autodestrucción   Leave a comment

(publicado el 1 de octubre de 2007)

 

En otros tiempos las medallas de la selección eran notablemente beneficiosas para nuestro deporte. Un metal, el que fuera, producía un efecto de contagio hacia las competiciones de clubes, que automáticamente veían subir (o no bajar, al menos) su repercusión popular, su repercusión mediática incluso.

Así debería haber sucedido también este año, pero no hace falta ser muy listo para comprobar que se ha producido exactamente el efecto contrario. Hojeen los periódicos, viajen por Internet, pásense por los foros, pulsen opiniones a su alrededor y notarán que todo ha salido del revés. Tras todo un verano de pura efervescencia ahora resulta que se nos ha escapado el gas, como si de repente se hubiera pinchado el globo. Vendimos tanto oro que ya ni la plata nos sirve.

En esas estamos, y ya que estamos en esas sería deseable que todos los estamentos de nuestro deporte unieran sus fuerzas para intentar por todos los medios levantar ánimos, recuperar atención, generar seguimiento. Tal vez si todos camináramos en la misma dirección, en pos de un objetivo común…

No, no se preocupe, si lleva usted razón, si ya dejo de decir memeces que no me creo ni yo. Si en realidad ni siquiera haría falta que remasen todos en la misma dirección, bastaría con que no remasen sistemáticamente en dirección contraria, unos frente a otros, permanentemente en trayectoria de choque. Vale que no sean ustedes capaces de ir codo con codo, pero al menos no se líen a darse codazos.

Quizás no estaría de más recordarles que el rival (que no enemigo) está ahí fuera: son esos deportes con los que disputamos cuota de pantalla, son esos medios a los que reclamamos más atención… Y sin embargo parecen ustedes estar convencidos de que su enemigo (que no rival) está en casa: son ustedes mismos, son otra versión de lo que ustedes mismos representan.

Pero está muy bien, porque gracias a ustedes hemos recuperado una de las más ancestrales tradiciones de nuestro deporte, que tal vez el año pasado pensamos que se perdería pero que en estos días renace con todo su esplendor: no saber, a falta de cinco días para que comience la Liga ACB, si la Liga ACB comenzará o no, si tendremos Liga o no. Qué bien, qué emocionante.

Y así un año sí y el otro también, y el otro, y el otro… Cuando no son las televisiones es el convenio, y luego las ramificaciones del convenio, que si los cupos, que si los seleccionables, que si los asimilados, que si los comunitarios, que si los ultracomunitarios, que si los transoceánicos, qué sé yo…

Y la gente encantada, claro. Sobre todo los no fieles, los no adictos, los que siguen este deporte sólo en circunstancias puntuales, tan tangencialmente como cualquier otro que no se llame fútbol. ¿Se imaginan lo que dirá esa gente? Ya están estos del baloncesto con sus líos, para cuatro gatos que son y siempre andan peleándose… ¿Como en el fútbol? Sí, claro, como en el fútbol. Pero el fútbol se lo puede permitir, el fútbol lo aguanta todo. Nosotros no.

Cuántas veces no habremos oído ese dicho, entre todos la mataron y ella sola se murió… En ello estamos, me temo. Por favor, que alguien lo remedie.

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Publicado octubre 19, 2012 por zaid en ACB, preHistoria

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