delirios veraniegos   Leave a comment

(publicado el 21 de julio de 2007)

 

Hace un par de años los legendarios Celtics, los arrogantes verdes, causaron sensación en la cosa ésa del draft: escogieron en primera ronda a Gerald Green y en segunda a Orien Greene, y para colmo escogieron también a Ryan Gomes, que no se apellida green ni falta que le hace, pero que es originario de Cabo Verde. Así lo glosamos aquí en su día, y muchos pensaron (con razón) que el exceso de sol había hecho mella en mi ya de por sí menguado cerebro. Y sin embargo…

Este año casi consiguieron despistarnos. Este año los Celtics escogieron en el puesto número cinco al alero de la Universidad de Georgetown Jeff Green e inmediatamente lo soltaron, se lo dieron deprisa y corriendo a los Sonics para que no nos diéramos cuenta… y de hecho casi no nos dimos cuenta, de hecho en pleno fárrago de elecciones y traspasos casi se nos pasó que los Celtics lo habían vuelto a hacer, que habían sido fieles a su historia (y a sus tradiciones, y a sus obsesiones) una vez más…

Danny Ainge debe padecer una especie de enfermedad, daltonismo céltico podríamos llamarlo: no es que vea todas las cosas de un determinado color, sino que necesita ver a su alrededor sólo cosas de ese color, el resto le repelen. Es como si el Real Madrid (de fútbol o de baloncesto, tanto da) fichara sólo jugadores apellidados blanco: Raúl González Blanco (anda, mira, qué casualidad), Saúl Blanco, Laurent Blanc, Rodney White, Blanca Ares… (mejor no sigo, no vaya a ser que les esté dando ideas).

Pero luego llegó su segunda elección, puesto 32, el segundo de la segunda ronda… Para entonces Taurean Green, el estupendo base de la Universidad de Florida, lo debía tener clarísimo, estaría tan feliz en su sofá, sólo esperando escuchar su nombre. Tal vez incluso se lo habría dicho su padre, Sidney Green, un histórico de la Liga: “hijo, qué más hubiera querido yo en mis tiempos… en mis tiempos elegían a los jugadores sólo por su valía, sin tener en cuenta su nombre, pero ahora tú por el mero hecho de apellidarte Green ya tendrás tu vida resuelta, tú serás un Celtic, hijo mío…” Y ése fue justo el momento en que los Celtics, por una vez, decidieron no ser fieles a sí mismos. El elegido fue efectivamente un base, el tal Gabe Pruitt de la USC, que no se llama Green ni su universidad viste de verde ni tiene un perro verde ni ná de ná… Y claro, nuestro Taurean cayó en picado, lo normal, si ni un solo equipo se acordaba ya de él, si todos habían dado por hecho que lo elegiría Boston, si ya no entraba en los planes de nadie… Le salvaron los Blazers, esos Blazers que buscan bases hasta debajo de las piedras, que no se fían de Sergio ni para ir al lavabo le rescataron finalmente en el puesto 52…

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Ecos de Sociedad: el séptimo día del séptimo mes del séptimo año del tercer milenio de nuestra era (esperar al séptimo milenio quizá se les habría hecho un poco largo), día de San Siete (y de San Fermín), el afamado baloncestista Tony Parker contrajo matrimonio (se desposó, decían los clásicos) con la afamada actriz y presunta sex-simbol (o afamada sex- simbol y presunta actriz, no sé) Eva Longoria, en un afamado templo de los afamados alrededores de París. A la afamada ceremonia asistieron algunas compañeras de trabajo de la novia, mujeres desesperadas en su mayor parte, y numerosos compañeros de trabajo del novio, afamados campeones en su totalidad.

Y ahora tocaría empezar con aquello de que la novia vestía traje de no sé qué, que si rasos, que si tules, que si organdíes (¿qué será eso?)… Pero no lo haré, básicamente por dos razones: porque soy un perfecto y absoluto ignorante en dichas materias, y porque apenas han trascendido imágenes de tan magno acontecimiento, dado que los egregios contrayentes decidieron de común acuerdo vender la exclusiva de la ceremonia a una publicación cardiovascular especializada que a cambio les compensó con la nada despreciable cifra de dos millones de dólares, módica cantidad que les será de gran ayuda para llegar a fin de mes, pagar la hipoteca y hacer frente a tanto gasto como estarán afrontando ahora estas pobres criaturas, que si el gotelé, que si la tarima (flotante), que si los muebles, que si… Dios aprieta pero no ahoga, ya se sabe.

Dado que dicha revista no ha llegado a nuestras manos (ni falta que hace), nos tendremos que conformar con una única fotografía, publicada en las páginas de sociedad de los periódicos de información general, en la que se puede apreciar a la joven pareja en posición erecta (o sea, de pie) y con las cabezas de ambos sorprendentemente cercanas, a partir de lo cual podemos colegir (y colegimos) que la novia debía llevar unos vertiginosos tacones modelo andamio, para de esta manera salvar los más de treinta centímetros de diferencia que habitualmente les separan.

A día de hoy aún no consta que el insigne Tony Parker (ya más Longorio que nunca) haya solicitado a la Liga cambiar su dorsal número 9 de toda la vida por el 7 (o aún mejor, el 07, no vaya a ser que no se deje Oberto); pero todo se andará…

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Una de duendes (esos extraños bichitos que, sobre todo en verano, tienden a colarse entre las teclas de los ordenadores, entre los dedos de los sufridos becarios…)

Hace unos días el Marca, en su edición digital, nos informaba que Andrés Nocioni ha llegado a un acuerdo con los Bulls de Chicago para renovar su contrato por cinco temporadas más (…) Aunque los términos económicos no fueron dados a conocer, se especula que Nocioni podría recibir entre 38 y 40.000 millones de dólares

40.000 millones de dólares… La verdad es que como sueldo no está mal, de hecho hay días que yo no lo gano (ni Bill Gates); te da para llegar a fin de mes sin excesivos agobios e incluso para darte un capricho de vez en cuando, como (por ejemplo) comprarte la franquicia, comprarte también el Baskonia, comprarte la Nación Argentina entera…

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Noticia futbolera (sí, futbolera; y futbolística, incluso): el Madrid ficha a Pepe. Dicho así suena hasta lógico, Madrid y Pepe suenan como dos términos condenados a entenderse, sería casi como decir el Barça ficha al Jordi, el CSKA ficha a Boris, el Casablanca ficha a Mohammed…

Pero este Pepe no es lo que parece. No es un señor bajito, calvo, con bigote y de Chamberí, sino un fornido mocetón brasileño que en realidad responde al bello a la par que conciso nombre de Képler Laveran de Lima Ferreira, nada menos.

Es decir: ¡¡¡le llaman Pepe, y sin embargo no se llama José!!! No me lo puedo creer… y por eso mismo, sólo espero que a partir de ahora ya nunca más tengamos que escuchar, en ningún partido de baloncesto, aquella frase que habremos oído ya unas doscientasmil veces, …Pepe Sánchez, que le llaman Pepe pero curiosamente no se llama José, en realidad se llama Juan Ignacio… (sí, señor Calvo –de apellido, no de alopecia-, precisamente en este momento estaba pensando en usted…)

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Otra de duendes…

El viernes 13 (buen día para las erratas) de julio, El País, en su edición impresa, nos contaba en un pequeño breve que los Grizzlies incorporan al serbio Milicic (…) El ala-pívot serbio será compañero de Pau Gasol, al que recientemente criticó por ser “un poco blanco”

¿Un poco blanco? Ciertamente Gasol es blanco, y no un poco sino muy, muy blanco (me refiero a color de piel, no a colores deportivos, por supuesto). Más blanco que blando, incluso… (Que dicho sea de paso, no deja de resultar sorprendente que sea Milicic, precisamente Milicic, con el magro currículum que atesora hasta la fecha, quien se permita dar lecciones de blandura –y de blancura- a Gasol…)

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Quien más quien menos, todo el mundo ha oído hablar de Malta. Una islita en medio del Mediterráneo, tan pequeña que no puedes pasear porque te sales (homenaje a Gila), que das dos pasos y te caes al agua… Un minúsculo país, muy bello según cuentan quienes tuvieron el placer de visitarlo, muy socorrido para interminables goleadas futbolísticas…

Pero lo que ya no imaginábamos era que en Malta también existiera el baloncesto (si apenas existe el fútbol…). Y sin embargo hace apenas unos días, la Bennetton de Treviso nos ha sorprendido con el fichaje de un jugador de baloncesto originario de dicho paisito. E inmediatamente surge la pregunta: ¿Qué cualidades atesorará dicho jugador, para que toda una potencia como la Bennetton acuda a rescatarlo de tan exiguo mercado?

Pues básicamente dos: Samuel Deguara (que así se llama el interfecto) tiene 16 años, lo que está muy bien, y mide 223 centímetros de pies a cabeza (o de la cabeza a los pies, tanto da), lo que está muchísimo mejor. De hecho ya es, a su aún tierna edad, el más alto habitante de aquel país (lo que tampoco tiene un especial mérito, dado que no hay muchos con quien comparar); de hecho uno se imagina que los de Treviso ni siquiera habrán necesitado viajar a Malta para verlo, que desde Italia ya se le debía divisar; de hecho si no consigue ganarse la vida con este deporte (cosa improbable) siempre podrá volver a su isla a trabajar de faro (no, de farero no, de faro, directamente)…

¿Será éste acaso aquél a quien llamaban El Corto Maltés?

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Publicado octubre 18, 2012 por zaid en preHistoria, varios

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