NO SOMOS NADIE   5 comments

Un sábado cualquiera te proponen salir, hay baloncesto (Final de la Supercopa además, que suena así como muy rimbombante), protestas tímidamente y te montan la de dios, pero eso qué es, pero eso qué más da, pero qué baloncesto vas a tener si ya se acabaron los Juegos, ya vendrá otra vez el baloncesto cuando vuelva a ser verano y se vuelva a juntar la selección. A efectos del gran público somos como los melones o las sandías, una mera fruta de temporada para tomar fresquita en las largas tardes de agosto.balonacb Más allá de eso a nadie le importamos una mierda, lo cual obviamente es muy triste pero tiene también su puntito de ventaja aún por increíble que pueda parecer: antes quedabas, dejabas el partido grabando para verlo a la noche y te tenías que andar con cien ojos para no enterarte del resultado, en cuanto te descuidabas te lo destripaba alguien o se te aparecía en la pantalla de cualquier televisor. Ahora ya no hay peligro, ahora ya puedes juntarte con quien te dé la gana que nadie te lo va a decir, ahora ya puedes asomarte a pecho descubierto (a ojos descubiertos, más bien) a veinte o treinta bares que todo lo que vas a encontrarte en sus respectivos televisores va a ser el mismo tapete verde. Hoy ya el espóiler es imposible precisamente por esa misma razón, porque a nadie le importamos una mierda. O dicho de otra manera, que el que no se consuela es porque no quiere.

Sí me pilló en casa la segunda semifinal, lo cual me impidió llevar a cabo un apasionante experimento: a priori nuestro menú no podía ser más sustancioso, nada menos que un Madrid-Barça, nuestro clásico por antonomasia, nuestro único e incomparable e irrepetible duelo al sol. Y sin embargo reto a quienes estuvieran de bares el pasado viernes entre (pongamos) las nueve y media y las diez y media de la noche (una hora menos en Canarias) a que me digan qué había sintonizado en los televisores de aquellos establecimientos por los que fueran pasando: ¿acaso esa primera parte de nuestro clásico baloncestero? ¿o más bien el Betis-Málaga (de fútbol, of course) que había comenzado tres cuartos de hora antes, por lo que a esas alturas andaría ya por su segunda mitad? No hace falta que me lo cuenten, me temo que conozco demasiado bien la respuesta. Como conozco (aún mejor, que esa sí la viví en persona) la del sábado, ni triples ni Barça ni Granca ni Final ni leches, sólo fútbol y más fútbol en todas las pantallas habidas y por haber.icono-50_450 Y en todas las conversaciones que te ibas cruzando por la calle, pues el Barcelona ha metido cinco (a quién se los hubiera metido daba igual, se ve que a partir de un determinado escalón los rivales son intercambiables), pues no sé quién va ganando uno cero, pues el Madrid creo que juega después. Ya no es que tengas que ser muy torpe para que te hagan espóiler baloncestístico, ya es que lo tendrías crudo (más allá de Internet, obviamente) incluso aunque quisieras enterarte a propósito. Para esto hemos quedado.

Partiendo de la nada hemos alcanzado las más altas cotas de la miseria. Podemos tener una perspectiva engañosa porque a menudo hablamos, nos rodeamos o tuiteamos con otros friquis de esto como usted o como yo, pero la realidad es que más allá de eso (es decir, más allá de ese círculo cerrado en el que a menudo nos movemos) no existimos. No existimos para el 99,99 por ciento de la población de este país, no existimos para el noventa por ciento de (esos que dicen ser) aficionados al deporte, esos que en realidad son sólo aficionados al fútbol y sólo miran tangencialmente a otras disciplinas cuando el honor de la nación está en juego, digámoslo así. Cuando un Nadal o una Marín o una selección cualquiera (la de baloncesto, sin ir más lejos) puede obtener un éxito internacional con el que sacar pecho a la mañana siguiente a la hora del café, justo antes de retomar la tradicional dinámica sobre si es mejor Cristiano o Messi. No existimos, no existimos a nivel de clubes, no existimos durante once meses y medio al año. No somos nadie, aunque nos creamos muchos cuando interactuamos unos con otros para reforzar nuestra opinión. Ya ni cuatro gatos siquiera.

Haga una prueba: coja a uno de esos futboleros que un día (o un rato, ya muy lejano) fueron también baloncesteros y háblele del Baskonia (de Vitoria para abajo, me refiero); o háblele del Valencia Basket; o del Zaragoza (sin CAI). Hágalo y comprobará que no sabe de qué le está hablando. Que necesita traducción. Cuando le ponga cara rara al oír Baskonia dígale Tau (o aún mejor, Taugrés) y verá como ya sí lo entiende, tuityagocuando se le queden los ojos a cuadros al escuchar Valencia Basket dígale Pamesa y le responderá ah, coño, el Pamesa, joder, haberlo dicho antes, haber empezado por ahí. A esto hemos llegado, hasta a perder/prostituir nuestra propia identidad. Ya no es que añoremos aquella burbuja de los Ochenta (cuando tomar el aperitivo en cualquier bar un domingo por la mañana y ver en su televisor la ACB eran casi la misma cosa; hoy son recuerdos de un pasado que nunca más ha de volver), es que hasta estamos peor que en los Sesenta o los Setenta. No, no exagero, entonces apenas se veía baloncesto pero mal que bien se informaba de baloncesto, mal que bien se leían (y hasta se sobreimpresionaban, incluso) los resultados de cada jornada en los telediarios de la época, en los estudioestadios de la época. Mal que bien nos resultaban familiares (de tanto escucharlos) nombres como Breogán, Kas, Águilas, Picadero o Náutico de Tenerife, incluso nombres resonantes de otros deportes (aún más marginales hoy que el nuestro) como Teucro, Anaitasuna o Voltregá. Hace tiempo que el monocultivo futbolístico acabó con todo eso. Y a donde no llegó dicho monoculrivo llegamos nosotros, gracias a nuestra propia capacidad de autodestrucción.

¿Y hoy, desde esa misma insignificancia, aún nos echamos las manos a la cabeza (yo no, desde luego; pero sí muchísimos en estos días) por el hecho de que el producto ACB vaya a ser de pago? ¿Aún nos parece que nuestro baloncesto se va a ver condenado al ostracismo y la marginación? No, a ver, déjenme que se lo explique: en el ostracismo y la marginación ya estamos, desde el fondo del pozo ya es difícil caer más bajo. Y aunque así no fuera, ¿me podrían explicar cuál es la alternativa, si son tan amables? ¿Seguir como hasta ahora? No hará falta que les recuerde que hubo años (no pocos) en los que TVE no pagó un solo céntimo a cambio de la ACB (pagó en todo caso por la Copa, pero no por la Liga); no hará falta que les recuerde que hubo incluso años en los que TVE no sólo no pagó sino que hasta pidió dinero (no me consta si finalmente llegó a obtenerlo) a cambio de televisarla, como una forma de que sus patrocinadores pudieran tener visibilidad. Claro está, si todo ese sacrificio año tras año tuviera como contrapartida una cobertura excelsa, un seguimiento mediático acojonante, una calidad en las retransmisiones digna de superproducción pues a lo mejor en ese caso hasta podrías pensar que pudiera merecer la pena. Pero asumámoslo, TVE se ha comportado con la ACB durante todos estos años como si le estuviera dando una limosna, como si le estuviera haciendo un favor (quizá porque en el fondo le estaba haciendo un favor). Nunca fue una apuesta ni un producto que vender, fue más bien un peaje, una de esas servidumbres que se ven obligados a acometer en su condición de televisión pública.acbtve Como la misa de los domingos (que esa es otra), como la Orquesta y Coros de RTVE, como la bonoloto o el euromillón. Pues vale, pues si tenemos que darlo lo damos, pues qué le vamos a hacer; pero encima no nos pidan que además le pongamos ganas. El pobre Lalo Alzueta sólo fue una mera (a la par que maravillosa) excepción.

A ver, que yo sería el primero que estaría encantado de que los canales en abierto hiciesen cola a la puerta de la ACB queriendo comprar sus derechos. Pero sucede que hace muchísimos años me explicaron un extraño concepto que es de aplicación inmediata en este caso, una extraña cosa llamada ley de la oferta y la demanda. Si la demanda de ACB fuese aún decente (no digo ya alta) ahí estarían los diferentes operadores peleándose por nuestra audiencia; pero como es no ya baja sino ínfima a los operadores nuestra audiencia se les da una higa, con perdón. No es ya que no peleen por nosotros los grandes, es que no lo hacen ni siquiera sus filiales, esos Nova, Mega, Energy o Gol que pululan por la parrilla de programación. Vamos, que ni gratis siquiera, que se ve que la gran labor social es competencia exclusiva de TVE. Quejarnos de la ACB de pago tendría algún sentido si hubiese alguna otra alternativa más allá de pedir limosna, aay payo, dame un hueco, que es triste pedir pero es mucho más triste tener que robar. Más allá del Plus (o como se llame ahora) sólo nos quedaba la caridad pública, y ante esa ya nos hemos humillado demasiadas veces.

Claro está, luego no faltarán los que se acuerden de Santa Bárbara cuando truene, aunque tronar lo que se dice tronar sólo truena ya una o dos veces al año. He escuchado demasiadas veces la cantinela durante estos últimos mayos, ¡lo que es vergonzoso es que un equipo español juegue la Final Four de la Euroliga y no se televise en abierto! (Curiosamente sólo la escuché cuando fue el Madrid el que la jugó, cuando fue el Baskonia no dijeron nada, supongo que en Vitoria sería al revés). Claro que sí, campeón: te tiras todo el año sin hacer ni puto caso a una determinada competición (vamos, que ni mirar sus resultados siquiera), ¿y cuando luego descubres que la sección baloncestística de tu equipo va a jugar su final exiges que te la echen en abierto? Vuelvo a lo del párrafo anterior, si en todo el curso eres incapaz de generar una demanda no pidas luego que para sólo un par de partidos te generen una oferta. Llegará quizá el día en que estas cosas se comercialicen por lotes, éste para la temporada regular, éste para los playoffs, éste para la Copa. Pero hoy por hoy va todo junto, o lo tomas o lo dejas, y a ver cómo les dices luego que después de todo un año dando morralla cuando llega el solomillo se lo quitas para dárselo a aquel otro que es más guapo que tú. A no ser que la idea fuera recuperar aquella infausta Ley de Eventos Deportivos de Interés General (o como se llamara) que parió tiempo atrás el ínclito Álvarez-Cascos: que a donde no llegue el mercado llegue el decretazo gubernamental. Acabáramos.

Niego la mayor (frase jurídica que nunca acabo de saber qué significa exactamente, pero queda bien ponerla). No ya porque el grado de penetración de la televisión de pago sea hoy infinitamente superior (Internet mediante) al que existía en (por ejemplo) 1999; también porque aquella vieja cantinela de que la televisión de pago va a matar al baloncesto (como el vídeo a la estrella de la radio, poco más o menos) ya huele un poco, mire usted. ¿Hace un par de años estábamos clamando por un league pass para la ACB (como si hubiera mercado para ello) y hoy nos echamos las manos a la cabeza porque la vaya a dar Movistar +? A ver, señores, un poquito de por favor. Yo les pediría que me acompañen por un momento a más de veinte años atrás, concretamente al verano/otoño de 1995. En aquel entonces ya se nos había explotado la burbuja pero la ACB aún gozaba de una popularidad inifinitamente mayor que ahora, tanto más tras el repunte que había supuesto aquella espectacular Final Barça-Unicaja (sí, la del no-triple de Ansley). Y en aquel entonces la NBA era una lejana entelequia cuya popularidad en este país había caído en picado tras arrumbarla TVE en el último rincón de su (des)programación.montesdaimiel Y una vez hechos los recordatorios, tengan ahora la bondad de recrear conmigo lo sucedido a partir de aquella temporada 1995/1996: la ACB siguió siendo en abierto, sólo dejó de serlo entre 1999 y 2003 pero incluso durante ese periodo aún siguió viéndose por las Autonómicas, puede que éstas no tuvieran los mejores partidos pero ACB gratis nunca dejó de haber en buena parte del territorio. La NBA en cambio pasó a ser de pago, ya nunca dejó de serlo si bien en alguna temporada le regalaron un partido semanal al Cuatro por pura estrategia comercial. Y ahora pregúntense cómo ha evolucionado la popularidad de la NBA (de pago) durante estos últimos veinte años, cómo ha involucionado la (im)popularidad de la ACB (gratis) durante ese mismo periodo de tiempo. Y a partir de ahí concluyan si lo más determinante para el éxito o fracaso de una determinada disciplina es que ésta se dé en abierto o no.

Es decir, quizá la clave no esté tanto en el medio como en el mensaje. Quizá la verdadera madre del cordero sea el atractivo del producto, no el vehículo elegido para transportarlo. Qué duda cabe, la NBA se vende sola (más allá del extraordinario trabajo que hizo siempre el Plus con ella), la ACB en cambio se ha especializado en pegarse tiros en el pie. La NBA no engaña a nadie, sabes siempre exactamente qué puedes esperar de ella; la ACB en cambio es una liga en la que nada es lo que parece: la desproporción entre temporada regular y playoffs es abismal (ocho meses de morralla para luego despachar el solomillo en apenas veinte días), los finalistas se presuponen desde octubre (aunque luego intentemos engañarnos a nosotros mismos en noviembre), los ascensos y descensos son de mentira, los primeros puestos no clasifican necesariamente para Europa, los equipos son impares (que descender no descenderán, pero al final acaban cayendo por su propio peso), las plantillas son efímeras, los pasaportes son falsos, los conflictos arden, los dineros escasean, los presupuestos estámovistar-endesan cogidos con alfileres, las deudas se disparan, los contraataques aún se penalizan, el espectáculo parece a veces una especie a extinguir. Incluso nuestros suelos lucen mustios y opacos por comparación a cómo resplandecen siempre los parquets USA, no ya en NBA, incluso hasta en el último rincón NCAA. Vemos otros baloncestos y apreciamos su continua evolución, vemos ACB y es como si la imagen se nos hubiera quedado pinchada en un plano de hace treinta años. Algunos (pocos) la seguiremos viendo, porque es nuestro juego, porque no sabríamos qué hacer sin él, porque ningún otro nos queda más cerca, porque estamos ya más que vacunados contra la desmotivación. Pero no somos nadie, ya se lo dije. Si quieren que seamos más quizás haya llegado ya el momento de que empiecen la casa (por una vez) por los cimientos: hágase primero ese producto atractivo que una vez tuvimos/soñamos, (re)conquístese luego un puñado mínimamente digno de potencial audiencia y finalmente inténtese vender al mejor postor (siempre y cuando hubiera más de uno). Y mientras tanto démonos con un canto en los dientes (aún a riesgo de hacernos daño) por el hecho de que en las actuales circunstancias al menos un operador (uno que tiene la sana costumbre de cuidar sus productos, además) haya tenido a bien apostar firmemente por nuestro deporte. Aún por muy de pago que sea.

Publicado septiembre 28, 2016 por zaid en ACB, medios

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GRIS   3 comments

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Existe el gris. Sí, no me pongan esa cara, de verdad que existe, se lo juro, he podido comprobarlo con mis propios ojos, de hecho lo compruebo con mis propios ojos cada vez que me miro en el espejo, y no sólo por la tonalidad de mi (escaso, por otra parte) cabello. Y no es ya que exista el gris sino que hasta existen varias tonalidades de gris, hay gris claro y gris oscuro, hay gris perla y gris plata y gris antracita y gris marengo (sea lo que sea un marengo), probablemente haya hasta miles de grises diferentes a poco que se juegue con los pantones. Que muchos me dirán que ya lo sabían (y bien que me alegro), pero que ante el empeño que últimamente observo a mi alrededor por demostrarnos que todo es blanco, o negro, me ha parecido oportuno efectuar la aclaración. Créanselo, existe el gris, nos están intentando vender un mundo de verdades absolutas pero aún existen los matices, las tonalidades, existen aunque ya no estén de moda, aunque lo único que se lleve sea la certeza. Frente a tanta certeza yo (gris) sólo tengo dudas pero el problema no es tenerlas (pobre de aquél que no las tenga), el problema es expresarlas, a poco que las expreses te caerán hostias por todos los lados, hostias desde todos aquellos (felices ellos, cómo les envidio) que están en posesión de la verdad. Sea cual sea su verdad.

Pierde tu equipo, tu selección, expresas confianza y te dicen (y el problema no es el qué sino el cómo) que parece mentira, que son unos inútiles, que están acabados, que todo es una mierda, que cómo no lo ves. O (aún más) al contrario, pierde tu equipo, expresas una mínima (pero mínima) duda y ahí ya estás perdido,bandwagon-500x401 parece mentira que dudes de ellos con todo lo que nos han dado estos jugadores, ya vendrás luego a subirte al carro, ya. El carro. El puto carro. Estoy del carro hasta donde nadie sabe, iba a poner otra cosa pero he preferido ser elegante por una vez. Dónde estará mi carro, me preguntaría si no se lo hubiera preguntado ya un legendario tonadillero muchas décadas atrás. Será que me lo robaron anoche cuando dormía.

Donde quiera que esté, mi carro es mío. No necesito subirme a ningún otro. ¿Me van a decir a mí que ya vendré luego a subirme al carro? ¿A mí que llevo década y media confiando en ellos, disfrutando con ellos, soñando con ellos, sacando la cara por ellos (como si lo necesitasen) en éste y otros lugares? ¿A mí que hasta he escrito un libro (en qué hora) sobre aquel inolvidable sueño (de una mañana de verano) de Saitama 2006, a mí que hasta podría escribir otros tantos (no teman, no lo haré, con una dosis he tenido ya más que suficiente) acerca de tantas otras batallas ganadas a lo largo de esta década prodigiosa? ¿A mí que hasta me he quejado en estos días de que no les hayamos dado el reconocimiento que merecen por todos estos años, a mí que hasta miro con envidia (sana, que los quiero casi tanto como a los nuestros) el homenaje de Argentina a su Generación Dorada, por contraposición al que no hemos sido capaces de montar nosotros aquí? No me den lecciones, por favor. No me vengan a decir que ya vendré luego a subirme al carro. Entre otras cosas porque no recuerdo haberme bajado jamás de él.

fr1La España del carro me aburre profundamente, escribió hace unos días en Twitter el gran periodista de Eurosport Fernando Ruiz. Y obviamente no puedo estar más de acuerdo con él. ¿En qué momento la confianza infinita en estos jugadores dejó de ser compatible con el espíritu crítico? ¿Acaso el mero hecho de dudar (¡¡¡dudar!!!) siquiera mínimamente de su juego o sus resultados implica necesariamente que ya no creas en ellos, que ya no estés en su carro? Tanto más cuanto esas dudas (las mías, al menos) no fueron tanto hacia ellos como hacia todo lo que les rodea, todo lo que está por encima. Y obviamente en ése por encima no me refiero al Seleccionador (cuyo gran trabajo tampoco estamos reconociendo suficientemente) sino que miro bastante más arriba, a la Federación (no sé si a la entrante o a la saliente porque a estas alturas ya ni siquiera sé si hay una entrante y una saliente), a esa despreparación o preparación inversa de la que me he quejado ya chiquicientasmil veces, la última hace apenas unos días.fr2 Es nuestra imagen de marca, la verdadera idiosincrasia de esta selección: llegamos en pésimo estado, palmamos los dos primeros, nos jugamos la vida ante Nigeria (como en otro tiempo ante Gran Bretaña o Alemania), salvamos una vez más los muebles y aquí paz y después gloria, a partir de ahí a volar… o no, porque esta vez en el pecado llevábamos la penitencia, porque la tontería nos supuso encontrarnos a USA en semis… o tampoco, porque quién sabe qué habría podido pasar si hubiese sido al revés: lo mismo llegamos bien preparados, hacemos una primera fase impecable, quedamos primeros de grupo y luego en el cruce el cuarto del otro (o sea Serbia) va y nos manda para casa, tampoco sería la primera vez. Y ya me imagino lo que habríamos dicho entonces (conozco a mis clásicos, casi como si los hubiera parido), la culpa es nuestra por llegar demasiado bien, por haber alcanzado nuestro óptimo estado de forma demasiado pronto, si hubiésemos ido de menos a más como otras veces otro gallo cantaría. Ya se lo dije, sólo tengo dudas. Dudo hasta de cosas de las que jamás pensé dudar.

Pero esa supuesta bajada de carro de los días anteriores te acompañará ya como una losa sobre tus hombros para todo lo que quede de torneo, porque al día siguiente de rozar el nigeriazo meterás de cincuenta a Lituania y de inmediato acudirán presurosos a reprochártelo, anda que bien que os subís todos ahora, como si el mero hecho de haber expresado un mínimo escepticismo inicial te deslegitimara para disfrutar todo lo que venga después. Y por si no tuvieras bastante con los del blanco acudirán también presurosos los del negro, éstos a ver biscottos por todas partes (que aquello más que unos Juegos Olímpicos parecía una panadería) no vaya a ser que entre ellos y su catastrofismo se interponga la cruda realidad: si apalizamos a los lituanos es porque les venía bien perder (¿?), si luego ganamos con cierta holgura a los argentinos es porque les daba igual ganar (la broma les costó cruzarse con USA, recuerden), de la sobrada victoria ante Francia en cuartos ya no dijeron nada porque era eliminatoria directa, si no ya habríamos visto. Me encanta, de verdad se lo digo. Vemos la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio o si prefieren que lo diga en un lenguaje más comprensible, vemos el cholismo en el ojo ajeno y no el mourinhismo en el propio, somos así, no sé si el embudo fue un invento español pero merecería serlo. Qué quieren que les diga, a mí al menos me ha dejado mucho más orgulloso este bronce de Rio que aquella plata de Londres. Y no me obliguen a recordar por qué.

rubio-navarro-rudyAhora bien, puedo entender que me vengan con lo del carro mis contertulios, mis convecinos o mis congéneres pero me jode sobremanera (aún más si cabe) que me vengan con lo del carro mis jugadores, justo aquellos en los que confío y a los que admiro profundamente desde tiempo inmemorial. Dedico esta victoria a los que creían en nosotros y a los que no, que hay muchos, y que seguro que ahora vendrán todos a subirse al carro, lindezas así de Navarro o de Rudy que te hacen pensar dónde tienen el oremus estas criaturas. Un personaje público debería entender que está expuesto a la crítica (siempre y cuando ésta sea respetuosa) por el mero hecho de serlo, un deportista profesional debería entender que si juega mal y pierde y se sitúa al borde de la eliminación la peña no va a estar contenta ni aún por mucha fe que le tenga, que rentabilidades pasadas no presuponen rentabilidades futuras ni aún por mucha confianza que te genere todo lo anterior. Si ése es el combustible del que se alimentan para reaccionar y sacar los torneos adelante pues bienvenido sea, pero vamos, que yo preferiría que encontraran ese combustible mucho más cerca. Por ejemplo en las verdaderas raíces de su pésima preparación.

Debería estar yo como unas castañuelas tras ese bronce y tras la plata femenina, dos presencias en el podio (como USA y como Serbia, por cierto), cien por cien de éxito, a ver qué otro deporte puede presentar un balance así. Y no les negaré que ello me hace sumamente feliz pero no les negaré tampoco que ando un tanto contrito en estos días. Y no tanto por el hecho evidente de que se hayan acabado los Juegos Olímpicos (lo cual cada año me afecta más, quizás porque cada vez me quedan menos;begotxu son ya muchos menos los Juegos que me restan por vivir que los que ya he vivido, por una mera cuestión de edad) como por todo lo que he aprendido sobre relaciones humanas (quién me lo iba a decir, a mis años) en estos Juegos Olímpicos, y que me debería hacer replantearme muchas cosas a partir de este mismo instante. Replantearme por ejemplo mi relación con Twitter.

Digamos que llegué a Twitter en marzo de 2012, que me enamoré de Twitter en Londres 2012… y que casi he acabado odiándolo en Rio 2016. Como si aquel parque natural en el que todas las especies convivíamos pacíficamente hubiera degenerado en un coto de caza en el que está levantada la veda. El Twitter que yo conocí era un lugar maravilloso donde podías informarte, aprender, opinar, compartir y (cómo no) discrepar en perfecta armonía, siempre podía haber alguna excepción que confirmara la regla pero era exactamente eso, excepción. El Twitter que hoy conozco es un lugar enrarecido en el que no siempre sabes por dónde te pueden venir los golpes, en el que algunas (presuntas) discrepancias ya no son tanto opiniones como hachazos a la yugular. Un lugar en el que (como leía a alguien el otro día) das los buenos días y corres el riesgo de que alguien te conteste ¡¡¡¡¡serán para ti, imbécil!!!!!, un lugar en el que hay gente que te sigue no porque le interese lo que dices sino para descojonarse sistemáticamente de lo que dices, un lugar en el que cualquier comentario nimio puede ser respondido con un zarpazo que apenas tenga nada que ver, total para que de inmediato aparezca a festejarlo un tercero al grito de ¡¡¡¡¡juajuajua, vaya zasca, jojojojojo!!!!!, que ganas te entran de decirles os vais a reír de vuestra P.M. (al menos en público) pero que como eres educado te limitas a bloquearlos no sin antes desearles que les vaya bien. Como diría una persona que me es muy próxima, estoy ya muy mayor para estas gilipolleces.habiauntuiter Creo que he demostrado sobradamente a lo largo de estos años que a mí desde el respeto se me puede decir todo, pero cuando a eso se me contesta que ¡lo digo como me sale de los cojones y si te molesta te jodes, faltaría más! (cita textual) pues qué quieren que les diga, ésa precisamente es una línea roja que no estoy dispuesto a sobrepasar. Ni a que me la sobrepasen, tampoco.

Y sé que obviamente estoy siendo muy injusto con muchísimos seres humanos/virtuales a los que sigo y que me siguen, a los que aprecio y que hasta puede que me aprecien, y que son la única razón por la que no he dejado (aún) Twitter en estos días. Sí, de ese carro (y no del de la Selección) sí que estuve tentado de bajarme, si no lo hice fue por eso… y porque tampoco estoy seguro (otra duda) de que no sea (en parte) culpa mía, también. Según voy cumpliendo años debería encallecerme, debería endurecérseme el caparazón pero me sucede justo al contrario, se me está reblandeciendo la concha, ciertas cosas me afectan más que antes cuando debería ser al revés. Será que ya no me reconozco en esta sociedad que parece hecha a imagen y semejanza de los programas ultramontanos televisivos, un lugar de certezas absolutas en el que ya no se opina sino que se pontifica, en el que lo de menos son las formas porque se ve que el que está en posesión de la verdad no tiene por qué guardarlas, que se jodan los equivocados que son todos los demás. Un lugar de blancos o negros en el que hemos dejado de tener cabida aquellos que reivindicamos (ingenuamente) el gris. Así nos va.

(con mi agradecimiento a Fernando RuizAna Ruiz Echauri y Begotxu, por haber tomado prestados sus tuits)

NO OS MEREZCO (edición 2016)   1 comment

Lo he dicho muchas veces, lo diré una más aún a riesgo de resultar cansino: no las merezco. NO OS MEREZCO. Laia, Silvia, Leti, Leo, Alba, Anna, Xargy, Niky, Laura Q, Laura G, Lucy, Astou, no os merezco, no diré que no os merecemos no vaya a ser que por generalizar alguien me diga que él sí. Yo no. Yo me paso años sin ver baloncesto femenino, nada, cero, ni de aquí ni de Europa ni de USA, temporadas enteras sin haceros el menor caso, tragándome hasta la náusea todos los demás baloncestos habidos y por haber sin encontrar ni un solo segundo para mirar un Perfumerías-Conquero o un Lynx-Fever pongamos por caso.villaolímpica Y podría alegar dificultades de acceso, podría pretextar que no lo tengo a mano pero sería mentira, si me busco la vida para ver recónditos partidos universitarios en la América profunda igualmente me la podría buscar para ver a estas tías allá donde estuvieran. No lo hago y lo que es peor, luego llega el verano (cualquier verano, tanto más éste) y me pongo a vibrar y a soñar con vuestras medallas como si realmente me las mereciera. Y tanto dará que ahora haga examen de conciencia y propósito de enmienda porque sé que me volverá a pasar lo mismo, sé que estas buenas palabras de agosto se las volverá a llevar el viento en noviembre, que a pesar de lo cual cuando vuelva a llegar agosto (o septiembre) empezaré de nuevo con la misma canción. No tengo remedio.

[Acotación al margen: si a alguien ofendiera la utilización del término tías ruego tenga la amabilidad de perdonármelo; lo uso con la misma familiaridad con la que uso a menudo el término tíos, pero vivimos tiempos de susceptibilidad a flor de piel: Lalo Alzueta se ha pasado años diciendo ¡¿pero a este tío quién lo para?! sin que ello le supusiera a nadie el menor trauma, pero bastó que en un partido femenino dijera ¡¿pero quién para a esta tía?! para que algunos/as se le tiraran a la yugular por irrespetuoso. Yo no lo veo así, para mí no es un término peyorativo en ninguno de los dos géneros, y en caso de que lo fuera lo sería por igual en ambos géneros. Creo que el verdadero respeto es otra cosa que desde luego que va mucho más allá de la mera utilización de un guiño coloquial en el lenguaje (y si de lenguaje hablamos bastante peor es estar llamándoles niñas cada dos por tres, como si el deporte femenino aún no hubiera alcanzado la mayoría de edad). Pero repito una vez más, para que no queden dudas: mis disculpas si aún así a alguien le hubiera podido molestar]

Me acuso además (por una vez y sin que sirva de precedente) de falta de fe. Os tuve como aspirantes a medalla (y cómo no habría de teneros) hasta el día aquel en que se nos dijo que se nos había averiado Sancho Lyttle, reconozco que en ese mismo momento me bajé del carro (expresión que odio profundamente, otro día hablaré de ello), que pensé que la plata o el bronce eran ya una quimera y que todo lo que consiguierais vendría ya por añadidura, si erais séptimas como si novenas, bien estaría en cualquier caso. Qué error, hacia todas en general pero hacia Astou en particular: no es ya que no echáramos de menos a Sancho, es que consiguió que casi ni recordáramos que existía, y eso es sólo el principio.tirodeCruz Qué inmenso error, como aquel otro que tuve cuando recuperé la fe en vosotras tras una impecable primera fase, cuando me volví a subir al carro (y dale) y desde ahí arriba os vi 8 abajo ante Turquía a poco más de tres minutos para el final. Ya está, se acabó, fue bello mientras duró, pensé como si no os conociera, como si no supiese ya de sobra de qué pasta estáis hechas, con quién nos la estábamos jugando. Ocho puntos, tres minutos, para otros puede ser un mundo, para vosotras sólo fue cuestión de tiempo. El que tardamos en comprender que (aún perdiendo) estáis siempre al otro lado de esa frágil línea roja, la que separa a los buenos equipos de los verdaderamente grandes. GRANDES.

No os merezco, pero no es ya que yo no os merezca. Es que no os merece el deporte español, ese mismo deporte que no ve más allá del Bugati de Cristiano o el tinte de Messi, que durante quince días se llena la boca contando medallas como si sólo eso importara pero que hoy ya ni recordará quiénes son Craviotto, Cooper Walz o Coloma, que aún menos se acordará durante estos próximos cuatro años (como tampoco se acordó durante los cuatro anteriores) de reinas absolutas como Beitia, Belmonte, Chourraut o Marín. Reinas, sí, cada una en lo suyo como reinas sois también vosotras en lo vuestro. El oro de los mortales, no sé en qué portada lo leí el otro día pero es una verdad como un templo, oro bañado en plata como aquel masculino de Pekín 2008 pero en vuestro caso mucho más todavía. Las yanquis juegan en otra liga (ya, claro, en la WNBA, pero entiéndanmelo también en sentido figurado), si en masculino puedes ganarles una vez de cada cien en femenino ¿puedes? hacerlo una vez de cada mil, y no sé si aún estoy tirando muy por lo alto. Porque las diferencias (sobre todo) físicas son abismales (mucho más que en el masculino), pero también porque para más inri vienen todas, en los tíos siempre hay algún LeBron o algún Curry que se te cae del cartel pero en las tías no sólo son todas las que están sino que además están todas las que son.comunachica La selección femenina de USA no pierde en Juegos Olímpicos desde Barcelona 92, y (como diría el bolero) pasarán más de mil años, muchos más antes de que volvamos a asistir a algo similar. Créanmelo, nunca hubo plata más dorada que ésta o para ser más preciso, nunca hubo oro más plateado que éste. Oro puro, al fin y al cabo.

Pero tanto dará, que hoy aún estáis en Rio celebrando vuestro oro (plateado) pero mañana os tendréis que ir a jugar a Ekaterimburgo (que levanten la mano quienes sepan dónde está Ekaterimburgo), eso si no os tenéis que conformar con quedaros en Salamanca (plaza privilegiada, en cualquier caso) o con bajaros a Huelva (por ejemplo) aún a riesgo de que desaparezca la entidad antes incluso de que empecéis a vestiros de corto. No es una figura literaria, qué más quisiéramos, al fin y al cabo hubo un equipo que se proclamó campeón de Europa un domingo y desapareció un lunes, aún no habían empezado a celebrarlo y ya se habían quedado sin club. Esa es nuestra realidad, para ponernos en la foto somos muy diligentes (y dirigentes) pero lo de sentar las bases de una liga medianamente competitiva ya nos cuesta más, anda y que se busquen todas la vida por esos mundos de dios. Ahora bien, no escurriré el bulto: si durante el resto del año paso de vosotras, si cuando os ponen por la tele no os veo, si cuando jugáis aquí al lado ni me planteo asistir difícilmente me puedo sentir legitimado para criticar nada, para dar lecciones a nadie. No soy digno de alegrarme siquiera con vuestros triunfos, y sin embargo el día de Turquía y el de Serbia los festejé (y lloré) como muy pocas veces he festejado (y llorado) triunfo alguno a lo largo de mi vida. Lo diré otra vez aún a riesgo de resultar cansino, NO OS MEREZCO, qué más quisiera yo que mereceros. Razón de más para estaros (aún más) infinitamente agradecido.

RUTA ÑOÑA   1 comment

Un año más, me había prometido a mí mismo no volver a ponerles la cabeza mala con esa cosa que algunos llamamos fase de preparación y otros llaman Ruta Ñ. Un año más voy a incumplir mi promesa aún a sabiendas de que dirán joder, ya está aquí otra vez el plasta éste con la misma canción de todos los veranos. Es más, a sabiendas de que si luego triunfamos (como en 2009, como en 2011, no digamos ya 2015) me lo reprocharán aún más si cabe, ya ves, tanto quejarte y mira luego lo bien que nos ha ido.rutaÑ avion Tienen razón, unos y otros tienen razón, sé bien que ahora mismo debería envainármela y dejar en paz las teclas, sé que me arrepentiré de haberlo escrito como sé también que me arrepentiría si no lo escribiera. Créanme que lo siento en el alma, pero es superior a mis fuerzas.

De entrada, las cartas sobre la mesa: no he visto prácticamente nada de toda esta (presunta) fase de preparación. Mi muy particular Ruta Ñ se limitó casi a lo que no es Ruta Ñ, ya que el único partido que pude ver íntegro fue el que jugamos en Kaunas. Añádanle un cuarto (segundo, por más señas) contra Venezuela y ya tendrán todo lo que he podido ver a nuestra selección en estos días. Y no, no me voy a colgar por ello una medalla ni diré que lo he hecho a modo de protesta ante el nulo interés que suscita etc etc, en realidad es todo muchísimo más simple: estaba de vacaciones, y (por paradójico que resulte) la dura rutina vacacional (playa, piscina, comida, sopor, más playa, tal vez excursión, paseo, cañas, pinchos, cena, más sopor) me resulta mucho más incompatible con la contemplación baloncestera que la laboral (de casa al trabajo, del trabajo a casa). Dicho lo cual, no les negaré que en otras ocasiones aún estando de vacaciones me he buscado la vida para verla, pero en ésta no. Igual que me la busqué para ver (y disfrutar) a la Sub20 me la podría haber buscado para ver a sus mayores, pero reconozco que en este caso me faltó la motivación. Durante los Juegos no tendré ningún reparo en trasnochar (incluso por encima de mis posibilidades) para ver lo que haga falta, durante la preparación no me pidan que altere en absoluto mi rutina. Ya no.

Ahora bien, espero que el hecho de no haberlo visto no me deslegitime para quejarme de ello, que por información no habrá de quedar. Seis partidos, seis (que ya de entrada son menos que otras veces): contra Angola (¿hubo alguna vez una fase de preparación en la que no jugáramos contra Angola?), contra Lituania, otra vez contra Lituania, contra Venezuela, otra vez contra Venezuela…rutaÑ cmf y con (que es que si pongo contra me da la risa) Costa de Marfil. Perdimos dos veces, en y con Lituania, y sobrevivimos a todo lo demás. Es decir, en esta Ruta Ñ (que por fin hace honor a su nombre ya que acaso sea la más ÑOÑA que se recuerda) hemos ganado nada más y nada menos que a Angola (que no estará en los Juegos), Venezuela (por la que tengo muchísimo respeto tras su fenomenal Torneo de las Américas de hace un verano, pero que con una sola vez habría sido más que suficiente) y Costa de Marfil, y con ese imponente bagaje nos vamos a plantar en Rio para enfrentarnos (diez días después del último amistoso, que ésa es otra) a Croacia, y luego a la anfitriona Brasil, a Nigeria, a Lituania (again), a Argentina y a lo que venga, si es que algo ha de venir. Así de entrada a una Croacia que estará aún como una moto tras ganar su Preolímpico llevándose por delante a Italia (en Turín) y Grecia. Palabras mayores. Como para encararlas en paños menores.

Una vez más la FEB ha demostrado con creces aquello de que cualquier cosa aún por muy mal que esté siempre es susceptible de empeorar, ya sea por acción o por omisión. Sí, por omisión, porque la sensación que nos queda desde fuera no es tanto de que se hayan hecho mal las cosas como de que no se han hecho, punto. Primer ejemplo: apenas tres o cuatro días antes de ese último amistoso de Zaragoza aún no se sabía quién habría de ser el rival, supongo que si finalmente engañaron a los costamarfileños debió ser porque Andorra o Liechtenstein ya estarían pillados. Segundo ejemplo: hace días trascendió (creo que fue el propio Pau quien lo dejó caer) que estaban buscando deprisa y corriendo un rival para estos días que aún faltan hasta el inicio de los Juegos, supongo que porque finalmente repararon en que estar semana y media sin jugar ni un solo partido (o casi dos semanas, si no consideráramos como tal el de Costa de Marfil) es una barbaridad a estas alturas. Por ahora no parece que lo hayan encontrado…rutaÑ entradas Y tercer ejemplo: hasta hace apenas unas horas, si pinchabas en la web de la FEB, lo primero que se te aparecía era un monísimo anuncio en el que se leía España, Ruta Ñ 2016 presentada por Endesa, tienes que estar, entradas ya a la venta. ¡¡¡Entradas ya a la venta!!!, meritorio concepto teniendo en cuenta que hacía ya más de 24 horas que había finalizado el último partido de la gira. Acaso hayan inventado una novedosa aplicación que permita viajar hacia atrás en el tiempo, ganas me entraron de pinchar para intentar sacarlas para (por ejemplo) el España-Angola del 12 de julio, ir al partido me daría igual pero si me permitiera iniciar otra vez las vacaciones lo daría todo por bien empleado. O dicho de otra manera, que esa misma FEB que en otro tiempo transmitía sensación de rapiña transmite ahora una incomprensible sensación de abandono. Y no sé qué es peor.

Lo peor es el (aparente) vacío de poder de todos estos meses, con un presidente saliente yéndose discretamente por la puerta de atrás (no fuera a ser que nos acordáramos de las razones que le empujaban a marcharse) sin dejar por ello de tutelar todo el proceso sucesorio como si eso fuera lo único importante. Y con un presidente entrante que lleva apenas dos días como aquel que dice y al que obviamente no se le pueden pedir peras al olmo. El problema es lo que se hizo (o mejor dicho, lo que no se hizo) antes, como si no hubiera nadie al mando, como si hubiéramos cambiado la planificación meramente recaudatoria de otro tiempo por la nula planificación de este 2016. Retales, chapuza y pastiche, remiendos, tapujos y parches, total apariencia de improvisación en medio de una permanente jornada de puertas abiertas (no tanto hacia dentro como hacia fuera), salgo ahora a San Antonio que he quedao, que llaman de Nueva York que a ver si me puedo pasar un segundo, voy un momento a Philadelphia a firmar unos papeles y ahora mismo vuelvo.rutaÑ pauricky Y hoy éste no juega porque tiene aún papeles por arreglar, y ahora aquél tampoco no vaya a ser que se le desarreglen, y Pau que reconoce que no está ni de lejos al cien por cien (¿y cómo habría de estarlo tras tres meses sin jugar, si casi ni ha empezado a calentar siquiera?), la cuestión no es ya que no lo esté Pau (siendo eso lo más grave) como que no lo debe estar ninguno, algo particularmente terrible en una selección cogida con alfileres y en la que los veteranos achacosos no son pocos precisamente. El coño de la Bernarda, si alguna lectora con ese nombre tuviera a bien pasarse por aquí ruego tenga la amabilidad de disculparme la expresión.

Y veteranos por veteranos, resulta especialmente estremecedora en estos días la comparación con Argentina. En todos los sentidos, además. Estos Juegos habrán de significar la despedida de las dos generaciones que han marcado el baloncesto mundial (USA aparte) durante la primera década y media del presente siglo, pero mientras Argentina no cesa de rendir pleitesía por activa y por pasiva a lo que aún queda de su Generación Dorada (Ginóbili, Scola, Nocioni) nosotros parecemos casi avergonzarnos de lo que aún queda de la nuestra (Pau, Navarro, Calderón, Felipe) como si la despedida por la puerta de atrás fuera la imagen de marca de esta FEB, si así lo tuvo que hacer su presidente que lo hagan también así sus jugadores más emblemáticos no vaya a ser que alguien piense que fueron más importantes que el Sumo Hacedor, hasta ahí podíamos llegar. Y en lo que respecta a la preparación en sí tampoco hay color, echen un vistazo a lo que aún está jugando Argentina en estos días (en casa, sí… pero es que esta vez tendrán los Juegos en la casa de al lado), compárenlo con lo que hemos jugado (ya hace días) nosotros y díganme si no se les cae el alma a los pies a la vista de dicha comparación (que es sólo un ejeriogruposmplo, que cualquier otra comparación con cualquier otra selección no sería menos odiosa: Francia, Serbia, Croacia o Lituania también andan jugando estos días por el Cono Sur mientras nosotros nos dedicamos a la vida contemplativa). Qué envidia. Sana, sí, pero envidia al fin y al cabo.

Rentabilidades pasadas no garantizan rentabilidades futuras. Que en similares circunstancias se nos haya aparecido alguna vez la virgen (hace un año en forma de tiro libre fallado por Schröder, sin ir más lejos) no significa que se nos vaya a aparecer siempre. Nos hemos especializado en jugar con fuego, en tirar la gira a la basura para que la primera fase de competición sea nuestra verdadera fase de preparación, que hasta ahora hayamos sobrevivido (y hasta hayamos salido reforzados del trance, en aplicación de aquella vieja máxima de que lo que no te mata te hace más fuerte) no significa que siempre vaya a ser así. Permítanme recordarles que el grupo es tremendo (y cómo no habría de serlo, tratándose de unos Juegos), que si la cagamos el primer día ante Croacia y luego ante la anfitriona Brasil (escenario perfectamente plausible) nos veremos abocados a jugárnosla ante Lituania y Argentina (y pocas cosas más terribles que un duelo a vida o muerte con Argentina), palabras mayores. Y que de seis pasan cuatro, sí, pero que pasar como cuarto es poco menos que un pasaporte a la eliminación porque lo normal es que te esté esperando USA al otro lado. Circunstancias durísimas, que requerían una preparación acorde a dichas circunstancias y no este destensado paripé de brazos caídos y rivales inexistentes. Nos hemos especializado en jugar con fuego, pero de tanto hacerlo llegará tarde o temprano el día en que nos acabemos quemando. Y no sé yo si esta vez no se nos ha ido un poco la mano con la llama.

UN MAL DÍA   Leave a comment

Hace poco más de nueve meses intenté engañarme a mí mismo. Hace poco más de nueve meses, cuando era aún un poco más joven (o menos viejo) y un poco más gilipollas (incluso) que ahora, intenté automotivarme (y lo que es peor, motivarles también a ustedes) de cara al curso ACB que se nos avecinaba. Me sobran los motivos, titulé, como queriendo decir que por muy mal que estuvieran las cosas (que lo estaban) y por muchos que fueran los problemas (que lo eran), había también elementos positivos más que suficientes como para ilusionarnos con una temporada maravillosa. Y hasta encontré no una ni dos sino hasta 35 (¡¡¡treinta y cinco!!!) razones, y probablemente no convencí a nadie (que el poder de convicción nunca fue mi fuerte) pero yo sí que casi acabé creyéndomelo, por qué no, si al fin y al cabo era nuestra Liga, puede que ya no fuera (ni de lejos) la mejor liga del mundo después de la NBA (hoy da hasta risa recordar aquel manido lugar común) pero cómo no darle al menos otra nueva oportunidad…

Hasta aquí. Nueve meses después me arrepiento profundamente de haber escrito aquello, será quizás que hoy tengo un mal día (lo tengo). Quién sabe, lo mismo cuando esté a punto de empezar la temporada 2016/2017 vuelvo a encontrar elementos positivos por todas partes pero a día de hoy miro a mi alrededor y sólo encuentro mierda, con perdón. Miro a mi alrededor y veo una Liga que desafía las más elementales leyes de la física, una Liga en la que los que bajan no descienden y los que suben no ascienden,AsambleaACB me dirán que siendo estudiantil debería estar tan contento pero es justo al revés, otro año más se me caerá el alma a los pies cada vez que me recuerden (y si nadie me lo recuerda ya me lo recordaré yo solo) que los míos no están donde merecen estar sino donde les han regalado estar. Seré un ingenuo (así me va), pero si soy de un equipo lo soy entre otras cosas para poderme sentir orgulloso de él. Si en vez de enorgullecerme tengo que avergonzarme ante el hecho evidente de que no juegue donde le corresponde, para eso casi prefiero no ser de ese equipo.

Una Liga que ante la imposibilidad de ofrecer ascensos en directo (canon mediante) creyó haber inventado el ascenso en diferido, así se lo vendieron hace doce meses a Ourense, un sí pero no (o un no pero sí), tomaros un año para ver si eso y luego ya si eso pues eso, y los pobres fueron y se lo creyeron como se lo habrán creído también esta misma temporada Palencia y Melilla, a ver qué iban a hacer las criaturas, si te dan a escoger entre caer al vacío o agarrarte a un clavo ardiendo normalmente escoges la segunda opción, tanto dará porque en cuanto te abrases las manos te acabarás cayendo también. Sí, creímos que habían inventado el ascenso en diferido cuando en realidad se trataba de un ascenso en diferido en forma de simulación, como los finiquitos de Mari Cospe: este año no subes pero te reservamos la plaza para el año que viene, fíjate si te la reservamos que ni tendrás que pelearla siquiera, total para que cuando llegue el momento tú solito te des cuenta de que sigues sin poder subir. No querías caldo, pues toma, dos tazas. Encima recochineo.

Una liga en la que hasta a los grandes (sí, a los grandes, y no digamos ya a los que aparentan serlo) se les van las estrellas, (Chacho, Satoransky, Bourousis, Kuzminskas, Mike James, veremos si Ayón, tantos otros), a los medianos y a los pequeños ya no es tanto que se les vayan las estrellas (si las hubiere) como que se les va la vida. Incluso aquellos que bajan pero no descienden (o viceversa) a veces también se acaban cayendo por su propio peso (véase GBC), como para corroborar aquella ley de Murphy (o de quien fuera) que asegura que cualquier cosa aún por muy mal que esté siempre es susceptible de empeorar. Hoy nos amenazan con otra liga impar pero no teman por ello porque el día menos pensado puede volver a ser par porque se muera el Caha (o sea el CB Sevilla), zeus no lo quiera; o porque se nos muera cualquier otro: hace apenas unos días celebrábamos la enésima ¿salvación? (sobre la bocina) del Bilbao Basket gracias a la enésima inyección de dinero público, mandagüevos, para que a la lógica alegría de seguir contando con tan imprescindible institución se le superponga la mala leche de que dicha salvación la hayamos pagado (en cierto modo) usted y yo, y todos.garbajosa saez Es decir, con el dinero de nuestros impuestos, justo esos mismos impuestos que a veces también se olvidan de pagar nuestros equipos ACB, revisen la lista de morosos de la Agencia Tributaria si les queda alguna duda. Y no, no escurro el bulto, otra vez mis colores en lo más alto de la tabla (de esta tabla), para que esa grieta entre el orgullo y la vergüenza de la que les hablaba hace dos párrafos se me haga más grande todavía.

Una Liga que es fiel reflejo del baloncesto que le rodea, a la misma hora que cayó GBC cayó también Araberri en LEB Oro, cayó también Navarra en LEB plata (ya ven qué mañana tan bien aprovechada), en LEB Bronce ya no cayó nadie porque hace años que no existe, en Liga Femenina mejor no entraré en detalle no vaya a ser que se me salten las lágrimas. Hace pocas fechas la FEB se vio en la tesitura de tener que elegir presidente (mientras el anterior hacía mutis discretamente por la puerta de atrás, no fuera a ser que algún medio no afín se acordara de repente de las razones que propiciaban su marcha) y ni que decir tiene que (como en tantas otras ocasiones en este país) optó por el continuismo y el miedo al cambio, personificado esta vez en la figura de Don Jorge Garbajosa. No teman, no le crucificaré antes de tiempo (ni después, ya que no suelo ser de crucificar a nadie), no me sumaré al mayoritario linchamiento al que hemos asistido en estos días; por el tremendo respeto que le tengo (fruto de su enorme trayectoria como jugador) y porque aunque no se lo tuviera creo que bien merece el beneficio de la duda, como todo el mundo en realidad. Pero eso sí, me permitiré hacerle desde aquí una pequeña sugerencia, aún a sabiendas de que caerá en saco roto: sea usted todo lo continuista que quiera en lo tocante a las selecciones, en lo tocante incluso a las rutas eñe (cielo santo, jamás pensé que diría esto), pero en lo tocante a las ligas que aún están bajo su jurisdicción olvídese del continuismo, sea más bien rompedor a ser posible: que hemos llegado a un punto en el que no basta ya con poner parches, que hay que operar, que nuestro baloncesto de clubes está pidiendo a grito pelado que alguien le dé la vuelta como a un calcetín. Escuche a quien sepa (no es mi caso), tome nota y haga algo, lo que sea pero algo. Seguir muriéndonos lentamente no es, no debería ser una opción.

Una Liga (vuelvo a la ACB) de mentira, una liga (de la marmota) en la que hasta los niños de teta saben ya en julio qué dos equipos jugarán la final en junio, tanto dará que una vez más nos engañemos a nosotros mismos en noviembre con la buena pinta que este año tiene éste o aquél. Una Liga que ya ni siquiera clasifica (ni por activa ni por pasiva) para la primera competición continental, una Liga que acaso sí clasifique para la segunda pero tampoco se fíen mucho, es tal la inconsistencia de dicha competición que en cuanto se descuida se le caen media docena de equipos (incluso al día siguiente de sortear los grupos) como para certificar que en todas partes cuecen las mismas habas. Y todo ello con la FIBA ahí detrás, aparentemente (sólo aparentemente) retirada a sus cuarteles de invierno pero dispuesta a recurrir de nuevo a su estrategia natural, el porculismo. No tardará en hacerlo, piensen que aún sigue publicitando esas ventanitas clasificatorias para el Mundobasket 2019 al más puro estilo FIFA,orquesta titanic ésas que habrán de hacer añicos las ligas nacionales y/o continentales a partir de noviembre de 2017. La amenaza del cisma en nuestro baloncesto no ha desaparecido, más bien al contrario, está más viva que nunca. Simplemente permanece agazapada, a la espera de que se le presente su oportunidad.

Entre todos la mataron y ella sola se murió, frase hecha que suelo utilizar demasiado a menudo pero que refleja perfectamente lo que estamos viviendo, lo que estamos muriendo. Mires hacia donde mires (excepto a USA, claro está, que allí siguen atando a los perros con longaniza) sólo ves vías de agua, vías de agua por doquier, resulta ya más que evidente a estas alturas que el barco se hunde pero no hay problema, somos como la orquesta del Titanic, hacemos como que no pasa nada, seguimos tocando aunque estemos ya por debajo de la línea de flotación, seguiremos tocando aunque estemos con el agua al cuello, el día menos pensado nos ahogaremos y no sabremos ni cómo ni por qué. Deberíamos arrojarnos por la borda antes de que sea demasiado tarde pero no lo haremos, no tenemos remedio. Lo siento, tengo un mal día, ya se lo dije, no descarten que en otra ocasión (otro mes, otro año, otra vida) vuelva a verlo todo de color de rosa, vuelva a venderles las supuestas bondades de la ACB (y si así lo hiciera, por favor, no me lo tengan en cuenta) o de qué sé yo qué otra competición. Hoy no.

Publicado julio 13, 2016 por zaid en ACB

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HE ESCRITO UN SUEÑO   5 comments

Todo empezó hace diez meses. O para ser más preciso, todo empezó hace diez años… aunque en lo que a mí respecta empezara hace diez meses. A ver si me explico:

Hace diez meses, una extinta web llamada Basket y Punto (con la que había yo mantenido alguna colaboración) parió un proyecto que luego nunca se llevó a cabo: hacer entre varios un libro conjunto para glosar los éxitos de la selección española durante todos estos años, empezando lógicamente por el Mundobasket 2006 y acabándolo con el Eurobasket 2015 (al calor de cuyo éxito había nacido la idea). Me propusieron que yo fuera uno de sus autores, de entrada decliné la invitación (alegando mi endémica falta de tiempo y mi fobia a trabajar con plazos, tanto más en un proyecto que se pretendía que estuviera listo en apenas dos meses), finalmente la acepté tras arduas negociaciones… y justamente entonces el proyecto se fue al carajo, el proyecto y hasta la propia web que lo sustentaba, nunca supe por qué. Mi interlocutor de Basket y Punto (cuyo nombre desconozco, y bien que lo siento) simplemente me comunicó que ya no se iba a hacer… e hizo también algo más, por lo que le quedaré infinitamente agradecido: me animó a que yo escribiera. No a que escribiera unas cuantas entradas de blog (que para eso no tenía que animarme) sino a que diera un paso más y me atreviera con un libro, no ya conjunto sino propio, hecho por mí solo conmigo mismo y en mi propia mismidad. Le agradecí el halago, le dije que no me veía en ese papel, que al fin y al cabo quién era yo para pretender entrar en ese selecto club… Le dije muchas cosas, pero luego (ya en la soledad de mis pensamientos) empecé a darle vueltas a la cabeza: al fin y al cabo estábamos en septiembre (quizás ya octubre) de 2015, al fin y al cabo al año siguiente se cumplirían precisamente diez veranos de aquel inolvidable Mundobasket, por qué no intentarlo, por qué no aprovechar la efeméride para intentar recrear todo aquello, para revivir otra vez aquel sueño…

seleccion2006 2p

Me puse a la tarea, sin saber muy bien ni cómo ni por qué. Planifiqué y escribí mientras pude, sin querer imponerme plazos pero con la vista fijada en este junio/julio de 2016. Aguanté octubre y noviembre y luego me sobrevino un parón, que mi tiempo de ocio es muy limitado y la NCAA se lleva buena parte de él durante los meses de invierno. Pero lo retomé con nuevos bríos a finales de marzo y prácticamente ya no hice otra cosa (más allá de cumplir con mis obligaciones laborales y/o domésticas) hasta finales de junio, dejándome mucho baloncesto, mucho descanso y demasiado sueño por el camino (y dejando semiabandonado también este blog y hasta mi cuenta de Twitter, a ratos; lo siento, no doy para más). Y comiéndome muchísimos bajones, también: mayo fue un mes particularmente difícil (en todos los sentidos) durante el que demasiadas veces me pregunté quién me creía que era, a qué aspiraba, con qué derecho me atrevía yo a intentar algo así. Tuve incluso que autoaplicarme tácticas paulocoelhianas para seguir adelante, repetirme a mí mismo que el verdadero fracaso es no intentarlo, que no podía dejar que la realidad se interpusiera en mis deseos y qué sé yo cuántas chorradas más;portadadef2 repetirme sobre todo que qué sentido tendría dejarlo a medias con todo lo que llevaba hecho ya, menudo desperdicio de horas si tiraba la toalla, ya lo único sensato que podía hacer a esas alturas era continuar hasta el final. Continué, perseveré, acabé, corregí, retoqué… y hoy les presento el resultado, el fruto de mi trabajo durante todos estos meses. Hoy les presento EL SUEÑO DE UNA MAÑANA DE VERANO.

Así que ya lo saben, hoy he venido aquí a hablar de mi libro, frase mítica donde las haya (si es usted tan insultantemente joven como para no saber por qué es mítica esa frase, no deje de pinchar en este enlace). Mi libro, tendré que repetirlo una y otra vez para irme acostumbrando, ni se imaginan lo raro que me resulta utilizar esa expresión para referirme a algo que haya escrito y no a algo que haya comprado. Un libro que me ha llevado a viajar diez años atrás en el tiempo para reconstruir otra vez todo aquel inmenso sueño de 2006; pero eso sí, sin himnos, sin banderas, sin patrioterismos de ninguna clase, sólo con intensidad y con PASIÓN, con esa misma pasión con que lo disfrutamos entonces: pasión por este juego, pasión sobre todo por aquel maravilloso equipo. Nada más (y nada menos) que eso.

Ahora bien, antes de que huyan despavoridos sí me gustaría comentarles dos pequeños detalles de intendencia acerca del susodicho libro:

  1. Sólo lo van a encontrar en formato digital, mal que me pese. Mal que me pese porque aún pertenezco (quizás por edad) a esa clase de personas que consideran que pocos objetos hay más bellos, más agradables al tacto y más avanzados tecnológicamente que un libro físico, un libro de-los-de-toda-la-vida, con sus hojas y sus pastas. Nada me habría gustado más que tener en mis manos algo escrito por mí, pero he de asumir la cruda realidad: yo no soy nadie, digámoslo así. No soy ni he sido jugador ni entrenador ni periodista ni ojeador ni árbitro ni directivo ni delegado ni masajista ni utillero ni llevador de botijo ni cheerleader siquiera, nadie. No soy más que un mero aficionado con un buen puñado de seguidores en twitter (muchos más de los que jamás imaginé que tendría) y otro buen puñado de lectores en este blog, nada más que eso. Un advenedizo, dirían muchos (no sería ni la primera ni la segunda vez que me lo insinúan). Y como tal, una cosa es tener sueños y otra es dejar de tener los pies en el suelo: Darme el capricho de un libro físico (impresión, maquetación, edición, etc) me sometería a unos costes que muy probablemente no recuperaría (una cosa es asumir que mis hobbies no me den dinero y otra ya es perderlo), que me obligaría a ponerlo a un precio al que no me lo compraría ni dios; o al que en el mejor de los casos me lo comprarían cuatro gatos por puro compromiso (y si hay algo que detesto en esta vida es poner a alguien en un compromiso). Quiero que lo compre todo aquel que quiera leerlo (y luego que lo lea, claro). Ni más ni menos.
  2. Lo cual me lleva de inmediato al otro detalle que quería comentarles: el precio. Le he dado muchas vueltas antes de decidirlo, quizás porque es la primera vez que me veo en la tesitura de ponerle precio a algo hecho por mí. Tenía claro que no fuera disuasorio, que estuviera al alcance de casi todos los bolsillos, que a nadie que quisiera de verdad leerlo le pudiera echar para atrás. Pero también tenía claro que le he echado a esto muchísimas horas, muchas más de las que imaginan (y no sólo escribiendo, también revisionando y reviviendo todo aquello) y no quería minusvalorar de ningún modo ese trabajo. El resultado de todo ello es que lo he puesto a 3,95 €, que no sé si es mucho o poco pero creo que resulta sumamente asequible.indice imagen Por supuesto que habrá quien lo encuentre excesivamente caro (aunque por cualquier bebida en casi cualquier terraza te cobran ya más que eso) y que habrá también quien lo encuentre tirado pero qué quieren que les diga, prefiero ponerlo a tres euros y que lo lean diez a ponerlo a diez euros y que lo lean tres. Así que 3,95, que no irán íntegros a mi bolsillo ni mucho menos ya que la plataforma que lo acoge en su seno lógicamente no lo hace por la cara sino que se reserva un porcentaje de cada venta, aclaración obvia como no es menos obvio que cuando vayan a comprarlo probablemente no les van a pedir sólo esos 3,95, sospecho que además le añadirán una cosa muy desagradable llamada IVA. Ya ven que no me guardo nada…

Y poco más, aquí lo tienen, casi trescientas páginas a su entera disposición para lo que gusten mandar. Casi trescientas páginas escritas a mi manera, si ésta no les gusta no pierdan ni un segundo (ni un céntimo), si por el contrario se encuentran a gusto con mi manera de escribir no lo duden ni un momento ya que aquí van a encontrar una auténtica sobredosis. Y aún diría más, hasta habré de confesarles que por una vez (y sin que sirva de precedente) he quedado más que razonablemente satisfecho del resultado, y créanme que en mí decir eso es decir mucho porque tiendo a ser muy crítico conmigo mismo, quienes me sigan desde hace años probablemente ya lo habrán notado. Ahora bien, si aún así no se fían y prefieren comprobarlo antes de comprarlo (que harán muy bien, dicho sea de paso) les ofrezco también la posibilidad de catarlo a cala y a prueba como los melones (sí, por raro que les resulte créanme que hubo un tiempo en que ibas a comprar un melón y te lo daban a probar, y sólo te lo llevabas si te gustaba): en esa misma página (justo debajo de la portada, donde dice visualizar interior) podrá acceder gratis total a un capítulo del libro, sin compromiso ninguno faltaría más. Y si luego se decide ya sabe dónde lo tiene, y si no pues tampoco pasa nada, sólo faltaría, bastante ya es que haya aguantado leyendo hasta aquí como para pedirle más esfuerzo todavía.

Y en cualquier caso gracias, mil gracias por su paciencia, por su atención y (en su caso) por su adquisición. Y gracias además por haberme aguantado este post autopublicitario, espero que a partir de ahora las entradas de este blog vuelvan a recuperar un ritmo mínimamente normal…

Publicado julio 2, 2016 por zaid en selecciones, varios

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KOBE   Leave a comment

Durante años creí (sólo creí) ser de los Lakers.

O para ser más preciso: nunca supe ser de un equipo NBA, habré de reconocerlo aunque me avergüence. Sé de qué equipo soy en todos los demás baloncestos habidos y por haber, sé de qué equipo soy hasta en ligas futbolísticas que ni me van ni me vienen, sé que siempre seré de esos equipos independientemente de cómo, cuándo, dónde y con quién jueguen. Y sin embargo en NBA nunca conseguí pasar de una fidelidad a la japonesa, una fidelidad que no era tanto a equipos como a jugadores (y que mudaba de color en cuanto cambiaban de equipo esos mismos jugadores) y/o estilos de juego (y que mudaba de color en cuanto aparecía una propuesta que me seducía más que la anterior). Sé que mi fidelidad al Rayo Vallecano, a Estudiantes o a los Orange de Syracuse (por poner los tres ejemplos más evidentes) siempre estará muy por encima de las circunstancias, como sé también que las circunstancias siempre estarán muy por encima de mi hipotética fidelidad a cualquier equipo NBA. No les pido que lo entiendan ya que ni yo mismo lo entiendo, simplemente soy así (de raro). Y me temo que a estas alturas ya no voy a cambiar.

Y sin embargo, durante años creí (sólo creí) ser de los Lakers. La culpa la tuvieron Magic Johnson y James Worthy, quién si no. La culpa la tuvo TVE, al regalarnos tarde mal y nunca (en su contenedor deportivo de cada domingo por la mañana, probablemente un día de julio o agosto en el que no tendrían nada en directo que ofrecer y no encontraron mejor manera de rellenar) un partido cualquiera de la final de 1984 (o acaso fuera la de 1985). La culpa la tuvo el showtime, aquella maravillosa manera de correr la cancha, el repentino descubrimiento de que había otros baloncestos (pero estaban en éste), de que a esto se podía jugar también así. Me enamoré hasta las trancas (y las barrancas) de aquella maravillosa manera de entender el juego, me enamoré indirectamente de aquel glamuroso equipo que vestía de amarillo donde todos los demás iban de blanco y que corría (más bien volaba) sobre la pista como yo jamás había visto antes. Y me entusiasmé con el repeat y eché de menos el threepeat, y gocé con el advenimiento de Divac (en aquellos tiempos poner a un europeo en la NBA era más difícil que poner un pie en la luna), y vibré como nadie sabe con aquella primera victoria en la final de 1991 (tanto como sufrí con las cuatro derrotas siguientes, las que dieron su primer anillo a Jordan y sus Bulls). Y recibí con alborozo a una debilidad como Eddie Jones y hasta a un jugón como Van Exel, y pareció que nos uniría un vínculo sólido e indestructible… justo hasta ese día en que de repente me encontré a mí mismo queriendo que perdieran. No siempre, claro; sólo cuando jugaban contra otros que me atraían más (pero es que esos otros empezaban a proliferar peligrosamente en mi interior). Algo se había roto entre nosotros, quizás ya para siempre…

Y entonces llegó él.

cropped_kobePero no llegó de cualquier manera, no vayan a pensar. Llegó absolutamente por sorpresa, al menos en lo que a mí respecta. Hace veinte años sólo tenían Internet cuatro gatos y yo no era uno de ellos, razón por la cual mis fuentes informativas se limitaban a las de toda la vida, prensa, radio y televisión. Llegábamos al draft casi en ayunas, conociendo apenas a los universitarios que hubiéramos visto en la Final Four (siempre y cuando alguien hubiera tenido la cortesía de ofrecérnosla), acaso a algún otro cuya fama hubiera trascendido las fronteras, y casi pare usted de contar. Así que cuando nos contaron que los originales Charlotte Hornets (hoy New Orleans Pelicans) habían utilizado su elección número 13, nada menos que la 13 (no me hagan rimas) en una criaturilla recién salida del insti que respondía al extraño nombre de Kobe Bryant, pues como que nos quedamos a cuadros. Y ya cuando nos contaron que no lo querían para quedárselo sino para regalárselo envuelto y con lazo a los Lakers a cambio nada más y nada menos que de Vlade Divac pues ya no es que nos quedáramos a cuadros sino que directamente nos echamos las manos a la cabeza.

Jerry West, logo viviente y jefe de operaciones de los Lakers en aquel entonces, estaba muy por encima del bien y del mal. Su habilidad para detectar el talento antes que los demás y forjar equipos campeones le había otorgado merecida fama, pero aún así aquel movimiento pilló a buena parte del planeta baloncestístico a contrapié. ¿Tan potencialmente bueno habría de ser aquel imberbe yogurín como para sacrificar por ese futuro una buena parte del presente? ¿Había perdido el norte el bueno de West, se le había ido definitivamente la pinza? ¿O acaso había visto una vez más algo que nadie más vio, lo suficiente como para echar el resto y convertir casi en jugador-franquicia a un chaval que aún no había cumplido los 18 años?

Poco a poco fuimos sabiendo cosas. Cosas más o menos accesorias, como que se había criado en Milán por ser hijo del ex jugador de la Olimpia (Simmenthal, Billy, Tracer, Philips, Armani, etc etc) Joe Jellybean Bryant. O como que debía su nombre a aquel exquisito plato de carne (de Kobe, of course) que una noche cenaron sus padres en un restaurante japonés. O como su desclasamiento, por haberse criado lejos, por pertenecer a un segmento sociocultural poco habitual entre los de su raza o a una raza poco habitual en ese segkobe-draftmento sociocultural, lo que llevaba a que ni los unos ni los otros le identificaran como uno de los nuestros. O leyendas urbanas como aquella (cuyo fundamento desconozco) de que en el high school se tocaba a veces todo lo tocable durante tres cuartos, hasta dejaba a propósito que el contrario se fuera en el marcador para luego ya remontar él solo sin ayuda de nadie durante los últimos minutos, tal era su grado de suficiencia y sobradez. El mito estaba ahí llamando a la puerta, ya sólo era cuestión de abrirla y comprobarlo por nosotros mismos.

Recuerdo bien aquellos primeros partidos: era maravilloso, plástico, estético, delicioso, te entraba por los ojos y se te quedaba en ellos, se te convertía en debilidad a poco que te descuidaras, te devolvía las ganas de vivir y hasta las ganas de volver a amar a ese equipo del que ya apenas recordabas haber sido. Tenía muchísimas virtudes y un defecto, uno solo pero eso sí, demasiado visible como para pasarlo de largo: era un chupón desmesurado, se tiraba hasta los calcetines, se creía el centro del universo quizás porque estaba acostumbrado a que el universo entero girara alrededor de él. Nadie parecía haberle advertido que esto no era ya high school, que en NBA la atracción gravitacional funciona de manera muy diferente tanto más cuando acabas de llegar y tienes apenas dieciocho años recién cumplidos. Resultaba ya evidente a estas alturas que los Lakers habían acertado, que de la nada se habían sacado un jugador monstruoso que bien podría marcar toda una era. Pero resultaba no menos evidente que era un pura sangre sin domar, sin pasos intermedios, sin la dosis de humildad y trabajo que podría haberle proporcionado un breve paso por el baloncesto universitario. Tenían entre manos una verdadera joya, pero con eso no bastaba: tendrían además que complementarla para que pudiera brillar.

El primer gran complemento se llamó Shaquille O’Neal (o acaso fuera más bien Kobe el complemento de Shaq, aunque entrar en ese debate supondría reabrir viejas heridas). Eran el matrimonio perfecto, plagado de desavenencias como cualquier matrimonio perfecto. Estaban condenados a entenderse pero lo disimulaban, se resistían, se negaban el uno al otro. Shaq reclamaba más balones desde su privilegiada posición en el centro de la zona, Kobe seguía jugando básicamente para sí mismo. Eran dos gallos en el mismo corral, dos egos desmedidos, dos líderes irreconciliables. Cuando resultó evidente que no sólo no sumaban sino que restaban se fueron a buscar al único ser humano capaz de resolvkobe shaqer aquella ecuación, justo aquel que ya había resuelto otra años atrás en Chicago, aún más difícil si cabe. Señoras, señores, con ustedes Phil Jackson.

Y antes de que nos diéramos cuenta ya tenían un anillo, y luego otro, y al año siguiente otro más. Resultaba difícil no enamorarte de aquel juego triangular en el todo parecía ir como la seda, resultaba manifiestamente imposible no volver a ser de los Lakers, sobre todo cuando ya lo habías sido. Kobe y Shaq no se habían hecho amigos, no habían firmado la paz pero al menos (Maestro Zen mediante) parecían haber encontrado el equilibrio y sentado por fin las bases para una mínima relación de convivencia. Y a donde no llegaban ellos llegaba Derek Harper con su intendencia (¿albañilería, fontanería, electricidad? Llame a Harper Asociados), llegaba el Reflexivo Derek Fisher, llegaba cómo no ese extraño elemento llamado Robert Horry. Fui inmensamente feliz la noche aquella en que remontaron 17 puntos en el último cuarto del último partido a los Jail Blazers para meterse en la Final, disfruté como un enano (¿por qué se dirá esto?) de aquel anillo del 2000… y luego ya mi fiebre amarilla flaqueó, de nuevo: yo era de los Lakers, tenía que ser de los Lakers, cómo no iba a ser de los Lakers, pero le preguntaba al espejito mágico y el susodicho me respondía que sí, que los Lakers estaban muy bien pero que un poco más al norte, en un lugar llamado Sacramento, había otro equipo que tal vez no fuera mejor pero empezaba a resultar más atractivo. Y un día me descubrí a mí mismo viendo volar un triple de Horry sobre la bocina (uno de tantos) sin saber si quería que entrara o no, sin saber si quería que pasaran los Lakers porque eran presuntamente mi equipo o que pasaran los Kings porque sería una injusticia histórica que un baloncesto tan delicioso se quedara sin anillo. Como así fue.

No, no conseguí disfrutar como se merecían aquellos anillos de 2001 y 2002, no desde luego como el del 2000, no digamos ya aquellos otros de los Ochenta. Pero no me pasó a mí solo: de hecho tampoco pareció que los disfrutaran mucho ellos. Algo había empezado a resquebrajarse aún a pesar del delicado equilibrio propiciado por Phil Jackson, una pequeña grieta que se iba a hacer más y más grande en 2003 y que acabaría por abrirse del todo (y derrumbar todo a su paso) en 2004. El rosario de la aurora no fue nada al lado del final de aquel conglomerado de galácticos montado por la Familia Buss con la incorporación al proyecto de unphil-jackson-kobe-bryant-ftr-072715jpg_1rxv1b6xeor8m120gvzt51ctlsos Gary Payton y Karl Malone que a esas alturas estaban ya más fuera que dentro de la Liga. Un equipo que parecía haber sido creado para arrasar, pero que a la postre sólo fue capaz de arrasarse a sí mismo.

Kobe se quedó solo. No literalmente, claro: siguió teniendo compañeros pero éstos ya no se llamaban Shaq, siguió teniendo entrenadores pero éstos ya no se llamaban Jackson. Acaso fuera lo que siempre había deseado, demostrarle al mundo que él se bastaba y se sobraba para ganar anillos, mejor solo que mal acompañado, dónde va a parar. Resultaba ya evidente a estas alturas que Kobe era un ganador, uno de los mayores y mejores que haya conocido este juego; pero uno de esos ganadores que sólo parecen encontrar placer en la victoria cuando ésta gira sobre su eje. Era sin lugar a dudas (ya sí, por fin) lo más jordanesco que habíamos conocido desde Jordan, lo más jordanesco de una Liga que llevaba buscándole sucesor al susodicho desde antes de que se retirara (desde antes de todas y cada una de sus retiradas, quiero decir) como si eso fuera posible, como si alguien pudiera suceder a Dios. Era lo más jordanesco que habíamos conocido desde Jordan, pero no se daba cuenta de que hasta el mejor Jordan necesitó rodearse de los mejores para ejercer su deidad. Aún tardaría un tiempo en comprenderlo.

Fueron años muy fértiles en el plano individual, años estériles en el plano colectivo, años sumamente difíciles en el plano personal (pero no teman, eso hoy no toca, que hablen de ello quienes trabajen estos temas, no es mi caso). Un día metía 40, al otro 50 y al siguiente 60, rebozado todo ello de arabescos imposibles y canastas ganadoras inconcebibles sobre la bocina. Una mañana de enero de 2006 fui a mirar como cualquier otra mañana lo que había hecho en una liga Fantasy en la que tenía a Kobe en mi equipo, y al ver un 81 en su casilla de puntos pensé que no podía ser, que necesariamente tendría que tratarse de un error, o que en el improbable caso de que fuera cierto tendría que ser porque los Raptors hubieran opuesto una insospechada resistencia, hubieran forzado cuatro o cinco prórrogas, hubiera acabado el partido 180-170, qué sé yo. Tuve que ver el partido para comprobar que no era así, para no salkobejordanir de mi asombro, para descubrir que al término del segundo cuarto llevaba sólo 23 puntos (cifra ya de por sí asombrosa para cualquiera, pero que en él resultaba de lo más normal), ergo en los dos últimos tuvo que meter la friolera de 58, reparen por un segundo en dicha cifra, 58 puntos en 24 minutos que además no fueron tales, que alguno de ellos estuvo descansando en el banquillo. Aún habiéndome hecho spoiler a mí mismo me resultaba difícil de creer, aún sabiendo de antemano lo que iba a pasar me parecía estar asistiendo a un fenómeno paranormal. No puedo imaginar lo que debieron sentir quienes lo vieran en directo.

Kobe me fascinaba tanto o más que nunca, casi en la misma medida en que mi lakerismo se me iba diluyendo tanto o más que siempre. Mis (in)fidelidades NBA nunca tuvieron que ver con victorias ni derrotas (a alguien que es del Rayo y del Estu esas cosas ya no le hacen mella) sino con propuestas, y en aquellos días (muerto ya el sueño de los Kings) me derretía ya por unos Spurs que no sólo contaban en sus filas con Duncan, Parker y mi Manu sino que además jugaban a este juego como siempre pensé que debía jugarse. Me derretía y aún sigo derritiéndome, lo cual no me impide reconocer que mi fiebre amarilla aún habría de conocer un último episodio, que el destino aún me tenía preparada otra vuelta de tuerca.

Y es que Kobe finalmente comprendió (más vale tarde que nunca) que no podía hacerlo solo, que meter puntos a chorros estaba muy bien pero ganar anillos seguía estando mucho mejor. Pidió ayuda, y la pidió a su manera: incendiando de declaraciones los medios, amenazando más o menos veladamente con cambiar de aires si no se satisfacían sus peticiones. Dicho y hecho: de entrada rescataron de su rancho de Montana (o de donde estuviera) a un Phil Jackson que se resistió lo justo, más que nada porque tenía un par de buenas razones para no hacerlo: más allá de esa interminable ristra de ceros a ingresar en su cuenta corriente, su inacabada relación con la hija (y mano derecha, y verdadero brazo ejecutor de aquellos Lakers) del patriarca Buss terminó haciendo el resto.

Resuelto el tema del banquillo faltaba peinar el mercado, rebuscar acá o allá a ver de dónde podían sacar. Sacaron de Memphis, inventaron la cuadratura del círculo con aquel insólito traspaso entre hermanos que mandó un Gasol futuro a Tennessee y trajo un Gasol presente a la soleada California. kobepauCuentan que previamente Kobe llamó a Pau, que le preguntó si estaba dispuesto a ir a por todas, que Pau contestó que sí (lógicamente, a ver qué iba a contestar en tales circunstancias) y ya no hubo nada más que hablar. Y todos fueron felices y comieron perdices, todos tuvieron más o menos lo que querían, Pau su equipo ganador (que ya tocaba, tras seis años y pico penando en Memphis), Kobe su gente con la que ganar y yo mi fiebre amarilla convenientemente resucitada y puesta de limpio, una vez allí Pau ya era difícil ser de nadie más.

Cayeron tres finales, cayeron dos anillos, fruto cómo no de la desbordante hiperactividad de Kobe, fruto también de un contenido y solidario Pau que entendió perfectamente cuál era su papel (costó más que lo entendieran sus aficionados, muchos de los cuales dieron rienda suelta a sus más bajos instintos tras perder la Final de 2008, para afortunadamente tener que envainárselos sólo un año después). El triángulo fluía de nuevo, gracias también a un tercer vértice al que nunca se le acabó de reconocer suficientemente lo que significó en aquel equipo. Un prodigio llamado Lamar Odom, de triste comienzo y aún mucho más triste final pero que por el medio nos dejó sinfonías de baloncesto absolutamente maravillosas, y que en aquellos Lakers vino a ser el pegamento que todo lo unía, el verdadero base encubierto (como también lo era Pau a menudo) desde su atalaya, el que de alguna manera daba sentido a casi todo lo demás. Muchos aficionados, lacustres fijos o eventuales como es mi caso, estaremos eternamente en deuda con él, quede aquí al menos este pequeño párrafo de reconocimiento.

Y entonces (como no podía ser de otra manera) se jodió el invento, esta vez ya para siempre. Phil Jackson anunció que lo dejaba, y a la gerencia angelina no le ocurrió mejor idea que sustituirlo por un mediocre (dicho sea con todos los respetos; pero es lo que pienso) Mike Brown, un sujeto que venía de mostrar su probada incompetencia como coach y su probada competencia como hombre de paja en Cleveland. Acaso pensaran que aquí sería lo mismo, si había funcionado (relativamente) con LeBron a ver por qué no habría de funcionar con Kobe. El desastre duró año y medio y me quitó de raíz la escasa filiación amarilla que aún me quedaba, filiación que de nuevo fue a parar a San Antonio pero esta vez compartida con ukobe-bryant-and-lamar-odomn lugar de la Bahía de San Francisco en el que acababa de aterrizar un colibrí disfrazado de jugador de baloncesto, una criaturilla que me traía ya perfectamente enamorado desde que lo conocí haciendo sus primeras diabluras en la pequeña Universidad de Davidson. Cómo iba ya a ser de Lakers si hasta un pedazo de mi corazón se me fue poco después con Celtics (¡¡¡con Celtics!!!), justo cuando aterrizó en Boston ese Coach Stevens que me traía igualmente enamorado desde Butler… Chaqueterismo, sí, pero involuntario en cualquier caso. Ya se lo advertí, en NBA nunca supe ser de un equipo, sólo sé ser de quien me gusta.

Y de un desastre a otro todavía mayor, de Mike Brown a Mike D’Antoni, ¡¡¡fiesta!!!, baloncesto lúdico-festivo, como si importara el meter (hasta ahí todo normal) pero no el evitar que te metan. Todo parecía precipitarse hacia el abismo, todo se acabó de precipitar aquel mal día de abril de 2013 en el que a Kobe se le rompió el tendón (de tanto usarlo). Pareció el principio del fin, si no el fin mismo. Un aquiles parte cualquier carrera por la mitad, un aquiles al final del camino es casi terminal… salvo que te llames Kobe Bryant, claro. Contra todo pronóstico se empeñó en volver, contra todo pronóstico volvió, y se volvió a lesionar y volvió a volver y así sucesivamente. Muchos otros llegados a este punto se hubieran conformado con lo que les deparaba el destino, pero Kobe nunca fue de esos. Nunca dejó que el destino escribiera su vida, siempre prefirió escribirla él.

Con él se va el penúltimo jugador de dibujos animados que hayamos conocido, el último si exceptuamos a un Curry que (un poco a la manera de Pixar) ha llevado los dibujos animados a una nueva dimensión. Se va un tipo que puso el mundo del revés, que hasta logró subvertir el orden natural de las cosas, un día fue un jugador de baloncesto con nombre de ciudad, si hoy fuéramos a Japón pensaríamos en una ciudad con nombre de jugador de baloncesto. Se va y es como si se fueran veinte años de mi vida, cientos de partidos, miles de canastas imposibles, infinidad de momentos irrepetibles. Se va y sólo me sale darle las gracias, gracias por tantos recuerdos, gracias por tanta magia, gracias infinitas por permitirnos soñar…

Y gracias, sobre todo, por hacerme amar a un equipo del que nunca supe ser.

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