Archivo para octubre 18, 2012

juego   Leave a comment

(publicado el 17 de septiembre de 2007)

 

Señores, señoras, amigos lectores (en el supuesto de que alguno hubiera o hubiese), permítanme que se lo recuerde: esto es un juego. Esto (el baloncesto, me refiero) es un juego maravilloso en el que básicamente caben dos posibilidades: ganar y perder. Ambas no siempre son igualmente probables, pero siempre son igualmente posibles. Ambas forman parte de la esencia misma del juego.

Es lícito disgustarse por una derrota, al menos tanto como lo es alegrarse por una victoria. Pero deberíamos poner las cosas en su justa medida. Deberíamos tener claro que una alegría puede durarnos toda una vida si es preciso, pero un disgusto no debería ocuparnos más de cinco minutos, diez a lo sumo. Prolónguelo usted durante varias horas, días incluso, allá cada uno con sus necesidades pero eso sí, nunca deje de tener presente que no se ha muerto nadie, que no ha pasado nada grave, que la vida sigue.

Sigue la vida y sigue el baloncesto, incluso. Dentro de cuatro días nacerá una nueva temporada plagada de ligas, copas, supercopas y demás competiciones, dentro de menos de once meses nacerán unos juegos olímpicos que abrirán de nuevo todas las expectativas…

No dramaticemos, pues. Usted es muy dueño de ir por ahí despotricando como si se hubiera hundido el mundo, diciendo que Pepu es un tal y que Pau es un cual y queriendo colgar a todos ellos del palo mayor. Allá usted, pero nunca olvide que estos son los mismos que le hicieron inmensamente feliz hace doce meses y medio, los mismos que le proporcionaron tantas satisfacciones durante estos últimos días previos a la terrible noche de ayer.

Y no olvide tampoco que una plata sabe a poco cuando se dio por hecho el oro (y quizás ése fue el gran error), pero debería saber a mucho cuando se contempla lo que queda por detrás. No olvide a Lituania, Grecia, Alemania, Croacia, Eslovenia, Francia, Italia, Turquía… Serbia. No olvide lo que darían todos y cada uno de ellos por esta triste plata nuestra. No lo olvide porque dentro de unos años, cuando baje el nivel, cuando volvamos a nuestro quinto, séptimo o noveno puesto de toda la vida quizás tendrá que recordarlo, quizás entonces se arrepienta de todo lo que se amargó cuando en verdad sólo tocaba disfrutar.

Así que hágame un último favor: mire las cosas desde una perspectiva más amplia, contémplelas siquiera un poco a largo plazo. Piense por ejemplo en este párrafo, que escribí en medio de la euforia durante la tarde del 3 de septiembre de 2006:

Y el trienio mágico no ha hecho más que comenzar. Ya hubo uno hace 24 años, aquel trienio Colombia-Nantes-Los Ángeles: 4º puesto, 2º puesto, 2º puesto. Pero es que este nuevo trienio, Japón-Madrid-Pekín, ya les lleva ventaja: de momento un oro, y puede ser sólo el principio. Así que ¿quién sabe? Tal vez dentro de un año estemos disfrutando de algo parecido, y aquí al ladito de casa. O tal vez no, tal vez esa vez no toque, de los sueños cumplidos tampoco conviene abusar…

Pasó el año y sí tocó. No fue igual pero sí muy parecido, no fue oro pero sí medalla, no llegamos al cielo pero sí lo tocamos con las manos. Así pues, le insisto por última vez, no se me lleve usted esos disgustos que no merecen la pena, deje de disparar contra todo lo que se mueve y en lugar de eso mire hacia adelante: hacia Pekín, por ejemplo. Deje ya de sufrir y empiece a soñar.

Publicado octubre 18, 2012 por zaid en preHistoria, selecciones

encuentros en la Segunda Fase   2 comments

(publicado entre el 8 y el 13 de septiembre de 2007)

viernes 7

Son las cuatro de la tarde, y hacia el pabellón ya nos encaminamos unos cuantos, panda de adictos, dispuestos a tragarnos la jornada entera (y las que vengan) sin masticar si es necesario. Predominamos (lógicamente) los de aquí, pero nos acompañan unos cuantos rusos, incluso algún lituano (no juegan hasta mañana, pero tendrán abono y se quieren dar el gusto de disfrutarlo) e incluso (más todavía) algún letón. Sí, letón, de Letonia, con sus camisetas color berenjena y sus rótulos de Latvia para que no haya dudas. Rostros cariacontecidos, pero que aún transmiten la determinación de disfrutar del viaje y del juego, ya que no de su equipo.

Apenas acabados de salir del metro, ya laSexta se nos aparece regalando camisetas. La eñe enorme por delante, el seis no menos enorme por detrás. La pido con muchas equis (la talla, me refiero); me la dan sólo con una, no tienen más. Un poco justa pero es gratis, tampoco será cuestión de ponerle pegas… Es la primera prueba de que esto no se va a parecer en nada a lo vivido hace apenas un mes, con ocasión del Sub 18. La segunda será la seguridad: te esperan ya a 50 metros del pabellón, te abren la mochililla, te la registran a conciencia. Vendrán muchas pruebas más…

Para empezar: Portugal-Rusia. Habrá a quien le dé igual, pero a mí particularmente me resulta conmovedor encontrarme al país vecino metido entre los doce mejores de Europa. Por carambola, por el cansancio letón, por lo que se quiera, pero están aquí. Y tan felices que da gloria verlos.

Claro que portugueses, lo que se dice portugueses, haberlos haylos (en las gradas, me refiero), pero más bien pocos. Menos que rusos, en cualquier caso. Y sin embargo la organización, que está a la que salta, no se priva de ponerles cada tiempo muerto una cancioncilla cuyo estribillo reza “Portugal campeao”. Campeao, lo que se dice campeao, me temo que de momento no. De hecho la única duda estriba en saber cuándo se romperá el partido. La respuesta llega en el segundo cuarto. No habrá más historia.

Entre partido y partido, exploración. Unos paseos por el hall, unas pasadas por las tiendas de merchandáisin. Busco la camiseta que promueve Calderón, la de la organización Right to Play. No estoy decidido a comprarla (dependerá de lo que cueste) pero si finalmente decido gastarme el dinero (que no tengo), al menos que sea por una buena causa. Y sin embargo, apenas tardo unos minutos en comprobar que dicha camiseta no existe en todo el pabellón. No se ve ni en un solo expositor, decido preguntar a una vendedora y no parece tener ni idea de lo que le estoy hablando… Vuelvo a mi sitio sin camiseta pero eso sí, durante el paseo los de Central Lechera Asturiana me han regalado una pelotita de goma, los de Expert una bolsa que contiene propaganda de Expert, los de ARDO (que es una marca de frigoríficos, aunque el nombre parezca indicar exactamente lo contrario) me han dado un folleto… La mochila me acabará reventando de cosas inútiles a este paso.

Israel-Croacia. Israel es el ejemplo perfecto de la optimización de recursos: no se puede hacer más con menos. En aplicación perfecta de aquella táctica del conejo que un día describió Manel Comas, van todo el partido dos pasos por detrás, pero cuando se acerca el final pegan el arreón y se ponen siete pasos por delante. Ganan y hacen felices a casi todo el pabellón, convertido a la causa judía por unos minutos, sea por croaciafobia, sea por mera utilidad clasificatoria. El pinchadiscos también se suma a la causa pero se ve que su repertorio hebreo se reduce a canciones de Eurovisión: aquella de Abanibí oboebé, abanibí quiere decir te quiero amor (en versión del Chaval de la Peca, no debe tener a mano la original), aquella otra de Viva la vida, viva Victoria, Afrodita… Escalofriante.

A estas alturas habrá ya como media entrada en el pabellón, pero de repente caigo en la cuenta de que por televisión probablemente ni se nota. Las cámaras están en mi lado, pero el primer piso del lado de enfrente está compartimentado en su totalidad, a modo de palcos VIP, para autoridades, federativos, patrocinadores y demás familia experta en conseguir entradas que luego apenas usan. Ahora están completamente vacíos, ofreciendo a los telespectadores (sospecho) una imagen que en nada se corresponde con la realidad. Luego, cuando llegue el partido de España, se llenarán, pero ni siquiera lo harán en su totalidad.

Escapada a mear, antes de que empiece el plato fuerte. Escena insólita: la fila (no diré cola, para evitar el chiste fácil) para el servicio de caballeros supera todas las dimensiones conocidas en la historia; al lado el de chicas está prácticamente vacío, lo que colma de dicha y regocijo a más de una, ya era hora de que a los hombres les tocará alguna vez…

De repente un estremecimiento, un retumbe de tambores, un estruendo generalizado: llegan los griegos, todos juntos. No serán más de 200, 300 a lo sumo, pero tal como suenan parecen muchos más; nos tememos lo peor, pero pronto descubriremos que no hay nada que temer. Animosos, incansables, pero pacíficos. Tanto, que incluso en el último cuarto intentarán incitar al resto del pabellón a hacer la ola, sin conseguirlo finalmente.

Claro que, a estas alturas, el partido está resuelto ya. Justo antes del comienzo el pincha nos había regalado un Paquito el Chocolatero (versión King África), dejándonos todo a punto de caramelo para que España, durante toda la primera mitad, reeditara la final de Saitama en versión corregida y aumentada. Luego un tercer cuarto de breve espejismo heleno, un último de vuelta a la normalidad y una definitiva hemorragia de satisfacción, como de habernos sacado de golpe los fantasmas de hace apenas dos días.

Nos vamos. Los griegos aún estarán un rato, para evitar líos (aunque no tiene pinta de haber ningún lío), pero el sensible e ilustrado pincha les entretiene la espera con la banda sonora de Zorba el Griego, faltaría más. Allí se quedarán saltando y bailando, casi tanto como nosotros camino del metro, con toda la felicidad rebosando por todos los poros de nuestra piel.

Felicidad incluso en la cara de Aíto (sí, Aíto, el de toda la vida, el de los García Reneses de siempre), con quien unos cuantos tendremos el inimaginable placer de hacer un corto viaje en metro. Y allí está él, con una (desconocida) sonrisa de oreja a oreja, haciéndose fotos con todo el mundo, departiendo con todo dios, atendiendo a preguntas insospechadas (¿qué le dais de comer al Rudy, para que pegue esos saltos…?). Venzo mi timidez, le estrecho la mano, le felicito muy brevemente por cómo juega su Penya, le digo que espero que sigan haciéndonos disfrutar. Ojalá, me contesta. Ojalá.

sábado 8

Cuatro y cuarto de la tarde. Agitando el cocido que me acabo de meter entre pecho y espalda, remonto bajo un sol de injusticia las duras cuestas (es un decir) de la Casa de Campo. No es cosa de llegar tarde, Francia y Alemania esperan.

Si hace, qué sé yo, pongamos tal vez diez años, alguien nos hubiese dicho que un día no muy lejano podríamos presenciar en Europa un partido de competición oficial, que enfrentaría por un lado al MVP de la temporada regular NBA y por el otro al MVP de las finales NBA, directamente no le habríamos creído. Y sin embargo, ahí están: Dirk Tío Loco Nowitzki versus Tony Longorio Parker, face to face.

En las gradas un puñado de franceses y otro de alemanes, los unos al lado de los otros tan solo separados por una escalera, sin vallas, sin zanjas, sin alambradas, sin cordones policiales. Esto en otros deportes no debe ser tan fácil. Así da gusto.

Los franceses son sobrios, discretos y silenciosos. Los alemanes en cambio animan sin parar. Gritan Deutschland Deutschland (en alemán) y defense defense (en inglés). Debe ser cosa del idioma porque es evidente que sus jugadores no les entienden, ofreciendo un inmenso coladero por el que la troupe francesa se mueve como pedro por su casa (como pierre por su maison, diríamos…)

El que más, Parker. Si en Belgrado 2005 estuvo mal y el Japón 2006 no estuvo, ahora está que se sale. ¿Le habrá sentado incluso bien el matrimonio (quizá porque lleva poco tiempo)? Aunque la gran duda no es esa, la verdadera duda es, ¿estará Eva Longoria en el pabellón? Si estuvo en Alicante, no habría razón alguna para que no esté aquí… y sin embargo, no consta que nadie la haya visto siquiera.

Enfrente, Nowitzki se tira lo suyo y lo de los demás, mete lo suyo y lo de los demás (aunque lo de los demás también lo falla demasiadas veces). No es suficiente. Mi vecino de la fila de atrás lo tiene clarísimo, “este se acabará retirando sin haber tenido a su alrededor una selección decente”.

A esas horas ya hay más lituanos en el pabellón que franceses y alemanes juntos. Lo que no es nada comparado con lo que se avecina. A pocos minutos del comienzo de su partido ante Italia, muchos cientos de lituanos ocupan ya casi todo el segundo piso del fondo a la derecha, justo encima de la tribuna de prensa. Y no están solos, que hay muchos más diseminados por todo el pabellón. Si hasta las cheerleaders parecen estar de su parte (aunque procuran disimularlo), más que nada porque son las Zalguiris Kaunas Dancers…

En cambio los italianos son pocos y mal avenidos: tres aquí, cuatro allá, cinco acullá… Parecen estar más preocupados por hacerse la foto y por mostrar pancartas para saludar a su mamma que por animar a su selección. Y a ésta no le vendría mal un poco de animación: porque el ambiente hace que parezca que estamos en Vilnius (o en Kaunas, tanto da) y porque en la cancha tampoco les van mucho mejor.

Y sin embargo al borde del descanso Italia se mete de improviso en el partido, canasta imposible sobre la bocina incluida. Se lo juegan casi todo, y eso hará que nos regalen (de común acuerdo con los lituanos) una fantástica segunda mitad, aún jugando muchos minutos con su selección B. ¿Selección B? Bulleri, Bassile, Belinelli, Bargnani… Lástima que el pívot no se llame Barconato (por ejemplo), lástima que ya no juegue (Gus) Binnelli, lástima que Bettini y Bennati sean ciclistas y no pallacanestristas…

Pero no nos quedemos sólo en la anécdota: otros no empiezan por B pero también rayan a gran nivel, con mención especial para Soragna. Aún así no será suficiente: la orquesta sinfónica de Lituania, con su (¿renqueante?) Saras Jasikevicius a la cabeza, sencillamente lo borda y se lleva el gato al agua, aprovechándose además de la endémica debilidad italiana en el rebote.

Acabado el partido, desbandada general. Será que el Turquía-Eslovenia les resulta menos atractivo, será que es sábado noche y toca salir, será que quieren ver a la selección de fútbol (allá ellos, no escarmientan). Nos quedamos los turcos, los eslovenos y los fieles: un puñado.

Turquía está al borde del precipicio, pero no lo parece. Algún día habrá que intentar desentrañar el misterio de esta selección que siempre presenta envidiables plantillas que parecen eternamente incapaces de jugar en equipo, como si se hubieran conjurado para arrojar el prestigio de Tanjevic por la borda.

Nunca dieron sensación de estar en el partido pero a comienzos del tercer cuarto nos regalaron un espejismo en pleno arrebato de Turkoglu, que no parece estar dispuesto a que este año le acusen de nuevo de falta de compromiso con su selección. Pero fue sentarse y fue el acabose: como diez minutos sin meter una canasta, eternamente clavados en 40 puntos mientras los eslovenos sin apenas esfuerzo se iban disparando en el marcador…

Mención especial merece el otro NBA, Memo Okur (no es insulto sino apodo). Está totalmente fuera de punto pero eso no le impide tirarse absolutamente todo lo que le llega, lo que quizá no sería tan grave si al menos metiera algo. Será que los aciertos los deja para cuando vuelva a Salt Lake City. Algo así como cero de infinito en triples debió hacer, la criatura.

A los eslovenos también se les acusó en algún campeonato de problemas de actitud, pero en éste se han propuesto disimularlos; y a fe que lo están consiguiendo: son una orquesta perfectamente bien engrasada en la que cada uno desempeña estupendamente su papel. Hoy con mención especial para tres invitados inesperados: los hermanos Lorbek (Erazem sin Scariolo juega más suelto, mientras Domen se ha familiarizado con sus aros de esta próxima temporada) y un sorprendente Uros Slokar, que parece ir pidiendo a gritos que este año le den más bola en Toronto.

domingo 9

Llego tarde. Escapar dos días consecutivos de la comida familiar de fin de semana puede ser excesivo, ayer volé para no perderme el Alemania-Francia así que hoy será cuestión de sacrificar un poquito del Israel-Portugal.

¿Un poquito? La maravillosa red de transportes de Madrid pone todo lo que puede de su parte para que sea un muchito, más bien. Son las 17:25, el partido está en el descanso, doy por supuesto que irá ganando Israel… y lo que veo me llena de estupor: 46-34 para Portugal.

¿Aún más estupor? La mitad de los puntos de Israel en la primera mitad (o sea, 17) parecen haber salido de la mano de Elías, o sea Eliyahu, interesantísimo prospecto enebeable, pero que aquí como en el Maccabi sale desde el banquillo la mayoría de las veces.

La imaginada fiesta portuguesa prosigue en el tercer cuarto: baloncesto de altos vuelos con mención especial para ese Joao Gomes al que llaman Betinho, el cual parece haber descubierto el placer de colgarse del aro a partir de los alley oops que le sirven a chorros sus compañeros, todo ello ante la mirada desesperada de unos macabeos que aún no parecen enterarse de qué va la vaina.

A siete minutos para el final Portugal ya gana de 19 y es entonces cuando Israel decide entrar en el partido, más vale tarde que nunca. Lo hace a su manera: defensa física, uso constante de las manos, toquecitos varios, múltiples faltas tan evidentes como protestadas… El partido se encabrona (con perdón), Portugal entra al trapo y, menos ducho en estas lides, sale perdiendo. Joao Santos, pieza imprescindible, ve cómo le pitan una antideportiva (que casi ninguno vemos, por producirse en un lugar alejado del juego). Era la segunda (a mí la primera no me había parecido antideportiva en absoluto, sino más bien un lance normal del juego) por lo que me lo mandan a la calle ante el asombro de un público poco acostumbrado (yo el primero) a suceso semejante.

Quedan cuatro minutos, Portugal sólo gana de nueve, Israel hace faltas sin parar para parar el crono, la inexperiencia portuguesa hace que se masque la tragedia… Pues no, Portugal sobrevive y bien orgullosa deberá sentirse de ello, mientras los israelíes, tal capaces de lo mejor como de lo peor de un día para otro, aún se tiran de los pelos sin entender qué ha podido pasar.

Entre partido y partido, paseíto: Expert me da la bolsita de todos los días, Central Lechera Asturiana me da el diario frasquito de NaturLínea que se supone que me ayudará a reducir las grasas de mi organismo (buena falta me hace, por cierto)… pero hay algo raro en el ambiente, algo parece indicar que no todo es como los demás días: policía nacional por doquier, en los vestíbulos, en las escaleras, en los vomitorios, en los pasillos, en todas partes.

¿Qué estará pasando? Me da por pensar que quizá haya habido alguna amenaza de algo, algún chivatazo de un posible petardazo, qué sé yo. Sin embargo mi vecino de atrás lo tiene más claro, “eso es que irá a venir el Príncipe Felipe al partido de España, lo normal es que venga hoy, como es domingo no estará trabajando, no tendrá que atender a tantas ocupaciones…” (……………………) (Sirva la anterior pausa, a modo de sobreentendido, como sutil homenaje solidario a la revista El Jueves)

Grecia-Croacia: sabemos ya que el partido promete, pero aún desconocemos que vamos a ver el mejor partido de lo que llevamos de esta Segunda Fase.

De entrada, dos lecturas en clave local: 1a) Durante el primer cuarto, enfrentamiento directo Papadopoulos-Kasun, preludio de futuros Madrid-Barça: el Rústico madridista se come al SúperMario barcelonista. 2a) El Madrid decidió ceder a Marko Tomas al Fuenla para hacer hueco al griego Pelekanos: viendo a uno y a otro sobre la cancha se me hace muy difícil encontrarle sentido a esa decisión; lo tendrá, no lo niego. Pero yo no se lo veo.

Todo apunta a paseo griego, pero en el segundo cuarto Repesa decide que de algún modo tiene que frenar el chorreo de puntos interiores encajados, y toma dos grandes decisiones: pone a su defensa en zona y coloca juntas a sus torres gemelas, Kasun y Stanko Barac, prometedor e interminable pívot de excelente mano, recientemente fichado por Querejeta para su Tau. Y el partido gira como un calcetín. La iniciativa ya es croata, la fanaticada griega sufre…

Pero ya estamos en el último cuarto, y empezamos a tener la sensación de que los griegos ya se saben la zona croata. Tal vez no metan puntos de dentro, pero su trío calavera, Papaloukas, Diamantidis, Spanoulis, ya ha encontrado la manera de meterlos de fuera. El partido es una gozada, un toma y daca, un tira y afloja (sutil homenaje al nada recordado Nacho Calvo), todo ello con la banda sonora griega de fondo, todos saltando y cantando su retahíla machacona una y otra vez, muchos ni miran a la cancha, total qué más da si animar es lo que cuenta… En cambio al otro lado a la presunta afición croata ni se la ve ni se la oye, por no contar ni siquiera cuentan con los fuenlabreños aquellos que hace un mes tanto animaron a su Sub18.

A 16 segundos para el final, Grecia está cuatro arriba; a 15 segundos (o sea, uno después) la ventaja se ve reducida a un punto merced a un portentoso triple de Popovic. Viajes a ambas líneas de tiros libres, aquí y allá, quedan cinco segundos, la prórroga parece inevitable… Spanoulis, fresco como una lechuga tras su año sabático en Houston, no parece pensar lo mismo: triple sobre la bocina, delirio griego, alucine general. Partidazo de los de guardar para siempre, en vídeo o en la memoria.

El pabellón ya es un hervidero: vestíbulos a rebosar, colas interminables en los bares, en los baños, vips que van llegando a toda velocidad, el presi madridista Ramón Calderón que en un momento dado casi se me lleva por delante…

21:30. Allá enfrente ya está el Príncipe, flanqueado por Lizavetski (cómo se escribirá), Gallardón, Sáez y demás familia; más abajo está también la Infanta Elena con sus criaturas (marido e hijos). Todo el mundo está en sus puestos, suena Estopa, suena la dosis habitual de Paquito el Chocolatero, suena la Fiesta Pagana de Mago de Oz, clímax conseguido, ya podemos empezar.

Empezamos mal. Basta ver el comienzo para descubrir que, por extraño que parezca, Rusia va a ser mucho más difícil que Grecia. Si en otros torneos no muy lejanos Rusia fue una banda, en éste es un equipo, un señor equipo. Y el culpable está ahí abajo y se llama David Blatt, sin la menor duda.

El ruido lo ponen Kirilenko (buenísimo, espectacular como de costumbre, quizá un poco pasado de vueltas a veces) y Khriapa (intermitente, ahora clavo tres triples, ahora desaparezco, ahora vuelvo a meter). Pero otros con menos ruido ponen más nueces: con mención especial para John Robert Holden, un base que no hace nada que no deba hacer, un tipo que está haciendo un campeonato extraordinario.

Holden es un grandísimo base, pero tiene un defecto: no es Calderón. Calde es un lujo, una impagable joya, todo carisma desde su sencillez, todo liderazgo desde la naturalidad. Cuando hay que dirigir dirige, cuando además hay que anotar anota, cuando hay que echarse el equipo a la espalda, pues para eso estamos. Su inicio del tercer cuarto, triple va triple viene, asistencia va asistencia viene, es de los que no se pagan con dinero.

La máquina, una vez más, había tardado en empezar a funcionar. La máquina, una vez más, acaba funcionando como la seda. Navarro lo borda, Garbajosa (por primera vez titular) supera un mal comienzo para acabar metiéndolas de todos los colores… Mi vecino de atrás lo tiene claro: “tanta historia con el seguro, pero en realidad son los de Toronto los que deberían pagar a la Federación Española, porque se lo vamos a dar ya rodado, ya con la pretemporada hecha…”

Fin de fiesta, 12 arriba. La agonía ha sido mayor que contra Grecia, pero el resultado casi el mismo. Nos vamos, que por hoy ya está bien de disfrutar.

lunes 10

Aparezco en el Italia-Turquía justo en el mismo momento del salto inicial. En las gradas unos cuantos paisanos, media docena de turcos, un buen puñado de italianos y un montón de lituanos (a esas horas ya son más que italianos y turcos juntos).

De entrada, espejismo. Turquía parece por fin un equipo, y nosotros vamos y nos lo creemos. No así los italianos que, conducidos por un errático Bulleri, deambulan sin rumbo por la pista. La diferencia se instala en quince puntos casi antes de que nos demos cuenta, el guión previsto salta hecho añicos…

Por poco tiempo. A la vuelta del descanso ya es otro partido. Italia muerde en defensa, despierta Bargnani, despierta Gigli, despierta il bello Belinelli tan elegante y brillante en todas sus acciones. Y Turquía vuelve a ser Turquía: es decir, Turkoglu contra el mundo.

Segundos finales con empate a 70. La última posesión es turca, o sea de Turkoglu. Media Italia se abalanza sobre él, pero eso ya estaba previsto. Balón a Kutluay, muñeca de seda toda la vida de dios, allí en su esquinita más solo que la una… Falla.

En la prórroga Turquía, fiel a sus principios, se encomienda al turkoglusistema. La criatura ya pasa con creces de los 30 (puntos) pero no es dios, así que llega un momento en el que también falla. En cambio a Italia empieza a salirle todo, hasta empiezan a mostrar ese puntito de chulería y suficiencia tan característico suyo, como si no lo hubieran pasado mal, como si todo aquello hubiera sido una exhibición. Los italianos, cuando te ganan, es como si te ganaran dos veces.

Los turcos se van (aunque todavía les quedará hacer el paripé contra Francia) y lo hacen como la gran decepción de esta segunda fase (no la gran decepción del torneo, que ésa es Serbia). Y con sus NBA, Turkoglu y Okur, convertidos en la cara y la cruz de una misma moneda. Y un tercer (ya ex) NBA, Ilyasova, que ya no sería cara ni cruz, sino canto. Ha jugado poco, y cuando lo ha hecho ha pasado totalmente inadvertido por la pista. No sé si será culpa suya o de sus superiores, pero yo si fuera barcelonista quizás empezaría a preocuparme…

Las emociones vividas parecen sólo un aperitivo de la gran tarde que nos espera… Qué equivocados estamos. A esas horas aún no sabemos que ya hemos vivido todas las emociones de la jornada, que ya no tendremos ninguna más.

Ahí afuera, mientras tanto, parece haber lío. La policía ha cerrado las puertas del pabellón, y al otro lado de la cristalera mantiene rodeados a un puñado de alegres (tal vez demasiado) lituanos a los que se les ha debido escapar la pinza. A este lado del cristal los restantes lituanos reclaman que se les deje entrar, gritan Lietuva Lietuva sin parar ni un instante, parece que la tensión puede ir en aumento pero finalmente las aguas vuelven a su cauce, la sangre no llega al río, todo vuelve a estar en orden, jugadores presentados, himnos sonados, regalo entregado por la Organización a Ramunas Siskauskas por ser hoy su cumpleaños (lo nunca visto), ya podemos empezar…

Y a poco de empezar Francia se encuentra con que ya tiene a Weis y Turiaf con un montón de lucecitas verdes en su casillero de personales. Bergeaud rebusca en el banquillo y encuentra a Badiane, genuino representante de la escuela de brincadores franceses, pero poco más. La resistencia francesa se acabará en cuanto le toque descansar a Parker y aparezca el voluntarioso (pero nada más) Sangaré. En un abrir y cerrar de ojos Lituania ya gana de 20, y aún no hemos llegado al descanso.

Inciso, hablando de Parker: una vez más todos nos preguntamos si estará Longoria en el pabellón. Quizá la Organización debería hacer aquello de los añorados Tip y Coll, algo así como… “Señoras y señores, antes de comenzar les pedimos un fuerte aplauso para… ¡¡¡Eva Longoria!!!”, y todos aplaudiríamos, y un foco recorrería las gradas, y… “no, no la busquen, porque… no está, si no ha venido… pero nosotros lo decimos todas las noches, por si acaso. ¿Que un día viene? Eso que llevamos por delante. ¿Que no viene? Eso que llevamos por detrás…

Tercer cuarto: Bergeaud coloca a Flo Pietrus y Boris Diaw como pareja (presuntamente) interior, y la cosa parece funcionar. El juego francés se dinamiza, el ex de Unicaja se da el gusto de poner unos cuantos tapones y hacer unos cuantos mates en los que serán sus aros esta próxima temporada… y para de contar. En Lituania da igual quién juegue, todos, titulares o suplentes, mantienen un magnífico nivel. Sin embargo en Francia en cuanto llega el relevo se acaba el partido.

Así que nos quedamos prematuramente sin emoción en el Francia-Lituania pero siempre nos quedará el Alemania-Eslovenia… Craso error. Al final del primer cuarto Eslovenia ya gana 30-9 y Nowitzki ya está más pendiente de las Red Foxes que de Bauermann (lo normal, por otra parte). Y aún nos quedan treinta minutos (de la basura).

Aquello ya no tiene ningún sentido, pero las alemanas no lo saben. Las alemanas son media docena de orondas aficionadas armadas con un bombo, que gritan rítmicamente Deutschland Deutschland y defense defense, según su equipo ataque o defienda. Y lo hacen una y otra vez, lo hacen en todas y cada una de las ocasiones, sin cambiar nunca de grito, sin variar jamás el ritmo ni la cadencia, así llueva o truene; el partido está concluido desde antes de empezar pero ellas continúan hasta el último segundo del último minuto con fiabilidad alemana, como si no supieran parar, como si estuvieran programadas por ordenador, como si sus cabezas fueran cuadradas, como si tuvieran que cumplir a rajatabla con todos los tópicos. La situación es tan absurda que los propios aficionados eslovenos optan por burlarse, gritando defense-defense a coro con ellas aún cuando el que ataca es su equipo. Al final Eslovenia gana de 30. No está mal, porque en muchos momentos del partido pareció que acabaría ganando de 60.

A la salida me encuentro con una conocida, la jefa de una empresa de diseño publicitario con la que hemos tenido bastante relación en mi trabajo. No parece que le interese mucho el baloncesto (apenas sabe quién es Nowitzki, y eso que acaba de verle), así que no resulta difícil imaginar qué hace allí: les han regalado entradas, a ella y a unos cuantos compañeros suyos; se las ha regalado uno de los patrocinadores del evento, ya que su empresa fue la que les montó el stand en el pabellón… “pero yo las quería para ver a España, y esas no me las dan, ya ves tú…” Y yo, prudente, le digo, sí chica, hay que ver, qué mala suerte, en vez de decirle lo que me pide el cuerpo, te jodes, haber pagado 220 euros como tuve que hacer yo…

Camino del metro me entrego al feo vicio de la reflexión. Me pregunto cuánta gente habrá así en el pabellón, cuánta gente habrá de gorra descohonándose de todos aquellos que nos hemos dejado un buen pedazo de sueldo en el empeño; me pregunto cuántas entradas no habrán regalado a los patrocinadores si estos tienen no sólo para ellos, sino también para repartir entre sus clientes y proveedores; me pregunto, si esto es así en la segunda fase, qué no habrán regalado para la fase final; me pregunto cuántas entradas saldrían realmente a la venta aquel 1 de junio en el que yo (y tantos como yo) me quedé sin abono para el Palacio, teniendo que conformarme con éste; me pregunto por qué me hago tantas preguntas, si sé de antemano que jamás voy a encontrar respuestas.

martes 11

Rusia-Croacia. Mientras apuro el bocadillo de (presunto) bacon que he tenido que comprarme deprisa y corriendo, consecuencia de llegar desde el trabajo sin tiempo para comer, me dedico a buscar rusos y croatas en las gradas del pabellón. Los rusos están allí enfrente, perfectamente reconocibles, gritando su habitual Rusia Rusia (que en ruso suena algo así como rasilla rasilla), animando sin parar. Los croatas, en cambio, están… ¿dónde están los croatas?

No sé cuál es la razón, pero me llama poderosamente la atención que Croacia sea, con diferencia, el país que menos aficionados ha traído a este Eurobasket. No está más lejos que otros, no es más pobre que otros, no tiene menos tradición baloncestera que otros sino más bien al contrario. Y sin embargo, decir pocos sería decir mucho. En las gradas jamás los he visto, en los vestíbulos sí puedo haberme cruzado con alguno, no más de tres o cuatro fácilmente reconocibles por sus cuadritos rojos y blancos. Tal vez hubo más, pero estarían de incógnito.

Y otra vez me viene a la mente la famosa historia del reciente Europeo Sub 18, ya demasiadas veces contada y por todos conocida pero que me temo que relataré una vez más. Resulta que a un grupo de aficionados de Fuenlabrada les dio el primer día por animar a Croacia, porque sí, sin motivo ni razón, simplemente por la mera diversión de tomar partido por uno de los dos equipos contendientes. Podría haber quedado todo ahí, pero la respuesta que recibieron por parte de los propios jugadores croatas fue tan simpática y receptiva que siguieron animándoles fielmente durante todo el campeonato (incluso el día que jugaron contra España). Al final acabaron haciendo amistad, los jugadores croatas les regalaron camisetas, se juntaron con ellos en las gradas a ver los otros partidos…

Y digo yo (metiéndome en lo que no me importa): dado que la Federación croata habrá dispuesto de un cupo de abonos como cualquier otro equipo participante, ¿no les habría tenido cuenta regalar una docena de entradas a estos chavales fuenlabreños? No creo que les hubiera resultado muy difícil localizarles (seguro que hasta intercambiaron sus direcciones de correo electrónico) y ellos desde luego habrían estado encantados de poder gritar Croacia Croacia, con sus camisetas croatas puestas, simplemente a cambio de poder ver el torneo gratis.

Mientras me dedico a divagar, el partido continúa sin sobresaltos. Ventajas mínimas para un lado o para el otro, cuentas en las gradas… Intentamos recordar por cuánto ganó Rusia a Grecia, porque si gana Croacia (y luego Grecia) puede darse un triple empate; yo me atrevo a apuntar que hasta podría darse un cuádruple empate si se diera el caso de que Israel ganara a España, pero por la forma en que me miran entiendo que nadie contempla ni por asomo esa posibilidad. En esas estamos cuando de repente toda la conversación deja de tener sentido. Los enkos (Kirilenko, Samoilenko, Savrasenko…) ponen tierra de por medio. A otra cosa.

La siguiente cosa es el Grecia-Portugal. Tiene pinta de que tendrá poca historia, y dicha pinta se confirma ya en cuanto empieza el segundo cuarto. Pero eso no significa que los portugueses bajen los brazos; más bien al contrario, continuarán peleando dignamente hasta el final (no todos pueden decir lo mismo) ante el mismísimo campeón de Europa, conseguirán que todo el pabellón les anime por encima de la consabida retahíla griega, se llevarán la mayor ovación recibida en el Telefónica Arena por cualquier selección no llamada España. Si ya fue un gran éxito clasificarse para el Eurobasket, no digamos ya lo que les ha supuesto alcanzar la segunda fase, haber sido capaces incluso de ganar un partido en esta fase. Éste debería ser, también, un gran punto de partida para el baloncesto portugués. Esperemos que así sea.

En esos últimos minutos del Grecia-Portugal (como en cada partido previo al de España) ya está con nosotros… ¡¡¡Suso!!! Suso Superfán, como le llama el speaker. Suso es el gran invento de la temporada, el gran descubrimiento de este Eurobasket, ya veremos si no será también el gran fichaje de la FIBA para llevárselo como a las Red Foxes a animar otras competiciones por esos mundos de dios. Mitad animador sociocultural mitad agitador de masas, en él conviven su capacidad de persuasión, su simpatía innata, sus ojos enajenados, sus facultades físicas, su dinamismo a prueba de bomba. Aquellos que le vean por la tele tal vez pensarán que su labor se limita a algunos tiempos muertos pero nada más lejos de la realidad. Durante el juego sigue incansable de acá para allá, levantando públicos de sus asientos, motivando a la peña de mil maneras. Un pedazo de crack, Suso.

Y entre partido y partido, paseíto. Te cruzas con Corbalán (muchos le miran simplemente con curiosidad, pero a algunos todavía se nos pone la piel de gallina), con Charly Sainz de Aja (con él de algún modo empezó todo esto, y alguien debería reconocérselo), con Mateo Ramos (creo), con Emiliano Rodríguez… y con un montón de esos que llaman gente guapa, de esos de no sé quién es pero su cara me suena un montón, algunos/as incluso están siendo entrevistados/as para la ocasión, me planteo que quizás tendré que hacer de tripas corazón (nunca mejor dicho) y ver más tomates otra vez que venga a un sarao de estos…

En el palco hoy cambiamos Príncipe por Rey. La presencia policial no se había notado a lo largo de la tarde (quizá porque Su Majestad no decidió venir hasta el último momento, andaría liado el hombre, se ve que sólo al final pudo escaparse de sus múltiples y variados quehaceres…), pero ahora de repente resulta abrumadora. Un agente, mirada insensible y cuerpo de armario, se plantifica en el pasillo que tengo delante, junto a la escalera que baja hacia las gradas inferiores. A mí no me molesta, pero a buena parte de la gente que está más arriba hacia mi izquierda les tapa casi toda la cancha, les pilla justo en su ángulo de visión. Le piden que se eche un poco, sólo un poquito para atrás y él se limita a decir no con un mero movimiento de cabeza; se lo vuelven a pedir, oiga, por favor, perdone, podría… a lo que por fin contesta, no, si yo le perdono, le perdono pero no me voy a mover

Afortunadamente minutos más tarde le llega el relevo, y éste resulta ser, además de policía, persona. No tiene ningún inconveniente en cumplir con su trabajo apenas medio metro más atrás, junto a la pared del vomitorio (con perdón), pudiendo controlar lo mismo sin que para ello le haga falta molestar a nadie. Problema solucionado.

El problema, ahora, está en la cancha. A mí me daba mala espina el partido contra Israel (de hecho habría preferido incluso que pasara Serbia, por extraño que parezca), selección que siempre nos ha complicado muchísimo la vida, sólo hay que mirar los últimos Eurobasket para comprobarlo. Y de entrada los acontecimientos parecen confirmar mis peores presagios. Pepu hace titulares a los Rodríguez (es decir, los que no jugaron contra Rusia) y ello sin duda puede ser muy positivo para reafirmarlos y que se sientan partícipes del proyecto (especialmente en el caso de Sergio). Pero no funciona. En ataque estamos mal (salvo Pau, que se sale) y en defensa simplemente no estamos. Al final del primer cuarto los israelíes, triple va triple viene, nos han clavado 29 puntos. Lo nunca visto.

Durante el segundo cuarto Gasol suma y sigue, y sigue sumando, pero además emerge Calderón reivindicándose como el mejor base de la competición (junto a Parker, pero ambos por encima de cracks como Papaloukas, Jasikevicius o Holden), creando y repartiendo, metiendo y haciendo meter a los demás. La defensa empieza a multiplicarse por todas partes, Jiménez aparece hecho un coloso, Mumbrú se sale, la muñeca mágica de Garbajosa emerge de nuevo. Algún aficionado sigue nervioso (y exclama ¡¡¡Pepuuuu, mete a Navarroooo!!!, sin darse cuenta de que Pepu ha optado sensatamente por reservarlo para cuartos), pero resulta evidente que la cosa ya está en vías de solución.

En el tercer cuarto Israel ya ve que aquello es imposible, y muy poco después acabará deshaciéndose como un azucarillo. Al final 26 a favor, lo que no está mal si pensamos que en un momento dado llegaron a ser 13 en contra. Al final la fiesta habitual, la catarsis colectiva, pero también la vieja sensación de que todo aquello da igual, de que en realidad lo único verdaderamente importante será lo que suceda a partir de ahora.

y miércoles 12

Esta vez traen refuerzos. Las incansables alemanas del bombo, conscientes de su inferioridad numérica, han debido pedir ayuda a todos sus paisanos disponibles de tal manera que hoy son unos cuantos más para animar. Y además resulta evidente que, tras la portentosa exhibición de su equipo ante Eslovenia, ya no las tienen todas consigo. Por eso se han fabricado unas pequeñas pancartas de color amarillo fosforito, a palabra por pancarta, en las que se lee KÄMPFT FÜR EURER TRAUM, que mis escasas nociones de alemán y mi no menos escaso sentido común me dicen que debe ser algo así como luchad por nuestro sueño. Una quinta pancarta muestra los aros olímpicos, para que quede claro cuál es ese sueño.

Son más, pero siguen siendo menos que los del contrario. Y sin embargo no lo parece. Italianos hay unos cuantos, se les ve por todas partes, se sabe que están por cómo de intensamente aplauden las canastas de su equipo. Pero no animan, sólo asisten. Sólo en una única ocasión un pequeño grupo corea un forza ragazzi apenas audible. Y pare usted de contar.

El partido, sobra decirlo, es dramático. Uno seguirá vivo y jugará contra España, el otro quedará para pelearse con Turquía, Israel y Portugal por los puestos 9 al 12. Pero la intensidad va en proporción inversa con la calidad. El juego sale horrible, los porcentajes espantosos, al descanso llegaremos con empate a 27 nada menos. Sólo Belinelli parece salvarse del naufragio general pero justo entonces, ohhhh, mamma mía, va y se lesiona. Se va para el banquillo a la pata coja, con su tobillo colgando. Luego le harán un apaño para que vuelva, pero ya no será lo mismo.

En el tercer cuarto la crisis ya afecta incluso a un desconocido Nowitzki, hasta el punto de que Bauermann decide sentarlo antes de lo que acostumbra. Y hete aquí que, sorpresas te da la vida, ése precisamente es el momento que elige Alemania para despegar de la mano de Herber, puro tirador, habitual actor secundario que hoy definitivamente tiene la tarde tonta.

Alemania entra en el último cuarto con 9 de ventaja. Vuelve Nowitzki, y esta vez vuelve de verdad. Sin excesos, pero al menos ya enchufa algunos de esos triples imposibles suyos. Enfrente el renqueante Belinelli sigue siendo el mejor, aparece también Bargnani, se arrebata de vez en cuando Bulleri. Pero el resto ni están ni se les espera. Son los mejores minutos del partido pero para Italia no son suficientes. Y para colmo en los últimos instantes parecen empeñarse en hacerlo todo mal, cometen faltas cuando no deben, no las cometen cuando ya no hay otra opción… Miro a Dino Meneghin, allá en un extremo del banquillo, y no puedo evitar tener la sensación de que se le deben estar llevando los demonios, de que a sus 57 años aún daría cualquier cosa por abalanzarse sobre la cancha a pelear algún rebote. Italia está fuera. Su rutilante nueva generación aún deberá esperar un par de años para demostrar de qué es capaz.

Hoy el paseo entre partido y partido me va a deparar una gratísima sorpresa. En un rincón poco concurrido veo a un tipo de raza negra haciéndose fotos con un par de chavales. El tipo es alto (pero no desmesurado), de edad mediana, viste un polo azul eléctrico y su incomparable cara de buena persona me resulta terriblemente familiar. Soy un pésimo fisonomista pero juraría que se trata de Rolando Blackman, y mis escasas dudas se desvanecen cuando compruebo que su polo lleva el logo de los Mavericks. Mi pertinaz timidez no es mayor que mis ganas de saludarle así que me dirijo a él, le comento las muchas veces que he admirado su juego. Y el tipo resulta ser extremadamente cordial, me da las gracias y me dice sois los mejores en el difícil castellano de quien ya hace muchos años que es más yanqui que panameño. Y me lo repite otra vez, sois los mejores (entiendo que se refiere a nuestra selección, obviamente), parece decirlo con total sinceridad. Un gusto, de verdad.

Blackman evidentemente está haciendo labores de ojeador para sus Mavs, pero se me ocurre que cuando vuelva deberá contarle a su jefe la enorme cantidad de chavales que habrá visto, en este partido como en cualquier otro de Alemania, vistiendo una camiseta de Dallas con el dorsal 41 a la espalda. El señor Cuban, al que su equipo no le da más que disgustos, al menos podrá sentirse muy orgulloso de cómo le marcha el negocio.

Francia-Turquía. Debería ser una cita ineludible, dos equipazos, unos cuantos jugadores NBA, un buen puñado de estrellas del baloncesto europeo, un lujo… Y sin embargo es el único partido de toda esta Segunda Fase que no sirve absolutamente para nada. Pase lo que pase Francia quedará tercera del grupo, pase lo que pase Turquía será última. Relajación total.

En un momento dado el speaker nos anuncia que hoy, como ayer, está entre nosotros Bill Russell. Ya lo hizo ayer en pleno partido de España pero la ovación apenas nos duró cinco segundos porque se reanudaba el juego. Hoy en cambio su presencia ya resulta mucho más importante que el no-partido que estamos viendo, así que por fin podemos ovacionarle como realmente se merece.

Pero Bill Russell, ya puestos, se merecía algo mejor. Anunciar por megafonía su presencia me parece un gran acierto, pero anunciarlo con el balón en juego me parece un grandísimo desacierto. Hay unos cuantos tiempos muertos, hay veces que ni siquiera salen las cheerleaders y las cámaras se dedican simplemente a buscar parejas que se besen o animadores estrafalarios para mostrarlos por las pantallas gigantes. ¿Por qué no se puede dedicar un tiempo muerto completo para rendir merecido homenaje a toda una leyenda de nuestro deporte? ¿Por qué hacerlo necesariamente en pleno juego, justo cuando Parker va botando el balón por el medio de la pista?

Blackman, Russell, la leyenda del baloncesto femenino Ann Meyers que también, como Russell, ha sido inducida (no sé si la expresión es correcta, pero peor sería decir introducida) hoy al flamante Hall of Fame de la FIBA, todos ellos en suma están asistiendo a lo que podríamos denominar un partido de baja intensidad. Pero hay una excepción: Kaya Peker parece estar jugando como si le fuera la vida en ello, como si este partido fuera el último de su carrera, como si aquello importara, como quizá deberían jugarlo todos los que le rodean. Es tal su desempeño que más de una vez parece estar a punto de lesionarse, sé de alguno a quien le podría dar un vahído si ello sucediera…

Sin embargo Turquía pierde una vez más, fiel a sus costumbres, y encima lo hace de paliza ante una Francia que se da un gustazo de mates, cabriolas y arabescos varios, por cierto sin Flo Pietrus (en el banquillo, vestido de civil). Y todo ello sucede en apenas hora y media, casi sin faltas, casi sin tiempos muertos, casi sin espacio para disfrutar de Tanya Crevier (no estoy seguro de que ése sea exactamente su apellido), malabarista de pelotas recién traída de USA para la ocasión, casi sin tiempo siquiera para disfrutar de las cheerleaders…

Evoquemos a las cheerleaders, pues. A los dos grupos que hemos disfrutado en esta fase: las míticas Red Foxes del CSKA de Moscú (que curiosamente no son rusas sino ucranianas) y el Zalgiris Kaunas Dance Team (que éstas sí que son genuinamente lituanas, y cuando juega su selección no intentan disimularlo).

Las foxes son más elegantes, más artísticas, tienen más clase como si dijéramos. Disponen de un interminable fondo de armario y de un inagotable repertorio que parece incluir piezas preparadas específicamente para todos y cada uno de los equipos participantes. Las lituanas en cambio son más acrobáticas, más orientadas hacia la pirueta que hacia la danza. Y tienen un número que yo no había visto jamás y que podríamos denominar “la canasta humana” (o bien “pasar por el aro”): una animadora se encarama sobre sus compañeras para introducirse de cabeza por la canasta, quedándose colgada del aro por sus piernas para finalmente acabar bajando cual balón cualquiera. Todas ellas, unas y otras, han despertado estos días el entusiasmo de las buenas gentes y hasta los bajos instintos de más de uno, por ejemplo el de aquellos que durante el España-Grecia corearon sin recato un “a por ellas, oéée…”

El paseo previo al último encuentro de la noche muestra un cúmulo de celebridades baloncesteras nunca visto por estos pagos, quizá porque se va acercando la fase final y ya todo dios va llegando a Madrid. Están los de todos los días, ése Zoran Savic que no se pierde un partido (¿qué pensará de Ilyasova, por cierto?), ese otro que, aunque no puedo afirmarlo al cien por cien (ya dije antes que soy un pésimo fisonomista), juraría que es Mahmuti, el del Efes… Pero hoy está también Nikola Loncar (y también por cierto David Carnicero, su compañero del Plus), está Karnisovas, está el impecable e incomparable Sasha Djordjevic que sin lugar a dudas es el más demandado para fotos, autógrafos, entrevistas, etc. Y habrá muchos más que no me encuentro, o que no reconozco, o que reconozco su cara pero soy incapaz de ponerle nombre… Luego en las gradas alguien dirá que le han dicho que por lo visto también está Sabonis en el pabellón; puede ser, pero yo no le vi (y a éste de haberlo visto sí que le habría reconocido, evidentemente).

Lituania-Eslovenia. Numéricamente el mejor partido del torneo hasta ahora, el que enfrenta a las dos únicas selecciones invictas. Además el que gane tendrá premio (Croacia) y el que pierda castigo (Grecia). La cosa pinta muy bien pero yo me temo lo peor. Se supone que hoy ¿juega? de nuevo la selección de fútbol y, a la vista de lo que sucedió el pasado sábado, casi temo otra desbandada general.

Nada más lejos de la realidad. El pabellón presenta un magnífico aspecto, evidentemente no está lleno pero es sin duda la mejor entrada vista en un partido sin España. Y el ambiente no puede ser mejor, con cientos (tal vez miles) de lituanos animando sin parar (y también aprovechando para mostrar una pancarta pidiendo la libertad de un compatriota, que digo yo que aún seguirá detenido por la que algunos liaron el otro día), y con un buen montón de eslovenos haciendo todo el ruido que pueden para contrarrestar la superioridad del rival. Y la fiesta de las gradas se traslada rápidamente a la cancha para que lituanos y eslovenos nos brinden una inolvidable primera mitad, todo un espectacular despliegue jugado de poder a poder.

Pero poder por poder, el poder lituano es hoy por hoy muy superior al poder esloveno. Quizá ya se lo temía el propio Bill Russell cuando abandonó el pabellón cuatro minutos antes del descanso, quizá él desde su experiencia ya intuyó que aquellos de verde tenían más recursos, más y mejor banquillo, y que con el tiempo acabarían arrollando a aquellos otros de blanco, tan buenos de titulares como escasos de suplentes.

Punto y final. El Telefónica Arena cierra sus puertas (en un par de días servirá de escenario para un presunto concierto de Raphael, veterano vocalista de gran éxito hace más o menos cuarenta años), y las buenas gentes del baloncesto se marchan al gran Palacio de los Deportes. Somos muchos los que no les podremos acompañar, de hecho me basta con escuchar los comentarios camino del metro para saber que no estoy solo, que hay unos cuantos que como yo se apuntaron a esto porque se quedaron sin lo otro.

A aquellos que estén allí, que lo disfruten (lo harán, seguro), que los demás nos tendremos que conformar con disfrutarlo (en la medida de lo posible) por televisión. Y como dijo aquél, lástima que terminó el festival de hoy, pronto volveremos con más diversiones… Fue muy bello mientras duró.

Publicado octubre 18, 2012 por zaid en preHistoria, selecciones

exSerbias   Leave a comment

(publicado el 7 de septiembre de 2007)

1.- Tanto se ha hablado de la masiva deserción de las estrellas serbias que apenas nos hemos dado cuenta de otra deserción, aún mayor si cabe: la masiva deserción de los grandes entrenadores serbios. Obradovic, Maljkovic, Pesic, Ivanovic, Ivkovic, Nikolic… (añádanse todos los vic que se deseen): todos si te he visto no me acuerdo, todos sin plantearse siquiera hacerse cargo de tamaño marrón…

Quién quedaba? Pues por ejemplo Zoran Moka Slavnic, pringado mayor del Reino. Aquel base que nos maravilló en los 70 (justo cuando empezábamos a tener edad de maravillarnos), más tarde, como entrenador, nos horrorizó en los 80/90 (los veteranos aficionados badaloneses aún conservarán frescos ambos recuerdos, el muy bueno y el muy malo). Puede que yo exagere… o puede que no: días antes del Eurobasket, uno de los periodistas que más sabe de baloncesto en este país afirmó que Slavnic era “con todos mis respetos, un descerebrado”. Entonces pensé que exageraba; ahora pienso que quizá se quedara corto.

2.- El plomizo sextero Antonio Esteva (¡¡¡bienvenidos al grupo de la muerte y la revancha!!!), amante de las metáforas bélicas más que de ninguna otra cosa, nos lo ha repetido demasiadas veces estos días: Milan Gurovic era el comandante en jefe de las tropas serbias. Persona idónea, sin duda. Ejemplo de mesura, templanza y equilibrio el tal Gurovic, sí señor, bien que lo sabemos por aquí… O dicho de otra manera: Gurovic es perfecto para meter puntos, para clavar triples, para resolver sobre la bocina, para defender de lejos, para desquiciar técnicos, para cruzar cables (propios y ajenos); ¿para liderar un grupo? Ese sí que sería el grupo de la muerte (y no el otro). A las pruebas me remito.

3.- ¿Cómo es posible que un base tan simple y plano como Jaric se gane las habichuelas en la NBA jugando abundantes minutos, mientras que bases tan luminosos como Jasikevicius o Spanoulis acaban teniendo que volverse a Europa con el rabo entre las piernas? Tal vez estemos ante uno de los más grandes misterios de la historia de la humanidad… Pero en el caso serbio, aquí vale casi lo ya dicho para Gurovic; si el uno tiene que ser el líder y el otro el director de juego, apaga y vámonos (dos veces).

4.- La buena noticia para los Stojakovic, Radmanovic, Pavlovic, Drobnjak, Rakocevic, tantos y tantos otros, es que el año que viene ya no tendrán que ponerse la cara colorada; ya no les costará ningún trabajo renunciar a su selección, porque su selección no va a tener ningún trabajo que hacer el verano que viene.

y 5.- La (otra) buena noticia es que hay futuro, un grandísimo futuro en este mismo equipo (Teodosic, Aleksandrov, tal vez hasta Milicic si espabila de una vez) y en los equipos de formación que arrasaron Europa este verano (Macvan, Jeremic, Stojacic…); pero la mala noticia es que quizá también les llegará, no tardando mucho, ese año en el que decidirán que ya tampoco les apetece representar a su selección.

Publicado octubre 18, 2012 por zaid en preHistoria, selecciones

San Baloncesto   Leave a comment

(publicado el 3 de septiembre de 2007)

Hoy, 3 de septiembre, es San Baloncesto. No lo es por lo que sucederá a partir de hoy, sino por lo que sucedió hace un año, tal día como hoy.

Hace un año, tal día como hoy, los aficionados a este fantástico juego supimos que ya no nos moriríamos sin haber visto a nuestra selección absoluta proclamarse campeona de alguna gran competición. Supimos que una alegría deportiva podía satisfacernos aún más de lo que jamás habríamos imaginado. Supimos que hasta los descreídos de colores, patrias y banderas podíamos disfrutar con un triunfo así, que algo de nacionalismo tendríamos también al fin y al cabo, un extraño sentimiento que tal vez empezaba y acababa sobre una cancha de baloncesto. Incluso supimos que hasta el reiterativo Montes acabaría por tener razón: la vida podía ser maravillosa.

Hoy es San Baloncesto, y los que somos de aquí y amamos este deporte deberíamos celebrarlo como se merece. Dado que no lo contempla el calendario no tendremos más remedio que acudir a nuestros quehaceres cotidianos, cumpliremos pulcramente nuestras obligaciones por fuera mientras estemos de fiesta por dentro. Y por mucho que el día se enturbie y se enmarrone no permitiremos que nada ni nadie nos lo estropee, no dejaremos que ningún amargado ignorante de este juego venga a robarnos nuestro gozo, nuestra alegría interior. No será fiesta nacional, pero es nuestra gran fiesta particular. Nada más y nada menos que eso.

Y quizás vengan otros títulos (¿dentro de trece días, tal vez? ¿dentro de casi un año, allá en Pekín?), o quizás no vengan más, quién sabe… Da igual. Ésta fue nuestra gran primera vez, nuestro sueño hecho por fin realidad, y ese significado ya no nos lo podrá quitar nadie. Hoy es San Baloncesto. Disfrutémoslo.

Publicado octubre 18, 2012 por zaid en preHistoria, selecciones

Turiaf   Leave a comment

(publicado el 30 de agosto de 2007)

Ahora que la terrible tragedia de Antonio Puerta nos tiene tan sensibilizados con el tema de la salud en el deporte (la salud cardiovascular, más concretamente), quizá no esté de más recordar la historia de un profesional del baloncesto a quien pudimos ver anteayer y podremos ver aún más en los próximos días, en Alicante y en Madrid: la historia de Ronny Turiaf.

Ronny Turiaf siempre fue un espectáculo sobre una cancha de baloncesto. No tanto por su talento (que lo tiene, pero sin excesos) como por su espíritu, su intensidad, su entrega sobre la pista, su grado de implicación en el juego. Todas ellas razones más que suficientes para ser estrella en la pequeña Universidad de Gonzaga, allá en Spokane, estado de Washington, esquina noroeste de USA. En aquella casa, que un día vio crecer a John Stockton, este inmenso chaval se convirtió en ídolo del campus y se ganó con creces el derecho a ser tenido en cuenta en el draft de la NBA. Hasta aquí todo normal, todo de sobra conocido, nada especial, nada que le diferencie de tantas y tantas carreras…

Le eligieron los Lakers, nada menos. Y, como suele ser habitual en cualquier gran institución deportiva que se precie, antes de firmarle el contrato le sometieron a la típica revisión médica rutinaria… en la que le detectaron una gravísima lesión de corazón (y por favor, se lo ruego, no me pidan datos, no me pidan detalles: soy totalmente lego en la materia, y tampoco mi memoria da para tanto). No era una lesión de esas que te obligan a estar cuidándote para siempre, de las que requieren seguimiento pormenorizado, ni siquiera de esas que ponen en peligro tu carrera deportiva, no; era mucho más que eso. Era a vida o muerte.

Allá por mediados/finales de julio de 2005, Ronny Turiaf fue operado a corazón abierto. Cuentan en Gonzaga que en los días previos a la operación Turiaf fue despidiéndose de todos sus amigos y conocidos, que lo hizo con una entereza impresionante (supongo que inversamente proporcional a la congoja que debieron sentir todos aquellos que le rodeaban), aún más impresionante en alguien que apenas una semana antes creía tener toda una carrera y una vida por delante, alguien que acababa de saber que su carrera desaparecía de repente, que incluso su vida pendía de un hilo…

La cosa salió bien. Muy bien, en realidad. Turiaf no sólo salvó su vida, salvó también su carrera. Muchos meses más tarde, allá por la primavera de 2006, supimos que ya estaba en condiciones de reaparecer, supimos que un par de equipos grandes de por aquí andaban ya con la caña preparada (dada su condición de comunitario), por si acaso los Lakers no se atrevían… No hizo falta. Poco a poco Phil Jackson le fue dando minutos, muy escasos al principio, ya más consistentes en la 2006/2007…

Y así hasta hoy. Hoy sabemos que Turiaf nunca será una megaestrella, pero también sabemos que esa actitud suya, aún saliendo desde el banquillo, le permitirá ser imprescindible en cualquier equipo en el que esté. Así sucede en los Lakers y así sucede también en la selección francesa, rebosando de intensidad sin entender de encuntros oficiales o amistosos, volando hacia atrás para un tapón imposible aunque ello le suponga casi hacerse añicos la rodilla en el empeño. Comiéndose los partidos, bebiéndose la vida, disfrutando y contagiando a aquellos que le rodean. Como siempre, pero ahora, tras haber visto tan de cerca el otro lado, tal vez más que nunca.

Él, al menos, lo pudo contar; y nosotros disfrutarlo. Él se ganó con creces el derecho a que la vida le concediera esta segunda oportunidad. No todos tuvieron tanta suerte.

Publicado octubre 18, 2012 por zaid en NBA, NCAA, preHistoria

Mortadelismo   Leave a comment

(publicado el 28 de agosto de 2007)

Más allá de audiencias y disquisiciones mediáticas varias, quizá no haya mejor indicador para medir la repercusión social de un acontecimiento deportivo que el mero hecho de que los inmortales Mortadelo y Filemón le dediquen uno de sus títulos. Así ha sucedido durante años con los Juegos Olímpicos y los Mundiales de fútbol, así ha sucedido también últimamente con la Fórmula Uno… y así sucede también ahora mismo, en estos días, con el próximo Eurobasket 2007.

Aquellos que crecimos con sus historietas, aquellos que luego utilizamos a nuestros sobrinos y más tarde a nuestros hijos para así permitir que siguieran cayendo en nuestras manos, no podíamos de ningún modo desaprovechar la ocasión de abalanzarnos sobre ese volumen que nos saluda en las librerías y en cuya portada vemos reflejada nuestra mayor pasión, ese deporte nuestro que jamás imaginamos bajo la pluma del gran Ibáñez. Eso sí, en estos casos siempre es conveniente tener a mano a tu hijo de diez años, para justificar la compra…

Dicho y hecho, he aquí el Mortadelo Especial Eurobasket 2007, descubre todos los secretos del acontecimiento deportivo mas esperado del año de la mano de los agentes más ineptos del planeta… No tiene (aún) formato de historieta, más bien es una especie de manual de instrucciones rebosante de aportaciones muy chorras pero perfectamente apropiadas para aproximar el baloncesto a los niños (y a más de un adulto incauto).

Así podremos encontrar una Oda a nuestra selección, escrita por una voraz aficionada modelo Ofelia, que incluye estrofas como está bueno Gasol, sí, con su barba y con sus greñas, pero quien me pone a mí es ese Roberto Dueñas; me flipa su cuerpo todo, su mentón, sus omoplatos, y cuando alza los codos y se le ven los sobacos

Y menciones por supuesto a nuestra manida ÑBA, a cómo ésta habría calado en el público norteamericano hasta el punto de que los aficionados de los Grizzlies animarían a su equipo al grito de ¡Musho Memphis, musho Memphis es!, y ¡Viva er Memphis manque pierda!; no así los de los Raptors, que por supuesto lo harían cantando el Torontontero

Y qué decir de ese imprescindible diccionario, gracias al cual descubrimos que una FRACTURA es lo que te crobra el mrédico por crurarte, que el FLATO es como llamas al plato cuando te han roto todos los dientes, o que ESCOLTA es lo que le dice una china a un jugador cuando se lo encuentra desnudo en la ducha

Pero lo mejor está justo al final: como anticipo, las dos primeras páginas de la que será, por fin, la gran aventura de Mortadelo y Filemón en el Eurobasket 2007, de muy próxima aparición. No, para mí no, pero a mi hijo sí que tendré que comprársela, a ver qué voy a hacer, si a la criatura le va a hacer tanta ilusión…

Publicado octubre 18, 2012 por zaid en medios, preHistoria, selecciones

delirios veraniegos   Leave a comment

(publicado el 21 de julio de 2007)

 

Hace un par de años los legendarios Celtics, los arrogantes verdes, causaron sensación en la cosa ésa del draft: escogieron en primera ronda a Gerald Green y en segunda a Orien Greene, y para colmo escogieron también a Ryan Gomes, que no se apellida green ni falta que le hace, pero que es originario de Cabo Verde. Así lo glosamos aquí en su día, y muchos pensaron (con razón) que el exceso de sol había hecho mella en mi ya de por sí menguado cerebro. Y sin embargo…

Este año casi consiguieron despistarnos. Este año los Celtics escogieron en el puesto número cinco al alero de la Universidad de Georgetown Jeff Green e inmediatamente lo soltaron, se lo dieron deprisa y corriendo a los Sonics para que no nos diéramos cuenta… y de hecho casi no nos dimos cuenta, de hecho en pleno fárrago de elecciones y traspasos casi se nos pasó que los Celtics lo habían vuelto a hacer, que habían sido fieles a su historia (y a sus tradiciones, y a sus obsesiones) una vez más…

Danny Ainge debe padecer una especie de enfermedad, daltonismo céltico podríamos llamarlo: no es que vea todas las cosas de un determinado color, sino que necesita ver a su alrededor sólo cosas de ese color, el resto le repelen. Es como si el Real Madrid (de fútbol o de baloncesto, tanto da) fichara sólo jugadores apellidados blanco: Raúl González Blanco (anda, mira, qué casualidad), Saúl Blanco, Laurent Blanc, Rodney White, Blanca Ares… (mejor no sigo, no vaya a ser que les esté dando ideas).

Pero luego llegó su segunda elección, puesto 32, el segundo de la segunda ronda… Para entonces Taurean Green, el estupendo base de la Universidad de Florida, lo debía tener clarísimo, estaría tan feliz en su sofá, sólo esperando escuchar su nombre. Tal vez incluso se lo habría dicho su padre, Sidney Green, un histórico de la Liga: “hijo, qué más hubiera querido yo en mis tiempos… en mis tiempos elegían a los jugadores sólo por su valía, sin tener en cuenta su nombre, pero ahora tú por el mero hecho de apellidarte Green ya tendrás tu vida resuelta, tú serás un Celtic, hijo mío…” Y ése fue justo el momento en que los Celtics, por una vez, decidieron no ser fieles a sí mismos. El elegido fue efectivamente un base, el tal Gabe Pruitt de la USC, que no se llama Green ni su universidad viste de verde ni tiene un perro verde ni ná de ná… Y claro, nuestro Taurean cayó en picado, lo normal, si ni un solo equipo se acordaba ya de él, si todos habían dado por hecho que lo elegiría Boston, si ya no entraba en los planes de nadie… Le salvaron los Blazers, esos Blazers que buscan bases hasta debajo de las piedras, que no se fían de Sergio ni para ir al lavabo le rescataron finalmente en el puesto 52…

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Ecos de Sociedad: el séptimo día del séptimo mes del séptimo año del tercer milenio de nuestra era (esperar al séptimo milenio quizá se les habría hecho un poco largo), día de San Siete (y de San Fermín), el afamado baloncestista Tony Parker contrajo matrimonio (se desposó, decían los clásicos) con la afamada actriz y presunta sex-simbol (o afamada sex- simbol y presunta actriz, no sé) Eva Longoria, en un afamado templo de los afamados alrededores de París. A la afamada ceremonia asistieron algunas compañeras de trabajo de la novia, mujeres desesperadas en su mayor parte, y numerosos compañeros de trabajo del novio, afamados campeones en su totalidad.

Y ahora tocaría empezar con aquello de que la novia vestía traje de no sé qué, que si rasos, que si tules, que si organdíes (¿qué será eso?)… Pero no lo haré, básicamente por dos razones: porque soy un perfecto y absoluto ignorante en dichas materias, y porque apenas han trascendido imágenes de tan magno acontecimiento, dado que los egregios contrayentes decidieron de común acuerdo vender la exclusiva de la ceremonia a una publicación cardiovascular especializada que a cambio les compensó con la nada despreciable cifra de dos millones de dólares, módica cantidad que les será de gran ayuda para llegar a fin de mes, pagar la hipoteca y hacer frente a tanto gasto como estarán afrontando ahora estas pobres criaturas, que si el gotelé, que si la tarima (flotante), que si los muebles, que si… Dios aprieta pero no ahoga, ya se sabe.

Dado que dicha revista no ha llegado a nuestras manos (ni falta que hace), nos tendremos que conformar con una única fotografía, publicada en las páginas de sociedad de los periódicos de información general, en la que se puede apreciar a la joven pareja en posición erecta (o sea, de pie) y con las cabezas de ambos sorprendentemente cercanas, a partir de lo cual podemos colegir (y colegimos) que la novia debía llevar unos vertiginosos tacones modelo andamio, para de esta manera salvar los más de treinta centímetros de diferencia que habitualmente les separan.

A día de hoy aún no consta que el insigne Tony Parker (ya más Longorio que nunca) haya solicitado a la Liga cambiar su dorsal número 9 de toda la vida por el 7 (o aún mejor, el 07, no vaya a ser que no se deje Oberto); pero todo se andará…

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Una de duendes (esos extraños bichitos que, sobre todo en verano, tienden a colarse entre las teclas de los ordenadores, entre los dedos de los sufridos becarios…)

Hace unos días el Marca, en su edición digital, nos informaba que Andrés Nocioni ha llegado a un acuerdo con los Bulls de Chicago para renovar su contrato por cinco temporadas más (…) Aunque los términos económicos no fueron dados a conocer, se especula que Nocioni podría recibir entre 38 y 40.000 millones de dólares

40.000 millones de dólares… La verdad es que como sueldo no está mal, de hecho hay días que yo no lo gano (ni Bill Gates); te da para llegar a fin de mes sin excesivos agobios e incluso para darte un capricho de vez en cuando, como (por ejemplo) comprarte la franquicia, comprarte también el Baskonia, comprarte la Nación Argentina entera…

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Noticia futbolera (sí, futbolera; y futbolística, incluso): el Madrid ficha a Pepe. Dicho así suena hasta lógico, Madrid y Pepe suenan como dos términos condenados a entenderse, sería casi como decir el Barça ficha al Jordi, el CSKA ficha a Boris, el Casablanca ficha a Mohammed…

Pero este Pepe no es lo que parece. No es un señor bajito, calvo, con bigote y de Chamberí, sino un fornido mocetón brasileño que en realidad responde al bello a la par que conciso nombre de Képler Laveran de Lima Ferreira, nada menos.

Es decir: ¡¡¡le llaman Pepe, y sin embargo no se llama José!!! No me lo puedo creer… y por eso mismo, sólo espero que a partir de ahora ya nunca más tengamos que escuchar, en ningún partido de baloncesto, aquella frase que habremos oído ya unas doscientasmil veces, …Pepe Sánchez, que le llaman Pepe pero curiosamente no se llama José, en realidad se llama Juan Ignacio… (sí, señor Calvo –de apellido, no de alopecia-, precisamente en este momento estaba pensando en usted…)

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Otra de duendes…

El viernes 13 (buen día para las erratas) de julio, El País, en su edición impresa, nos contaba en un pequeño breve que los Grizzlies incorporan al serbio Milicic (…) El ala-pívot serbio será compañero de Pau Gasol, al que recientemente criticó por ser “un poco blanco”

¿Un poco blanco? Ciertamente Gasol es blanco, y no un poco sino muy, muy blanco (me refiero a color de piel, no a colores deportivos, por supuesto). Más blanco que blando, incluso… (Que dicho sea de paso, no deja de resultar sorprendente que sea Milicic, precisamente Milicic, con el magro currículum que atesora hasta la fecha, quien se permita dar lecciones de blandura –y de blancura- a Gasol…)

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Quien más quien menos, todo el mundo ha oído hablar de Malta. Una islita en medio del Mediterráneo, tan pequeña que no puedes pasear porque te sales (homenaje a Gila), que das dos pasos y te caes al agua… Un minúsculo país, muy bello según cuentan quienes tuvieron el placer de visitarlo, muy socorrido para interminables goleadas futbolísticas…

Pero lo que ya no imaginábamos era que en Malta también existiera el baloncesto (si apenas existe el fútbol…). Y sin embargo hace apenas unos días, la Bennetton de Treviso nos ha sorprendido con el fichaje de un jugador de baloncesto originario de dicho paisito. E inmediatamente surge la pregunta: ¿Qué cualidades atesorará dicho jugador, para que toda una potencia como la Bennetton acuda a rescatarlo de tan exiguo mercado?

Pues básicamente dos: Samuel Deguara (que así se llama el interfecto) tiene 16 años, lo que está muy bien, y mide 223 centímetros de pies a cabeza (o de la cabeza a los pies, tanto da), lo que está muchísimo mejor. De hecho ya es, a su aún tierna edad, el más alto habitante de aquel país (lo que tampoco tiene un especial mérito, dado que no hay muchos con quien comparar); de hecho uno se imagina que los de Treviso ni siquiera habrán necesitado viajar a Malta para verlo, que desde Italia ya se le debía divisar; de hecho si no consigue ganarse la vida con este deporte (cosa improbable) siempre podrá volver a su isla a trabajar de faro (no, de farero no, de faro, directamente)…

¿Será éste acaso aquél a quien llamaban El Corto Maltés?

Publicado octubre 18, 2012 por zaid en preHistoria, varios

en mitad de la escalera   Leave a comment

(publicado el 7 de julio de 2007)

 

Nunca me he creído los tópicos territoriales. He conocido a demasiada gente en demasiados sitios, a lo largo de demasiados años, como para no saber de verdad el único tópico cierto: que en todas partes existen personas de todas clases.

Los tópicos son muy socorridos, sobre todo, para los chistes: estableces un estereotipo y directamente ya puedes empezar a reírte de él. Pero yo conozco (por ejemplo) a muchísimos catalanes y no he encontrado nunca entre ellos a ningún agarrado, conozco a unos cuantos aragoneses que no son tozudos, conozco a bastantes andaluces y no son en absoluto vagos, conozco a infinidad de madrileños que no son chulos (también a alguno que sí que lo es, que al fin y al cabo ésta es mi ciudad y he tenido tiempo de ver de todo). Podría seguir eternamente porque cada región tiene el suyo, cada país tiene su propia cruz. No lo haré, porque al fin y al cabo están en la mente de todos (por eso son tópicos) y, sobre todo, porque no es ése el objeto de este intento de artículo.

Pero de entre todos estos estereotipos el más absurdo, el más estúpido me ha parecido siempre aquél referido a los gallegos: te encuentras a un gallego en mitad de una escalera, y nunca sabes si sube o si baja… Genial. Mira que habré estado unas cuantas veces en Galicia, mira que me habré encontrado gallegos en mi vida (incluso en una escalera, alguna que otra vez) y curiosamente jamás he tenido yo esa sensación. Si no sabes si sube o baja será porque no te fijes, o porque esté parado contemplando el paisaje, o porque tal vez seas tú el que no sabe a dónde va…

Y sin embargo, existe un sujeto en el planeta baloncestero que parece empeñado en que esta ridícula historia refleje más que ninguna otra su forma de ser, se convierta en su modo de vida. Del mismo modo que a veces de alguien decimos que desmonta los tópicos, de éste que nos ocupa habría que decir que monta los tópicos, que los refuerza. Por increíble que parezca, en él se hacen realidad las ideas más peregrinas, las más pintorescas leyendas. Y encima resulta que sí, que casualmente es gallego: de Chantada, provincia de Lugo. Su nombre es Fran (cisco), su apellido Vázquez.

Pero no nos engañemos, no nos quedemos con la copla, no caigamos en el error. Fran no es como es por ser gallego. Si en vez de nacer en Chantada hubiera nacido en Cabezón de la Sal, en Madrigal de las Altas Torres, en La Almunia de Doña Godina o en Bollullos de la Mitación (pongamos por caso), no resulta difícil imaginar que Fran sería exactamente de la misma manera. Nacer en un determinado lugar puede imprimir carácter, pero no tanto carácter. No la personalidad entera.

Además si analizamos con más profundidad descubriremos que en el fondo Fran no se parece en nada al típico tópico gallego que nos quieren vender en los chistes, ése que se reserva su opinión, que no se moja ni aunque le echen agua, que nunca contesta sí o no, sino depende. Fran no es así. Fran jamás dice depende. Fran dice sí, y al día siguiente dice no, y días más tarde vuelve a decir sí, y luego otra vez no, y pasado un tiempo vuelve a ser sí, y… Lo suyo no es reserva, es indecisión. O más bien, la incapacidad de mantener una decisión. Es puro desconcierto.

Es como aquella escena de una inolvidable película de hace ya demasiados años, La Leyenda de la Ciudad sin Nombre: justo cuando la ciudad (sin nombre) comienza a desmoronarse, la gente comienza a huir, los compases de aquella canción (I was born under a wandering star…) comienzan a sonar y alguien dice: “hay dos tipos de personas, los que se van, y los que se quedan”, a lo que el personaje de Lee Marvin le responde que “yo más bien creo que hay dos tipos de personas, los que van a alguna parte, y los que no van a ninguna”. Quizá podría haber añadido que en realidad hay dos tipos de personas, los que saben a dónde van y los que no saben a dónde van. O que tal vez haya sólo dos tipos de personas, los que se van, y los que se dejan llevar.

Pero lo grave no es no saber lo que se quiere. Todos, a lo largo de nuestra vida, hemos sido indecisos alguna vez (o muchas), todos nos hemos preguntado qué camino tomar, todos hemos dudado, cómo no vamos a dudar si al fin y al cabo la duda es una característica esencial del ser humano (¿me estará quedando muy filosófico el artículo? Filosofía barata, en todo caso). Lo grave no es la indecisión, lo verdaderamente grave es la falsa decisión. Es estar seguro de algo un día, y al siguiente estar seguro de exactamente todo lo contrario.

Por ejemplo: un día de finales de primavera (o de comienzos de verano) de 2005, Fran lo debió tener meridianamente claro. Aquel chaval que un día pensó que iba para portero de fútbol en su Chantada natal ya había crecido, ya se había moldeado como jugador en sus años del País Vasco, en Málaga, en Canarias, en Málaga de nuevo… Así que estudió la situación, procesó todos los elogios, desoyó todas las críticas, comparó todas las ofertas, se sintió seguro, ya no lo dudó. Se iba a la NBA, la decisión estaba tomada. El futuro era suyo.

No, tal vez él no dijera explícitamente me voy a la NBA, sí o sí. Pero a veces tus actos hablan más de ti que tus propias palabras (y más aún cuando se trata de un hombre de pocas palabras): él podría haber sido discreto, primero esperaré a ver en qué puesto salgo, luego veré qué posibilidades tengo… No, ni hablar. Él se fue a Nueva York unos días antes del draft, participó en todos los saraos, se hizo todas las fotos habidas y por haber, de algún modo provocó que a todos los ejecutivos de todas las franquicias se les empezase a hacer la boca coca-cola con aquel mocetón de seis pies y diez u once pulgadas venido de tan lejos y que por alguna misteriosa razón jamás paraba de sonreír. Si hasta le llegaron a poner apodo, Fran the Man (y quién sabe si con el tiempo no le habrían acabado llamando Franchise, Franquicia, como a otro que yo me sé…)

Y ahí no paró la cosa: fue elegido en el puesto 11, un puesto con el que soñaría (casi) cualquier jugador llegado de allende los mares. Le escogieron los Magic de Orlando y parecía (casi) el destino perfecto: Estado de Florida, viajes transoceánicos más cortos, buen clima, ciudad agradable, juego interior no excesivamente poblado, fundada posibilidad de conseguir minutos… Y él escuchó su nombre, se calzó la gorra azul de los Magic, se dirigió al escenario más feliz que un regaliz, estrechó la mano de Stern con una sonrisa que no le cabía en el rostro, la felicidad rebosando por todos los poros de su cuerpo…

Podría haberse cortado aquí, decir señores, hasta aquí hemos llegado, como broma ya ha estado bien… Pero él no se cortó, él se metió en un avión con destino a Orlando, rodeado de orlandeses convencidos de haber encontrado por fin la pieza que necesitaban para completar su limitado juego interior; y al llegar habló con la prensa, posó para los medios, se hizo chiquicientasmil fotos destinadas a ilustrar todos los carteles de propaganda, todos los folletos publicitarios para captación de abonos, todo lo habido y por haber, la biblia en verso, y luego se fue de vacaciones que bien que se lo tenía ganado el chico, tras este periplo agotador…

No pasó ni una semana: que no, miren, que es que me lo he pensado mejor y me he dado cuenta de que yo todavía no estoy preparado para jugar allí, sepan que yo les tengo presentes, que siempre les llevaré en mis pensamientos y en mis oraciones y que iré para allá cualquier día de estos pero ahora todavía no, y no se preocupen por mí que yo estaré bien, estaré en una ciudad estupenda llamada Girona, que allí no tienen Disneyworld pero a cambio tienen un magnífico casco antiguo, y unas preciosas casas pintadas de colores enfrente del río, y un equipo de nombre muy raro que me va a pagar un pastón que ustedes ni se imaginan, es que no pueden ni hacerse siquiera una idea de lo que me van a soltar…

Y llegados a este punto, llega el momento de formular la que podríamos denominar primera paradoja de Fran: días antes del draft yo era de los convencidos de que aún era demasiado pronto, de que a Fran le convendría permanecer aquí, esperar al menos un año antes de dar ese salto. ¿Por qué, si su juego enamoraba, si mostraba buenos pies, buena mano, si reboteaba y taponaba como el que más? No sé, quizá porque le veía saltar a la cancha y empezar a cometer faltas una tras otra, durar apenas tres, cinco minutos y ya tenerse que volver al banquillo, y yo le imaginaba en USA, con lo que son allí con las faltas de los rookies, y pensaba madre mía, a esta pobre criatura cuando llegue allí me lo van a crujir…

Y algo más, algo que no sé cómo explicar (o quizá sí, pero no me atrevo). Evidentemente yo no conozco personalmente (ni de ninguna otra forma) a Fran Vázquez. No tenía más idea de él que la que me había formado a partir de alguna entrevista. Y sin embargo, a partir sólo de esa idea, yo tenía la inequívoca sensación de que este tío lo iba a pasar muy mal al otro lado del charco. Imaginaba incontables dificultades de adaptación, terribles problemas de integración, aún más terribles problemas con el idioma (¿cómo se las iba a apañar con el inglés si apenas poseía un verbo fluido en castellano?)

Es decir, que yo debería haberme puesto como unas pascuas cuando anunció que de momento se quedaba por aquí; ¿acaso no era eso precisamente lo que él necesitaba? Y sin embargo (y ahí reside la primera paradoja) no me alegré, en absoluto, más bien todo lo contrario. ¿Por qué? Pues no sé, quizá porque ya me había hecho a la idea, quizá porque me pareció que ya era demasiado tarde, quizá porque intuí que le iban a colgar la etiqueta de jugador incapaz de cumplir sus compromisos e imposibilitado para asumir nuevos retos, quizá porque imaginé que se iba a quedar marcado con esa cruz para el resto de sus días, quizá porque pensé que estaba haciendo el ridículo…

Pero hay una segunda paradoja de Fran, mucho más chocante aún que la primera: vale, sí, quedarse le serviría para continuar formándose aquí como jugador, para corregir sus defectos y perfeccionar aún más sus virtudes antes de dar el gran salto. Y ha pasado no ya un año, sino dos, y sin embargo… ¿alguien podría atreverse a afirmar con rotundidad que Fran Vázquez sea mejor jugador hoy que hace dos años? ¿Le ha servido de algo permanecer aquí todo este tiempo? ¿Qué es lo suyo, estancamiento o empeoramiento? ¿Se ha detenido su progresión, o más bien ha entrado en franca regresión?

Y más: ¿Qué fue de aquel jugador del Eurobasket de Belgrado 2005, aquél por cuya presencia clamábamos contra Pesquera para que le diera más minutos, aquél que se salió la noche decisiva contra Croacia, el que cuando todo estaba casi perdido nos lo arregló con aquel rebote más canasta tras tiro libre? ¿Dónde, cómo, cuándo se nos fue perdiendo a lo largo de todo su año gerundense? ¿Por qué el verano pasado hubo unas cuantas voces que insinuaron, de forma más o menos ambigua, que su lesión no había supuesto un contratiempo sino más bien una bendición para la selección en Japón (todo me acaba en on), que él no se integraba, que no encajaba ni con cola en aquel grupo maravilloso?

Pero hete aquí que de repente se apareció el Barça, un club en pleno padecimiento de uno de esos típicos síndromes de equipo grande, más pendiente de montar una especie de selección europea que de fichar exclusivamente en función de sus necesidades reales. Fran Vázquez era un trofeo más que añadir a su colección. Total cuatro años de megacontrato, y mientras en Girona… En Girona podrían haberse tirado de los pelos por perder a su buque insignia, pero en su lugar dieron palmas con las orejas por haberse quitado ese enorme peso de encima.

2006-2007. Fran dirá que nunca tuvo continuidad, que nunca tuvo la confianza de su entrenador, y será cierto. Pero quizá cabría preguntarse qué fue antes, si el huevo o la gallina: si fue Ivanovic el que nunca confió en él, o fue Fran el que nunca hizo lo suficiente para ganarse la confianza de Ivanovic. Dicen que se juega como se entrena, y si resulta evidente que a Fran jamás le salen dos partidos buenos seguidos, quizá no sería descabellado pensar que tampoco será fácil verle entrenar bien dos veces seguidas.

Pero aún quedaba la penúltima vuelta de tuerca: Recién acabada la Liga, aún calientes las (presuntas) broncas de Ivanovic tras la final ACB, Fran salió a la palestra y dijo que esta vez sí, que se iba a la NBA, que ahora ya sí que se sentía preparado (¿?), que ya por fin era el momento, que la gente de Orlando le había estado siguiendo en estos últimos meses, que habían mantenido conversaciones y estaban como locos por contar con él…

Y mira que nos quedamos estupefactos, pero Fran sabe bien que nuestra capacidad de asombro es inagotable: a cada sorpresa le sucede una mayor. No habían transcurrido ni 24 horas y Fran volvió a salir a la palestra para decir que no, que no se le había pasado por la cabeza marcharse a la NBA, que tenía un contrato y pensaba cumplirlo, que no tenía más idea en la cabeza (eso puede que fuera cierto) que la de cumplir su contrato… (sólo le faltó añadir que el día anterior le habían malinterpretado sus palabras… o quizá también lo dijera, quién sabe). Y seguro que aquella noche se miró al espejo y se sintió tan orgulloso, tan a gusto consigo mismo.

¿Qué pensarán en Orlando de todo esto? Tal vez estarán ya al borde de la esquizofrenia. O tal vez se lo estarán tomando con humor, quizá se estén planteando una nueva atracción en Disneyworld que podría llamarse La Escalera de Fran (Fran’s Stairs), y que sin duda hará las delicias de chicos y grandes: peldaños que suben y bajan, que cambian de dirección sin previo aviso, puertas que se cierran, otras que no llevan a ninguna parte, la salida que no aparece por ningún lado… Por si no se les había ocurrido, aquí les dejo la idea (y gratis, además); al menos algo bueno sacarán de toda esta historia.

Pero me temo que la vida real no es una atracción de parque temático (ojalá lo fuera, por otra parte). Toda escalera tiene un principio y un final, e infinidad de rellanos, de puertas de salida… Y Fran tiene que encontrar la suya, de una vez por todas. Tiene que serenarse, que centrarse, que decidir qué quiere ser de mayor, que ya va estando en la edad: un jugador del montón, o bien uno realmente bueno. Si elige montón lo tiene muy fácil, le bastará con seguir como hasta ahora. Sin más.

En cambio, si elige bueno, deberá tener presentes unas cuantas reglas básicas: que (como dicen los famosos en las entrevistas) lo más difícil no es llegar, sino mantenerse (y aún no consta que haya llegado casi a ningún sitio, como para pensar ya sólo en el mantenimiento); que en esta vida nadie te regala nada, así que si quieres algo mejor será que te lo vayas currando; que si tienes un sueño tendrás que ir a por él, porque él solo no va a venir a buscarte a la puerta de tu casa; que tu palabra merece un respeto, pero para eso tendrás que ser tú el primero en respetar tus propias palabras; que ya que te pagan tantísimo dinero por hacer lo que haces, procura al menos hacerlo bien, procura que te importe (o al menos, que parezca que te importe), procura disfrutarlo, procura merecerte el privilegio de estar donde estás.

Y que ya no eres aquel niño de Chantada que jugaba a ser portero de fútbol. Eres un hombre muy hecho y muy derecho, pero te has quedado ahí, en mitad de esa escalera, sin que los que te vemos sepamos jamás cuál será tu siguiente peldaño. Ya está, elige el que quieras, el de arriba, el de abajo, el del medio… pero procura que detrás de ese peldaño venga otro, y luego otro, y otro, y sobre todo procura que todos ellos vayan en la misma dirección. No más marchas atrás, no más indecisiones ni contradecisiones, no más palos de ciego. No permitas que dentro de unos años sólo se recuerde a Fran Vázquez como lo que pudo haber sido y no fue.

Publicado octubre 18, 2012 por zaid en ACB, NBA, preHistoria

los gozos y las sombras   Leave a comment

(publicado el 25 de junio de 2007)

 

Ustedes me perdonarán que atente contra la memoria del gran Torrente Ballester, apropiándome indebidamente de su título para encabezar otro balance más, el enésimo resumen de otro año de ACB en TVE…

 

Sombra: la clandestinidad. No nos quedemos sólo en lo sucedido en estos últimos días, cuando la propia emoción de la final, unida al hecho de que ésta fuera precisamente un Madrid-Barça y no otra, obligó al Ente a replantearse su eterna filosofía, a descubrir la potencial rentabilidad de un producto que permanecía olvidado en el último rincón de su segunda programación. No nos quedemos sólo en esa explosión final, miremos hacia atrás, hacia lo ocurrido a lo largo de toda la temporada…

Y descubriremos que, salvo honrosas excepciones, la ACB ha vivido otra temporada más (una temporada de oro, decían allá por octubre) en la clandestinidad, en el ostracismo más absoluto. Vale, los del baloncesto estamos acostumbrados a ir por detrás del fútbol (faltaría más) y ya nos hemos acostumbrado a ir también por detrás de las motos (a la fuerza ahorcan), pero… ¿ir también por detrás de la vela, ese bello deporte al alcance de todos los bolsillos que arrastra multitudes y levanta pasiones allá por donde pasa? Francamente no sé si estábamos preparados para esto…

Claro, no faltará (espero) el lector escéptico que piense hay que ver, ya están estos mendigando, los del baloncesto siempre llorando, siempre quejándose… Pues tampoco. Ya ni siquiera pedimos mucha promoción, con tener sólo la justa y necesaria ya nos conformaríamos. Y ni siquiera pedimos ya que nos igualen a las motos, entre otras cosas porque…

Miren, les voy a ser sincero: quizá no se den cuenta, pero con tanto vender la moto están haciendo un poco el ridículo (y con la dichosa Copa del América ya no digamos). Ustedes lo intentan, hacen lo que pueden pero se les ve demasiado la intención. Todo lo que en Tele5 es naturalidad en ustedes es artificiosidad. Ves a los de TeleAlonso hablando de Fórmula 1 como si no existiera otra cosa en todo el orbe y no te chirría, pero ves a los voluntariosos profesionales del Ente intentando hacer lo mismo con las motos y piensas pero qué les pasa a éstos, qué se han tomado, por dios… De verdad se lo digo, ustedes me perdonarán pero resultan un poco patéticos, es como si yo a estas alturas de mi vida me fuera por los pueblos en plan charlatán de feria, a vender relojes o alfombras o crecepelos o cualquier otra cosa, además de no comprarme nada me tirarían piedras…

Pero no se me asusten, porque es hasta normal que sea así. A lo mejor la naturalidad de Tele5 obedece simplemente al hecho de que son una televisión privada, por lo que su único objetivo es el hacer negocio, por definición. Y la artificiosidad de TVE obedece precisamente al hecho de que son una televisión pública, no saben vender porque no está en su naturaleza, llevan cincuenta años siendo así, no es fácil que ahora sepan ser otra cosa. Es así y está bien que así sea. Por eso los del baloncesto, conscientes de su situación, no pedimos que nos pregonen, tan sólo pedimos que no nos arrinconen. No hace falta que estén hablando de nosotros a todas horas, qué va, con que informen sólo cuando haya algo destacado ya nos conformamos… (y lo hay a menudo, no se vayan a creer, no sólo cuando el Madrid y el Barça coinciden en la final de Liga o en la de Copa, no, también otras veces). En realidad los del baloncesto ya ni siquiera pedimos promoción, pedimos sólo nuestra cuota de información, la que creemos que nos corresponde. Gracias.

 

Gozo: los horarios. Vale, sí, el hecho de que la final haya sido un Madrid-Barça explica muchas cosas. Pero no explica necesariamente todas las cosas. Las audiencias, por ejemplo. Por supuesto que esta final siempre va a tener más audiencia que un Baskonia-Unicaja o un Estu-Penya, esto es así nos guste o no nos guste (y a mí particularmente no me gusta demasiado). Es una razón, es probablemente la principal razón. Ahora bien, ¿es la única razón?

Probablemente la mejor decisión de Televisión Española con respecto a la ACB en estos últimos años haya sido la de retrasar el horario de los partidos entre semana. Y puede que lo hayan hecho sin querer, sin ni siquiera darse cuenta: ellos simplemente cambiaron su programación, el sacrosanto e inamovible La2 Noticias de las diez de la noche pasó a ser igualmente sacrosanto e inamovible, pero a las 20:30. ¿Consecuencia? Si ustedes quieren que les sigamos televisando su baloncesto, o lo adelantan a las seis (precedentes hay de algún intento en ese sentido) o lo retrasan a las nueve… Y de repente, probablemente de puro rebote, la ACB vio el cielo abierto. Y nosotros también.

No, una final Tau-Unicaja no vale lo mismo que una final Madrid-Barça en términos de audiencia. Pero una final que se juega los martes y viernes a las 20:00 en pleno mes de junio, primavera volviéndose verano, días eternos, calles y terrazas a rebosar, tampoco vale lo mismo en términos de audiencia que una final que se juega los martes a las 21:00 y los viernes a las 21:30. Por algo lo llaman prime time…

 

Sombra: el adiós de Barthe. Ya ha pasado cierto tiempo y ya está el tema manido hasta la saciedad, así que no reiteraré lo ya escrito, aquí y en tantos otros sitios. Pero no me aguantaré (no suelo aguantármelas) las ganas de mencionar un aspecto muy particular, que con tanta emoción quizá nos pasó más desapercibido en su día: la oportunidad. Es decir, la inoportunidad.

La ACB no es la Euroliga, esa sucesión de partidos que conllevaba una incesante alternancia de comentaristas semana tras semana. La ACB suele ser (en temporada regular, en condiciones normales) un único partido por TVE a la semana. Y esta temporada, por fin, decidió preocuparse siquiera un poquito por él. Reuniones (imagino) con el Ente, de las que debió salir (entre otras cosas) el acuerdo de que hubiera un único equipo consolidado para todos los partidos, en lugar del incesante baile de comentaristas al que se nos sometía en temporadas anteriores.

Y llegados a ese punto, me pregunto: ¿era imprescindible tocar el vértice de ese triángulo, la pieza fundamental de ese equipo, justo a mitad de temporada? ¿Era imprescindible prejubilar a Barthe precisamente a primeros de abril, con la temporada regular a punto de acabar y los playoffs a punto de caramelo? ¿Habría sido tan terrible esperar a que finalizara la Liga, apenas dos meses y medio más tarde? Ya no entro a valorar si la política de prejubilaciones es justa o injusta, lógica o ilógica. Ni lo sé ni tengo por qué saberlo. Sólo valoro la oportunidad. Y en ese sentido, el momento no pudo ser más inoportuno.

 

Gozo: Arsenio. Tras la marcha de Barthe cundió el desasosiego en la población baloncestera. Algunos (y más aún con el gran Riveras en su exilio motero) ya nos temíamos a Nacho Calvo heredando el trono, en nuestras peores pesadillas ya le imaginábamos llevando su alegría sin par y su chispa inigualable a los playoffs de la ACB, a la ACB entera sumida en la calvicie para siempre jamás por los siglos de los siglos… (amén).

Poco duró nuestra desazón. Antes de llegar el siguiente partido ya supimos, por comunicado oficial, que Barthe sería remplazado por Arseni Cañada. Y si en aquel momento suspiramos de alivio, ahora podría decirse que el alivio se ha convertido en gozosa satisfacción. Arsenio disfruta con su trabajo y disfruta aún más con su (nuestro) deporte, cualidad imprescindible para que ese disfrute se traslade a los espectadores. Arsenio conoce este juego desde mucho antes de narrarlo, posee experiencia arbitral incluso. A Arsenio nadie le podrá acusar de parcialidad (o tal vez sí, que hay gente pa tó) porque canta por igual todas las canastas, vibra con los triples de un lado exactamente igual que con los del otro. Y Arsenio es espontáneo, es natural como el agua que llega corriendo alegre desde el manantial (que diría la copla), sabe meter la pata y sacarla después con gracia, sabe salir de los apuros con sencillez. Sabe ser un buen profesional que parece adorar su profesión, y eso no es poco en estos tiempos que corren.

En cuanto a Calvo, yo en mi eterna ingenuidad pensé (dado que desconozco su edad, ni me importa) que tal vez también le habría caído en gracia la prejubilación, ya ves tú qué lástima… hasta que un día puse la tele y se me apareció narrando la final de Roland Garros con ese estilo suyo vibrante, chispeante (casi me duerme, lo que ya tiene mérito tratándose de todo un Nadal-Federer) que por sí solo explicaría la inesperada huida de buena parte de la audiencia prevista. Su permanencia en el Ente, unida a la ausencia de Barthe, explican mejor que ninguna otra cosa lo absurdo de un sistema de prejubilaciones basado sólo en la edad, en vez de en la… Ah, sí, es verdad, que no es mi tema, que prometí que no iba a hablar de eso. Pues eso, que Nacho Calvo está en el tenis, que siga allí por muchos años… (pero no quiero acabar sin expresar desde aquí mi más profunda solidaridad con los aficionados al noble deporte de la raqueta, no vaya a ser que a alguno le dé por leer esto y se acuerde de mis más allegados familiares…)

 

Sombra: la desaparición de previos. En realidad habría que hablar de la desaparición de previos, de la desaparición de post-partidos, de la desaparición de un mínimo espacio aprovechable en los descansos…

Si en algo hemos ido de más a menos (y de menos a nada) es en esto. Hubo un tiempo, allá por octubre de 2006, en el que los previos duraban media hora, los reportajes posteriores quince o veinte minutos y en los descansos todavía quedaba tiempo para algún vídeo y alguna que otra entrevista, junto con la pizarra habitual de Creus. Había desaparecido Zona ACB pero no nos importaba, su contenido quedaba remplazado con creces por todos estos vídeos que rodeaban al partido por delante, por detrás y por el medio.

¿Ahora? Ahora se conecta con el tiempo justo para ver salto inicial (y eso gracias a que no empiezan hasta que se establece la conexión, porque ésta llega casi siempre con varios minutos de retraso con respecto al horario previsto); al acabar se devuelve la señal a Torrespaña casi siempre perdiendo el culo (con perdón); y en el intermedio, salvo raras excepciones, la pizarrita de Creus y punto.

 

Gozo: las chicas. Y pido perdón de antemano por utilizar esa expresión (que tal vez algunos encontrarán sexista, discriminatoria, etc) para referirme a esas dos buenas (y virtuosas) profesionales llamadas Fe y Virtudes, López y Fernández… que parecían condenadas al más absurdo de los ostracismos merced a lo que explicábamos en el punto anterior, la desaparición del pre, del post, de todos los prefijos y sufijos que pudieran rodear al partido mismo.

Hasta que llegó Arsenio, y todo cambió. Supongo que su planteamiento debió ser, ya que no tenemos tiempo para entrevistas ni antes ni durante ni después, pues entonces démosles más bola durante, para que aporten algo, para que cuenten cosas, para que se sientan útiles, para que al menos justifiquen con creces su presencia. Dicho y hecho. Ya no tenemos apenas entrevistas, pero al menos tenemos información puntual de primera mano sobre lo que sucede a cada momento en cada banquillo.

Sombra: ¿y Zona ACB? Decíamos hace cuatro párrafos que en un principio su virtual desaparición no nos importó porque de hecho no había desaparecido, dado que era exactamente eso mismo lo que veíamos antes y después de cada encuentro. Pero todo aquello fue poco a poco desapareciendo hasta quedar reducido a la nada, al cero patatero absoluto (sí, me estoy repitiendo). Y sin embargo Zona ACB no reapareció por ningún otro rincón de la programación de La2 (salvo error u omisión por mi parte). Es decir, que en esto hemos acabado peor que hace un año por estas fechas: sin ni siquiera un mínimo espacio, por pequeño que fuera, para hablar de nuestro baloncesto en nuestra televisión pública, casualmente la misma que posee los principales derechos para hacerlo.

 

Sombra: la realización. Sombra atenuada, pero sombra aún. No cabe duda de que las cosas han mejorado en este aspecto, no cabe duda de que ya son muchas menos las ocasiones en las que una repetición se come el juego en vivo… pero que sean muchas menos no significa que no ocurra aún alguna vez, que aún nos podamos quedar sin ver un contraataque por culpa de una repe que perfectamente podría haber esperado varios segundos más… Ya no pasa casi nunca, esperemos en breve poder suprimir el casi.

Y sin embargo… ¿es necesario enfocar la cara de uno o de ambos entrenadores cuando el balón está en juego, comiéndonos unos segundos de éste? ¿Es imprescindible cambiar de plano en los contraataques, pasar de una cámara a otra justo cuando se va a dejar el mate o la bandeja, de tal manera que ese momento culminante al final no lo vemos ni con una cámara ni con la otra? ¿Cómo es posible que a veces lleguemos a ver hasta tres repeticiones de una situación de pasos sin que ni en una sola de ellas se vean los pies del jugador? ¿Cómo puede ser que a veces lleguemos a ver hasta tres repeticiones de una canasta dudosa sobre la bocina sin que ni una sola vez el tirador y el tablero (no digamos ya el reloj) coincidan en el mismo plano? (el día tengan que utilizar en serio la cosa esa del instant replay, que dios nos coja confesados…). Mención especial en este apartado para el realizador del cuarto partido de la final, que consiguió, precisamente en el momento culminante de la temporada, hacer una de las realizaciones menos afortunadas de la temporada. ¿Quizá por la presión de salir en La Primera? Quién sabe…

 

Gozo: Creus. Un año más, lo mejor del baloncesto en TVE. Muy pocos analizan el juego como él, muy pocos son capaces de explicarlo con tanta sencillez y claridad. Y sí, ya sé que esto se ha dicho ya demasiadas veces pero no estará de más repetirlo, aunque sólo sea para no dejar nunca de valorarlo en su justa medida.

Sombra o gozo, según: Romay. Va en gustos, y para empezar habré de reconocer que Romay no me seduce como comentarista (ni como ninguna otra cosa). Me parece que aporta bien poquito… pero es que quizá se trate de eso. Quizá no le hayan puesto ahí para hacer aportaciones técnico-tácticas (que para eso ya está Creus) sino para hacer aportaciones erótico-festivas que sirvan de contrapunto a la erudición del gran Chichi. Y en ese sentido, probablemente responda con creces a lo que se pretende. Aunque a mí me deje frío.

Ahora bien, la gente que se queja de Romay no se queja de que sus comentarios sean mejores o peores, ni de que sus chascarrillos les hagan más o menos gracia. La gente que se queja de Romay le echa en cara su tendenciosidad, su parcialidad. Y esto también es discutible: probablemente si Romay hubiese jugado toda su carrera en el Breogán (por ejemplo) nadie le miraría con lupa ni se enfadaría por sus comentarios, aunque estos fuesen exactamente los mismos que son (claro que si Romay hubiese jugado toda su carrera en el Breogán tampoco habría llegado nunca a comentarista, ni a presunta estrella de programas de variedades, ni a…). En ese sentido su pasado madridista juega en su contra, tanto como un día jugó en su favor.

Pero sí es cierto que hubo momentos, sobre todo hacia la primera mitad de temporada, en los que se le vio demasiado el plumero blanco: que si era falta y no la han pitado, que si no era falta y la han pitado… Pero en un determinado momento algo cambió: quizás alguien le dijo que se cortara, o tal vez algún día le dio por cotillear en algún foro y simplemente captó las sutiles insinuaciones que allí se hacían hacia su persona… Hoy todavía se le escapa alguna cosa de vez en cuando (y a menudo notas que otras están a punto de escapársele, y hasta llega a apreciarse cómo se muerde la lengua); pero sabe disimular, sabe mirar para el otro lado y comentar también lo clara que era esa falta no señalada que le han hecho a Navarro (por ejemplo). Evidentemente él no va a cambiar a estas alturas, no va a dejar de pensar como piensa pero sí es lo bastante inteligente como para conseguir que se le note lo menos posible.

 

Sombra: los tiempos muertos. Aunque Arsenio deje de hablar inmediatamente, aunque corte súbitamente a sus dos contertulios, aunque anuncie a los cuatro vientos que se trata de un tiempo muerto dará exactamente igual, porque inevitablemente pasarán unos segundos antes de que alguien espabile al tío de la tecla, de que le digan macho, mete ya los anuncios que luego se nos va el tiempo, de que aquel tipo reaccione y apriete finalmente el botón…

Y entonces llega la cortinilla de La2, insospechadamente larga. Luego la cortinilla de los patrocinadores ACB, y a continuación aparecen la 0,0 que desata la euforia, la meravigliosa creatura, la tarjeta del basket que nos trae viajes, descuentos y regalos, los diez pavos vestidos de azul y rojo que no saltan a por el balón porque eso es lo que pasaría si todos fuéramos del mismo club… Total, cuatro anuncios (incluso cinco alguna vez), pongamos que a veinte segundos cada uno, más dos o tres cortinillas. Para el espacio entre cuartos, que invariablemente se acaba llevando sus dos minutos, quizá no esté mal. Pero para un tiempo muerto, un minuto que con lo que tardan en irse y en volver viene a sumar aproximadamente minuto y medio, es sin duda demasiado. Lo sé yo, lo sabemos todos los aficionados, lo saben los profesionales cada vez que se recupera la conexión con el balón ya en juego… Falta que lo sepa quien más debería saberlo, el responsable de todo esto. O quizá él también lo sepa pero le dé igual, le traiga al fresco, total qué más da, total a quién le van a importar unos segundos de menos, total a quién le puede interesar esto tan raro que no se juega con los pies…

 

Sombra: el envoltorio. Muchos nunca lo conocieron, muchos otros no lo recordarán pero puedo asegurar que hubo un tiempo, allá por los felices 80, en el que Estadio 2 fue un extraordinario programa deportivo. De la mano de la fantástica Olga Viza como directora y presentadora, aquello era televisión de calidad en estado puro. Retransmisiones en directo generalmente bien contadas, buenos especialistas en el estudio para explicarlas, fantásticos reportajes, magníficas entrevistas en el plató y sobre todo una permanente sensación de interés, de amenidad, de frescura que llegaba de inmediato al telespectador. Te hacían disfrutar de lo que ya te gustaba y te hacían interesarte por lo que no te gustaba, incluso por lo que nunca pensaste que te podría llegar a gustar.

Aquello fue decayendo poco a poco hasta casi acabar en picado; el programa se sumió en la monotonía, en una mera sucesión de retransmisiones y vídeos sin hilación alguna, pero aún así hubo épocas en las que su presentador mantuvo todavía cierta complicidad con el espectador: en los años de (la maravillosa) Cristina Villanueva o en los de Pedro Barthe (previos a su fugaz paso por los despachos) todavía se transmitía esa motivación, ese gusto por contar bien las cosas…

Hoy Estadio 2 tiene un presentador (de cuyo nombre no quiero acordarme) cuyo nivel de monotonía supera todo lo conocido en la historia de la televisión mundial (creo que hasta Nacho Calvo, si se pusiera, lo haría con más gracia). Va dando paso a las diferentes transmisiones con un mono-tono que de puro aséptico resulta administrativo, funcionarial, mortecino incluso. Aquello no parece un programa de deportes, parece el BOE. Es como si se le hubiera encomendado la misión de expulsar de La2 a los escasos espectadores que aún le quedan (¿objetivo: audiencia cero?), ¿quizá para que se pasen a TVE1? No sé, a lo mejor es eso…

Sea como fuere, ése es el marco con el que tiene que convivir la ACB los sábados y/o los domingos. Es como si te dieran un estupendo regalo envuelto en papel de estraza, en papel de periódico, en papel higiénico incluso. Por bueno que sea lo de dentro, no será fácil que te atraiga si te lo dan con un espantoso envoltorio por fuera.

 

Sombra: ¿antigualla? A ver cómo explico esto sin que chirríe demasiado. Uno, desde su atalaya, tiene la sensación de que cada canal tiene su segmento de audiencia, tiene en cierto modo el público que quiere tener. Si ves Cuatro imaginas un público joven, si ves Tele5 imaginas mediana edad, a Antena 3 le presupones una audiencia familiar… y si ves Televisión Española imaginas un público digamos que tirando a mayor, precioso eufemismo para no tener que decir viejo (estoy generalizando, por supuesto). TVE es la tele de mi suegra: Cine de Barrio, Mira quién Baila, Lluvia de Estrellas, Corazón de Verano, las telenovelas de sobremesa, España Directo, Saber Vivir, Por la Mañana, Gente, la Tele de tu Vida… Y su tele en La Uno, y no le hables de cambiar de canal que le dará un vahído, y no vayas a cambiárselo tú que le pegarás un susto de muerte, no vaya a ser que luego no sepamos volver al canal de antes…

No es una crítica, en absoluto. Algunos hablarían de televisión casposa pero no seré yo quien utilice esa expresión, porque me parece una opción tan válida como cualquier otra. Cada televisión es más o menos lo que quiere ser, y TVE, de tanto intentar ser la televisión de todos (cosa imposible), ha acabado siendo la televisión de (sobre todo) un segmento muy concreto de población. No, no es algo que tenga que ver con la antigüedad del canal, como tampoco es algo que vaya a cambiar por el rejuvenecimiento forzoso de su plantilla. Sólo es una consecuencia del modelo de televisión que ofrece. Que no es malo ni bueno, es simplemente real, algo que percibo yo y que perciben también aquellos que me rodean. Y que salpica a sus dos canales: hubo un tiempo lejano en el que La2 era un lugar alternativo, contracultural, exclusivamente para minorías más o menos inmensas. Pero hoy, en medide una oferta infinitamente mayor, La2 parece caminar hacia su autodestrucción, sin nada en ese proceso que la diferencie del modelo general de televisión que esa casa ofrece.

Esta es la sensación general que envuelve a nuestro deporte semana tras semana. Y evidentemente un deporte no es ni joven ni viejo (ni mejor ni peor) por el hecho de que sea una televisión joven o una vieja la que lo emita. Pero seguramente sí existe el riesgo de que una buena parte de la población así lo perciba, simplemente por englobarlo en la programación que da ese canal. Para muchos el baloncesto sería sólo una más de las antiguallas de TVE. Y a mí nada me parecería más triste ni más terrible que esto, que uno de los deportes más jóvenes y frescos que existen pudiera llegar a ser percibido como un deporte antiguo. Así que casi prefiero pensar que esto es sólo una idiotez de las mías, una de esas neuras que me dan a mí de vez en cuando, sin ningún tipo de conexión con la realidad… Ojalá.

 

¿Resumiendo? Cuatro gozos, ocho sombras y una duda: es decir, un balance final de 4 a 8, ó de 4,5 a 8,5 si se prefiere. Todo un éxito si pensamos de dónde venimos: este mismo experimento el pasado año habría arrojado probablemente un resultado de 2-11, tal vez de 0-13 hace dos años… Pero tampoco resulta muy lógico hacer valoraciones objetivas, entre otras cosas porque algunas sombras valen por todos los gozos juntos. Queda mucho, demasiado por hacer. O tal vez queda todo por deshacer, no sé…

Publicado octubre 18, 2012 por zaid en ACB, medios, preHistoria

palos de ciego   Leave a comment

(publicado el 14 de junio de 2007)

 

Señores, no se priven, canten conmigo, lástima que terminó el festival de hoy, pronto volveremos con… más diversiones… O no. Sí, las semifinales de la Liga ACB volverán el próximo año, también lo harán los cuartos de final pero ya nada será igual, ya en nada se parecerán a aquello que fueron…

Señores, señoras, para empezar me voy a tomar la libertad de pedirles un pequeño favor: olvídense de partidismos siquiera por un instante; dejen de pensar por un momento en si ganaron o perdieron, en si se sintieron agraviados o desagraviados; por una vez pónganse sólo la camiseta del ba-lon-ces-to (qué original me ha quedado esto) y con ella puesta, respóndanme (respóndanse) a estas breves preguntas:

¿Acaso no están siendo éstos unos playoffs maravillosos?

¿Acaso no hemos podido ver una extraordinaria serie Madrid-Penya, repleta de calidad casi siempre, intensa y competida a más no poder a cada momento?

¿Y la serie Tau-Barça, no les ha parecido también (a aquellos que hayan podido verla) otra semifinal extraordinaria?

¿Y no fueron magníficos también los cuartos de final, aquellos Madrid-Pamesa, Penya- Granca, Barça-Akasvayu…?

¿Y acaso no sucede esto prácticamente todas y cada una de las temporadas, acaso no es evidente que (por encima de éxitos y fracasos, de victorias y derrotas) los playoffs nos dejan cada año unos cuantos momentos inolvidables, irrepetibles?

Ya está, fin de la encuesta, esta humilde bitácora les agradece sobremanera su colaboración… y, por si fuera necesario (y por el mismo precio) les ofrece también una explicación:

Aunque a estas alturas les supongo a todos ustedes al cabo de la calle. A estas alturas ya sabrán ustedes que la ACB se reunió en asamblea el pasado mes de marzo, para entre otras cosas estudiar los males que aquejan a la competición, y a partir de ahí estudiar las posibles soluciones que ayuden a paliar dichas deficiencias…

Así que se reunieron todos juntitos en común armonía, y haciendo gala de su proverbial sabiduría llegaron rápidamente a una gran conclusión: la temporada se hace demasiado larga para el aficionado, la fase regular tiene demasiados partidos. Y a partir de ahí, como no podía ser de otra manera, implementaron una solución genial, equilibrada, coherente, la que cualquiera podría esperar de gentes con tanto conocimiento y preparación: dado que la temporada regular se hace demasiado larga, reduzcamos los playoffs.

Dicho y hecho: a partir de la temporada 2007/2008 las series de cuartos de final y las semifinales las haremos sólo al mejor de tres partidos, que como luego éstos resultan muy aburridos lo mismo ustedes se me cansan, vaya por dios. Y la final de momento la mantendremos al mejor de cinco, pero no se me vayan ustedes a confiar que lo mismo cualquier día de éstos nos da también la ventolera y le quitamos un par de ellos, no vaya a ser que se me acostumbren y luego pidan también cinco partidos en otras fases, sólo eso nos faltaba…

¿Y la temporada regular? No, por dios, la temporada regular ni se toca, 34 jornadas, sólo faltaría, hasta ahí podíamos llegar, sabido es que la liga de todos contra todos representa la esencia misma del deporte, y no me pida usted que entonces quitemos equipos porque a lo mejor le toca al suyo, y no se me confíe porque lo mismo cualquier año de estos ampliamos y redondeamos a 20 para que así en vez de 34 jornadas haya 38 como está mandado, como debería ser, como ya se hace en otros deportes que seguro que estarán en la mente de todos…

Todo muy lógico y coherente, sí señor: usted se prueba un traje, le dice al sastre que cree que le quedan largos los pantalones y él le contesta que no se preocupe, que ahora mismo le recorta un poco las mangas… O le dice al camarero que ya no quiere más sopa pero aún así él le sigue echando, le pone otro par de cazos mientras le anuncia que luego para compensar le quitará un buen pedazo de ese delicioso entrecot al roquefort que pidió usted de segundo… O ese médico que tras comunicarle que tiene usted el colesterol y los triglicéridos por las nubes va y le receta unos magníficos supositorios de glicerina, y no me venga ahora a decir que va bien de vientre con esa cara de estreñido que usted tiene, hombre de dios… ¿Será éste definitivamente el mundo al revés? ¿Estaremos todos locos?

¿O será simplemente que lo único que busca la ACB es caerle bien a todas las partes, agradar a todo el mundo? Como esa típica jugada que sólo puede ser falta a favor del que ataca o banda a favor del que defiende, y en la que el árbitro, para quedar bien con todos, acaba pitando banda a favor del atacante, lo único que no podría ser de ninguna manera. O como esos gobiernos (no miro a nadie) que se ven muy presionados por un lado y por el otro, y ceden un poquito para un lado y luego otro poquito para el otro, y así todos contentos… O todos cabreados, porque al final resulta que estas soluciones de compromiso para gustar a todos nunca acaban gustando a nadie…

Pues nuestra ACB tres cuartos de lo mismo: por un lado están los que quieren mantener los playoffs tal cual están, por el otro los que quieren suprimirlos y que sólo haya temporada regular, así que… ¿qué podemos hacer? Y entonces va el listo y dice ya está, tengo una idea, quitemos un trocito de playoffs y así daremos satisfacción a todos, a los unos porque seguirá habiendo eliminatorias y a los otros porque ahora ya durarán mucho menos… Y el resto que se miran y asienten con la cabeza, oye pues está muy bien pensado, qué bien, qué buena idea, si es que no hay nada como tener un listo, menudo pedazo de crack que tenemos en nuestra organización…

Así que la ACB se frotó las manos pensando que había complacido a todo dios, y apenas unos días más tarde se encontró sumida en el desánimo y la desesperación tras comprobar que ni dios parecía complacido. Hay que ver, nosotros desviviéndonos por nuestro público que tanto nos quiere y al que tanto debemos y sin embargo nadie nos comprende, nadie aprecia nuestros desvelos, qué injusticia… Podríamos llamarlo Síndrome de Calimero si no fuera porque muchos (¿?) lectores muy jóvenes ni siquiera sabrán quién fue Calimero (esta humilde bitácora aprovecha para recomendar que pregunten por él a sus progenitores, lo que contribuirá a fortalecer los siempre maltrechos lazos paterno-filiales en el seno de nuestras familias…)

No desbarremos, volvamos al tema. A un lado están/estamos los playofferos (o playoffistas) pensando que nos han privado de un trozo significativo de diversión, de un buen porcentaje de nuestra felicidad baloncestera de cada mayo/junio. Y al otro lado podremos encontrar al Frente Anti-playoffs, a los defensores de una-sola-y-única-liga- regular-todos-contra-todos-pura-y-dura-de-las-de-toda-la-vida, pensando (legítimamente) que para este viaje no hacían falta alforjas, que para cambiar tan poco casi mejor que no hubieran cambiado nada, que hubieran dejado todo tal cual está.

Yo soy muy de playoffs (lo mismo ya se me había notado) pero eso no significa que no respete profundamente a aquellos que defienden su supresión. No comparto su postura, pero eso no quiere decir que no la comprenda. Y por eso, desde su comprensión, todavía me parece aún más incomprensible la decisión de la ACB. Si la ACB hubiera decidido suprimir los playoffs yo estaría profundamente en desacuerdo pero al menos lo entendería, pensaría, vale, la ACB tiene un plan; no me gusta, no es mi plan, pero es un plan al fin y al cabo. Al igual que pensaría que tiene un plan si hubiese decidido mantener o reforzar el actual modelo. Pero estos cambios, cambiar algo para que nada cambie (pero llevándose algo bueno en el cambio), más me parecen palos de ciego que ninguna otra cosa.

Además, conviene recordar que uno de los argumentos siempre defendidos por los anti- playoffs es que este sistema resulta (según ellos) injusto: total, ¿de qué vale quedar primero, tercero o sexto en la Regular si luego se decide todo en la postemporada? Y entonces llega la ACB y decide que si quieres caldo, pues toma, tres tazas. Si antes las series eran a cinco pues ahora serán a tres, si antes las sorpresas eran difíciles ahora serán más fáciles, si antes podían darse (presuntas) injusticias ahora éstas serán mucho más frecuentes. Y si antes la temporada regular apenas servía para muy poco, pues ahora ya sí que no servirá absolutamente para nada, total qué más da quedar segundo u octavo si luego todo se decidirá en dos momentos puntuales…

Bonita forma de defender el sistema de playoffs, sí señor, proporcionando sólidos argumentos a todos aquellos que están en su contra. Vale, me dirán que ahora el campeón de la Regular ya irá directo a la Euroliga, y sí, eso está muy bien, al menos por ahí habremos salvado los muebles. Lo absurdo empezará a partir del segundo puesto.

Así que ya saben, series a tres partidos, qué alegría, qué emoción (emoción sí, qué duda cabe; pero no necesariamente más que ahora). Como en la Euroliga, como en cuartos de final de ACB hasta no hace tantos años… O como en los comienzos de la competición, allá por ¿1984?, cuando se introdujeron con más miedo que vergüenza, cuando en aquella final Madrid-Barça (o sea, la de todos los años por aquel entonces) los acontecimientos parecieron dar la razón a tanto temor: de repente Itu y Mike Davis a puñetazo limpio sobre el parquet (y entonces decíamos claro, es normal, si es que esto tenía que pasar, dos partidos seguidos viéndose las caras, cómo no van a odiarse…), y luego el (presunto) comité de competición que reparte aquellas sanciones de cualquier manera, y el Barça que no se presenta al tercer partido, y el Madrid que sorprendentemente gana por 1-1 (e incomparecencia)…

No, las cosas no pudieron empezar peor, y pareció que los agoreros tendrían razón, que es que este sistema aquí no puede funcionar, nunca… Pero ahí está nuestra ACB que persevera, y que lo intenta de nuevo al año siguiente, y al otro, y al otro, y no pasa nada, y a la gente parece como que le gusta, y llega un día en que lo ven ya maduro como para elevar a cinco los partidos de semifinales y la final, y aquello va como la seda, y arrasa con todo, y resulta que es un éxito total…

Casi un cuarto de siglo después habrá quien piense que esto de ahora es un paso adelante, los cinco partidos eran un atraso, bienvenidos a la modernidad de los tres partidos… Vale, puedo tragar en el caso de los cuartos de final, que al fin y al cabo fueron al mejor de tres hasta hace un rato como quien dice. Pero ¿las semifinales, a tres partidos? Me parece un gran paso atrás. Y sé que habrá muchos (¿?) que no pensarán igual, pero es que ésta no pretende ser la opinión de la web ni la de nadie más, sólo faltaría: es sólo mi opinión.

Pero también sé que muchos, incluso ajenos a este juego, se alegrarán de la medida: esos medios de comunicación, esos carruseles de las radios que se ven obligados estos días a interrumpir siquiera por unos breves segundos su interminable retahíla acerca del emocionante desenlace de la liga de fútbol para, con gran dolor de su corazón, dar paso a Badalona, a ver cómo marcha ese cuarto partido (pero sólo minuto y resultado, faltaría más), ahora se frotarán las manos al saber que el año próximo ya serán menos las ocasiones en que tendrán que interrumpir su monotemático discurso…

Y qué decir de esa Televisión Española de nuestros pecados, aún tenedora (extraña palabra) de los derechos ACB para la temporada 2007-2008, pero feliz como una perdiz tras saber que la próxima primavera ya no tendrán que dar tantos molestos partidos de la cosa ésa del albondigón, de ésos que en cuanto se descuidan les suben la cuota de pantalla por más que intenten evitarlo, poniendo en grave peligro el objetivo de Audiencia Cero que se ha marcado el Ente Público para su Segunda Cadena (a extinguir)…

Así que nada, alegrémonos todos, que siempre es un placer hacer felices a las personas… Y, sobre todo, conservemos en nuestras retinas y en nuestras memorias esas imágenes de tantos buenos momentos vividos en tantos cuartos y quintos partidos de Semifinales y Cuartos de Final, en tantas y tantas y tantas series a lo largo de tantos años, recuerdos de un pasado que ya nunca más ha de volver…

Publicado octubre 18, 2012 por zaid en ACB, preHistoria

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