el sueño de una mañana de verano   Leave a comment

(publicado el 3 de septiembre de 2006)

Es lo que tienen los sueños. Nuestras vidas están tapizadas de sueños incumplidos, pero el día menos pensado te descuidas y de repente a alguno de ellos le da por convertirse en realidad… Y entonces, por mucho que lo hayas soñado, por muy preparado que estés, ten por seguro que se te romperán todos los esquemas…

Esta es la historia de un sueño que comenzó hace siete años, una noche del mes de julio de 1999, y que ha llegado a su final (de momento) una mañana del mes de septiembre de 2006…

Pero no; tal vez el sueño había comenzado antes. Tal vez algunos, los que ya no somos demasiado jóvenes, llevábamos toda la vida soñándolo. Aquel 1999 sólo cambió su estatus, de sueño imposible pasó a ser posible. Hasta hoy. Hoy ya no es posible. Hoy es real.

Pero algunos empezamos a soñarlo desde niños. Desde aquel Eurobasket de Barcelona de 1973: soy un crío, mis padres me mandan a la cama y no me dejan acabar de ver la histórica victoria semifinal ante la URSS (tal vez aquella noche fue cuando empezó todo). La final sí me dejan verla, final en casa para que Yugoslavia nos acabe el espejismo.

Y seguimos soñando diez años más tarde: aquel extraño sábado de junio de 1983 en el que la Copa del Rey de fútbol (Madrid-Barça, nada menos) se retrasó para no interferir con la final de Nantes… en la que se cruzó Italia, aquella derrota que nunca debió de producirse.

Y aún más al año siguiente, aquella madrugada de agosto en la que me atravesé mi antiguo barrio de punta a punta hasta llegar a casa de un buen amigo, simplemente para ver juntos un partido que ya tenía escrita su derrota (que también era victoria) de antemano.

Pero por increíble que parezca seguiríamos soñando, sueños imposibles en los quince años siguientes tapizados de derrotas absurdas, de conflictos internos, de eternas cruces en los cruces de cuartos, de angolazos, chinazos, checoslovaquiazos, alemaniazos (sin Nowitzki, pero con aquella retahila de cabezascuadradas monosilábicos, Welp, Blab, Gnad, Schremp…). ¿Por qué seguíamos soñando?

Seguíamos soñando para llegar a 1999, al Eurobasket más extraño que se recuerda: cuartos de grupos merced a la generosidad del anfitrión, un siglo después volvemos a ganar un cruce (a Lituania), pagamos a Francia eliminándola en semifinales, final en París…

Pero qué os voy a contar de aquella final de París contra Italia, o de la del 2003 ante Lituania: la historia reciente ya os la conocéis, aquellas derrotas las recordáis mejor que yo… La mayoría sólo llevabais en el zurrón esas dos finales perdidas. Pero algunos ya llevábamos cinco. Como en aquel chiste, me encanta ver a España perder finales. ¿Ganarlas? Ganarlas debe de ser la hostia…

Efectivamente, lo es. De todas aquellas finales sólo hubo una (1984) que pensé que era imposible. Las restantes me parecieron posibles, probables… hasta llegar a hoy; ésta no, cómo vamos a ganar a estos imponentes griegos, sin Gasol además, no puede ser… ¿No puede ser? Así son a veces los sueños, en cuanto te descuidas se convierten en realidad.

Pero insisto, la verdadera historia de este sueño comenzó en 1999, un fin de semana de julio, muy pocas fechas después de aquel extrañísimo Eurobasket de Francia. Me pillaron por sorpresa, de vacaciones en aquel apartamento de una maravillosa playa cántabra, de pie sobre la cama para distinguir mejor las imágenes del infame televisor de la habitación, pegando botes en la semifinal del sábado ante Argentina, pegando muchísimos más botes en la inolvidable final del domingo ante USA…

Conocíamos sus nombres, tal vez del Gigantes o de alguna web, pero (excepto a Navarro) nunca les habíamos visto jugar. Sabíamos que ya habían ganado el Europeo de su categoría el año anterior, que ya habían ganado en Mannheim… Ya nos habían permitido pensar que allí podría nacer algo grande. Y nació, vaya que si nació. Fueron los niños de Lisboa. Hoy son los hombres de Tokio.

Y entre Lisboa y Tokio todo un proceso, toda una presión popular y mediática (todo lo popular y todo lo mediática que puedan ser las presiones en nuestro deporte). Estos chicos tienen que jugar, esta generación no puede desaprovecharse… Semana a semana mirábamos ansiosos sus partidos, sus estadísticas, éste está muy bien, éste se ha salido, éste no termina de arrancar, éste está para explotar cualquier día…

Explotaron varios: el que más, el suplente aquel delgaducho que con 2,07 jugaba de tres y las metía de fuera… No habría pasado ni año y medio y él ya medía 2,14, ya nunca más sería suplente de nadie, ya ganaba ligas y copas él solo, ya las metía de dentro y de fuera, ya tenía a medio Estados Unidos pirrándose por sus huesitos…

Y detrás, cada uno a su ritmo, a su manera, casi todos los demás: hoy ellos son más de la mitad de la selección, más alguno que puede volver cualquier día, más alguno que (no todo puede ser perfecto) se perdió por ahí…

Pero es que resulta que no están solos, que también están los de antes, que también están los de después… ¿alguien puede negar aún que (con todo el respeto a Corbalán, a Epi, a Martín, a tantos otros) ésta es ya, sin lugar a dudas, la mejor selección que ha conocido nuestro baloncesto?

Y el trienio mágico no ha hecho más que comenzar. Ya hubo uno hace 24 años, aquel trienio Colombia-Nantes-Los Ángeles: 4o puesto, 2o puesto, 2o puesto. Pero es que este nuevo trienio, Japón-Madrid-Pekín, ya les lleva ventaja: de momento un oro, y puede ser sólo el principio.

Así que ¿quién sabe? Tal vez dentro de un año estemos disfrutando de algo parecido, y aquí al ladito de casa. O tal vez no, tal vez esa vez no toque, de los sueños cumplidos tampoco conviene abusar… Dará igual: pase lo que pase a partir de ahora, ya nadie nos podrá quitar este momento, este día de hoy.

Recuerdo una historia que se contaba hace muchísimos años, una vez que el Barça goleó al Madrid en el Bernabeu. Se dijo entonces que un tipo se recorrió las Ramblas aquella noche gritando una y otra vez “ahora ya me puedo morir tranquilo”. No, no temáis, yo no voy a decir semejante majadería, la vida no es sólo esto y espero que aún me queden muchos años, muchas cosas por ver y por hacer. Pero sí es cierto que en algún momento de desesperación pensé que nunca, jamás conseguiría ver a la selección absoluta de baloncesto ganando ningún título… Tantas tonterías que, a partir de hoy, afortunadamente ya carecen de sentido.

Y de tanto repetírnoslo, al final nos lo hemos tenido que creer: la vida puede ser maravillosa. Pero pocas, muy raras veces lo es, y sin embargo hoy es una de ellas. Tal vez mañana volveremos a los trabajos, a las clases, a la monotonía cotidiana… pero pase lo que pase, vayamos donde vayamos, hagamos lo que hagamos, siempre nos quedará Japón, siempre nos quedará el domingo 3 de septiembre de 2006, el día en el que a la utopía de ser campeones del mundo de baloncesto le dio por convertirse en realidad.

Anuncios

Publicado octubre 16, 2012 por zaid en preHistoria, selecciones

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: