lágrimas negras   Leave a comment

(publicado el 5 de abril de 2007)

Primera señal. Domingo 4 de marzo: LaSexta anuncia a bombo y platillo la creación de un nuevo programa, de título sugestivo a la par que provocador: algo así como No me digas que no te gusta el fútbol, o Cómo sabes que no te gusta el fútbol, o A ver por qué leches no te gusta el fútbol, no sé…

Pues vale, pues me alegro. Nada de particular, es perfectamente comprensible que dicho canal, poseedor de los derechos de emisión de la Liga de Fútbol Profesional, nos meta fútbol hasta en la sopa, hasta la náusea. Es lógico y razonable que quiera rentabilizar su producto, de hecho es lo mismo que hacen casi todos los canales con casi todos los derechos que poseen en exclusiva.

Pero algo hay en ese anuncio que me toca la fibra sensible (si es que tengo yo eso), que se me clava como una punzada entre las costillas: los presentadores. La encantadora Cristina Villanueva, maravillosa periodista todoterreno, válida para informativos y para deportivos (y capaz de hacerlo igualmente bien en ambos ámbitos) pero de la que nunca podremos olvidar sus hondas raíces baloncesteras. Y a su lado Juanma López Iturriaga, leyenda de nuestro deporte reconvertido en crack de la comunicación, tipo locuaz y dicharachero donde los haya; nadie como él para que aparezcan unidos los conceptos baloncesto y diversión.

¿Rasgarme las vestiduras? No, a estas alturas de mi vida ya no hago yo esas cosas, si es que alguna vez las hice. Y tampoco me he caído de ningún guindo: Sé que Villanueva hacía información general en LaSexta como antes la hizo en TVE, sé que el baloncesto sólo se lo dejaron tocar durante la maravillosa fiesta de Japón 2006 (y algunos siempre recordaremos aquella lagrimita enjugada tras la final). Sé que Iturriaga ya presentó programas de fútbol en un pasado remoto (El Friqui, en TeleMadrid; ahora nos suena a otra cosa pero en aquel entonces friqui era un término futbolero, la castellanización de la expresión free kick, tiro libre), sé que incluso presentó programas de variedades o espacios más o menos inclasificables como aquel Inocente, Inocente…

Así pues… ¿Sorpresa? Ninguna. ¿Indignación? Tampoco, en absoluto, faltaría más. Pero sí pena, la inmensa pena de comprobar que casi siempre nos acabamos quedando sin lo mejor que tenemos.

Segunda señal. Sábado 10 de marzo: llegan las motos, producto deportivo estrella del Ente Público (tanto, que hasta parece que fuera el único que tienen) y para empezar se comen el previo de nuestro partido de ACB. Vale, nada grave, si sólo es el previo no pasa nada, faltaría más, si nos dejan íntegro el partido tampoco nos vamos a morir por no tener previo, al fin y al cabo todos tenemos que convivir, no pretendemos ser más que nadie (tampoco menos)… No, el disgusto no va por ahí.

El ”””””””disgusto”””””””” (entre muchas comillas) me viene al descubrir en pantalla una cara que me resulta muy familiar, una voz que me resulta aún más familiar: allí en medio, rodeado por todos sus comentaristas, al mando de todo el macro-operativo motero, está nada más y nada menos que Ernest Riveras.

No, Riveras nunca fue baloncestero en exclusiva, qué más hubiéramos querido nosotros. Riveras hizo ciclismo, atletismo, rugby, triatlón, todo lo que le pusieron por delante y en todo lo que hizo dejó su sello, su auténtica impronta de ser un pedazo de profesional, de esos que te cuentan todo lo que te tienen que contar y mucho más, de esos que te enseñan y además te entretienen, te informan y además te divierten; Riveras te hacía disfrutar del espectáculo, simplemente porque él era el primero que parecía estar disfrutando mientras lo contaba.

Pero Riveras además de todos esos deportes también estuvo un tiempo haciendo baloncesto en petit comité, para la recogida audiencia del circuito catalán de Televisión Española. Tan bien lo hizo que el año pasado le dieron la alternativa a nivel nacional. Y así de repente nos encontramos un pedazo de narrador donde menos lo esperábamos, un tipo que además nos confesó sin ningún reparo en una entrevistilla para Gigantes que le gustaban todos los deportes, pero que el baloncesto siempre había sido su deporte número uno.

Así que nos engolosinamos con él, y por eso al empezar esta temporada ya comenzamos a echarlo de menos; vale que no aparezca en ACB porque ahora hay un equipo titular que repite jornada tras jornada, pero en Euroliga, con cuatro partidos semanales… ¿dónde está Riveras?

Ahora ya lo sabemos. Y pensándolo fríamente es toda una señal de coherencia por parte del Ente. O de incoherencia coherente, si se prefiere. Si les vamos a obligar a ver las motos, al menos pongámosles a alguien que se lo cuente bien. Y ya está. ¿Otros deportes? ¿la Euroliga de qué…? ¿y eso a quién le importa? ¿y eso qué es?

Tercera señal. Sábado 24 de marzo: una vez fracasados mis vanos intentos por seguir las finales regionales de la NCAA por Internet decido aceptar la propuesta de mi hijo, deseoso de que me siente a su lado a ver el España-Dinamarca futbolero.

Sí, la primera parte está entretenidilla, tiene un pasar, pero la segunda se convierte en un ladrillo infumable. A los diez minutos mi hijo está dormido encima del sofá (y de mí), pero yo aguanto impertérrito al pie del cañón el asedio danés a la fortaleza numantina de Casillas (entre otras cosas, por no privar de almohada a la criatura). Al acabar, plenamente sumido en el tedio, tengo la sensación de que he perdido dos horas de mi vida. Me llevo al crío a la cama, empiezo a recoger… y de repente los ojos se me van al televisor, justo cuando el presidente del Real Madrid, Ramón Calderón, está aún en el palco atendiendo a las preguntas de una rubia entrevistadora que por alguna misteriosa razón me resulta muy familiar… ¿familiar? ¡Si es Fe López! Dios santo, ¿también a ésta nos la han quitado?

Nótese el pequeño detalle de que esto sucedía un sábado. Si hubiese sido un miércoles, pues vale, sí, la podrían haber mandado a hacer Euroliga pero como no la mandan nunca tampoco nos vamos a quejar ahora porque se la lleven a hacer fútbol, algo tendrá que hacer la criatura entre sábado y sábado… Pero es que esto era precisamente un sábado; sábado, como casi todos, de ACB, de Akasvayu-Tau sin Fe y con Virtudes, sólo Virtudes.

Está bien, no dramaticemos, no nos pongamos trágicos: al sábado siguiente nuestra Fe volvió al baloncesto… o eso nos pareció. Porque entre que el previo cada vez dura menos, que el postpartido (tras prórroga) ni siquiera existe y que el descanso se nos va entre publicidades varias y estupendas pizarras del Chichi… Pues vale, sí, volvemos a tener Fe pero no se sabe muy bien para qué. Aunque esa ya sería otra historia…

Cuarta (y definitiva) señal. Malos tiempos para la lírica baloncestística. Malos tiempos para todos aquellos que disfrutan contándonos historias acerca del deporte que aman, y que incluso hasta consiguen ganarse medianamente la vida con ello.

Ése era, hasta hace muy pocos días, el caso de Quique Peinado. Quique Peinado (aclaración superflua para quien ya lo conozca) era, es, debería seguir siendo, uno de los mejores periodistas de baloncesto aparecidos en este país en estos últimos años. Una cabeza privilegiada, un conocimiento enciclopédico y una muy amena manera de contárnoslo, gracias a todo lo cual nos ha dejado, desde las páginas de Gigantes, unos cuantos de los mejores reportajes que sobre este deporte se han escrito en estos últimos años. Añádase a ello su participación activa en una web de referencia en USA como es hoopshype.com, e incluso sus colaboraciones en una biblia del baloncesto yanqui como es Slam, y coincidiremos en que Peinado era algo así como la gran esperanza blanca de nuestro periodismo, del periodismo relativo a nuestro deporte.

Pero Peinado tiene que comer. Bien, a ser posible. A Peinado le gusta el baloncesto con locura (eso no hace falta que nos lo diga, eso se nota), pero ello no le impide ser consciente de que lo suyo no es un sacerdocio, sino una profesión. Y como tal, le asiste el mismo derecho que a cualquier otro profesional: el de ganarse las lentejas allá donde mejor se las paguen, donde más le quieran, donde mejor proyecto profesional (en todos los sentidos) le ofrezcan.

Evidentemente hablo, escribo, desde el desconocimiento absoluto. Sí, por supuesto que en Gigantes también se comerá, faltaría más, pero tampoco creo que haga falta ser un lince para suponer que los sueldos de esta casi artesanal revista nunca podrán competir, ni de lejos, con las monstruosidades que se deben estar pagando en (por ejemplo) una televisión privada, por muy incipiente que ésta sea, por muy poca audiencia que aún ésta tenga.

Entre otras cosas porque a uno, desde la distancia (desde la ignorancia) no le resulta difícil intuir que éstos no deben ser tiempos fáciles para la revista. Y ahora habrá quien diga, claro, por la crisis que asola nuestro deporte… Pues no. O no necesariamente. A ver si va a ser precisamente por todo lo contrario. A ver si va a ser por el sinnúmero de páginas web surgidas en los últimos tiempos para llenar el inmenso vacío de los grandes medios, esas páginas que, casi sin querer, están (¿estamos?) hiriendo de muerte a la única publicación semanal de baloncesto que sobrevive en nuestro país. Algunos románticos seguiremos acudiendo puntualmente al quiosco cada martes, así llueva o truene; seguiremos al pie del cañón pero los tiempos no son fáciles: no será fácil que las nuevas generaciones nos imiten, no será fácil que busquen en una revista lo que creen que ya les da Internet, no será fácil que los lectores vayamos en aumento.

Pero me he ido del tema, y el tema era que Quique Peinado deja Gigantes para irse a LaSexta, y precisamente a ese programa del que hablábamos al principio, ése Será posible que no te guste el fútbol o Estás tonto si no te gusta el fútbol o como demonios se llame. Nunca lo había visto pero este pasado domingo me di de bruces con él, en pleno zapeo pulsé el 6 y de repente se me apareció un tipo que daba la clasificación futbolística cual si del pronóstico del tiempo se tratara, con mapa y todo, parece que mejora la situación en San Sebastián, sigue el empeoramiento generalizado en Tarragona… (verdaderamente, la búsqueda de la originalidad televisiva alcanza cotas insospechadas); me quedé un rato, el suficiente para ver a los pobres Iturriaga y Villanueva luchar contra la impericia de alguien o contra la avería de algo porque allí los vídeos jamás entraban cuando tenían que entrar, casi siempre entraba el que no correspondía… Debí tener mala suerte, supongo que les pillé en un mal día.

Para allá va Peinado, no sé si delante o detrás de la cámara, y no han faltado las optimistas voces que nos dicen que sí, que hoy de momento va a hacer fútbol pero mañana quién sabe, tal vez si LaSexta da el Eurobasket, tal vez si algún día compra los derechos de la ACB… Tal vez. Pero el futuro, por definición, no existe. Sólo existe el presente, y ése es el que es. En palabras del propio Peinado (copiadas textualmente de su despedida en acb.com): Me paso al “otro” deporte porque en “el mío” no hay ningún hueco mínimamente interesante donde poder desarrollar, al menos de momento, mi carrera. Soy parte de una generación de periodistas de baloncesto que lo tiene muy difícil (y los que vienen detrás lo tienen peor) y por el momento me toca emigrar.

Y el resto ya sólo son sensaciones: la sensación de que miro el panorama informativo y sólo veo fútbol, fútbol los 365 días del año, fútbol para desayunar, comer, merendar y cenar, fútbol hasta en la sopa salpicado con unas cuantas gotas de coches y una pizca de motos para hacerlo más llevadero. ¿El resto? Al ciclismo le damos 20 días en julio, al atletismo una semanita en agosto, al baloncesto una quincena en septiembre, a los demás ni eso siquiera… Y que den gracias porque cada cuatro años les dejamos juntarse durante 15 días en alguna ciudad exótica, al abrigo de unos aros de colores, para que así cada uno tenga sus diez minutos de fama, más que suficientes para que dejen ya de incordiar hasta el siguiente año bisiesto por lo menos…

Y la sensación, vista desde fuera, de que el periodismo deportivo parecería tener castas, como si hubiera periodistas de primera (los del fútbol) y periodistas de segunda (los de otros deportes); y como si éstos estuvieran deseosos de ascender, aunque el deporte rey les dé cien patadas pero eso daría igual porque a determinados niveles los gustos ya no importan, importa la categoría profesional. El estatus que te da hacer fútbol, el sentirte parte importante y no uno de los parias de la redacción, el sentirte (incluso) bien pagado, no como esos pringadillos que serán minoritarios toda su vida sin ser capaces siquiera de subir en el escalafón… O a lo mejor no es así, a lo mejor todo esto no son más que tonterías, a lo mejor es que tengo el día pesimista. Ojalá.

Esto pretendió ser un artículo pero al final se me ha convertido casi en un valle de lágrimas, alrededor de la inmensa pena y del dolor profundo que nos dejan algunas ausencias, breves o definitivas. Empezamos hablando de algunas señales, cuatro creo que fueron, y en unos pocos días sucederá la quinta. Por si no tuviéramos ya bastante, en apenas unos días deberemos decir adiós a Pedro Barthe. Pero esa será otra historia (completamente distinta de las anteriores), y deberá ser contada en otra ocasión.

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Publicado octubre 17, 2012 por zaid en medios, preHistoria

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