesa y le responderá ah, coño, el Pamesa, joder, haberlo dicho antes, haber empezado por ahí. A esto hemos llegado, hasta a perder/prostituir nuestra propia identidad. Ya no es que añoremos aquella burbuja de los Ochenta (cuando tomar el aperitivo en cualquier bar un domingo por la mañana y ver en su televisor la ACB eran casi la misma cosa; hoy son recuerdos de un pasado que nunca más ha de volver), es que hasta estamos peor que en los Sesenta o los Setenta. No, no exagero, entonces apenas se veía baloncesto pero mal que bien se informaba de baloncesto, mal que bien se leían (y hasta se sobreimpresionaban, incluso) los resultados de cada jornada en los telediarios de la época, en los estudioestadios de la época. Mal que bien nos resultaban familiares (de tanto escucharlos) nombres como Breogán, Kas, Águilas, Picadero o Náutico de Tenerife, incluso nombres resonantes de otros deportes (aún más marginales hoy que el nuestro) como Teucro, Anaitasuna o Voltregá. Hace tiempo que el monocultivo futbolístico acabó con todo eso. Y a donde no llegó dicho monoculrivo llegamos nosotros, gracias a nuestra propia capacidad de autodestrucción.

¿Y hoy, desde esa misma insignificancia, aún nos echamos las manos a la cabeza (yo no, desde luego; pero sí muchísimos en estos días) por el hecho de que el producto ACB vaya a ser de pago? ¿Aún nos parece que nuestro baloncesto se va a ver condenado al ostracismo y la marginación? No, a ver, déjenme que se lo explique: en el ostracismo y la marginación ya estamos, desde el fondo del pozo ya es difícil caer más bajo. Y aunque así no fuera, ¿me podrían explicar cuál es la alternativa, si son tan amables? ¿Seguir como hasta ahora? No hará falta que les recuerde que hubo años (no pocos) en los que TVE no pagó un solo céntimo a cambio de la ACB (pagó en todo caso por la Copa, pero no por la Liga); no hará falta que les recuerde que hubo incluso años en los que TVE no sólo no pagó sino que hasta pidió dinero (no me consta si finalmente llegó a obtenerlo) a cambio de televisarla, como una forma de que sus patrocinadores pudieran tener visibilidad. Claro está, si todo ese sacrificio año tras año tuviera como contrapartida una cobertura excelsa, un seguimiento mediático acojonante, una calidad en las retransmisiones digna de superproducción pues a lo mejor en ese caso hasta podrías pensar que pudiera merecer la pena. Pero asumámoslo, TVE se ha comportado con la ACB durante todos estos años como si le estuviera dando una limosna, como si le estuviera haciendo un favor (quizá porque en el fondo le estaba haciendo un favor). Nunca fue una apuesta ni un producto que vender, fue más bien un peaje, una de esas servidumbres que se ven obligados a acometer en su condición de televisión pública.acbtve Como la misa de los domingos (que esa es otra), como la Orquesta y Coros de RTVE, como la bonoloto o el euromillón. Pues vale, pues si tenemos que darlo lo damos, pues qué le vamos a hacer; pero encima no nos pidan que además le pongamos ganas. El pobre Lalo Alzueta sólo fue una mera (a la par que maravillosa) excepción.

A ver, que yo sería el primero que estaría encantado de que los canales en abierto hiciesen cola a la puerta de la ACB queriendo comprar sus derechos. Pero sucede que hace muchísimos años me explicaron un extraño concepto que es de aplicación inmediata en este caso, una extraña cosa llamada ley de la oferta y la demanda. Si la demanda de ACB fuese aún decente (no digo ya alta) ahí estarían los diferentes operadores peleándose por nuestra audiencia; pero como es no ya baja sino ínfima a los operadores nuestra audiencia se les da una higa, con perdón. No es ya que no peleen por nosotros los grandes, es que no lo hacen ni siquiera sus filiales, esos Nova, Mega, Energy o Gol que pululan por la parrilla de programación. Vamos, que ni gratis siquiera, que se ve que la gran labor social es competencia exclusiva de TVE. Quejarnos de la ACB de pago tendría algún sentido si hubiese alguna otra alternativa más allá de pedir limosna, aay payo, dame un hueco, que es triste pedir pero es mucho más triste tener que robar. Más allá del Plus (o como se llame ahora) sólo nos quedaba la caridad pública, y ante esa ya nos hemos humillado demasiadas veces.

Claro está, luego no faltarán los que se acuerden de Santa Bárbara cuando truene, aunque tronar lo que se dice tronar sólo truena ya una o dos veces al año. He escuchado demasiadas veces la cantinela durante estos últimos mayos, ¡lo que es vergonzoso es que un equipo español juegue la Final Four de la Euroliga y no se televise en abierto! (Curiosamente sólo la escuché cuando fue el Madrid el que la jugó, cuando fue el Baskonia no dijeron nada, supongo que en Vitoria sería al revés). Claro que sí, campeón: te tiras todo el año sin hacer ni puto caso a una determinada competición (vamos, que ni mirar sus resultados siquiera), ¿y cuando luego descubres que la sección baloncestística de tu equipo va a jugar su final exiges que te la echen en abierto? Vuelvo a lo del párrafo anterior, si en todo el curso eres incapaz de generar una demanda no pidas luego que para sólo un par de partidos te generen una oferta. Llegará quizá el día en que estas cosas se comercialicen por lotes, éste para la temporada regular, éste para los playoffs, éste para la Copa. Pero hoy por hoy va todo junto, o lo tomas o lo dejas, y a ver cómo les dices luego que después de todo un año dando morralla cuando llega el solomillo se lo quitas para dárselo a aquel otro que es más guapo que tú. A no ser que la idea fuera recuperar aquella infausta Ley de Eventos Deportivos de Interés General (o como se llamara) que parió tiempo atrás el ínclito Álvarez-Cascos: que a donde no llegue el mercado llegue el decretazo gubernamental. Acabáramos.

Niego la mayor (frase jurídica que nunca acabo de saber qué significa exactamente, pero queda bien ponerla). No ya porque el grado de penetración de la televisión de pago sea hoy infinitamente superior (Internet mediante) al que existía en (por ejemplo) 1999; también porque aquella vieja cantinela de que la televisión de pago va a matar al baloncesto (como el vídeo a la estrella de la radio, poco más o menos) ya huele un poco, mire usted. ¿Hace un par de años estábamos clamando por un league pass para la ACB (como si hubiera mercado para ello) y hoy nos echamos las manos a la cabeza porque la vaya a dar Movistar +? A ver, señores, un poquito de por favor. Yo les pediría que me acompañen por un momento a más de veinte años atrás, concretamente al verano/otoño de 1995. En aquel entonces ya se nos había explotado la burbuja pero la ACB aún gozaba de una popularidad inifinitamente mayor que ahora, tanto más tras el repunte que había supuesto aquella espectacular Final Barça-Unicaja (sí, la del no-triple de Ansley). Y en aquel entonces la NBA era una lejana entelequia cuya popularidad en este país había caído en picado tras arrumbarla TVE en el último rincón de su (des)programación.montesdaimiel Y una vez hechos los recordatorios, tengan ahora la bondad de recrear conmigo lo sucedido a partir de aquella temporada 1995/1996: la ACB siguió siendo en abierto, sólo dejó de serlo entre 1999 y 2003 pero incluso durante ese periodo aún siguió viéndose por las Autonómicas, puede que éstas no tuvieran los mejores partidos pero ACB gratis nunca dejó de haber en buena parte del territorio. La NBA en cambio pasó a ser de pago, ya nunca dejó de serlo si bien en alguna temporada le regalaron un partido semanal al Cuatro por pura estrategia comercial. Y ahora pregúntense cómo ha evolucionado la popularidad de la NBA (de pago) durante estos últimos veinte años, cómo ha involucionado la (im)popularidad de la ACB (gratis) durante ese mismo periodo de tiempo. Y a partir de ahí concluyan si lo más determinante para el éxito o fracaso de una determinada disciplina es que ésta se dé en abierto o no.

Es decir, quizá la clave no esté tanto en el medio como en el mensaje. Quizá la verdadera madre del cordero sea el atractivo del producto, no el vehículo elegido para transportarlo. Qué duda cabe, la NBA se vende sola (más allá del extraordinario trabajo que hizo siempre el Plus con ella), la ACB en cambio se ha especializado en pegarse tiros en el pie. La NBA no engaña a nadie, sabes siempre exactamente qué puedes esperar de ella; la ACB en cambio es una liga en la que nada es lo que parece: la desproporción entre temporada regular y playoffs es abismal (ocho meses de morralla para luego despachar el solomillo en apenas veinte días), los finalistas se presuponen desde octubre (aunque luego intentemos engañarnos a nosotros mismos en noviembre), los ascensos y descensos son de mentira, los primeros puestos no clasifican necesariamente para Europa, los equipos son impares (que descender no descenderán, pero al final acaban cayendo por su propio peso), las plantillas son efímeras, los pasaportes son falsos, los conflictos arden, los dineros escasean, los presupuestos estámovistar-endesan cogidos con alfileres, las deudas se disparan, los contraataques aún se penalizan, el espectáculo parece a veces una especie a extinguir. Incluso nuestros suelos lucen mustios y opacos por comparación a cómo resplandecen siempre los parquets USA, no ya en NBA, incluso hasta en el último rincón NCAA. Vemos otros baloncestos y apreciamos su continua evolución, vemos ACB y es como si la imagen se nos hubiera quedado pinchada en un plano de hace treinta años. Algunos (pocos) la seguiremos viendo, porque es nuestro juego, porque no sabríamos qué hacer sin él, porque ningún otro nos queda más cerca, porque estamos ya más que vacunados contra la desmotivación. Pero no somos nadie, ya se lo dije. Si quieren que seamos más quizás haya llegado ya el momento de que empiecen la casa (por una vez) por los cimientos: hágase primero ese producto atractivo que una vez tuvimos/soñamos, (re)conquístese luego un puñado mínimamente digno de potencial audiencia y finalmente inténtese vender al mejor postor (siempre y cuando hubiera más de uno). Y mientras tanto démonos con un canto en los dientes (aún a riesgo de hacernos daño) por el hecho de que en las actuales circunstancias al menos un operador (uno que tiene la sana costumbre de cuidar sus productos, además) haya tenido a bien apostar firmemente por nuestro deporte. Aún por muy de pago que sea.

Publicado septiembre 28, 2016 por zaid en ACB, medios

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GRIS   3 comments

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Existe el gris. Sí, no me pongan esa cara, de verdad que existe, se lo juro, he podido comprobarlo con mis propios ojos, de hecho lo compruebo con mis propios ojos cada vez que me miro en el espejo, y no sólo por la tonalidad de mi (escaso, por otra parte) cabello. Y no es ya que exista el gris sino que hasta existen varias tonalidades de gris, hay gris claro y gris oscuro, hay gris perla y gris plata y gris antracita y gris marengo (sea lo que sea un marengo), probablemente haya hasta miles de grises diferentes a poco que se juegue con los pantones. Que muchos me dirán que ya lo sabían (y bien que me alegro), pero que ante el empeño que últimamente observo a mi alrededor por demostrarnos que todo es blanco, o negro, me ha parecido oportuno efectuar la aclaración. Créanselo, existe el gris, nos están intentando vender un mundo de verdades absolutas pero aún existen los matices, las tonalidades, existen aunque ya no estén de moda, aunque lo único que se lleve sea la certeza. Frente a tanta certeza yo (gris) sólo tengo dudas pero el problema no es tenerlas (pobre de aquél que no las tenga), el problema es expresarlas, a poco que las expreses te caerán hostias por todos los lados, hostias desde todos aquellos (felices ellos, cómo les envidio) que están en posesión de la verdad. Sea cual sea su verdad.

Pierde tu equipo, tu selección, expresas confianza y te dicen (y el problema no es el qué sino el cómo) que parece mentira, que son unos inútiles, que están acabados, que todo es una mierda, que cómo no lo ves. O (aún más) al contrario, pierde tu equipo, expresas una mínima (pero mínima) duda y ahí ya estás perdido,bandwagon-500x401 parece mentira que dudes de ellos con todo lo que nos han dado estos jugadores, ya vendrás luego a subirte al carro, ya. El carro. El puto carro. Estoy del carro hasta donde nadie sabe, iba a poner otra cosa pero he preferido ser elegante por una vez. Dónde estará mi carro, me preguntaría si no se lo hubiera preguntado ya un legendario tonadillero muchas décadas atrás. Será que me lo robaron anoche cuando dormía.

Donde quiera que esté, mi carro es mío. No necesito subirme a ningún otro. ¿Me van a decir a mí que ya vendré luego a subirme al carro? ¿A mí que llevo década y media confiando en ellos, disfrutando con ellos, soñando con ellos, sacando la cara por ellos (como si lo necesitasen) en éste y otros lugares? ¿A mí que hasta he escrito un libro (en qué hora) sobre aquel inolvidable sueño (de una mañana de verano) de Saitama 2006, a mí que hasta podría escribir otros tantos (no teman, no lo haré, con una dosis he tenido ya más que suficiente) acerca de tantas otras batallas ganadas a lo largo de esta década prodigiosa? ¿A mí que hasta me he quejado en estos días de que no les hayamos dado el reconocimiento que merecen por todos estos años, a mí que hasta miro con envidia (sana, que los quiero casi tanto como a los nuestros) el homenaje de Argentina a su Generación Dorada, por contraposición al que no hemos sido capaces de montar nosotros aquí? No me den lecciones, por favor. No me vengan a decir que ya vendré luego a subirme al carro. Entre otras cosas porque no recuerdo haberme bajado jamás de él.

fr1La España del carro me aburre profundamente, escribió hace unos días en Twitter el gran periodista de Eurosport Fernando Ruiz. Y obviamente no puedo estar más de acuerdo con él. ¿En qué momento la confianza infinita en estos jugadores dejó de ser compatible con el espíritu crítico? ¿Acaso el mero hecho de dudar (¡¡¡dudar!!!) siquiera mínimamente de su juego o sus resultados implica necesariamente que ya no creas en ellos, que ya no estés en su carro? Tanto más cuanto esas dudas (las mías, al menos) no fueron tanto hacia ellos como hacia todo lo que les rodea, todo lo que está por encima. Y obviamente en ése por encima no me refiero al Seleccionador (cuyo gran trabajo tampoco estamos reconociendo suficientemente) sino que miro bastante más arriba, a la Federación (no sé si a la entrante o a la saliente porque a estas alturas ya ni siquiera sé si hay una entrante y una saliente), a esa despreparación o preparación inversa de la que me he quejado ya chiquicientasmil veces, la última hace apenas unos días.fr2 Es nuestra imagen de marca, la verdadera idiosincrasia de esta selección: llegamos en pésimo estado, palmamos los dos primeros, nos jugamos la vida ante Nigeria (como en otro tiempo ante Gran Bretaña o Alemania), salvamos una vez más los muebles y aquí paz y después gloria, a partir de ahí a volar… o no, porque esta vez en el pecado llevábamos la penitencia, porque la tontería nos supuso encontrarnos a USA en semis… o tampoco, porque quién sabe qué habría podido pasar si hubiese sido al revés: lo mismo llegamos bien preparados, hacemos una primera fase impecable, quedamos primeros de grupo y luego en el cruce el cuarto del otro (o sea Serbia) va y nos manda para casa, tampoco sería la primera vez. Y ya me imagino lo que habríamos dicho entonces (conozco a mis clásicos, casi como si los hubiera parido), la culpa es nuestra por llegar demasiado bien, por haber alcanzado nuestro óptimo estado de forma demasiado pronto, si hubiésemos ido de menos a más como otras veces otro gallo cantaría. Ya se lo dije, sólo tengo dudas. Dudo hasta de cosas de las que jamás pensé dudar.

Pero esa supuesta bajada de carro de los días anteriores te acompañará ya como una losa sobre tus hombros para todo lo que quede de torneo, porque al día siguiente de rozar el nigeriazo meterás de cincuenta a Lituania y de inmediato acudirán presurosos a reprochártelo, anda que bien que os subís todos ahora, como si el mero hecho de haber expresado un mínimo escepticismo inicial te deslegitimara para disfrutar todo lo que venga después. Y por si no tuvieras bastante con los del blanco acudirán también presurosos los del negro, éstos a ver biscottos por todas partes (que aquello más que unos Juegos Olímpicos parecía una panadería) no vaya a ser que entre ellos y su catastrofismo se interponga la cruda realidad: si apalizamos a los lituanos es porque les venía bien perder (¿?), si luego ganamos con cierta holgura a los argentinos es porque les daba igual ganar (la broma les costó cruzarse con USA, recuerden), de la sobrada victoria ante Francia en cuartos ya no dijeron nada porque era eliminatoria directa, si no ya habríamos visto. Me encanta, de verdad se lo digo. Vemos la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio o si prefieren que lo diga en un lenguaje más comprensible, vemos el cholismo en el ojo ajeno y no el mourinhismo en el propio, somos así, no sé si el embudo fue un invento español pero merecería serlo. Qué quieren que les diga, a mí al menos me ha dejado mucho más orgulloso este bronce de Rio que aquella plata de Londres. Y no me obliguen a recordar por qué.

rubio-navarro-rudyAhora bien, puedo entender que me vengan con lo del carro mis contertulios, mis convecinos o mis congéneres pero me jode sobremanera (aún más si cabe) que me vengan con lo del carro mis jugadores, justo aquellos en los que confío y a los que admiro profundamente desde tiempo inmemorial. Dedico esta victoria a los que creían en nosotros y a los que no, que hay muchos, y que seguro que ahora vendrán todos a subirse al carro, lindezas así de Navarro o de Rudy que te hacen pensar dónde tienen el oremus estas criaturas. Un personaje público debería entender que está expuesto a la crítica (siempre y cuando ésta sea respetuosa) por el mero hecho de serlo, un deportista profesional debería entender que si juega mal y pierde y se sitúa al borde de la eliminación la peña no va a estar contenta ni aún por mucha fe que le tenga, que rentabilidades pasadas no presuponen rentabilidades futuras ni aún por mucha confianza que te genere todo lo anterior. Si ése es el combustible del que se alimentan para reaccionar y sacar los torneos adelante pues bienvenido sea, pero vamos, que yo preferiría que encontraran ese combustible mucho más cerca. Por ejemplo en las verdaderas raíces de su pésima preparación.

Debería estar yo como unas castañuelas tras ese bronce y tras la plata femenina, dos presencias en el podio (como USA y como Serbia, por cierto), cien por cien de éxito, a ver qué otro deporte puede presentar un balance así. Y no les negaré que ello me hace sumamente feliz pero no les negaré tampoco que ando un tanto contrito en estos días. Y no tanto por el hecho evidente de que se hayan acabado los Juegos Olímpicos (lo cual cada año me afecta más, quizás porque cada vez me quedan menos;begotxu son ya muchos menos los Juegos que me restan por vivir que los que ya he vivido, por una mera cuestión de edad) como por todo lo que he aprendido sobre relaciones humanas (quién me lo iba a decir, a mis años) en estos Juegos Olímpicos, y que me debería hacer replantearme muchas cosas a partir de este mismo instante. Replantearme por ejemplo mi relación con Twitter.

Digamos que llegué a Twitter en marzo de 2012, que me enamoré de Twitter en Londres 2012… y que casi he acabado odiándolo en Rio 2016. Como si aquel parque natural en el que todas las especies convivíamos pacíficamente hubiera degenerado en un coto de caza en el que está levantada la veda. El Twitter que yo conocí era un lugar maravilloso donde podías informarte, aprender, opinar, compartir y (cómo no) discrepar en perfecta armonía, siempre podía haber alguna excepción que confirmara la regla pero era exactamente eso, excepción. El Twitter que hoy conozco es un lugar enrarecido en el que no siempre sabes por dónde te pueden venir los golpes, en el que algunas (presuntas) discrepancias ya no son tanto opiniones como hachazos a la yugular. Un lugar en el que (como leía a alguien el otro día) das los buenos días y corres el riesgo de que alguien te conteste ¡¡¡¡¡serán para ti, imbécil!!!!!, un lugar en el que hay gente que te sigue no porque le interese lo que dices sino para descojonarse sistemáticamente de lo que dices, un lugar en el que cualquier comentario nimio puede ser respondido con un zarpazo que apenas tenga nada que ver, total para que de inmediato aparezca a festejarlo un tercero al grito de ¡¡¡¡¡juajuajua, vaya zasca, jojojojojo!!!!!, que ganas te entran de decirles os vais a reír de vuestra P.M. (al menos en público) pero que como eres educado te limitas a bloquearlos no sin antes desearles que les vaya bien. Como diría una persona que me es muy próxima, estoy ya muy mayor para estas gilipolleces.habiauntuiter Creo que he demostrado sobradamente a lo largo de estos años que a mí desde el respeto se me puede decir todo, pero cuando a eso se me contesta que ¡lo digo como me sale de los cojones y si te molesta te jodes, faltaría más! (cita textual) pues qué quieren que les diga, ésa precisamente es una línea roja que no estoy dispuesto a sobrepasar. Ni a que me la sobrepasen, tampoco.

Y sé que obviamente estoy siendo muy injusto con muchísimos seres humanos/virtuales a los que sigo y que me siguen, a los que aprecio y que hasta puede que me aprecien, y que son la única razón por la que no he dejado (aún) Twitter en estos días. Sí, de ese carro (y no del de la Selección) sí que estuve tentado de bajarme, si no lo hice fue por eso… y porque tampoco estoy seguro (otra duda) de que no sea (en parte) culpa mía, también. Según voy cumpliendo años debería encallecerme, debería endurecérseme el caparazón pero me sucede justo al contrario, se me está reblandeciendo la concha, ciertas cosas me afectan más que antes cuando debería ser al revés. Será que ya no me reconozco en esta sociedad que parece hecha a imagen y semejanza de los programas ultramontanos televisivos, un lugar de certezas absolutas en el que ya no se opina sino que se pontifica, en el que lo de menos son las formas porque se ve que el que está en posesión de la verdad no tiene por qué guardarlas, que se jodan los equivocados que son todos los demás. Un lugar de blancos o negros en el que hemos dejado de tener cabida aquellos que reivindicamos (ingenuamente) el gris. Así nos va.

(con mi agradecimiento a Fernando RuizAna Ruiz Echauri y Begotxu, por haber tomado prestados sus tuits)

NO OS MEREZCO (edición 2016)   1 comment

Lo he dicho muchas veces, lo diré una más aún a riesgo de resultar cansino: no las merezco. NO OS MEREZCO. Laia, Silvia, Leti, Leo, Alba, Anna, Xargy, Niky, Laura Q, Laura G, Lucy, Astou, no os merezco, no diré que no os merecemos no vaya a ser que por generalizar alguien me diga que él sí. Yo no. Yo me paso años sin ver baloncesto femenino, nada, cero, ni de aquí ni de Europa ni de USA, temporadas enteras sin haceros el menor caso, tragándome hasta la náusea todos los demás baloncestos habidos y por haber sin encontrar ni un solo segundo para mirar un Perfumerías-Conquero o un Lynx-Fever pongamos por caso.villaolímpica Y podría alegar dificultades de acceso, podría pretextar que no lo tengo a mano pero sería mentira, si me busco la vida para ver recónditos partidos universitarios en la América profunda igualmente me la podría buscar para ver a estas tías allá donde estuvieran. No lo hago y lo que es peor, luego llega el verano (cualquier verano, tanto más éste) y me pongo a vibrar y a soñar con vuestras medallas como si realmente me las mereciera. Y tanto dará que ahora haga examen de conciencia y propósito de enmienda porque sé que me volverá a pasar lo mismo, sé que estas buenas palabras de agosto se las volverá a llevar el viento en noviembre, que a pesar de lo cual cuando vuelva a llegar agosto (o septiembre) empezaré de nuevo con la misma canción. No tengo remedio.

[Acotación al margen: si a alguien ofendiera la utilización del término tías ruego tenga la amabilidad de perdonármelo; lo uso con la misma familiaridad con la que uso a menudo el término tíos, pero vivimos tiempos de susceptibilidad a flor de piel: Lalo Alzueta se ha pasado años diciendo ¡¿pero a este tío quién lo para?! sin que ello le supusiera a nadie el menor trauma, pero bastó que en un partido femenino dijera ¡¿pero quién para a esta tía?! para que algunos/as se le tiraran a la yugular por irrespetuoso. Yo no lo veo así, para mí no es un término peyorativo en ninguno de los dos géneros, y en caso de que lo fuera lo sería por igual en ambos géneros. Creo que el verdadero respeto es otra cosa que desde luego que va mucho más allá de la mera utilización de un guiño coloquial en el lenguaje (y si de lenguaje hablamos bastante peor es estar llamándoles niñas cada dos por tres, como si el deporte femenino aún no hubiera alcanzado la mayoría de edad). Pero repito una vez más, para que no queden dudas: mis disculpas si aún así a alguien le hubiera podido molestar]

Me acuso además (por una vez y sin que sirva de precedente) de falta de fe. Os tuve como aspirantes a medalla (y cómo no habría de teneros) hasta el día aquel en que se nos dijo que se nos había averiado Sancho Lyttle, reconozco que en ese mismo momento me bajé del carro (expresión que odio profundamente, otro día hablaré de ello), que pensé que la plata o el bronce eran ya una quimera y que todo lo que consiguierais vendría ya por añadidura, si erais séptimas como si novenas, bien estaría en cualquier caso. Qué error, hacia todas en general pero hacia Astou en particular: no es ya que no echáramos de menos a Sancho, es que consiguió que casi ni recordáramos que existía, y eso es sólo el principio.tirodeCruz Qué inmenso error, como aquel otro que tuve cuando recuperé la fe en vosotras tras una impecable primera fase, cuando me volví a subir al carro (y dale) y desde ahí arriba os vi 8 abajo ante Turquía a poco más de tres minutos para el final. Ya está, se acabó, fue bello mientras duró, pensé como si no os conociera, como si no supiese ya de sobra de qué pasta estáis hechas, con quién nos la estábamos jugando. Ocho puntos, tres minutos, para otros puede ser un mundo, para vosotras sólo fue cuestión de tiempo. El que tardamos en comprender que (aún perdiendo) estáis siempre al otro lado de esa frágil línea roja, la que separa a los buenos equipos de los verdaderamente grandes. GRANDES.

No os merezco, pero no es ya que yo no os merezca. Es que no os merece el deporte español, ese mismo deporte que no ve más allá del Bugati de Cristiano o el tinte de Messi, que durante quince días se llena la boca contando medallas como si sólo eso importara pero que hoy ya ni recordará quiénes son Craviotto, Cooper Walz o Coloma, que aún menos se acordará durante estos próximos cuatro años (como tampoco se acordó durante los cuatro anteriores) de reinas absolutas como Beitia, Belmonte, Chourraut o Marín. Reinas, sí, cada una en lo suyo como reinas sois también vosotras en lo vuestro. El oro de los mortales, no sé en qué portada lo leí el otro día pero es una verdad como un templo, oro bañado en plata como aquel masculino de Pekín 2008 pero en vuestro caso mucho más todavía. Las yanquis juegan en otra liga (ya, claro, en la WNBA, pero entiéndanmelo también en sentido figurado), si en masculino puedes ganarles una vez de cada cien en femenino ¿puedes? hacerlo una vez de cada mil, y no sé si aún estoy tirando muy por lo alto. Porque las diferencias (sobre todo) físicas son abismales (mucho más que en el masculino), pero también porque para más inri vienen todas, en los tíos siempre hay algún LeBron o algún Curry que se te cae del cartel pero en las tías no sólo son todas las que están sino que además están todas las que son.comunachica La selección femenina de USA no pierde en Juegos Olímpicos desde Barcelona 92, y (como diría el bolero) pasarán más de mil años, muchos más antes de que volvamos a asistir a algo similar. Créanmelo, nunca hubo plata más dorada que ésta o para ser más preciso, nunca hubo oro más plateado que éste. Oro puro, al fin y al cabo.

Pero tanto dará, que hoy aún estáis en Rio celebrando vuestro oro (plateado) pero mañana os tendréis que ir a jugar a Ekaterimburgo (que levanten la mano quienes sepan dónde está Ekaterimburgo), eso si no os tenéis que conformar con quedaros en Salamanca (plaza privilegiada, en cualquier caso) o con bajaros a Huelva (por ejemplo) aún a riesgo de que desaparezca la entidad antes incluso de que empecéis a vestiros de corto. No es una figura literaria, qué más quisiéramos, al fin y al cabo hubo un equipo que se proclamó campeón de Europa un domingo y desapareció un lunes, aún no habían empezado a celebrarlo y ya se habían quedado sin club. Esa es nuestra realidad, para ponernos en la foto somos muy diligentes (y dirigentes) pero lo de sentar las bases de una liga medianamente competitiva ya nos cuesta más, anda y que se busquen todas la vida por esos mundos de dios. Ahora bien, no escurriré el bulto: si durante el resto del año paso de vosotras, si cuando os ponen por la tele no os veo, si cuando jugáis aquí al lado ni me planteo asistir difícilmente me puedo sentir legitimado para criticar nada, para dar lecciones a nadie. No soy digno de alegrarme siquiera con vuestros triunfos, y sin embargo el día de Turquía y el de Serbia los festejé (y lloré) como muy pocas veces he festejado (y llorado) triunfo alguno a lo largo de mi vida. Lo diré otra vez aún a riesgo de resultar cansino, NO OS MEREZCO, qué más quisiera yo que mereceros. Razón de más para estaros (aún más) infinitamente agradecido.

RUTA ÑOÑA   1 comment

Un año más, me había prometido a mí mismo no volver a ponerles la cabeza mala con esa cosa que algunos llamamos fase de preparación y otros llaman Ruta Ñ. Un año más voy a incumplir mi promesa aún a sabiendas de que dirán joder, ya está aquí otra vez el plasta éste con la misma canción de todos los veranos. Es más, a sabiendas de que si luego triunfamos (como en 2009, como en 2011, no digamos ya 2015) me lo reprocharán aún más si cabe, ya ves, tanto quejarte y mira luego lo bien que nos ha ido.rutaÑ avion Tienen razón, unos y otros tienen razón, sé bien que ahora mismo debería envainármela y dejar en paz las teclas, sé que me arrepentiré de haberlo escrito como sé también que me arrepentiría si no lo escribiera. Créanme que lo siento en el alma, pero es superior a mis fuerzas.

De entrada, las cartas sobre la mesa: no he visto prácticamente nada de toda esta (presunta) fase de preparación. Mi muy particular Ruta Ñ se limitó casi a lo que no es Ruta Ñ, ya que el único partido que pude ver íntegro fue el que jugamos en Kaunas. Añádanle un cuarto (segundo, por más señas) contra Venezuela y ya tendrán todo lo que he podido ver a nuestra selección en estos días. Y no, no me voy a colgar por ello una medalla ni diré que lo he hecho a modo de protesta ante el nulo interés que suscita etc etc, en realidad es todo muchísimo más simple: estaba de vacaciones, y (por paradójico que resulte) la dura rutina vacacional (playa, piscina, comida, sopor, más playa, tal vez excursión, paseo, cañas, pinchos, cena, más sopor) me resulta mucho más incompatible con la contemplación baloncestera que la laboral (de casa al trabajo, del trabajo a casa). Dicho lo cual, no les negaré que en otras ocasiones aún estando de vacaciones me he buscado la vida para verla, pero en ésta no. Igual que me la busqué para ver (y disfrutar) a la Sub20 me la podría haber buscado para ver a sus mayores, pero reconozco que en este caso me faltó la motivación. Durante los Juegos no tendré ningún reparo en trasnochar (incluso por encima de mis posibilidades) para ver lo que haga falta, durante la preparación no me pidan que altere en absoluto mi rutina. Ya no.

Ahora bien, espero que el hecho de no haberlo visto no me deslegitime para quejarme de ello, que por información no habrá de quedar. Seis partidos, seis (que ya de entrada son menos que otras veces): contra Angola (¿hubo alguna vez una fase de preparación en la que no jugáramos contra Angola?), contra Lituania, otra vez contra Lituania, contra Venezuela, otra vez contra Venezuela…rutaÑ cmf y con (que es que si pongo contra me da la risa) Costa de Marfil. Perdimos dos veces, en y con Lituania, y sobrevivimos a todo lo demás. Es decir, en esta Ruta Ñ (que por fin hace honor a su nombre ya que acaso sea la más ÑOÑA que se recuerda) hemos ganado nada más y nada menos que a Angola (que no estará en los Juegos), Venezuela (por la que tengo muchísimo respeto tras su fenomenal Torneo de las Américas de hace un verano, pero que con una sola vez habría sido más que suficiente) y Costa de Marfil, y con ese imponente bagaje nos vamos a plantar en Rio para enfrentarnos (diez días después del último amistoso, que ésa es otra) a Croacia, y luego a la anfitriona Brasil, a Nigeria, a Lituania (again), a Argentina y a lo que venga, si es que algo ha de venir. Así de entrada a una Croacia que estará aún como una moto tras ganar su Preolímpico llevándose por delante a Italia (en Turín) y Grecia. Palabras mayores. Como para encararlas en paños menores.

Una vez más la FEB ha demostrado con creces aquello de que cualquier cosa aún por muy mal que esté siempre es susceptible de empeorar, ya sea por acción o por omisión. Sí, por omisión, porque la sensación que nos queda desde fuera no es tanto de que se hayan hecho mal las cosas como de que no se han hecho, punto. Primer ejemplo: apenas tres o cuatro días antes de ese último amistoso de Zaragoza aún no se sabía quién habría de ser el rival, supongo que si finalmente engañaron a los costamarfileños debió ser porque Andorra o Liechtenstein ya estarían pillados. Segundo ejemplo: hace días trascendió (creo que fue el propio Pau quien lo dejó caer) que estaban buscando deprisa y corriendo un rival para estos días que aún faltan hasta el inicio de los Juegos, supongo que porque finalmente repararon en que estar semana y media sin jugar ni un solo partido (o casi dos semanas, si no consideráramos como tal el de Costa de Marfil) es una barbaridad a estas alturas. Por ahora no parece que lo hayan encontrado…rutaÑ entradas Y tercer ejemplo: hasta hace apenas unas horas, si pinchabas en la web de la FEB, lo primero que se te aparecía era un monísimo anuncio en el que se leía España, Ruta Ñ 2016 presentada por Endesa, tienes que estar, entradas ya a la venta. ¡¡¡Entradas ya a la venta!!!, meritorio concepto teniendo en cuenta que hacía ya más de 24 horas que había finalizado el último partido de la gira. Acaso hayan inventado una novedosa aplicación que permita viajar hacia atrás en el tiempo, ganas me entraron de pinchar para intentar sacarlas para (por ejemplo) el España-Angola del 12 de julio, ir al partido me daría igual pero si me permitiera iniciar otra vez las vacaciones lo daría todo por bien empleado. O dicho de otra manera, que esa misma FEB que en otro tiempo transmitía sensación de rapiña transmite ahora una incomprensible sensación de abandono. Y no sé qué es peor.

Lo peor es el (aparente) vacío de poder de todos estos meses, con un presidente saliente yéndose discretamente por la puerta de atrás (no fuera a ser que nos acordáramos de las razones que le empujaban a marcharse) sin dejar por ello de tutelar todo el proceso sucesorio como si eso fuera lo único importante. Y con un presidente entrante que lleva apenas dos días como aquel que dice y al que obviamente no se le pueden pedir peras al olmo. El problema es lo que se hizo (o mejor dicho, lo que no se hizo) antes, como si no hubiera nadie al mando, como si hubiéramos cambiado la planificación meramente recaudatoria de otro tiempo por la nula planificación de este 2016. Retales, chapuza y pastiche, remiendos, tapujos y parches, total apariencia de improvisación en medio de una permanente jornada de puertas abiertas (no tanto hacia dentro como hacia fuera), salgo ahora a San Antonio que he quedao, que llaman de Nueva York que a ver si me puedo pasar un segundo, voy un momento a Philadelphia a firmar unos papeles y ahora mismo vuelvo.rutaÑ pauricky Y hoy éste no juega porque tiene aún papeles por arreglar, y ahora aquél tampoco no vaya a ser que se le desarreglen, y Pau que reconoce que no está ni de lejos al cien por cien (¿y cómo habría de estarlo tras tres meses sin jugar, si casi ni ha empezado a calentar siquiera?), la cuestión no es ya que no lo esté Pau (siendo eso lo más grave) como que no lo debe estar ninguno, algo particularmente terrible en una selección cogida con alfileres y en la que los veteranos achacosos no son pocos precisamente. El coño de la Bernarda, si alguna lectora con ese nombre tuviera a bien pasarse por aquí ruego tenga la amabilidad de disculparme la expresión.

Y veteranos por veteranos, resulta especialmente estremecedora en estos días la comparación con Argentina. En todos los sentidos, además. Estos Juegos habrán de significar la despedida de las dos generaciones que han marcado el baloncesto mundial (USA aparte) durante la primera década y media del presente siglo, pero mientras Argentina no cesa de rendir pleitesía por activa y por pasiva a lo que aún queda de su Generación Dorada (Ginóbili, Scola, Nocioni) nosotros parecemos casi avergonzarnos de lo que aún queda de la nuestra (Pau, Navarro, Calderón, Felipe) como si la despedida por la puerta de atrás fuera la imagen de marca de esta FEB, si así lo tuvo que hacer su presidente que lo hagan también así sus jugadores más emblemáticos no vaya a ser que alguien piense que fueron más importantes que el Sumo Hacedor, hasta ahí podíamos llegar. Y en lo que respecta a la preparación en sí tampoco hay color, echen un vistazo a lo que aún está jugando Argentina en estos días (en casa, sí… pero es que esta vez tendrán los Juegos en la casa de al lado), compárenlo con lo que hemos jugado (ya hace días) nosotros y díganme si no se les cae el alma a los pies a la vista de dicha comparación (que es sólo un ejeriogruposmplo, que cualquier otra comparación con cualquier otra selección no sería menos odiosa: Francia, Serbia, Croacia o Lituania también andan jugando estos días por el Cono Sur mientras nosotros nos dedicamos a la vida contemplativa). Qué envidia. Sana, sí, pero envidia al fin y al cabo.

Rentabilidades pasadas no garantizan rentabilidades futuras. Que en similares circunstancias se nos haya aparecido alguna vez la virgen (hace un año en forma de tiro libre fallado por Schröder, sin ir más lejos) no significa que se nos vaya a aparecer siempre. Nos hemos especializado en jugar con fuego, en tirar la gira a la basura para que la primera fase de competición sea nuestra verdadera fase de preparación, que hasta ahora hayamos sobrevivido (y hasta hayamos salido reforzados del trance, en aplicación de aquella vieja máxima de que lo que no te mata te hace más fuerte) no significa que siempre vaya a ser así. Permítanme recordarles que el grupo es tremendo (y cómo no habría de serlo, tratándose de unos Juegos), que si la cagamos el primer día ante Croacia y luego ante la anfitriona Brasil (escenario perfectamente plausible) nos veremos abocados a jugárnosla ante Lituania y Argentina (y pocas cosas más terribles que un duelo a vida o muerte con Argentina), palabras mayores. Y que de seis pasan cuatro, sí, pero que pasar como cuarto es poco menos que un pasaporte a la eliminación porque lo normal es que te esté esperando USA al otro lado. Circunstancias durísimas, que requerían una preparación acorde a dichas circunstancias y no este destensado paripé de brazos caídos y rivales inexistentes. Nos hemos especializado en jugar con fuego, pero de tanto hacerlo llegará tarde o temprano el día en que nos acabemos quemando. Y no sé yo si esta vez no se nos ha ido un poco la mano con la llama.

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