los gozos y las sombras   Leave a comment

(publicado el 25 de junio de 2007)

 

Ustedes me perdonarán que atente contra la memoria del gran Torrente Ballester, apropiándome indebidamente de su título para encabezar otro balance más, el enésimo resumen de otro año de ACB en TVE…

 

Sombra: la clandestinidad. No nos quedemos sólo en lo sucedido en estos últimos días, cuando la propia emoción de la final, unida al hecho de que ésta fuera precisamente un Madrid-Barça y no otra, obligó al Ente a replantearse su eterna filosofía, a descubrir la potencial rentabilidad de un producto que permanecía olvidado en el último rincón de su segunda programación. No nos quedemos sólo en esa explosión final, miremos hacia atrás, hacia lo ocurrido a lo largo de toda la temporada…

Y descubriremos que, salvo honrosas excepciones, la ACB ha vivido otra temporada más (una temporada de oro, decían allá por octubre) en la clandestinidad, en el ostracismo más absoluto. Vale, los del baloncesto estamos acostumbrados a ir por detrás del fútbol (faltaría más) y ya nos hemos acostumbrado a ir también por detrás de las motos (a la fuerza ahorcan), pero… ¿ir también por detrás de la vela, ese bello deporte al alcance de todos los bolsillos que arrastra multitudes y levanta pasiones allá por donde pasa? Francamente no sé si estábamos preparados para esto…

Claro, no faltará (espero) el lector escéptico que piense hay que ver, ya están estos mendigando, los del baloncesto siempre llorando, siempre quejándose… Pues tampoco. Ya ni siquiera pedimos mucha promoción, con tener sólo la justa y necesaria ya nos conformaríamos. Y ni siquiera pedimos ya que nos igualen a las motos, entre otras cosas porque…

Miren, les voy a ser sincero: quizá no se den cuenta, pero con tanto vender la moto están haciendo un poco el ridículo (y con la dichosa Copa del América ya no digamos). Ustedes lo intentan, hacen lo que pueden pero se les ve demasiado la intención. Todo lo que en Tele5 es naturalidad en ustedes es artificiosidad. Ves a los de TeleAlonso hablando de Fórmula 1 como si no existiera otra cosa en todo el orbe y no te chirría, pero ves a los voluntariosos profesionales del Ente intentando hacer lo mismo con las motos y piensas pero qué les pasa a éstos, qué se han tomado, por dios… De verdad se lo digo, ustedes me perdonarán pero resultan un poco patéticos, es como si yo a estas alturas de mi vida me fuera por los pueblos en plan charlatán de feria, a vender relojes o alfombras o crecepelos o cualquier otra cosa, además de no comprarme nada me tirarían piedras…

Pero no se me asusten, porque es hasta normal que sea así. A lo mejor la naturalidad de Tele5 obedece simplemente al hecho de que son una televisión privada, por lo que su único objetivo es el hacer negocio, por definición. Y la artificiosidad de TVE obedece precisamente al hecho de que son una televisión pública, no saben vender porque no está en su naturaleza, llevan cincuenta años siendo así, no es fácil que ahora sepan ser otra cosa. Es así y está bien que así sea. Por eso los del baloncesto, conscientes de su situación, no pedimos que nos pregonen, tan sólo pedimos que no nos arrinconen. No hace falta que estén hablando de nosotros a todas horas, qué va, con que informen sólo cuando haya algo destacado ya nos conformamos… (y lo hay a menudo, no se vayan a creer, no sólo cuando el Madrid y el Barça coinciden en la final de Liga o en la de Copa, no, también otras veces). En realidad los del baloncesto ya ni siquiera pedimos promoción, pedimos sólo nuestra cuota de información, la que creemos que nos corresponde. Gracias.

 

Gozo: los horarios. Vale, sí, el hecho de que la final haya sido un Madrid-Barça explica muchas cosas. Pero no explica necesariamente todas las cosas. Las audiencias, por ejemplo. Por supuesto que esta final siempre va a tener más audiencia que un Baskonia-Unicaja o un Estu-Penya, esto es así nos guste o no nos guste (y a mí particularmente no me gusta demasiado). Es una razón, es probablemente la principal razón. Ahora bien, ¿es la única razón?

Probablemente la mejor decisión de Televisión Española con respecto a la ACB en estos últimos años haya sido la de retrasar el horario de los partidos entre semana. Y puede que lo hayan hecho sin querer, sin ni siquiera darse cuenta: ellos simplemente cambiaron su programación, el sacrosanto e inamovible La2 Noticias de las diez de la noche pasó a ser igualmente sacrosanto e inamovible, pero a las 20:30. ¿Consecuencia? Si ustedes quieren que les sigamos televisando su baloncesto, o lo adelantan a las seis (precedentes hay de algún intento en ese sentido) o lo retrasan a las nueve… Y de repente, probablemente de puro rebote, la ACB vio el cielo abierto. Y nosotros también.

No, una final Tau-Unicaja no vale lo mismo que una final Madrid-Barça en términos de audiencia. Pero una final que se juega los martes y viernes a las 20:00 en pleno mes de junio, primavera volviéndose verano, días eternos, calles y terrazas a rebosar, tampoco vale lo mismo en términos de audiencia que una final que se juega los martes a las 21:00 y los viernes a las 21:30. Por algo lo llaman prime time…

 

Sombra: el adiós de Barthe. Ya ha pasado cierto tiempo y ya está el tema manido hasta la saciedad, así que no reiteraré lo ya escrito, aquí y en tantos otros sitios. Pero no me aguantaré (no suelo aguantármelas) las ganas de mencionar un aspecto muy particular, que con tanta emoción quizá nos pasó más desapercibido en su día: la oportunidad. Es decir, la inoportunidad.

La ACB no es la Euroliga, esa sucesión de partidos que conllevaba una incesante alternancia de comentaristas semana tras semana. La ACB suele ser (en temporada regular, en condiciones normales) un único partido por TVE a la semana. Y esta temporada, por fin, decidió preocuparse siquiera un poquito por él. Reuniones (imagino) con el Ente, de las que debió salir (entre otras cosas) el acuerdo de que hubiera un único equipo consolidado para todos los partidos, en lugar del incesante baile de comentaristas al que se nos sometía en temporadas anteriores.

Y llegados a ese punto, me pregunto: ¿era imprescindible tocar el vértice de ese triángulo, la pieza fundamental de ese equipo, justo a mitad de temporada? ¿Era imprescindible prejubilar a Barthe precisamente a primeros de abril, con la temporada regular a punto de acabar y los playoffs a punto de caramelo? ¿Habría sido tan terrible esperar a que finalizara la Liga, apenas dos meses y medio más tarde? Ya no entro a valorar si la política de prejubilaciones es justa o injusta, lógica o ilógica. Ni lo sé ni tengo por qué saberlo. Sólo valoro la oportunidad. Y en ese sentido, el momento no pudo ser más inoportuno.

 

Gozo: Arsenio. Tras la marcha de Barthe cundió el desasosiego en la población baloncestera. Algunos (y más aún con el gran Riveras en su exilio motero) ya nos temíamos a Nacho Calvo heredando el trono, en nuestras peores pesadillas ya le imaginábamos llevando su alegría sin par y su chispa inigualable a los playoffs de la ACB, a la ACB entera sumida en la calvicie para siempre jamás por los siglos de los siglos… (amén).

Poco duró nuestra desazón. Antes de llegar el siguiente partido ya supimos, por comunicado oficial, que Barthe sería remplazado por Arseni Cañada. Y si en aquel momento suspiramos de alivio, ahora podría decirse que el alivio se ha convertido en gozosa satisfacción. Arsenio disfruta con su trabajo y disfruta aún más con su (nuestro) deporte, cualidad imprescindible para que ese disfrute se traslade a los espectadores. Arsenio conoce este juego desde mucho antes de narrarlo, posee experiencia arbitral incluso. A Arsenio nadie le podrá acusar de parcialidad (o tal vez sí, que hay gente pa tó) porque canta por igual todas las canastas, vibra con los triples de un lado exactamente igual que con los del otro. Y Arsenio es espontáneo, es natural como el agua que llega corriendo alegre desde el manantial (que diría la copla), sabe meter la pata y sacarla después con gracia, sabe salir de los apuros con sencillez. Sabe ser un buen profesional que parece adorar su profesión, y eso no es poco en estos tiempos que corren.

En cuanto a Calvo, yo en mi eterna ingenuidad pensé (dado que desconozco su edad, ni me importa) que tal vez también le habría caído en gracia la prejubilación, ya ves tú qué lástima… hasta que un día puse la tele y se me apareció narrando la final de Roland Garros con ese estilo suyo vibrante, chispeante (casi me duerme, lo que ya tiene mérito tratándose de todo un Nadal-Federer) que por sí solo explicaría la inesperada huida de buena parte de la audiencia prevista. Su permanencia en el Ente, unida a la ausencia de Barthe, explican mejor que ninguna otra cosa lo absurdo de un sistema de prejubilaciones basado sólo en la edad, en vez de en la… Ah, sí, es verdad, que no es mi tema, que prometí que no iba a hablar de eso. Pues eso, que Nacho Calvo está en el tenis, que siga allí por muchos años… (pero no quiero acabar sin expresar desde aquí mi más profunda solidaridad con los aficionados al noble deporte de la raqueta, no vaya a ser que a alguno le dé por leer esto y se acuerde de mis más allegados familiares…)

 

Sombra: la desaparición de previos. En realidad habría que hablar de la desaparición de previos, de la desaparición de post-partidos, de la desaparición de un mínimo espacio aprovechable en los descansos…

Si en algo hemos ido de más a menos (y de menos a nada) es en esto. Hubo un tiempo, allá por octubre de 2006, en el que los previos duraban media hora, los reportajes posteriores quince o veinte minutos y en los descansos todavía quedaba tiempo para algún vídeo y alguna que otra entrevista, junto con la pizarra habitual de Creus. Había desaparecido Zona ACB pero no nos importaba, su contenido quedaba remplazado con creces por todos estos vídeos que rodeaban al partido por delante, por detrás y por el medio.

¿Ahora? Ahora se conecta con el tiempo justo para ver salto inicial (y eso gracias a que no empiezan hasta que se establece la conexión, porque ésta llega casi siempre con varios minutos de retraso con respecto al horario previsto); al acabar se devuelve la señal a Torrespaña casi siempre perdiendo el culo (con perdón); y en el intermedio, salvo raras excepciones, la pizarrita de Creus y punto.

 

Gozo: las chicas. Y pido perdón de antemano por utilizar esa expresión (que tal vez algunos encontrarán sexista, discriminatoria, etc) para referirme a esas dos buenas (y virtuosas) profesionales llamadas Fe y Virtudes, López y Fernández… que parecían condenadas al más absurdo de los ostracismos merced a lo que explicábamos en el punto anterior, la desaparición del pre, del post, de todos los prefijos y sufijos que pudieran rodear al partido mismo.

Hasta que llegó Arsenio, y todo cambió. Supongo que su planteamiento debió ser, ya que no tenemos tiempo para entrevistas ni antes ni durante ni después, pues entonces démosles más bola durante, para que aporten algo, para que cuenten cosas, para que se sientan útiles, para que al menos justifiquen con creces su presencia. Dicho y hecho. Ya no tenemos apenas entrevistas, pero al menos tenemos información puntual de primera mano sobre lo que sucede a cada momento en cada banquillo.

Sombra: ¿y Zona ACB? Decíamos hace cuatro párrafos que en un principio su virtual desaparición no nos importó porque de hecho no había desaparecido, dado que era exactamente eso mismo lo que veíamos antes y después de cada encuentro. Pero todo aquello fue poco a poco desapareciendo hasta quedar reducido a la nada, al cero patatero absoluto (sí, me estoy repitiendo). Y sin embargo Zona ACB no reapareció por ningún otro rincón de la programación de La2 (salvo error u omisión por mi parte). Es decir, que en esto hemos acabado peor que hace un año por estas fechas: sin ni siquiera un mínimo espacio, por pequeño que fuera, para hablar de nuestro baloncesto en nuestra televisión pública, casualmente la misma que posee los principales derechos para hacerlo.

 

Sombra: la realización. Sombra atenuada, pero sombra aún. No cabe duda de que las cosas han mejorado en este aspecto, no cabe duda de que ya son muchas menos las ocasiones en las que una repetición se come el juego en vivo… pero que sean muchas menos no significa que no ocurra aún alguna vez, que aún nos podamos quedar sin ver un contraataque por culpa de una repe que perfectamente podría haber esperado varios segundos más… Ya no pasa casi nunca, esperemos en breve poder suprimir el casi.

Y sin embargo… ¿es necesario enfocar la cara de uno o de ambos entrenadores cuando el balón está en juego, comiéndonos unos segundos de éste? ¿Es imprescindible cambiar de plano en los contraataques, pasar de una cámara a otra justo cuando se va a dejar el mate o la bandeja, de tal manera que ese momento culminante al final no lo vemos ni con una cámara ni con la otra? ¿Cómo es posible que a veces lleguemos a ver hasta tres repeticiones de una situación de pasos sin que ni en una sola de ellas se vean los pies del jugador? ¿Cómo puede ser que a veces lleguemos a ver hasta tres repeticiones de una canasta dudosa sobre la bocina sin que ni una sola vez el tirador y el tablero (no digamos ya el reloj) coincidan en el mismo plano? (el día tengan que utilizar en serio la cosa esa del instant replay, que dios nos coja confesados…). Mención especial en este apartado para el realizador del cuarto partido de la final, que consiguió, precisamente en el momento culminante de la temporada, hacer una de las realizaciones menos afortunadas de la temporada. ¿Quizá por la presión de salir en La Primera? Quién sabe…

 

Gozo: Creus. Un año más, lo mejor del baloncesto en TVE. Muy pocos analizan el juego como él, muy pocos son capaces de explicarlo con tanta sencillez y claridad. Y sí, ya sé que esto se ha dicho ya demasiadas veces pero no estará de más repetirlo, aunque sólo sea para no dejar nunca de valorarlo en su justa medida.

Sombra o gozo, según: Romay. Va en gustos, y para empezar habré de reconocer que Romay no me seduce como comentarista (ni como ninguna otra cosa). Me parece que aporta bien poquito… pero es que quizá se trate de eso. Quizá no le hayan puesto ahí para hacer aportaciones técnico-tácticas (que para eso ya está Creus) sino para hacer aportaciones erótico-festivas que sirvan de contrapunto a la erudición del gran Chichi. Y en ese sentido, probablemente responda con creces a lo que se pretende. Aunque a mí me deje frío.

Ahora bien, la gente que se queja de Romay no se queja de que sus comentarios sean mejores o peores, ni de que sus chascarrillos les hagan más o menos gracia. La gente que se queja de Romay le echa en cara su tendenciosidad, su parcialidad. Y esto también es discutible: probablemente si Romay hubiese jugado toda su carrera en el Breogán (por ejemplo) nadie le miraría con lupa ni se enfadaría por sus comentarios, aunque estos fuesen exactamente los mismos que son (claro que si Romay hubiese jugado toda su carrera en el Breogán tampoco habría llegado nunca a comentarista, ni a presunta estrella de programas de variedades, ni a…). En ese sentido su pasado madridista juega en su contra, tanto como un día jugó en su favor.

Pero sí es cierto que hubo momentos, sobre todo hacia la primera mitad de temporada, en los que se le vio demasiado el plumero blanco: que si era falta y no la han pitado, que si no era falta y la han pitado… Pero en un determinado momento algo cambió: quizás alguien le dijo que se cortara, o tal vez algún día le dio por cotillear en algún foro y simplemente captó las sutiles insinuaciones que allí se hacían hacia su persona… Hoy todavía se le escapa alguna cosa de vez en cuando (y a menudo notas que otras están a punto de escapársele, y hasta llega a apreciarse cómo se muerde la lengua); pero sabe disimular, sabe mirar para el otro lado y comentar también lo clara que era esa falta no señalada que le han hecho a Navarro (por ejemplo). Evidentemente él no va a cambiar a estas alturas, no va a dejar de pensar como piensa pero sí es lo bastante inteligente como para conseguir que se le note lo menos posible.

 

Sombra: los tiempos muertos. Aunque Arsenio deje de hablar inmediatamente, aunque corte súbitamente a sus dos contertulios, aunque anuncie a los cuatro vientos que se trata de un tiempo muerto dará exactamente igual, porque inevitablemente pasarán unos segundos antes de que alguien espabile al tío de la tecla, de que le digan macho, mete ya los anuncios que luego se nos va el tiempo, de que aquel tipo reaccione y apriete finalmente el botón…

Y entonces llega la cortinilla de La2, insospechadamente larga. Luego la cortinilla de los patrocinadores ACB, y a continuación aparecen la 0,0 que desata la euforia, la meravigliosa creatura, la tarjeta del basket que nos trae viajes, descuentos y regalos, los diez pavos vestidos de azul y rojo que no saltan a por el balón porque eso es lo que pasaría si todos fuéramos del mismo club… Total, cuatro anuncios (incluso cinco alguna vez), pongamos que a veinte segundos cada uno, más dos o tres cortinillas. Para el espacio entre cuartos, que invariablemente se acaba llevando sus dos minutos, quizá no esté mal. Pero para un tiempo muerto, un minuto que con lo que tardan en irse y en volver viene a sumar aproximadamente minuto y medio, es sin duda demasiado. Lo sé yo, lo sabemos todos los aficionados, lo saben los profesionales cada vez que se recupera la conexión con el balón ya en juego… Falta que lo sepa quien más debería saberlo, el responsable de todo esto. O quizá él también lo sepa pero le dé igual, le traiga al fresco, total qué más da, total a quién le van a importar unos segundos de menos, total a quién le puede interesar esto tan raro que no se juega con los pies…

 

Sombra: el envoltorio. Muchos nunca lo conocieron, muchos otros no lo recordarán pero puedo asegurar que hubo un tiempo, allá por los felices 80, en el que Estadio 2 fue un extraordinario programa deportivo. De la mano de la fantástica Olga Viza como directora y presentadora, aquello era televisión de calidad en estado puro. Retransmisiones en directo generalmente bien contadas, buenos especialistas en el estudio para explicarlas, fantásticos reportajes, magníficas entrevistas en el plató y sobre todo una permanente sensación de interés, de amenidad, de frescura que llegaba de inmediato al telespectador. Te hacían disfrutar de lo que ya te gustaba y te hacían interesarte por lo que no te gustaba, incluso por lo que nunca pensaste que te podría llegar a gustar.

Aquello fue decayendo poco a poco hasta casi acabar en picado; el programa se sumió en la monotonía, en una mera sucesión de retransmisiones y vídeos sin hilación alguna, pero aún así hubo épocas en las que su presentador mantuvo todavía cierta complicidad con el espectador: en los años de (la maravillosa) Cristina Villanueva o en los de Pedro Barthe (previos a su fugaz paso por los despachos) todavía se transmitía esa motivación, ese gusto por contar bien las cosas…

Hoy Estadio 2 tiene un presentador (de cuyo nombre no quiero acordarme) cuyo nivel de monotonía supera todo lo conocido en la historia de la televisión mundial (creo que hasta Nacho Calvo, si se pusiera, lo haría con más gracia). Va dando paso a las diferentes transmisiones con un mono-tono que de puro aséptico resulta administrativo, funcionarial, mortecino incluso. Aquello no parece un programa de deportes, parece el BOE. Es como si se le hubiera encomendado la misión de expulsar de La2 a los escasos espectadores que aún le quedan (¿objetivo: audiencia cero?), ¿quizá para que se pasen a TVE1? No sé, a lo mejor es eso…

Sea como fuere, ése es el marco con el que tiene que convivir la ACB los sábados y/o los domingos. Es como si te dieran un estupendo regalo envuelto en papel de estraza, en papel de periódico, en papel higiénico incluso. Por bueno que sea lo de dentro, no será fácil que te atraiga si te lo dan con un espantoso envoltorio por fuera.

 

Sombra: ¿antigualla? A ver cómo explico esto sin que chirríe demasiado. Uno, desde su atalaya, tiene la sensación de que cada canal tiene su segmento de audiencia, tiene en cierto modo el público que quiere tener. Si ves Cuatro imaginas un público joven, si ves Tele5 imaginas mediana edad, a Antena 3 le presupones una audiencia familiar… y si ves Televisión Española imaginas un público digamos que tirando a mayor, precioso eufemismo para no tener que decir viejo (estoy generalizando, por supuesto). TVE es la tele de mi suegra: Cine de Barrio, Mira quién Baila, Lluvia de Estrellas, Corazón de Verano, las telenovelas de sobremesa, España Directo, Saber Vivir, Por la Mañana, Gente, la Tele de tu Vida… Y su tele en La Uno, y no le hables de cambiar de canal que le dará un vahído, y no vayas a cambiárselo tú que le pegarás un susto de muerte, no vaya a ser que luego no sepamos volver al canal de antes…

No es una crítica, en absoluto. Algunos hablarían de televisión casposa pero no seré yo quien utilice esa expresión, porque me parece una opción tan válida como cualquier otra. Cada televisión es más o menos lo que quiere ser, y TVE, de tanto intentar ser la televisión de todos (cosa imposible), ha acabado siendo la televisión de (sobre todo) un segmento muy concreto de población. No, no es algo que tenga que ver con la antigüedad del canal, como tampoco es algo que vaya a cambiar por el rejuvenecimiento forzoso de su plantilla. Sólo es una consecuencia del modelo de televisión que ofrece. Que no es malo ni bueno, es simplemente real, algo que percibo yo y que perciben también aquellos que me rodean. Y que salpica a sus dos canales: hubo un tiempo lejano en el que La2 era un lugar alternativo, contracultural, exclusivamente para minorías más o menos inmensas. Pero hoy, en medide una oferta infinitamente mayor, La2 parece caminar hacia su autodestrucción, sin nada en ese proceso que la diferencie del modelo general de televisión que esa casa ofrece.

Esta es la sensación general que envuelve a nuestro deporte semana tras semana. Y evidentemente un deporte no es ni joven ni viejo (ni mejor ni peor) por el hecho de que sea una televisión joven o una vieja la que lo emita. Pero seguramente sí existe el riesgo de que una buena parte de la población así lo perciba, simplemente por englobarlo en la programación que da ese canal. Para muchos el baloncesto sería sólo una más de las antiguallas de TVE. Y a mí nada me parecería más triste ni más terrible que esto, que uno de los deportes más jóvenes y frescos que existen pudiera llegar a ser percibido como un deporte antiguo. Así que casi prefiero pensar que esto es sólo una idiotez de las mías, una de esas neuras que me dan a mí de vez en cuando, sin ningún tipo de conexión con la realidad… Ojalá.

 

¿Resumiendo? Cuatro gozos, ocho sombras y una duda: es decir, un balance final de 4 a 8, ó de 4,5 a 8,5 si se prefiere. Todo un éxito si pensamos de dónde venimos: este mismo experimento el pasado año habría arrojado probablemente un resultado de 2-11, tal vez de 0-13 hace dos años… Pero tampoco resulta muy lógico hacer valoraciones objetivas, entre otras cosas porque algunas sombras valen por todos los gozos juntos. Queda mucho, demasiado por hacer. O tal vez queda todo por deshacer, no sé…

Anuncios

Publicado octubre 18, 2012 por zaid en ACB, medios, preHistoria

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: