delirios pluseros   Leave a comment

(publicado el 11 de agosto de 2006)

 

Seguro que ya todos lo sabréis, hasta se comentó en esta misma web; es la bomba del verano, la gran ocurrencia sogecáblica: “Te proponemos que anotes la canasta de tu vida y nos demuestres cómo eres capaz de narrar las jugadas de las estrellas del otro lado del Atlántico. Envíanos un vídeo con tu mejor narración de una jugada de baloncesto -la que tú elijas-. Recuerda que la finalidad es participar en el casting que Canal+ está organizando en busca de jovenes promesas. Tienes que conquistarnos con tu habilidad frente al micro. Tómate tu tiempo, tienes hasta el 31 de agosto para enviarnos tu pieza. Si nos convences, pasarás a formar parte del inminente casting que Canal+ pondrá en marcha para darle voz a la mejor liga del mundo”. Una idea fascinante, sí señor; me pregunto cómo podría llevarse a cabo…

Al fin y al cabo, ¿quién no ha narrado alguna vez, siquiera mentalmente, el partido que estaba viendo? ¿quién no ha hecho ese juego de rol, quién no se ha sentido “locutor” al menos una vez en su vida? Pero ahora parece que la cosa va en serio: coges tu micro, plantas tu careto ante esa cámara más o menos cutre que te han prestado, metes en el vídeo la cinta de aquel partido que no borraste de la última final y empiezas a pegar berridos: “la lleva Wade, Wade se la pasa a O’Neal, le sale al paso Nowitzki…” Y ya está. Miras cómo ha quedado, te sientes orgulloso, lo adjuntas a un correo y lo mandas a Tres Cantos, bella localidad de la periferia madrileña a la que llegarán en los próximos días cientos, tal vez miles de archivos de vídeo procedentes de todo el territorio nacional. ¿Qué hacer con todo ello?

En un primer momento, los altos directivos de Sogecable se manifestarán abrumados por la enorme magnitud de la respuesta que ha superado las más optimistas previsiones etc etc. Y cumplido este primer trámite protocolario se pondrán manos a la obra: de entrada a unos cuantos curritos les tocará la terrible prueba de visionar, siquiera un poco por encima, todo el material recibido, con la misión de eliminar todo lo inservible, todo aquello que no haya por dónde cogerlo. Y entonces, una vez finalizada esta primera criba, será cuando comience definitivamente el casting propiamente dicho.

¿He dicho casting? Sesiones interminables por todo el territorio nacional: llegas, te esperas la cola, dejas que te entrevisten, entras en una especie de estudio, te dan un micro, te ponen ante un monitor, te dicen “ya” y comienzas a narrar con voz trémula aquello que ves en pantalla: “Jason Chocolate Blanco Williams se la pasa a Twister O’Neal, éste abre para el Soldado Universal Antoine Walker, le sale al paso Robin Hood Nowitzki…” (Ojo con esto; ojo con llamar Lentejita a Boykins o American Graffiti a Stojakovic: el que busquen un sustituto de Montes no significa necesariamente que quieran un clon de Montes; mejor no utilices motes, o en todo caso utilízalos de tu propia cosecha). No habrán pasado ni 15 segundos y antes de que te des cuenta escucharás esa voz, “lo sentimos; no sigues con nosotros”, o bien aquella otra que dice simplemente “número 153”, comunicándote de esa fría manera que has pasado, asignándote dorsal para la siguiente fase… de un modo u otro, tus pucheros y lágrimas serán recogidos/as por esa misma cámara que te entrevistó a la entrada para que todo ello, una vez adobado y enlatado convenientemente, sirva de alimento al programa resumen que Cuatro emitirá cada noche, previo a la Gran Gala de Presentación…

Y entonces el gran momento habrá llegado, por fin: los 20 elegidos tras todo este proceso serán presentados a la audiencia y seguidamente quedarán recluidos durante meses en la Academia montada al efecto en Tres Cantos, de cara a que vayan haciendo progresos de la mano de un imponente claustro de profesores: profesor de dicción, profesor de narración, profesor de baloncesto NBA, profesor de historia del deporte, profesor de cultura general, profesor de actualidad mediática, profesor de chorradas surtidas… Todo ello convenientemente recogido en los resúmenes diarios que ofrecerá Cuatro y en el canal 24 horas que Digital + creará a tal efecto… Y cada semana, la Gala, para la que se aprovechará precisamente ese partido semanal que Cuatro planea emitir en abierto. A lo largo del partido los participantes se irán turnando en el micrófono, uno a uno, todos al ladito de Daimiel, todos ante la atenta mirada de un jurado integrado por la flor y nata de la narración e información deportiva de aquella casa: Carlos Martínez, Paco González, Manolo Lama, Manu Carreño, Sixto M. Serrano, David Carnicero (que verá cómo los concursantes se preparan para quitarle el puesto que él se ganó a pulso, y que encima tendrá que poner buena cara), el propio Daimiel… quién sabe, hasta Alfredo Relaño, De la Morena o incluso Juan Mora podrían tener hueco, para así aprovechar su inmensa sabiduría… Cada semana proclamarán un ganador, cada semana proclamarán también los dos nominados a la eliminación para que sean los telespectadores los que elijan al superviviente con sus votos, mediante llamadas telefónicas o mensajes SMS.

Así una semana tras otra hasta alcanzar, por fin, el momento culminante: entonces ya sólo quedarán tres participantes que finalmente se jugarán el todo por el todo en la gran gala definitiva, la que pulverizará las audiencias. Por supuesto los telespectadores elegirán al número 1, al gran triunfador que se llevará el Gran Premio por el que todos habrán estado luchando meses y meses: un contrato fijo en Sogecable como narrador titular de la NBA, como compañero definitivo de Daimiel, con viaje a Estados Unidos incluido para narrar ya la final de este próximo año. Los dos finalistas, por su parte, recibirán un contrato temporal durante los meses de verano para narrar los partidos del Torneo NCAA…

¿El título? También está previsto: “Operación Jugón”. Y si la cosa resulta un éxito, para la siguiente temporada se podría plantear otra vuelta de tuerca, una Operación Jugón con famosos: ¿quién no se imagina narrando NBA a Pocholo, a Dinio, a Sofía Mazagatos, a Julián Muñoz (si la Justicia lo permite) o incluso a Fernando Romay?

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¿Cómo? ¿Que todo esto es totalmente absurdo, absolutamente descabellado? Pues tal vez, pero que nadie se descuide porque a menudo la realidad acaba superando a la ficción. Y si alguien quiere comprobarlo, si alguien quiere cerciorarse de que cualquier realidad puede ser mucho más increíble que cualquier ficción, no tiene más que darse una vuelta por la cobertura que Digital + está haciendo este verano del Torneo NCAA, logrando poner a prueba día tras día la infinita capacidad de sorpresa de todos aquellos incautos que lo estamos siguiendo (digo yo que no seré el único…).

Para empezar queda suprimida la tradicional dualidad narrador-comentarista, que no están los tiempos para despilfarrar y pagar dos sueldos allí donde podemos pagar sólo uno. Así que la gran mayoría de los partidos, tres de cada cuatro aproximadamente, van sólo con narrador, y que éste se las apañe como buenamente pueda para tener rollo durante hora y media acerca de una competición que desconoce perfectamente. Y bueno, sí, en el resto de partidos podremos poner narrador y comentarista para que parezca que hacemos un esfuerzo, a modo de regalo especial al aficionado…

Pero ojo, a ver qué comentarista ponemos: a Antonio Rodríguez no, ni hablar, que ése sí que sabe un montón de NCAA y además lo cuenta con pasión y lo hace divertido, así que a ése por supuesto que no, no la vayamos a liar, no vaya a ser que alguien se ponga a verlo por casualidad y se aficione, y luego nos pida más baloncesto universitario en lugar de seguir la liga tailandesa de fútbol como es su obligación… Mucho cuidado con eso. Antonio Rodríguez fuera, defenestrado para casi todo el verano (salvo error u omisión, hasta la fecha ha comentado la friolera de… tres partidos), y en su lugar…

En su lugar el mal menor sería José Ajero, nuevo en esta plaza (aunque su nombre no me resulta desconocido, probablemente haya visto su firma en las páginas NBA de plus.es), que sale del paso sin brillantez, pero al menos dignamente. Y el mal mayor Ramón Fernández, con su incomparable apatía incapaz de transmitir un mínimo de vibración, con sus inconmensurables “conocimientos técnicos” (es decir, su habilidad para leer en antena las estadísticas que habrá imprimido o impreso sólo un rato antes) y con esa capacidad innata para tirarse a la piscina y realizar con total convencimiento afirmaciones de las que en realidad no tiene ni la menor idea (este año ya no le ha tocado hacer el partido de la Universidad de Alabama-Birmingham, UAB para los amigos, así que esta vez no nos ha podido contar, por tercer año consecutivo, aquello de que su entrenador, Michael Anderson “es aquel base que jugó en el Real Madrid y el Caja San Fernando”, dato que es rigurosamente falso además de físicamente imposible…).

Pero ya digo, un partido a dos voces es un lujo, lo normal este verano es que nos encontremos con una sola voz. Y ahí sí que nos podemos encontrar de todo: si hay suerte nos podremos encontrar con Sixto Miguel Serrano, cuyo estilo puede gustar más o menos pero cuya experiencia y profesionalidad están fuera de toda duda. Se lleva los partidos muy preparados, nos cuenta datos interesantes de cada jugador, de cada universidad, de cada conferencia… Y hasta le da el ritmo adecuado a la narración, y a pesar de su futbolerismo confeso a veces hasta parece que disfruta, que se lo pasa bien haciendo baloncesto, tanto que hasta incluso conserva la capacidad de entusiasmarse cuando descubre a algún gran jugador…

Pero también nos podemos encontrar con Eduardo Téllez (el que pasó a ser “primer suplente NBA para fines de semana” cuando se fue Montes y Carnicero se convirtió en titular). Téllez es el ejemplo perfecto de “encefalograma plano”, mantiene siempre exactamente el mismo ritmo narrativo sea lo que sea lo que narre, así se trate de un mate espectacular, de un triple estratosférico, de un cambio, de un tiempo muerto, de decirle al de al lado (si lo hubiera) que tiene que ir al baño (supongo). Es el hombre de un solo tono, es mono-tono además de monótono, es la sosez personificada pero al menos se supone que debería saber de esto, llegando con la aureola de presunto especialista NBA… Y sin embargo le toca hacer el Illinois-Air Force y se encuentra con que una de las grandes noticias del encuentro para la CBS es el entrenador del equipo de las Fuerzas Aéreas, un tipo joven de rostro familiar al que enfocan chiquicientasmil veces, un tipo llamado Jeff Bzdelik al que conocen hasta los niños que lleven sólo 3 años siguiendo la NBA porque fue el antecesor de George Karl en los Nuggets… Pero eso Téllez no nos lo dice, él se limita a repetir, cada vez que aparece en pantalla, aquello de “ahí tienen a Jeff Bzdelik, en su primera temporada al frente del equipo de las Fuerzas Aéreas…”, pero ni una palabra de su pasado en Denver. Será que considere que el dato no es relevante, no vamos a pensar que es porque no lo sabe, habría que ser muy malpensado para decir algo así, al fin y al cabo estamos ante un experto de la NBA, cómo no va a conocer a uno que estuvo entrenando allí hasta hace sólo año y medio, después de haber estado varias temporadas en ese cargo…

¿Seguimos bajando? Moisés Molina. De Moisés Molina lo mejor que se puede decir es que se come con patatas todo el marrón y a pesar de eso va y sobrevive, lo que no deja de tener su mérito porque al fin y al cabo estamos ante el gran especialista de la casa en… hockey sobre hielo. Lo que nos da una idea, una vez más, de los sabios criterios de la dirección de Canal + a la hora de asignar comentaristas para cada acontecimiento. (Y entonces, ¿estará ahora Antonio Rodríguez haciendo la NHL? No sé, tendré que mirarlo…)

Pero cuando parece que ya nada puede ser peor todavía descubrimos que aún nos queda por superar la más terrible prueba: señoras y señores, con ustedes… ¡Manolo Elvira! Y entonces uno llega a echar de menos el poder ver el partido con su narración original en inglés, como esos partidos históricos de NBA que dan alguna madrugada. Uno llega a echar de menos, incluso, un experimento como aquel que hizo la BBC en el Mundial de Fútbol, sin narración, dejando sólo el sonido ambiente. Uno llega a plantearse quitarle el volumen al televisor y ver el partido sin oír nada, totalmente en silencio…

Pero al final le escuchas, vaya que si le escuchas. Y entonces te das cuenta de que el pobre hombre, total, qué va a hacer, si es que le ponen trampas… La NCAA debería hacer algo al respecto, debería tener una regla (la llamaríamos “la Regla Elvira”), según la cual “en ningún caso se podrán enfrentar dos equipos cuyos entrenadores sean de la misma raza”; porque claro, esto de narrar partidos parece muy fácil, pero si luego llegas y el entrenador de un equipo es de raza negra, y el del otro equipo también, pues a ver qué vas a hacer, cuando enfocan a uno dices el nombre del otro, cuando enfocan al otro dices el nombre del uno… Y habría una segunda Regla Elvira para los jugadores en cancha, algo así como “dos jugadores rivales, que ocupen el mismo puesto y sean de la misma raza, en ningún caso podrán lucir el mismo dorsal”; porque si resulta que el pívot titular de un equipo es de raza negra y lleva el 21, y el del otro equipo da la casualidad de que tiene el mismo color de piel y juega con el mismo número pues entonces ya la tienes liada, ya no te queda más remedio que nombrarlos de forma aleatoria, ahora a éste le llamo así y al otro asao, y ahora a éste asao y al otro así, o viceversa, total qué más da, si esto no lo ve nadie, los jefes estarán encantados…

Si es que se lo complican todo a la criatura. Hasta le ponen siglas, a mala leche, de tal manera que cuando le toca hacer el partido de la Universidad de Northwestern St., él, claro, no va a pensar que eso de “St” signifique “State” (total, sólo hay unos cuantos miles de universidades que se llaman así), no, él sin consultar nada ni a nadie directamente decide que esa sigla significa “Saint”, coge a los Demons y de repente me los canoniza, y además es que lo dice siempre todo seguido, “Norgüéster Santdéimons”, algo así como los Santos Demonios del Noroeste…

Pero eso sí, él tiene una gran ventaja: no le gusta repetir las cosas. Seguro que se lo dice a todo el mundo, “mira, a mi no me gusta repetir las cosas; no, de verdad, no me gusta repetir las cosas; que sí, que te lo digo en serio, que no me gusta repetir las cosas; ah, por cierto ¿te he dicho alguna vez que no me gusta repetir las cosas?…”. Y como no le gusta repetir las cosas, sólo nos cuenta dieciséis veces que en el baloncesto universitario americano hay algunas reglas que son diferentes a las del resto de competiciones. ¿Por ejemplo? Pues el salto entre dos, que en NCAA no existe y cuando hay lucha se soluciona con eso que llaman flecha de posesión, justo al contrario de lo que sucede en todos los demás baloncestos, en la NBA, en la ACB, en el Baloncesto FIBA… Con lo que queda claro que este deporte no le interesa lo más mínimo, que en todos estos años no ha visto más baloncesto que el que le hayan mandado hacer, que no habrá visto ni siquiera los partidos decisivos de la selección… Y me parece muy bien, tiene perfecto derecho a aborrecer el baloncesto y a preferir el golf (algo evidente, como delatan su tez bronceada y sus constantes alusiones a dicho deporte), tiene casi tanto derecho como el que tenemos los sufridos abonados a preferir que quien nos cuente las cosas sepa de ellas más que nosotros (o lo mismo, al menos).

Claro que también puede pasar que un día le toque tener al lado al presunto experto José Ajero, y que éste le puntualice: “aquí la flecha de posesión se ha implantando en las Competiciones FEB, en Liga LEB o Liga Femenina, pero en ACB o en Euroliga se sigue manteniendo el salto entre dos…”. Y entonces ya me quedo definitivamente sumido en el desconcierto, ya no sé qué pensar, ya me planteo si el problema seré yo, si me habré perdido algo, si estaré en otro planeta…

Pero aún hay más. Hay por ahí algún otro cuyo nombre desconozco (mi memoria auditiva no llega a tanto, tampoco lo sobreimpresionan, no tiene a nadie al lado que le diga hola fulano qué tal), que éste ya no es que sea monótono, ya no es que sea de perfil bajo, es que narra baloncesto como si narrara una carrera de caracoles; cualquier voz en off de cualquier documental de naturaleza resulta absolutamente trepidante al lado de la de este tío narrando NCAA. Y lo hace además con tanto desconocimiento de este deporte que casi acaba convirtiéndose en desprecio, llamando “Siracusa” a Syracuse, llamando “Eleeseú” a la Universidad de Louisiana State (porque se lo ponen en siglas, y evidentemente no tiene ni la más remota idea de lo que significan esas siglas), pateando sistemáticamente la historia del baloncesto USA (habrá sacado de Internet la lista de jugadores históricos de cada universidad, pero luego los pronuncia mal, confunde sus equipos, no sabe ni quiénes son…), diciendo que determinado equipo viste de color marrón cuando es evidente que viste de granate, simplemente porque en la pantalla pone “maroon” (que casualmente significa granate; marrón es brown, él mejor que nadie debería saberlo dado que en ese mismo momento se está comiendo uno…).

En fin… Casos verídicos (y habría muchos más; como aquel otro narrador, tampoco recuerdo su nombre, que al ver a un jugador hacer gestos ostensibles de protestar al árbitro reclamando pasos, dijo “ese jugador está pidiendo el cambio”). Definitivamente a mí ya no me queda ninguna duda de que la realidad, por increíble que parezca, siempre puede superar a la ficción. Así que ¿Operación Jugón? Sí, es algo totalmente absurdo, lo sé, pero los aficionados a la NCAA ya nos daríamos con un canto en los dientes (aún a riesgo de hacernos daño) si un par de triunfitos (“jugoncitos”, en este caso), con ilusión, amor por este juego y ganas de hacer bien su trabajo, acudieran a salvarnos el verano que viene…

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Publicado octubre 16, 2012 por zaid en medios, NBA, NCAA, preHistoria

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