por la salvación   Leave a comment

(publicado el 3 de febrero de 2006)

 

Señores, permítanme que se lo diga: tienen ustedes un problema. Un gran problema. Pueden ver la paja en el ojo ajeno, pero son incapaces de ver la viga en el suyo propio. Se creen que su deporte es divertidísimo, apasionante, maravilloso, la biblia en verso si se nos permite la expresión. Se creen el ombligo del mundo pero ustedes, a día de hoy, no son nadie. O quizá ustedes sí que sean alguien (muy pocos, en cualquier caso) pero su deporte no es nada. NADA. Cero pelotero (y patatero). Un inmenso vacío que ya no es capaz de interesar a nadie. A ninguna persona decente sobre la faz de la Tierra.

Pensábamos que ustedes solos serían capaces de darse cuenta de su inmensa equivocación. Que recapacitarían, que renegarían de sus pecados, que finalmente volverían al buen camino dejando de lado sus absurdas veleidades baloncestísticas. Estábamos equivocados. Son ustedes contumaces en el error, son incapaces de ver la verdad. En realidad no ven más allá de sus narices, no se dan cuenta de que hoy la vida ya es otra cosa, de que el deporte marcha por otros derroteros, de que el mundo entero les rechaza o aún peor, les desprecia con su indiferencia más absoluta. Y sin embargo…

Y sin embargo, por extraño que parezca, aún queda alguna esperanza para ustedes. Aún hay posibilidades de redención. Aún pueden volver al redil, retomar de nuevo el camino del bien. Aún pueden salvar a su deporte, ese extraño juego que tanto aman. ¿¡Cómo!? se preguntarán ustedes angustiosamente. Pero no teman, porque precisamente para eso estamos aquí nosotros. Para ayudarles. ¿Que quiénes somos nosotros? Somos un grupo de ciudadanos lúcidos, conscientes, preocupados por nuestros semejantes y que, conscientes del problema que a ustedes les aflige, hemos decidido ofrecerles alternativas, explicarles que hay otras vías, que aún puede existir la vida más allá de su actual muerte. Para ello nos hemos constituido en la Plataforma ACCOSABA (ACciones COordinadas para la SAlvación del BAsket). Porque precisamente para eso estamos aquí. Para salvarles. A ustedes, y a su querido deporte. Sigan nuestros consejos, hagan todo aquello que les proponemos y quizá consigan ver de nuevo la luz al otro lado del túnel…

Para empezar, lo más evidente, lo que les hemos dicho cientos de veces, por activa y por pasiva: supriman los playoffs. ¿Tan difícil es darse cuenta de que la existencia de los playoffs elimina el interés por la temporada regular? Pero eso sólo sería la primera fase. En una segunda fase, deberán ustedes suprimir también la temporada regular propiamente dicha. ¿Por qué? Pues por el mismo motivo, evidentemente. Del mismo modo que la existencia de playoffs mata la temporada regular, la existencia de ésta impide que tengan interés los amistosos de pretemporada. Supriman la liga en su totalidad y esos amistosos cobrarán una nueva vigencia, esos pocos partidos de pretemporada (quizás el prefijo ‘pre’ habría entonces que suprimirlo) arrasarán con la audiencia, que ya no tendrá más baloncesto en todo el resto del año…

Todo el mundo sabe (y nosotros también se lo hemos dicho en repetidas ocasiones) que del baloncesto sólo interesan los tres últimos minutos de cada partido. Así que a qué esperan: hagan ustedes partidos de sólo tres minutos de duración, divididos en dos tiempos de minuto y medio, o (si así lo prefieren) en cuatro cuartos de 45 segundos cada uno. Toda la emoción, todo el interés concentrado en ese breve lapso de tiempo, eliminando toda esa morralla previa que ya se sabe que no sirve absolutamente para nada.

Recuperen la figura del empate. Son ustedes más papistas que el Papa, son ustedes de todo o nada, ganar o perder, blanco o negro, sin término medio… Y están ustedes totalmente equivocados, por supuesto. La felicidad no es rentable, como tampoco lo es la desolación absoluta. En cambio el empate deja satisfacción e insatisfacción a medias, genera desasosiego, ese extraño hormigueo, esa desazón que te hace estar pendiente, esperar con ansia el encuentro siguiente, con infinitamente más deseo que si estás ahíto de gozo o transido de amargura. No se equivoquen: en el deporte moderno la existencia del empate es fundamental. Y cuantos más empates haya, mucho mejor, evidentemente.

¿Y a qué viene toda esa tontería de estar parando el reloj cada dos por tres, simplemente porque se para el juego? ¿Pero ustedes qué se piensan que tienen en la cabeza los aficionados medios al deporte en este país? ¿Un cronómetro? ¡Pero hombre, por favor! La gente lo que quiere es que no le compliquen la vida, y que si le dicen “faltan dos minutos” luego no le digan un cuarto de hora más tarde “ahora falta minuto y medio” porque entonces es cuando se les rompen los esquemas. Déjense ustedes de reloj parado y hagan partidos a reloj corrido (con perdón), como está mandado, como se ha hecho toda la vida en todos aquellos deportes que funcionan como dios manda.

Pero no teman, porque eso no significará que no se juegue todo lo que se tenga que jugar. Para eso estará el árbitro que (como sucede en cualquier deporte decente) una vez finalizado el tiempo reglamentado aplicará el correspondiente descuento, en función de las lesiones o pérdidas de tiempo que se hayan producido. Por supuesto el tiempo a descontar quedará exclusivamente a criterio del árbitro (en líneas generales, cuantas más cosas queden a criterio del árbitro, mucho mejor; aquellos deportes que funcionan exclusivamente en función de reglas fijas y parámetros objetivos nunca triunfan, es mucho más positivo que las normas no estén claras y que prime la subjetividad arbitral porque ello genera conflictividad, polémica, broncas interminables, discusiones y enfrentamientos sin fin, que contribuyen a generar esa tensión permanente que a la larga es la salsa de cualquier juego, mucho más que el juego mismo).

Y llegamos a un aspecto que se nos antoja absolutamente fundamental: ustedes, en su ingenuidad, tienden a pensar que la gente ha perdido interés por su deporte porque ahora el juego se ha hecho más defensivo y se anotan menos puntos, y que si subiesen las anotaciones entonces el interés se recuperaría… Pues no señor, es justamente al revés. A cualquier aficionado medio le dicen “3-0”, y con eso ya sabe exactamente lo que está pasando. Sin embargo, si a ese mismo aficionado le dicen “59-78”, entonces le obligan a pensar. Y eso es exactamente lo que la gente no quiere: pensar, ponerse a echar cuentas, hacer restas mentales, buscar la calculadora, todo eso fatiga y crea desazón en el ciudadano medio, que lo único que quiere cuando se sienta ante su televisor es que se lo den todo hecho y que no le compliquen la vida… Reduzcan la anotación, redúzcanla todo lo posible, hasta el infinito, hasta el 0-0 si es necesario, y de este modo recuperarán a las masas.

Pero claro, ustedes pensarán que eso es muy fácil decirlo pero que a ver cómo hacen para conseguir ese objetivo de reducir (eliminar, incluso) la anotación. Pues de momento pueden empezar por lo más evidente: disminuir el tamaño de los aros, reducir su diámetro hasta el mínimo imprescindible, hasta que su ancho se corresponda exactamente con el del balón, o supere al de éste en un milímetro como máximo (lo ideal sería reducirlo aún más, de tal manera que la pelota ni siquiera cupiera, pero ello tal vez desmoralizaría en exceso a los jugadores, produciendo a la larga un efecto contrario al que pretendemos conseguir).

Si la medida anterior no resultara suficiente, cabría darle una vuelta de tuerca más: hacer los aros cuadrados (en ese supuesto, obviamente el ancho de lado a lado deberá ser equivalente al del balón, con el objetivo de que quien quiera anotar no pueda limitarse simplemente a meterlo, sino que tenga que incrustarlo). En cualquier caso esta medida debería adoptarse con cautela porque probablemente obligaría a la supresión del término “aro”, que habría de ser sustituido por otro más adecuado para ese nuevo diseño (¿portería, tal vez?).

Más estupideces que habría que eliminar: es posible que el suyo sea el único deporte del mundo en el que cada anotación vale diferente, dependiendo del sitio desde el que se obtenga. ¿Conocen ustedes algún deporte en el que un disparo desde fuera del área valga tres puntos, un cabezazo en el área pequeña valga dos y un gol de penalti sólo uno? Pero hombre, por favor, qué manía de complicar las cosas. Un gol es un gol, se meta desde donde se meta. Y una canasta (o como llamen a eso a partir de ahora) debe ser igual. Todas las canastas deberán valer un punto, vengan de donde vengan. Y punto.

Y por dios, hagan el favor de eliminar el reloj de posesión. ¿A qué viene esa manía enfermiza de cronometrarlo todo? ¿Y qué es eso de establecer turnos, ahora le toca a este equipo tener el balón, ahora a este otro? Señores, eso no es deporte. En el deporte de verdad, si un equipo es lo suficientemente bueno como para estarse pasando la pelota todo el partido, pues entonces el otro sencillamente lo mira y se jode. Y si no, pues que espabile y se busque la vida para robarla, a bocados si es preciso.

La verdad es que ustedes son la leche. Tienen ustedes el deporte más complicado que existe sobre la faz de la Tierra, y luego todavía quieren que a la gente le guste. Vamos a ver: ¿cuántos tipos de faltas diferentes hay? Falta personal, falta técnica, falta intencionada, falta antideportiva, falta flagrante, falta descalificante, pasos, dobles, pies, invasión de zona, 3 segundos en la zona, 5 segundos, campo atrás, delay of game… ¿Pero de verdad se creen que todo eso lo entiende alguien? Y para cada falta una señalización distinta: que si ahora nos agarramos un brazo con la otra mano, que si ahora ponemos los deditos en forma de T, que si ahora agitamos los brazos como un molinillo… ¡Qué clase de mariconada es ésta! Déjense de tanto manoseo y vayan a lo práctico, a aquello que ya ha demostrado su eficacia en el deporte moderno: que hay falta, pues el árbitro levanta el brazo y la pita. Y ya está. Y si es muy dura o se protesta demasiado, pues para eso están las tarjetas. ¿Cómo? ¿Que qué tarjetas? Pues cuáles van a ser, por favor, la amarilla y la roja, un lenguaje universal que se entiende fácilmente en todo el mundo, nada que ver con toda esa parafernalia de las manitas para arriba o para abajo que montan ustedes. Pero como quiera que parecen ustedes de otro planeta, pues tendremos que explicárselo: la amarilla es para amonestar (y ahí pueden incluir todo ese rollo suyo de faltas técnicas, antideportivas, etc., etc.); y la roja, para expulsar (o sea, para eso que ustedes llaman “técnica descalificante”, que ya hay que ser pedante para llamar así a una cosa tan simple como mandar a la calle a un tío, por dios).

Además, resulta que con su enfermiza manía de cronometrarlo y penalizarlo todo, tienen ustedes también los “3 segundos en la zona” (que ya en el colmo de la tontería van ustedes y hasta la pintan de colores, como si en vez de un terreno de juego esto fuera una guardería…) ¿Esto qué es? ¿Un jugador no puede estar cuando le dé la gana donde le dé la gana, y todo el tiempo que le dé la gana? Pues si su obsesión es poner límites, al menos pónganlos bien. Establezcan ustedes, por ejemplo, una regla que diga que “ningún jugador del equipo que ataca podrá estar más cerca del aro contrario que el jugador más retrasado del equipo que defiende” y para simplificar llámenla “fuera de juego”. Puede ser que en un principio esta norma les resulte un poco extraña, pero les puedo asegurar que su eficacia (sobre todo a la hora de generar polémica) está sobradamente probada en todos los deportes modernos. (Ah, por cierto: olvídense de pintarrajear el suelo. Y en todo caso, si les hace mucha ilusión, entonces no se limiten a pintar sólo dos zonas. Píntenlo entero si quieren, pero todo del mismo color. De verde, a ser posible…)

¿Y lo de los tiros libres? ¿Realmente hay alguien entre ustedes que sepa cuando una falta acarrea tiros libres y cuándo no? Que si estaba en acción de tiro, que si ya iba hacia la canasta, que si hay que contar el número de faltas del equipo contrario en ese período multiplicado por el coseno de pí elevado al cubo… ¡Venga ya! Que la falta es fuera de la zona, pues falta normal. Que es dentro, pues un tiro libre. Y para evitar confusiones, nada de rollos macabeos: a la zona, a partir de ahora, la denominaremos “área”. Y al tiro libre, por supuesto, “penalti”. Y así conseguiremos además fomentar un aspecto fundamental del deporte moderno: el fingimiento, el teatro, los piscinazos en el área, cuya señalización o no, por supuesto, dependerá única y exclusivamente del criterio arbitral (que será totalmente arbitrario, como su propio nombre indica).

Y no queremos acabar sin mencionar un último aspecto que nos parece fundamental: Señores, ¿acaso hay algo más patético que mirar hacia sus gradas y ver esos pintorescos grupúsculos de aficionados? Que si la Meritxell, que si la Demencia, que si los Ojos del Tigre, que si la Peña Tito Paco… ¿Pero esto qué es? ¿un parvulario? Si quieren ustedes que les tomen en serio, lo primero que tienen que hacer es fomentar la creación de grupos ultras, barras bravas, comandos salvajes de ultrafanáticos incontrolados que estén dispuestos a dejarse el hígado apoyando a sus colores e insultando a los del contrario hasta el paroxismo si es preciso, tíos dispuestos a enloquecer e incendiarlo todo con un simple gol o canasta o como llamen ustedes a eso, sujetos a los que la aniquilación del eterno rival les genere más excitación que su propio triunfo, gentes que crean que la vida de su equipo es mucho más importante que la suya propia… Eso sí, por supuesto, en ningún caso se promoverá la violencia. Simplemente se aceptará, como algo que forma parte de la sociedad en sí misma; como una consecuencia lógica, no deseada pero al mismo tiempo inevitable, de todo este proceso.

Para salvaguardar la correcta implantación de estas normas, así como de otras que se nos vayan ocurriendo, ACCOSABA creará un Comité Ejecutivo compuesto por las principales autoridades en materia deportiva de este país. Evidentemente D. Juan Mora nos honrará con la Presidencia de dicho comité, al que se incorporarán además en sus diferentes cargos plumas tan ilustres como Alfredo Relaño, José Antonio Abellán, José Ángel de la Casa, José Ramón de la Morena, Mari Carmen Izquierdo… Todos ellos, por supuesto, amantes absolutos de su deporte, autoridades en la materia, personas de prestigio reconocido con un enorme bagaje de conocimientos en materia baloncestística.

En ACCOSABA estamos totalmente convencidos de que, una vez hayan ustedes implantado estas sencillas modificaciones, su deporte recuperará, en todo o en parte, ese encanto y atracción popular que se supone que ya tuvo en otros tiempos. Y si no es así, al menos habrán inventado ustedes un deporte nuevo. ¿Ven qué bien? Dos deportes por el precio de uno.

Pero si esto tampoco les convence, entonces ya sólo les queda una solución: disuélvanse. Disuelvan su querido deporte, por fin, y dedíquense de una vez por todas a ver fútbol, sólo fútbol, única y exclusivamente fútbol, como tiene que ser, como dios manda. Que además, como todo el mundo sabe, es un deporte muchísimo más bonito.

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Publicado octubre 15, 2012 por zaid en ACB, medios, preHistoria

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