epílogo (resacoso)   Leave a comment

(publicado el 8 de septiembre de 2006)

 

Siete historias, más o menos breves, más o menos baloncestísticas, con las que ir echando el cierre al Mundobasket más feliz de todos los tiempos…

 

Francia en el diván

Pocas horas antes de empezar el campeonato se les cayó Tony Parker y fue como si les hubiesen arrancado de cuajo, como si les hubiesen cortado de raíz, como si les hubiesen matado a su madre…

Así que mientras aquel muchacho volaba ya de vuelta a los Estados Unidos en pos de su Longoria del alma, los que hubiesen sido sus compañeros caían en la postración, en la depresión más absoluta: Foirest se convertía en un Paté de Foie incapaz de meter uno de cada cien tiros y al que los rivales tiraban caños impunemente, los Pietrus y Petro hacían honor a sus respectivos apellidos en cada lanzamiento a canasta…

Y el seleccionador, Monsieur Bergeaud (léase Mesié Bergó), el más afectado de todos, miró hacia su interior, hacia el interior de su plantilla más bien, y no pudo encontrarse más huérfano al contemplar las diferentes alternativas: Jeanneau le gustaba poco, Gomis le gustaba menos, Bokolo no le gustaba absolutamente nada.

¿Qué hacer? La baja de Parker nos deja un hueco, puedo convocar a otro jugador… y entonces voy y me traigo a Diarra, un alero. ¿Acaso no existe en toda Francia (y territorios de ultramar) ni siquiera un base de mi gusto, un muchacho que me pueda tapar este hueco al menos decentemente? Se ve que no…

Así que… a jugar: Argentina no nos da opción, sobrevivimos a una Serbia aún más deprimida (a todo hay quien gane) y entonces llega Líbano, esos desconocidos e intrépidos mozalbetes que salieron de una guerra para venir a un Mundial, pobrecillos… Dos horas más tarde el libanazo se ha consumado, los libaneses viven un sueño, los franceses se hunden en la miseria…

Pero el grupo es caprichoso, los resultados son a menudo sorprendentes, las cagadas relativas… Cruce de octavos, Angola en el horizonte. Para entonces las dudas existenciales de Mesié Bergó ya superan todo lo conocido: de este no me fío, del otro menos y del tercero nada, así que ¿qué puedo hacer? ¿a quién pongo de base? ¿me la juego con el comodín?

El comodín se llama Boris Diaw, un esbelto muchacho de andares (correres, más bien) de gacela y dotado de una extraordinaria cualidad: puede realizar con absoluta solvencia todo aquello que su entrenador le pida. Que le piden que juegue de pívot, pues él por Phoenix juega de pívot. Que le piden que juegue de base, pues él por Francia juega de base, faltaría más…

Pero que Diaw pueda jugar de pívot no significa que sea un center, que pueda jugar de base no le convierte en un base… Yo hago unas lentejas riquísimas y eso no me convierte en cocinero, puedo arreglar un grifo y eso no me convierte en fontanero, incluso puedo coger un montón de piezas de Ikea y convertirlas en una presunta estantería pero eso no me convierte en instalador… No, Diaw es un alero, un alero magnífico por cierto. Si le pides que juegue de base podrá desempeñar estupendamente ese papel, pero como alero le pierdes. Porque en esto no hay milagros. Un jugador de fútbol no puede sacar un córner y rematarlo, un jugador de baloncesto no puede dar una asistencia y recibirla a la vez…

Así que de repente la amenaza de Angola se torna más negra que el color de su piel, pero la superan, por supuesto a la francesa, por supuesto desperdiciando toda una gran ventaja para poder sufrir al final… Lo de Grecia ya es otra cosa: jugar sin base contra el equipo de Papaloukas, Diamantidis o Spanoulis sólo puede significar morir por aplastamiento.

Pero por extraño que parezca, esta historia acaba relativamente bien: descubrimos que Jeanneau sin ser gran cosa te puede hacer un apaño, y si éste también se lesiona descubrimos que Gomis te puede hacer ese mismo apaño, y mejor todavía (algunos por aquí ya lo imaginábamos).

O lo que es lo mismo: tanta depresión, tanto llorar y crujir de dientes por la avería de Longorio, y al final de Torneo, pues quintos. Quintos del mundo, que teniendo en cuenta que el tercero y el cuarto eran americanos, equivale a ser terceros de Europa. Es decir, exactamente el mismo resultado del pasado Eurobasket. Vamos, que no parece que esté tan mal para un equipo que perdió a su estrella, para un equipo en transición, para un equipo que en cuanto le maduren los más jóvenes, en cuanto le termine de llegar Joakim Noah, en cuanto le termine de crecer toda esa nueva generación que asombró hace unos meses en Mannheim, en cuanto sean capaces de sacarse por fin de encima su habitual tendencia a venirse abajo… Puede que ahora no lo parezca, pero es muy probable que el futuro sea suyo.

 

Generaciones

Sí, Francia apunta una nueva generación, en Italia asoma una nueva generación (a la espera de Bargnani, de momento encabezada por il Bello Belinelli)… Pero la nueva generación turca ni apunta ni asoma: ya está aquí.

Aquí están dirigidos por el terrible Tanjevic, legendario descubridor triestino de bodirogas y otras hierbas, sin complejos por las bajas (¿he dicho sin complejos? En realidad lo que están es felices por quitarse esos pesos muertos de encima…) y presentando en el escaparate todo un muestrario de refulgentes perlas: Atsur, Arslan, Demirel, Erden… y las dos joyas de la corona, esos imponentes Akiol e Ilyasova. Un muestrario tan bueno que hasta les permitió conseguir algo asombroso: que una leyenda como Kutluay empezara el Torneo como jugador y lo acabara casi desempeñando el papel de segundo entrenador.

 

Latinoamérica canta

Pero si de generaciones hablamos, la que llegaba rutilante a este Torneo era la brasileña, la que según la opinión de todos los expertos (e incluso de ignorantes como yo) estaba llamada a dominar los próximos años del baloncesto latinoamericano (aprovechando entre otras cosas el lógico envejecimiento de la actual generación argentina).

Brasil llegaba destinado a dejar huella, y a fe que la dejó: concretamente en la cara de Zisis (en la que fue la única aportación puntual de Varejao a lo largo de todo el torneo). Su fracaso de algún modo se convirtió en abanderado del gran petardazo latinoamericano en este Mundial (Argentina aparte; está a otro nivel): Puerto Rico se perdió detrás del ego desmedido de Arroyo, del ego desmesurado de Ayuso, del ego autista de Peter John Ramos (cómo me recuerda a Stojan Vrankovic). A “la vino tinto” (o sea, Venezuela) los rebotes de Lugo no le fueron suficientes para equilibrar la baja de su estrella Romero. ¿Y qué decir de la Panamá Street Band (Itu dixit) que no se haya dicho ya? Sin concentración, sin preparación, sin aclimatación, sin presupuesto, sin mentalidad, todos los “sin” que se quieran. Pero ver a tíos del prestigio de Garcés, Douglas (si yo fuera pamesero me preocuparía) o Cota deambular como ánimas en pena por la cancha casi producía vergüenza ajena…

Evidentemente todos ellos se ganaron su clasificación en buena lid (excepto Puerto Rico que se la ganó por invitación, por tradición pura y dura). Así que vale, nada que objetar. Pero quién sabe si alguno de los países que se quedaron fuera hubiera podido tener un papel mucho más digno: la emergente República Dominicana, el México de Nájera y compañía, no digamos ya la Canadá de Nash…

 

Costumbres neozelandesas

Los Tall Blacks, a imagen y semejanza de los All Blacks, hicieron la Haka, la típica danza ritual maorí. Pero no es lo mismo. No sé por qué pero no es lo mismo, estos no imponen como aquellos. Será que no es igual hacerla en un inmenso campo abierto que en un recinto cerrado. Será que aquellos son los mejores del mundo en lo suyo, el rugby, mientras que estos simplemente juegan al baloncesto. Sí, juegan al baloncesto como si jugaran al rugby, pero aún así, no es lo mismo.

¿Cómo responder a una Haka? Parece claro que hay tres opciones:

a) Mirarles fijamente desde el otro lado de la cancha. Se supone que esto es lo que suele pasar en el rugby, y se supone también (Itu dixit) que es lo que ellos prefieren.

b) Fustigarles con el látigo de nuestra indiferencia.

c) Responderles con la misma moneda: ¿por ejemplo en el caso de España? Ellos danzan su Haka y nosotros respondemos cantando Mi Jaca, galopa y corta el viento cuando pasa por el Puerto caminííííí–to de Jereeeez… O aún mejor: ellos danzan su Haka y nosotros respondemos bailando Paquito el Chocolatero (detalle que además habría hecho inmensamente feliz a San Miguel, patrocinador oficial de la Selección).

Como es bien sabido, Argentina optó por la opción A y todos sus restantes rivales por la B. Desgraciadamente nadie optó por la C, la que más habría contribuido al espectáculo.

 

La encrucijada

Van con sus estrellas y lo único que consiguen es un grupo de tíos que cada uno por su lado son extraordinarios, pero que todos juntos son incapaces de formar un equipo… Pero cuando en vez de estrellas llevan a los jornaleros entonces tal vez sí forman un equipo, pero que no tiene la calidad suficiente como para competir…

¿A que parece que estoy hablando del equipo USA? Pues no (aunque esta descripción también les sería perfectamente válida). Me estoy refiriendo a Serbia, cuyo baloncesto está consiguiendo el más difícil todavía: morir de éxito. Han colocado a tantos jugadores en la NBA que casi sin darse cuenta han terminado por importar el modelo americano.

Y ahora de repente se encuentran completamente desconcertados, en la encrucijada, sin saber qué hacer, con los enebeá somos una banda, sin ellos no somos nadie, ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio, contigo porque me matas, sin ti porque yo me muero…

 

El 5 de Senegal

Más allá de ausencias y presencias, más allá de cuestiones meramente baloncestísticas, la aportación más inesperada de Senegal en el Torneo fue su jugador número 5. ¿Qué cualidades adornaban a dicho jugador para impactar de tal manera en el Torneo? Su nombre. Se llamaba, se seguirá llamando, El Kabir Pene.

Con razón diréis ¿y qué? Pene es una palabra castellana tan normal como cualquier otra, decirla debería ser tan fácil como decir dedo, codo, periostio, esternocleidomastoideo… No sé, si se apellidara Polla tal vez podría suponer un problema (relativamente; al fin y al cabo, sería su apellido), pero… ¿Pene? ¿A estas alturas?

Y sin embargo, a los chicos de laSexta me los trajo por la calle de la amargura. Las primeras jornadas Esteva le llamó El Kabir, a secas, como si careciera de apellido. Aunque en alguna rara ocasión, para no dar tanto el cante, sí dijo su nombre completo y entonces lo rebautizó como Pené, con acento en la é. Luego Esteva se vino a futbolear y su sustituto desde los estudios centrales tampoco quiso complicarse demasiado la vida: si el otro acentúa la é yo la dejo muda; donde tú decías Pené, yo digo Pen.

¿No resultan ridículos tantos miramientos? Me recordaban a aquella Federación Española de Fútbol de hace tantos años, que cuando daba la lista de árbitros incluía a un tal “Acebal P.” y a un tal “C. Uriz”… En realidad el segundo apellido de Acebal era Pezón y el primer apellido de Uriz era Condón, apellidos perfectamente legítimos y palabras perfectamente reconocidas en el lenguaje castellano, pero que a los pacatos dirigentes de aquella Federación debían resultarles sumamente malsonantes…

Senegal es (creo) un país francófono. Es posible que la última e se acentúe (como Savané); o es posible que sea muda. O puede que ni lo uno ni lo otro, puede que sea un apellido autóctono y que se pronuncie simplemente como nosotros lo vemos escrito. No lo sé. Pero lo que sí sé es que ellos tampoco lo sabían y sin embargo hicieron mil y un arabescos para no tener que decir esa palabra que tan terrible les resultaba decir.

Y definitivamente, no lo entiendo: ¿No nos da reparo decir Chichi (apodo) y sí nos da reparo decir Pene (apellido)? Extrañas reglas las que rigen los mecanismos del comportamiento humano…

Afortunadamente Itu nunca tuvo este tipo de problemas. Un día se puso a mirar estadísticas de Angola, previas al partido contra España, y de repente soltó: “pues con Mingas en forma, habrá que tener cuidado…” (y seguidamente se partió de risa).

 

El escenario

Japón, en materia deportiva, eran recuerdos de un lejano campeonato del mundo de balonmano, de un no menos lejano campeonato del mundo de voleibol…

Supimos entonces cosas muy curiosas acerca de ellos: por ejemplo, que para evitar que los pabellones se vieran vacíos los llenaban de niños traídos de los diferentes colegios de la localidad; los dividían en dos mitades, de tal manera que cada una de ellas animaría a cada uno de los dos equipos en disputa. Eres niño japonés, no tienes ni idea de dónde está Moldavia (aunque para no saber eso no hace falta ser japonés, ni siquiera niño… es más, ¿existe realmente Moldavia?) pero ahí te ves, con la banderita multicolor (supongo), gritando Moldavia Moldavia a los cuatro vientos sin saber muy bien por qué, ni por qué los del colegio de enfrente gritan Madagascar Madagascar, que tampoco sabes dónde está ni falta que te hace…

Supimos también que los japoneses no son de un equipo; son de un jugador. Si un jugador cambia de club ellos se cambian de equipo con la misma facilidad con la que yo me cambio de calzoncillos. Si un día fuiste de Bodiroga pudiste pasar de ser del Madrid (con parada intermedia) a ser del Barça, sin que dicho viaje te supusiera ningún trauma. Si eres (un suponer) de Fran Vázquez tal vez puedas acabar esquizofrénico, ahora del Unicaja, ahora del Granca, ahora del Unicaja otra vez, ahora de los Orlando Magic (aunque esto sólo te dura una semana), ahora del Akasvayu (que hasta suena a japonés), ahora del Barça, mañana quién sabe…

Pero si eres japo seguramente no podrás ser de Bodiroga, ni de Vázquez, ni de nada parecido, entre otras cosas porque allí lo que verdaderamente les priva es la NBA, que ha cuidado celosamente este provechoso mercado llevándoles incluso partidos oficiales, un año sí y otro también. Tanto les priva como para hacer del baloncesto el segundo deporte más popular de Japón, como para que esta vez no haga falta lo de llevar niños con banderitas…

Y sin embargo hay otras cualidades japonesas que sí permanecen inalterables, sea el deporte que sea: los aficionados asisten a los partidos en un respetuoso silencio, sólo roto a veces (raras veces) si juega su selección y algún animador les pide que coreen lo de defense, defense… Pero lo normal es eso, silencio total, si acaso un ligero murmullo… hasta que se produce una acción espectacular, un pase por la espalda, un mate escalofriante; y entonces, de repente, se escucha a todo el pabellón, a coro: oooooooohhhhhhhhhh… Pero ojo que no se trata de un oh gritón, tipo Esteva, sino de un oh de asombro, de admiración profunda, tanto que no te queda más remedio que imaginarte a todos los espectadores con la boca completamente abierta como en aquellos dibujos de Heidi o Marco…

Pero si ese momento de asombro no aparece, pues claro, tanta relajación, tanto silencio, tanto… … … Yo creo que los ciudadanos japoneses tienen un gran problema: les falta descanso. Demasiados días de trabajo a la semana, demasiadas horas de trabajo al día, demasiados viajes de dos o tres horas de ida y otras tantas de vuelta para llegar de su casa al trabajo o viceversa… Tal vez duerman poco, tal vez no duerman bien, tal vez las camas japonesas sean tan incómodas como parecen… No lo sé, pero está claro que el porcentaje de aficionados dormidos es infinitamente superior al que hayamos podido ver en cualquier otra competición deportiva, en cualquier otro país. Y ya no es que los enfocaran a propósito los cámaras de laSexta, es que en cualquier plano general de las gradas siempre podías ver a un par de ellos completamente esnucaos, que hasta te preguntabas qué clase de compromiso hacía mantenerse allí a esa pobre gente, por qué extraña razón no se marchaban a su casa a descansar de una vez…

No, definitivamente no les entendemos, ni ellos a nosotros. Les parece inconcebible lo de animar a gritos, les parece aún más inconcebible lo de animar de pie, alucinantes resultaban esas escenas de menudos e impolutos policías haciendo gestos desesperados con sus enguantadas manos para que aquellos minúsculos grupúsculos de aficionados argentinos, españoles, griegos o lituanos se callaran y (sobre todo) se sentaran… Resultaba un poco patético y al mismo tiempo casi angustioso, se les veía literalmente desesperados, seguramente acostumbrados a que sus gestos produzcan un efecto inmediato en la población japonesa, seguramente incapaces de entender por qué todos aquellos extranjeros no les hacían el menor caso.

Si la memoria no me traiciona, hace cuatro años, en Japón (y Corea) se disputó el Mundial de Fútbol. Está muy lejos Japón, posiblemente por esa razón el desplazamiento de aficionados no debió de ser masivo, pero aún así la duda me corroe: ¿hacían esto mismo en aquel Mundial? ¿Había pequeños policías moviendo sus manitas hacia abajo delante de las hordas de hoolligans británicos, de las barras bravas argentinas, de los tiffosi italianos, de la torcida brasileira…? Aquello debió de ser muy duro, debe ser que aún no han podido superarlo…

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Publicado octubre 16, 2012 por zaid en preHistoria, selecciones

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