Madrid 20??   Leave a comment

(publicado el 8 de junio de 2005)

Cada cuatro veranos llegan los Juegos Olímpicos para sumergirme en una especie de estado de felicidad infantil. Supongo que no me pasará sólo a mí. Durante dos semanas y media el monocultivo del fútbol desaparece y deja paso a un oasis en el que de repente se nos permite disfrutar a cualquier hora del día de casi todo lo que nos gusta: el mejor baloncesto, pero también el mejor atletismo, voleibol, balonmano, ciclismo, gimnasia, tenis,… Cuando se acaban se nos queda un vacío que es como si nos hubieran extirpado algo, la perspectiva de volver al páramo cotidiano nos provoca una especie de náusea que afortunadamente se nos pasa en cuanto descubrimos que el baloncesto y todos los demás deportes siguen sobreviviendo, se les permite existir siempre que permanezcan cuidadosamente escondidos debajo del fútbol para que no molesten y para que no sea fácil encontrarlos.

Nací en Madrid. Nunca he vivido en otra ciudad que no sea ésta. Seguramente no es la mejor ciudad del mundo pero es la mía, la que ha formado parte de todo lo mejor y de todo lo peor que me ha pasado en la vida.

Así que está clara la conexión entre los dos anteriores párrafos: nada me haría más ilusión que unos juegos olímpicos en mi ciudad, con nada sería más feliz que teniendo esta fiesta al lado de casa. Pero una cosa es lo que yo deseo y otra muy distinta la cruda realidad de la vida. Por desgracia han pasado ya demasiados años desde que dejé de creer en cuentos de hadas, los suficientes como para no ser ya capaz de engañarme a mí mismo y para saber perfectamente que unos juegos olímpicos en Madrid en el año 2012 son sencillamente imposibles, siempre lo han sido.

¿Por qué? Pues por muchas razones, y la principal de todas sería ese tema tabú del que parece que casi nadie habla, tal vez pensarán que si no se dice entonces nadie se da cuenta: la cercanía de los Juegos de Barcelona. Seamos serios: en 2012 habrán pasado 88 años desde que Francia organizó sus últimos Juegos, 64 años desde que los organizó el Reino Unido, 52 desde que los organizó Italia, 48 desde que fueron en Japón, 40 desde la última vez que tuvieron lugar en Alemania, 36 desde que fueron en Canadá. Incluso un país como Australia, prácticamente sin competencia en su área geográfica, necesitó que pasaran 44 años para volver a organizar unos juegos. Y con estos antecedentes ¿de verdad pensamos que un país como el nuestro puede organizar dos ediciones de los juegos con sólo 20 años de diferencia? (Evidentemente sólo hay una excepción a esta regla y son los Estados Unidos, que estarían “fuera de concurso”, ellos pueden repetir juegos tras 12 años e intentarlo otra vez sólo 16 años después, a un lado están ellos y al otro estamos el resto del mundo).

Y además, con estos rivales ¿realmente alguien ha pensado en serio que se puede ganar? Vamos a ver, Madrid podría tener alguna opción si sus rivales fueran Budapest, Estambul, Río de Janeiro, Johannesburgo, El Cairo…, pero en condiciones normales Madrid nunca puede tener ninguna opción contra París, Londres o Nueva York (probablemente las tres ciudades más emblemáticas del planeta, las tres que podrían disputarse la condición de “capital del mundo”), del mismo modo que España jamás podría rivalizar ni pretender estar a la altura de Francia, Reino Unido o USA, por mucho que nos duela.

Ahora bien, eso sí, nos hemos hartado de decir que tenemos “el mejor proyecto”. Y suponiendo que eso sea verdad, que tal vez lo sea, ¿a quién le importa? ¿Al COI? ¿Desde cuándo los miembros del COI han tenido siquiera mínimamente en cuenta la calidad de un proyecto a la hora de otorgar la sede de unos Juegos? El COI es una organización “extraña” (por decirlo finamente) repleta de aristócratas venidos a menos, miembros de la realeza en decadencia, miembros de la nobleza en peligro de extinción, ex políticos reconvertidos a la buena vida, vividores de probada reputación y últimamente algún ex deportista bonachón que han puesto ahí exclusivamente para disimular. Aún en el ingenuo supuesto de que ya hayan desaparecido los sobornos y de que todo el proceso se desarrolle con una limpieza y una pulcritud admirables, lo que los miembros del COI le piden a una sede olímpica es comer y beber hasta reventar, ponerse hasta el culo de todo lo divino y lo humano, viajar cuantas veces quieran y con todo el séquito que se les antoje, vivir en hoteles de superlujo, que les den todo aquello que pidan, en definitiva ser tratados como reyes. ¿El proyecto? ¿Qué es eso del proyecto?

Además el COI paga deudas, eso lo sabemos todos. En 1996 el gran favorito era Atenas, por aquello del centenario, pero se lo dieron a Atlanta, por aquello de la Coca Cola. La deuda se pagó en 2004. En el 2000, fecha emblemática, el gran favorito era Pekín pero contra todo pronóstico ganó Sydney. La deuda se paga en 2008. Y para el 2008 todo el mundo decía que el mejor proyecto era el de París, que ya reclamaba derechos históricos por perder ante Barcelona las del 92. La deuda se pagará en 2012.

Pero como somos inasequibles al desaliento hemos decidido demostrarle al mundo que si en algo somos campeones olímpicos es en pintar la mona y en hacer el numerito. Podemos estar pasando olímpicamente durante 364 días al año de todo lo que signifique deporte, pero de repente, un domingo cualquiera, para que no haya dudas de nuestra adhesión inquebrantable a la causa, nos echamos a la calle y montamos en la Castellana una especie de gigantesca feria de pueblo, culminada con el despliegue de un inmenso trapo arrugado (tan bien diseñado que desde el aire resulta absolutamente imposible distinguir lo que pone). Y nos creemos que con eso vamos a epatar al planeta, cuando lo único que conseguimos es convertirnos en el hazmerreír de toda la humanidad. Mientras tanto París convierte los Campos Elíseos en una pista de atletismo y hasta monta piscinas, con muchísima más clase que nosotros y con ese escenario que ya llevan de serie (en un extremo el Arco del Triunfo, en el otro el obelisco de la Plaza de la Concordia, por el costado asoma la Torre Eiffel…). Deberíamos ser conscientes de nuestra inferioridad, aunque sólo fuera para evitar ponernos en ridículo ante el mundo entero.

Así que luego al día siguiente sale el informe del COI, diciendo exactamente lo que ya hace meses se dijo que diría (y entonces nos dio por acusar a la prensa inglesa y francesa de manipular): que París está que se sale, que Londres está muy bien, que Nueva York y Madrid no están mal del todo y que a Moscú no hay por dónde cogerla. ¿Y qué hacen entonces nuestras autoridades? Pues decir que es fantástico, que ahora estamos mejor colocados que nunca, que ahora estamos más cerca que nunca de nuestra victoria. Vamos a ver, yo entiendo que los políticos están en su papel de vender ilusión, pero una cosa es vender ilusión y otra muy distinta es vender humo. Podrían haber dicho que está muy difícil pero que aún queda alguna posibilidad (aunque no quede ninguna), pero han preferido mentir abiertamente y decir que somos la leche y que los rivales cada vez están más acojonaditos ante nosotros.

Para que quede claro: no somos favoritos, nunca hemos sido favoritos, jamás en ninguna parte del mundo nadie ha dicho que Madrid esté entre las favoritas. Y ahora lo somos aún menos que antes. Pero como se generan expectativas que nada tienen que ver con la realidad, no es extraño que de repente tu hijo te diga, como cualquier otro niño y como alguno no tan niño, eso de “van a ser aquí, nos las van a dar a nosotros, seguro”, y cuando contestas, sin querer ser demasiado drástico, que bueno, que ya veremos, que la verdad es que está muy difícil, pues entonces va y te mira con cara de no entender absolutamente nada.

No sé, yo supongo que si los juegos olímpicos siguen existiendo tal vez llegará un día en el que podrán ser en Madrid. Pero quizás eso sucederá dentro de tantos años que ya no llegaremos a tiempo de verlo. No serán en 2016 porque no serán en Europa, ni en 2020 porque si ahora gana París entonces Londres dirá que le deben una (y porque Sevilla reclamará su legítimo derecho de volver a presentarse), ni en 2024 porque tampoco serán en Europa, ni en 2028 porque etc etc etc.

Nada me gustaría más que estar equivocado, nada me haría más feliz que tenerme que tragar el próximo 6 de julio todo esto que he escrito. Pero sé que es imposible. Es lo que decía Serrat: nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio.

Anuncios

Publicado octubre 15, 2012 por zaid en preHistoria, varios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: