Archivo para octubre 19, 2012

estudianteces   Leave a comment

(publicado el 21 de noviembre de 2007)

 

Ya a la entrada te encontrabas con el primer síntoma. Te daban una especie de octavilla, una carta de la Demencia (la Madre de la Ciencia) a todos los socios, accionistas y simpatizantes, denunciando la gestión deportiva, económica e incluso laboral del club, y pidiendo con más fuerza que nunca la dimisión de su directiva y/o Consejo de Administración. No cabía la menor duda, aquella iba a ser una tarde difícil.

No diré que se mascaba la tragedia porque suena muy cursi, pero una intensa sensación de angustia pronto sobrevolaría nuestras cabezas cual si del dirigible se tratara. Ahí abajo, en la cancha, un Estu sin bases, aún más pobre y descabezado que de costumbre, recibía nada menos que a la Penya, a la intratable criatura de don Alejandro sobradamente preparada para hacer una muesca más en su imponente trayectoria, mientras que por aquí arriba las gradas se atiborraban merced a la llamada de socorro a la cantera, que acudía como un solo hombre para apoyar a su club en estos momentos difíciles. El farolillo rojo, la crisis galopante, la demencia encrespada, la visita del colíder, las bajas, el más difícil todavía… ¿Acaso podía caber más dramatismo?

Podía caber, sí. Podía extinguirse esa misma tarde la existencia del histórico Alejandro González Varona, su vida apagada apenas minutos antes del comienzo, su previsto homenaje en vida reconvertido deprisa y corriendo en homenaje a título póstumo, su fallecimiento anunciado por una speaker que vio quebrada su voz y apenas pudo contener sus lágrimas. Habría que jugar, aunque fuera con un nudo en la garganta.

Y bien podría decirse que se jugó, si por jugar entendemos voluntad, entrega, deseo, disposición. O bien pudiera decirse que apenas se jugó sólo el segundo cuarto, si por jugar entendiéramos sólo calidad y acierto. Se diga como se diga, la única realidad es que el Estu fue un mero juguete en manos de una imponente Penya, un juguete que sólo empezó a dejar de serlo cuando ya perdía 11-31, que volvió a serlo en cuanto el Joventut se dio cuenta de que quizás aún necesitaría trabajar un poco más. Luego ya sólo fue el erre que erre, el R & R Show, ambos jóvenes maestros haciendo las delicias de chicos y grandes, sus virtuosas cabriolas epatando al respetable, arrancando ovaciones y oooohhhhs ante esos chicos de la casa que eran la viva imagen del quiero y no puedo, tal vez con las honrosas excepciones de Jasen, Lewis y el esperanzador talento de Jayson Granger (uruguayo de padre norteamericano y pasaporte italiano afincado en España, toma mestizaje), solución de emergencia para dirigir lo indirigible (e indigerible).

Pero para entonces las gradas ya estaban en otra cosa. La cantera (o parte de ella) recorriendo los pasillos con su pancarta para reivindicar la cantera. La Demencia (o parte deella) recorriendo los mismos pasillos, arrojando sus papelillos a diestro y siniestro, gritando directiva dimisión con auténtica devoción. La directiva mirando para otro lado, haciéndose la loca como suele hacerse en estos casos. Y  la peña (no la Penya, la peña) mayormente a su bola, generando avalanchas para pillar cualquier regalo a cual más absurdo, y ocupada afanosamente en el noble arte de la elaboración de avioncitos de papel, a cual mayor, con el encomiable objetivo de que llegaran planeando hasta la cancha (si bien generalmente sólo llegaban hasta la calva de algún espectador del piso de abajo). Todo dios por libre, cada uno a lo suyo, compartimentos estancos, entes independientes carentes de un objetivo común, fractura institucional. Y mientras, allí abajo, continuaba el partido… ¿el partido? ¿pero es que acaso alguna vez hubo un partido?

Sigamos haciendo frases. Del mismo modo que suele decirse que la primera víctima de una guerra es siempre la verdad, cabría decir que la primera víctima de una crisis (deportiva) es siempre el técnico. Siempre. Pide la cabeza de la directiva y obtendrás la del entrenador, nunca falla (bueno sí, hay excepciones: a veces no puede caer el técnico porque resulta que es nuevo, que ya cayó el de la semana anterior; a veces se acaban las cabezas de turco, a veces ya ni siquiera quedan entrenadores para sacrificar).

¿Dimisión? ¿Cese? Qué más da. Esto es como aquello que siempre nos contaban de la mili, el militar ilustrado explicando a sus reclutas que las balas caen al suelo por la ley de la gravedad, pero que si ésta no existiera también acabarían cayendo por su propio peso. Dimisión y cese son dos caras de la misma moneda, dos términos etéreos, a menudo no está claro dónde acaba el uno y dónde empieza el otro. Ruedan las cabezas y nosotros podremos definirlo como queramos, decir que se caen o que las dejan caer; tanto da.

Pero que nadie me malinterprete (o que yo no me malexplique, mejor): sé que De Pablos se ha ido por propia voluntad, sé que decidió poner fin a tanta angustia, sé que se sintió incapaz de reconducir la situación (pero no sé si el sabe que quizás su única incapacidad se produjera este verano, cuando debió conformarse con la limitada plantilla que pusieron a su disposición); sé de sobra que esto ha sido dimisión y no cese. Sé que la directiva dice la verdad cuando afirma que no quería que De Pablos se fuera, no me cabe la menor duda de que deseaba fervientemente su continuidad. ¿Porque tenía fe en el proyecto? Tal vez. ¿Porque no hay ni un mal euro en caja para fichar a otro entrenador? Seguro. Esta vez no hay soluciones externas, ni sentimentales ni de las otras. Las sentimentales (o sea, Pepu) ya están colocadas, y las otras se salen del presupuesto.

Pero ya no soy quién (o no me siento quién) para juzgar otras cosas. Ni para pedir la dimisión de la directiva ni para pedir su continuidad. No estoy dentro, ni siquiera estoy cerca, no sé qué está pasando, sólo soy un mero espectador y como tal simplemente veo, lo que me cuentan las noticias, lo que ocurre en la cancha, lo que se percibe en las gradas, lo que muestra la clasificación.

Y las noticias me hablan de un equipo descapitalizado en lo económico, de una institución empobrecida, de que incluso la sacrosanta cantera se resiente, de que se renunció a jugar competición europea porque al parecer echaron números y descubrieron que era menos lo que valía que lo que costaba.

Y la cancha me habla de un equipo descapitalizado en lo deportivo, descompensado, desestructurado y ahora también descabezado. De un equipo sin alma, sin ese espíritu de los toreros que toda la vida le identificó. ¿Qué quedó de aquellos tiempos en los que ganar o perder no importaba tanto como disfrutar, como divertir? (y disfrutando y divirtiendo también se ganaba, vaya si se ganaba). Hoy en su lugar sólo se aprecia presión, tensión, drama. Aquella forma de ser, aquel espíritu lúdico tal vez fuese pueril pero era su imagen de marca, la verdadera esencia de este club, lo que le hacía realmente especial. Ya nada de eso queda, ya sólo queda un club como tantos otros.

Y las gradas me muestran simplemente la consecuencia de todo lo anterior, la fractura institucional que ya mencioné, las camarillas, las múltiples facciones, las luchas intestinas, las infinitas disidencias. Me muestran una afición menguante, apática y desmotivada (¿qué fue de aquella institución que hace apenas tres años presumía de ser el club de baloncesto con mayor número de abonados de toda Europa?); y me muestran una Demencia que ya apenas en nada se parece a aquella que antaño conocimos, aquella tan diferente a tantas y tantas otras aficiones vulgares. Hoy ya no, hoy la vulgaridad ya puede con todo, hasta con ellos incluso (y ustedes me perdonarán si no están de acuerdo, que no niego que quizás el que esté equivocado sea yo; al fin y al cabo, repito, no trato de sentar cátedra, sólo doy mi opinión).

Y la clasificación me muestra un precipicio, un vacío inmenso a sus pies. Los más futboleros de entre los estudiantiles suelen ser también atléticos, y aún recordarán sin dificultad aquella campaña publicitaria de un añito en el infierno (que fueron dos); campaña terriblemente injusta por otra parte, que lo que es infierno para unos es cielo para otros: cuántos no darían cualquier cosa por estar en Segunda, o en LEB Oro; pero campaña eficaz al fin y al cabo. Estos días a más de uno se le estarán viniendo a la cabeza aquellos tiempos: el año pasado el descenso ya fue una posibilidad, este año ya es una probabilidad, el día menos pensado será también una realidad.

Y todo ello apenas tres años después de jugar una inolvidable final de Liga, de eliminar al opulento Tau, de llevar hasta el límite y tener contra las cuerdas a todo un Barça milmillonario y todopoderoso. ¿Qué ha pasado, qué se nos está rompiendo, con qué se está jugando? No sé ni me importa si Estudiantes es el primer equipo de Madrid, pero sí sé que tiene detrás, por activa o por pasiva, a una inmensa masa social. Creo que lo definió muy bien una vez el Director de Gigantes, Paco Torres: el primer equipo de muchos, el segundo de casi todos. Si hasta conozco madridistas más o menos acérrimos, de esos que jamás se alegrarían con una victoria atlética, que en cambio disfrutan con los éxitos estudiantiles, que hasta se disgustan con sus derrotas…

Señores dirigentes: dimitan si les place, o si no quédense. Tanto da, que ya dije que no soy ni seré quién para opinar. Pero hagan lo que hagan, sean ustedes quienes sean, por favor, no echen esto a perder, no permitan que esto se pierda. Sea en ACB o tenga que ser en LEB, pero que vuelva aquella alegría, aquel espíritu, aquel jugar por el mero placer de jugar. Que Estudiantes vuelva a ser, para bien o para mal, un equipo de patio de colegio.

Publicado octubre 19, 2012 por zaid en ACB, preHistoria

desdaimielización   Leave a comment

(publicado el 15 de noviembre de 2007)

 

Hace ahora algo más de un año, Digital + nos anunció el flamante fichaje de Nikola Loncar, que pasaría así a formar parte de la nómina de comentaristas NBA de dicha casa. La cosa no estaba mal viniendo de una empresa que jamás se había caracterizado por adquisiciones externas sino más bien por todo lo contrario, por nutrirse casi exclusivamente de su propia cantera.

Pues vale, hasta ahí todo perfecto, bienvenido sea. Pero no era fácil evitar que se nos plantearan algunas preguntas, como… ¿por qué precisamente Loncar, y no otro? ¿por qué precisamente ahora, y no en otro momento? Dudas razonables ante las cuales nos surgieron tres perfectamente posibles (a la par que probables) respuestas:

1. Por la mera recomendación de su querido suegro, el ex entrenador futbolístico y habitual comentarista radiofónico Radomir Antic.
2. Para compensar tal vez la (entonces) reciente marcha de Andrés Montes.
3. Para preparar tal vez la probable próxima marcha de Antoni Daimiel.

Tres posibilidades que no eran en absoluto excluyentes; es decir, podían perfectamente ser ciertas las tres respuestas a la vez. La primera era lógica y probable; la segunda, evidente, la tercera…

La tercera empezó a hacerse realidad pocas semanas después, justo aquel día en que SEDENA publicó una magnífica entrevista con el propio Daimiel. En dicha entrevista hablaba de lo divino y de lo humano, hablaba incluso de su propio futuro. Hablaba, creo recordar, de su agotamiento tras tantas madrugadas de NBA, de que él no se veía haciendo esto toda la vida, de que a corto o medio plazo se veía incluso haciendo fútbol (“deporte que me gusta tanto o más que el baloncesto”), de que su gran ilusión periodística sería convertirse en corresponsal de información general en alguna capital extranjera… No hacía falta leer entre líneas para comprender que su ilusión de aquellos primeros años ya tiempo atrás se había convertido en monotonía, y que ahora esa monotonía ya estaba convirtiéndose en hartazgo.

Casi un año ha pasado desde entonces, y a la vista de los acontecimientos no resulta nada descabellado afirmar que Digital + (o mejor dicho, NBA +) ya ha comenzado su proceso de desdaimielización. No es algo que diga yo, de hecho ya el propio David Carnicero lo dijo hace como una semana, respondiendo a todos aquellos esemeeses: “Antoni se ha cansado de la vida de vampiro; comentará NBA cuando ésta sea con luz de día, pero con luz de luna se dedicará ya a otras cosas, a planchar la oreja probablemente…” Algo así.

Los hechos, evidentemente, lo confirman: Llevaremos como veinte jornadas de NBA y Daimiel aún no ha pisado el plató ni en una sola madrugada, ni lo hará probablemente en todo el año, ni lo hará seguramente ya nunca jamás. Daimiel sí hizo numerosos partidos de pretemporada (que iban en diferido, por lo que se grabarían de día), Daimiel sí hizo el pasado sábado el diferido de las diez de la mañana en Canal +, Daimiel sí continúa al frente del estupendo programa Españoles NBA. Y cabe pensar que así seguirá siendo toda la temporada, tal vez con el añadido de algún partido extra en la tarde de algún domingo, quizás aún con algún viaje a USA para el All Star, para las finales (pero ya siempre llevando de la mano a Loncar, su sucesor in pectore)…

Eso, hoy (es decir, esta temporada); mañana (es decir, el año que viene) quién sabe… La desdaimielización tiene pinta de ir poco a poco: el año pasado meto a Loncar y me lo voy llevando al all star, éste ya dejo las madrugadas y pongo a Niko de titular, el año próximo termino ya de soltar amarras… Su adiós, de producirse, no será algo abrupto sino progresivo, nada que ver con el caso Montes, al fin y al cabo éste estaba por contratos anuales mientras que Daimiel es fijo, de plantilla como si dijéramos… O quién sabe, quizás esté yo hablando por no callar (para variar), quizás nada de esto suceda, quizás Daimiel siga ligado a la NBA (es decir, a lo que dure en esa casa la NBA) de por vida, más o menos de día, más o menos a distancia…

En cualquier caso no nos rasguemos las vestiduras, que tampoco están los tiempos como para rasgarse uno nada. Once años seguidos trabajando cuatro o cinco madrugadas por semana destrozan la salud física y psíquica de cualquiera, esto lo sabe bien todo aquel que haya trabajado de forma continuada en horario nocturno, todo aquel que tenga familiares, amigos o conocidos padeciendo esta misma situación. Los años van pasando, los cuerpos y las mentes ya no aguantan lo que antaño, los desarreglos te pasan factura hasta ese día en que te plantas, en que te dices hasta aquí hemos llegado, ya ni una más santotomás… Y Daimiel, afortunadamente (para él) está, debe estar ya en una posición que le permite hacer eso, poner sus condiciones, exigir otro horario, quizás pedir incluso un cambio de destino, tras tanto tiempo, tras tantísimos servicios prestados.

La NBA seguirá (de momento) con él, las madrugadas de NBA seguirán sin él. Nos quedamos en manos de Nikola Loncar, que a mí me gusta pero que es tal vez un poco mono-tono (que no monótono), de ritmo plano y voz ligeramente apagada que a veces tiende a ocultar sus a menudo interesantes aportaciones. Siempre que a su lado esté el vibrante (y cada día mejor) David Carnicero, todo irá bien.

Y las noches que no esté Loncar, pues depende. A menudo nos tocará sufrir al insufrible Ramón Fernández, los jueves nos tocará disfrutar al extraordinario (y eternamente infrautilizado) Antonio Rodríguez, en la recámara quedará el interesantísimo (no llega al nivel de Rodríguez, pero es infinitamente mejor que Fernández) Jose Ajero. Es decir, más o menos lo de siempre, lo malo o lo muy bueno de casi siempre… pero sin Daimiel, que de menú del día pasará a convertirse en plato de lujo, en esa ración especial de muchas mañanas de sábado y quizás de alguna tarde de domingo.

Nada que reprochar, insisto. Y mucho, muchísimo que agradecer. Continúe o no, ocurra lo que ocurra, vaya a donde vaya, congratulémonos por haber podido gozar con sus comentarios durante tantísimas madrugadas, durante cientos, quizás miles de partidos, infinitos momentos inolvidables de baloncesto. Muchas gracias por todo, amigo.

Publicado octubre 19, 2012 por zaid en medios, NBA, preHistoria

nostalgia   Leave a comment

(publicado el 14 de noviembre de 2007)

 

El Real Madrid-Partizan de esta noche ha servido para muchas cosas: para desmitificar al presunto MVP Pekovic; para descubrir que los partizanos no saben qué hacer con su dorsal número 17, en un desvarío impropio de una competición (que debería ser) tan seria como la Euroliga; para enterarnos, merced a unapromo en el descanso, de los partidos de rugby que Teledeporte ofrecerá el próximo 10 de noviembre (es decir, dentro de 362 días, para que luego digamos que en el Ente Público no promocionan con tiempo sus productos); y, sobre todo, para hacer un imprevisto viaje a la nostalgia.

El pretexto ha sido Milt Palacio, jugador de Belize que tras larga (y modesta) carrera NBA se ha venido a Europa (y que afortunadamente nada tiene que ver con ese americano-tipo que en sus últimos años se viene al viejo continente simplemente para procurarse una cómoda jubilación: antes al contrario, muestra una actitud de liderazgo, intensidad y compromiso realmente encomiable, que ya la quisieran unos cuantos de sus queridos compañeros serbios). Y al hablarnos de él, Esteban Gómez nos ha dicho que Palacio había estado nada menos que siete temporadas cerca de las estrellas, como aquel programa de TVE del que ahora se cumplen veinte años desde su nacimiento

Y a algunos no se nos han saltado las lágrimas porque no era plan, pero sí se nos han agolpado de repente los recuerdos. Recuerdos de madrugadas de viernes o de sábado, llegábamos a casa, nuestros padres ya en la cama, nuestra cena en la cocina, la poníamos en la bandeja, nos la llevábamos al sofá del salón y allí, solos o en compañía de otros (de mi hermano, si acaso) comenzábamos la velada: el reportaje previo (como el NBA Action de ahora, pero mejor), sus diez mejores jugadas, sí, pero también su jugada tonta de la semana… Y luego el partido: sí, un solo partido a la semana, que tal vez viajaría incluso por avión porque nos llegaba con casi siete días de diferido, pero a quién le importaba eso: aquella era tal vez la mejor NBA de siempre, aquello era un lujo, aquello era más de lo que habíamos tenido jamás así que a nadie le cabía en la cabeza que pudiera existir nada mejor…

Y todo ello de la mano de don Ramón Trecet, un tipo que algún día merecería recibir el gran homenaje de todos los que amamos este deporte, de todos los que aprendieron a amarlo a partir de sus comentarios, de su forma de entender el baloncesto, el deporte, la vida; de su sentido lúdico del juego, tan denostado entonces; de su estilo tan imitado como inimitable, de sus catacrock, de sus diiiiiiing-dooooong… de tantas y tantas noches como nos hizo soñar. A falta de ese homenaje que tal vez algún día llegará, conformémonos hoy con la breve pero significativa mención que de él ha hecho Esteban Gómez, miembro de aquel equipo, compañero de sus comentarios durante tantas y tantas noches.

Aquel sueño apenas nos duró un par de años. En el tercero, temporada 1989-1990, TVE decidió reventar la gallina de los huevos de oro, decidió dejarlo morir de éxito, convertirlo en un programa diario en horario vespertino y en el que ya cabía todo tipo de deporte, en el que la NBA se vio de repente reducida a un microespacio en la tarde de los viernes… Y el resto es historia: la historia de la lenta agonía de la NBA en TVE, que comenzó aquel otoño de 1989 y finalizó para siempre una madrugada del mes de junio de 1995.

Pero nadie nos podrá robar nunca la nostalgia de aquellas dos temporadas anteriores, 1987-1989 en las que, una vez cada fin de semana, se nos permitió viajar cerca de las estrellas. Veinte años se cumplen, y en estos tiempos de tanto aniversario deberíamos conmemorarlo como es debido. Si en el Ente quedara un gramo de imaginación (y si aún tienen los derechos para ello, que supongo que sí pero tampoco lo sé con certeza) deberían reponer todo aquello. O, al menos, lo mejor de todo aquello. Ni siquiera haría falta que modificaran ninguna programación, les bastaría con recurrir a las madrugadas generalmente abandonadas de Teledeporte, las mismas madrugadas de sábado o viernes que fueron entonces, más o menos los mismos horarios de entonces. Así durante unas cuantas noches, durante unas pocas semanas, las suficientes para saciar nuestra nostalgia, tal vez también para que las nuevas generaciones pudieran entenderla. Las suficientes para hacernos volar de nuevo hasta allá arriba, para hacernos sentir otra vez tan cerca de las estrellas.

Publicado octubre 19, 2012 por zaid en medios, NBA, preHistoria

Euroliguerías   Leave a comment

(publicado el 2 de noviembre de 2007)

 

1.- Yo entiendo que estamos muy mal acostumbrados. Con tanto ver NBA ya nos hemos habituado a que tras cada canasta los puntos suban de inmediato a ese pequeño marcador sobreimpresionado en una esquina de la pantalla. Así que luego llegamos aquí, vemos lo nuestro y no nos damos cuenta de que esto es Europa, esto es la Euroliga, aquí la vida tiene otro ritmo, los marcadores también, todo tiene un proceso, el encargado tiene que ver que se ha producido la canasta, pensarse detenidamente qué tecla pulsar, finalmente pulsarla… y todo eso requiere unos segundos, que esto no es aquí te pillo aquí te mato, esto no es América, sólo faltaría…

Pues vale, si yo lo entiendo, pero todo tiene un límite: una cosa es tomarse su tiempo y otra echarse una siesta, una cosa es tardar unos segundos y otra unos minutos, una cosa es subirla ya en el ataque contrario y otra esperar a que haya otro par de canastas para ya subir todos los puntos juntos como sucedió en demasiadas ocasiones durante el Real Madrid-Lottomatica. Que bastante tenemos ya con acabar los partidos con los ojos rasgados de tanto guiñarlos para distinguir las cifras de su portentoso marcador, como para que encima dicho marcador a menudo ni siquiera se corresponda con la realidad.

2.- Ayer jueves nuestros equipos jugaban tres partidos de Euroliga, todos ellos en horarios estupendos, todos ellos en casa. Ayer jueves era, debía ser, otra gran tarde de baloncesto en Teledeporte. Pero ayer jueves la programación de Teledeporte, sacada de su propia web, era la siguiente:

09:00 FÚTBOL LIGA ITALIANA 10ª JORNADA SAMPDORIA – MILAN DESDE GENOVA (ITALIA)

11:00 DIRECTO TENIS ATP MASTERS SERIES PARÍS 1º PARTIDO DESDE PARÍS (FRANCIA)

13:00 DIRECTO TENIS ATP MASTERS SERIES PARÍS 2º PARTIDO DESDE PARÍS (FRANCIA)

15:00 DIRECTO TENIS ATP MASTERS SERIES PARÍS 3º PARTIDO DESDE PARÍS (FRANCIA)

17:00 DIRECTO TENIS ATP MASTERS SERIES PARÍS 4º PARTIDO DESDE PARÍS (FRANCIA)

18:45 DIRECTO TENIS ATP MASTERS SERIES PARÍS 5º PARTIDO DESDE PARÍS (FRANCIA)

20:15 DIRECTO TENIS ATP MASTERS SERIES PARÍS 6º PARTIDO DESDE PARÍS (FRANCIA)

22:00 DIRECTO TENIS ATP MASTERS SERIES PARÍS 7º PARTIDO DESDE PARÍS (FRANCIA)

Sí señor, una cosa surtidita, que ya se sabe que en la variación está el gusto. Si está muy bien que se dé mucho tenis, si yo me alegro, pero hombre, digo yo que lo mismo a las 20:15 ó a las 22 horas ya algún baloncesto sí que podían poner, aunque fuese en “semidirecto”, aunque fuera por equivocación, y dejar algún tenis para darlo grabado después… Qué sé yo, aunque sólo fuera por disimular.

Y sí, que ya sé que el Madrid iba en La2 y que al Barça y al Tau los darían sus respectivas autonómicas, pero aún así. Que algunos somos tan raros que hasta nos gusta el baloncesto por encima de los equipos, y que si luego nos los ponen en diferido el viernes por la mañana pues como que ya no es lo mismo, que hasta estamos ya en otros quehaceres, que hasta resulta imposible no saber ya el resultado…

3.- Y además son tiempos de austeridad. En La2 sí, el terrible retorno de Nacho Calvo (¿qué demonios hace aquí, con tanto tenis como se supone que hay en París?) viene acompañado por el estupendo Creus, todo un lujo. Pero en Teledeporte se ve que han decidido llevar al máximo su política de economía de medios, dirán que para cuatro gatos que somos tampoco nos merecemos otra cosa: tres partidos, tres narradores (a veces desde los estudios centrales, aunque el partido se juegue a la vuelta de la esquina), cero comentaristas.

Mención especial merece la narración (por llamarla de algún modo) de Pere Ferreres durante el Barça-Fenerbahce. Diríamos que inventó lo que podríamos llamar “narración minimalista”, pasando a veces casi minutos enteros sin decir ni una sola palabra, no por avería sino por apatía, no porque se cortara el sonido sino porque se cortaba él.

Claro que cuando narraba podía ser incluso peor, transmitiendo la permanente sensación de desgana de alguien a quien le han jodido un puente (quizá fuera eso) y mostrándose además permanentemente peleado con el mundo: le parece absolutamente incomprensible que Quique Sánchez Flores haya sido cesado como entrenador del Valencia (de fútbol), le parece absolutamente incomprensible que Rodrigo de la Fuente no haya encontrado plaza en un equipo de ACB y haya tenido que irse a la Benetton, que claro, luego así nos luce el pelo… Su capacidad para la absoluta incomprensión es ciertamente impresionante, por más que luego se pueda estar de acuerdo con el fondo de sus palabras (aunque lo del lucimiento del pelo no termino yo de verlo claro, francamente).

Y a apenas un minuto para el final llega la frase definitiva, la que resume todo el encuentro: “el Barça ha pasado por el partido como un AVE enfrentado a un Cercanías…” Verdaderamente la angustia por la crisis ferroviaria de Cataluña se manifiesta ya hasta en los foros más insospechados…

Publicado octubre 19, 2012 por zaid en Euroliga, medios, preHistoria

regresión   Leave a comment

(publicado el 29 de octubre de 2007)

 

Ayer tuve una regresión. Ayer viajé en el tiempo, volví a mi más tierna infancia, retorné a mis ingenuos años setenta, tal vez incluso a finales de los sesenta. Ayer regresé a la inocencia (aunque si me paro a pensarlo quizás descubriré que nunca he salido de ella); y todo ello gracias a Telemadrid.

Pero no, seamos justos. A Telemadrid no. TeleEspe puede ser culpable de muchas cosas, causante de muchas regresiones (ayer mismo, justo antes de la ACB, estaban retransmitiendo en directo desde Roma la ceremonia de beatificación de aquellos a los que nuestra Presidenta Regional -si se dejara llevar por sus bajos instintos- denominaría heroicos mártires de nuestra gloriosa cruzada nacional; si será por regresiones…) De ésta no. De mi regresión baloncestera/televisiva de ayer Telemadrid fue sólo el medio, no el causante. Causante fue la Televisión Autonómica de Castilla y León (o como demonios se llame), responsable última de la realización del Grupo Capitol-Real Madrid.

Todo empezó a mediados del segundo cuarto. Se ve que la cosa ya venía calentita desde tiempo atrás, pero de repente se desencadenaron los acontecimientos: parece que a Eley le han hecho algo, parece que a Felipe le empujan, parece que ha sido Eley, parece que los árbitros no se han enterado de nada… Todoparece, nada es. Las cámaras miran casualmente hacia otro lado, se las apañan para llegar tarde sistemáticamente a cada situación. Los árbitros reunidos en asamblea deciden que algo tendrán que pitar, y que si todos señalaban con el dedo a Eley pues será porque ha sido Eley, así que antideportiva para Eley y asunto resuelto, y aquí paz (es un decir) y después gloria (otro decir)… Da igual que a Eley se le lleven los demonios, que haga gestos claros de que antes a él le dieron un cabezazo, que sus méritos para ganarse la técnica sean ahora muy superiores a los que hizo antes para ganarse la antideportiva. Da todo igual, el tema está zanjado.

Pero algunos, en el sofá de casa, aún esperamos a ver esa repetición que nos aclare lo sucedido; una repetan solo, si no pedimos más, una sola por mala que sea, para que al menos nos podamos hacer una idea… Ni por esas. Vale, no parecen tener muchas cámaras, pero ¿será posible que ninguna de ellas haya captado la escena, ni por casualidad siquiera? Y sin embargo, apenas me bastarán unos pocos minutos para descubrir que los tiros no van por ahí: no es que no den esa repetición, es que no dan ninguna repetición; ni en lo que queda de segundo cuarto, ni en el descanso, ni en el tercer cuarto, ni en el último… Ni un incidente, ni un mate, ni una falta, ni tan siquiera el conmovedor vuelo de un triple hacia su aro (ésa que hace años tanto gustaba a los realizadores de TVE): nada se repite, ni una sola vez siquiera, cero patatero, nada de nada.

¿Será que en la Televisión de Castilla y León aún no saben que ha empezado la era digital? (qué digo era digital, ¿será que aún no saben que se ha inventado el vídeo?) ¿O será acaso una avería? (¿y que no lleven repuesto, ni medios para repararla?) ¿O será más bien que optan por la economía de medios? Qué sé yo, una cámara para el plano general, otra para los planos cortos, si acaso otra a ras de pista, dos como mucho y van que chutan, pinchamos la imagen en directo y a tirar p’alante, y el que quiera repeticiones que se las imagine… ¿O será tal vez que han decidido no ponerlas para no interrumpir el juego? Si ya sabes como son estos del baloncesto, que si la ponemos aquí no ven esto, que si la ponemos allí no ven lo otro, así que mira, mucho más fácil, no se las ponemos y así no gruñen…

Se supone que el año pasado este canal no dio baloncesto, no participó del acuerdo ACB-FORTA ni aún teniendo un equipo de su Comunidad en dicha competición. Este año ya sí, que se ve que la llegada de un segundo equipo ya les ha tocado la fibra sensible (o dicho de otra manera, les ha obligado a apearse del burro). Impresionante compromiso por su parte, sí señor, nos basta con ver su portentoso despliegue técnico para comprobarlo… Vamos, que para el próximo partido que les toque realizar no se les ocurra siquiera molestarse en llevar la unidad móvil ésa tan aparatosa, no, con mandar al becario con una cámara ya es más que suficiente; pero nada de cámara digital, total si esto es sólo baloncesto así que modernidades las justas, nada, el tomavistas aquél de super-8 de su abuelo, y según se llenen las cintas nos las van trayendo y nosotros las metemos en antena (con un ligero diferido, eso sí)…

En cualquier caso yo les estaré eternamente agradecido por proporcionarme unas vivencias que jamás pensé que volvería a experimentar. ¿Cuántos años habrán pasado desde la última vez que vi un partido sin repeticiones? ¿treinta tal vez? ¿treintaycinco, cuarenta incluso? Fue muy emocionante, de verdad. Pero eso sí, la próxima vez háganme un favor: no sobreimpresionen el marcador de la ACB, limítense a enfocar muy de vez en cuando el del pabellón; y ya puestos a hacer las cosas bien, por favor no se corten, den todo el partido en blanco y negro; y entonces ya sí, entonces ya tendremos el revival completo, vamos, que ni los partidos retro aquellos que hacía la NBA podrían jamás comparársele.

Pero es curioso: apenas unas horas antes, cuando en el Akasvayu-Barça se dio aquella situación del triple de Sada que más tarde los árbitros convirtieron en canasta de dos sin saber muy bien por qué, yo en mi sofá pensé ingenuamente (lo dicho, aún continúo en la edad de la inocencia) que hay que ver lo bien que les habría venido contar con una pantallita en la mesa de anotadores, para poder ver siquiera una repetición de dicha jugada (la cosa aquella del instant replay, no utilizada sistemáticamente pero sí en momentos muy puntuales, no necesariamente sólo para los instantes finales…). Craso error. Sólo con imaginarme a los pobres árbitros de Valladolid apostados durante horas ante la mesa, esperando con paciencia y resignación esa repetición que allí jamás llegaría, ya se me quitaron las ganas del instant replay y de la madre que le parió. Esto es lo que hay, me temo.

Publicado octubre 19, 2012 por zaid en medios, preHistoria

Carrusel   Leave a comment

(publicado el 27 de octubre de 2007)

 

A veces, demasiadas veces, toca grabar los baloncestos. A veces, un sábado cualquiera, toca ir de compras a (pongamos) el Carreflús, toca sobredosis de vehículos a la entrada y a la salida, toca atasco simplemente para salir del parking…

En un momento de debilidad enciendes la radio, te dejas llevar por el Carrusel. Mientras que no me entere del resultado… Pero tampoco es fácil porque las criaturas están con su querido fútbol, con un presuntamente apasionante Mallorca-Espanyol. La cosa no debe dar mucho de sí porque en un momento dado al director del programa, el insigne Paco González, se le deben escapar los ojos hacia aquel otro televisor perdido tal vez en un rincón del estudio, ése en el que casualmente alguien habrá sintonizado la ACB. Y justo entonces tiene lugar el siguiente diálogo:

González (con voz de sorpresa): ¡Hay un jugador de baloncesto que se llama Mario Kasun!

Interlocutor 1 (Tomás Guasch, creo): Sí, en el Barça.

González: No, si es que el tío va todo lleno de tatuajes, por todo el cuerpo… Da un poco de asco, la verdad.

Interlocutor 2 (Jorge Hevia, creo): ¿Tú del Mundial no viste mucho, verdad?

Evidentemente este último interlocutor no debe de referirse al Mundial sino al Eurobasket (más que nada porque Kasun no jugó el último Mundial, entre otras cosas porque su selección tampoco lo hacía), pero aún así no resulta muy difícil captar el sentido de su pregunta. Es decir: Kasun jugó (y ganó, por cierto) contra España en el pasado Eurobasket, Kasun lleva año y pico en el Barça, Kasun ya jugó contra España (y se salió, y después se rompió) en el Eurobasket de 2005, Kasun se pasó su par de añitos al menos en los Magic de la NBA… Y Kasun no es precisamente un jugador que tienda a pasar desapercibido, ni por razones deportivas ni (aún menos) por extradeportivas (su estatura, su tamaño, sus dichosos tatuajes…). ¿Y con todos estos antecedentes, el Director del Programa deportivo con mayor audiencia de la radiodifusión española ni siquiera le conocía, ni siquiera tenía conciencia de su existencia (y aún menos de su aspecto) hasta la noche de hoy?

No tengo nada en contra de Paco González, más bien al contrario. Me parece un gran profesional que hace un magnífico programa de radio, con el gran mérito además de haber conseguido algo tan difícil como destrascendentalizar (menudo palabro) el deporte, dotarle de un estupendo aire lúdico-festivo que contrasta con el dramatismo de tantos antecesores suyos que lo trataban como si todo fuera una cuestión de vida o muerte. Hasta ahí todo perfecto, y hasta diría pluscuamperfecto si a nuestro baloncesto le dieran un poco de cariño y lo trataran con un poco de respeto, pero en fin, ya se sabe que no se puede tener todo en esta vida…

Dicho lo cual: ¿es presentable que el Director del Carrusel, un tipo que sin duda conocerá al portero suplente del Poli Ejido y hasta sabrá cómo se llama el segundo entrenador del Rácing de Ferrol, no tenga ni la más remota idea de quién es Kasun? Que te puede gustar más o menos, pero que estaremos de acuerdo en que no es un cualquiera ni juega en cualquier equipo, que es un pívot de postín y se lleva una pasta de una de las más grandes instituciones del deporte nacional e internacional, que no estamos hablando del décimo jugador del (con todo el respeto) Begar León o Polaris Murcia, que se trata de todo un Barça, que sale en televisión cada lunes y cada martes, oiga…

Evidentemente a Paco González no tiene por qué gustarle el baloncesto, que esto no es obligatorio y cada uno es muy libre de disfrutar con lo que le parezca, faltaría más. Pero si diriges un programa deportivo quizá no estaría de más hacer honor a su nombre, conceder a todos los deportes el derecho a ser tratados con un mínimo de profesionalidad. Eso, o llamarlo de otra manera: en vez de Carrusel Deportivo, CarruselFutbolístico. Y al menos todos sabríamos a qué atenernos.

Hace pocos años todos nos echamos unas risas con aquellas declaraciones del entonces presidente del Real Madrid, Florentino Pérez: le preguntaron por Kambala y él ni corto ni perezoso contestó que “es un jugador muy interesante, al que de hecho este verano estuvimos a punto de fichar“. La respuesta no estaba mal, sobre todo teniendo en cuenta que por aquel entonces el susodicho letón ya llevaba unos cuantos meses haciendo diabluras (en todos los sentidos) por la casa blanca. La cagada desde luego tuvo su gracia y todos de inmediato nos apuntamos a los chascarrillos, unos privadamente y otros públicamente, entre ellos el propio Paco González… el cual, visto lo de hoy, no parece que realmente tuviera motivos para tanta risa.

Publicado octubre 19, 2012 por zaid en medios, preHistoria

Bienvenido, Míster Stern   1 comment

(publicado el 15 de octubre de 2007)

 

(Esta es la presunta crónica, con cuatro días de retraso a causa del puente, de los hechos acaecidos en Madrid durante la tarde/noche del jueves 11 de octubre de 2007; es decir, de aquel histórico día en el que la NBA se hizo carne y habitó entre nosotros)

Americanos,
vienen a España
guapos y sanos,
viva el tronío
de ese gran pueblo
con poderío,
olé Virginia,
y Michigan,
y viva Texas, que no está mal,
os recibimos
americanos con alegría,
olé mi mare,
olé mi suegra y
olé mi tía..

Son poco más de las cinco de la tarde, hora taurina (dicen) y mientras bajo Felipe II hacia el Palacio no puedo evitar sentirme un poco como los habitantes de aquel berlanguiano pueblo llamado Villar del Río, justo en el momento en que se preparaban para dar la bienvenida a Míster Marshall. Aquí los americanos nos llegarán en unos pocos minutos y se nos irán en unas pocas horas, no sin antes hacer caja y recordarnos lo encantados que están de habernos conocido. Tan encantados como nosotros, por supuesto.

Entretanto mi cabeza da vueltas recordando la última (y primera, y única) vez que anduvieron por aquí (al decir aquí me refiero a Madrid, que por Cataluña si que estuvieron más veces). Han pasado casi veinte años, diecinueve para ser exactos. Supongo que sería octubre, sé que era 1988. La que entonces aún no era mi mujer (pero ya empezaba a intuir lo que se le venía encima) se aguantó a mi vera la contemplación del partido en un terrible televisor en blanco y negro de un cutre bar vallecano que hoy ya no existe. Allí nos dejamos los ojos para ver a aquellos Celtics de Bird, McHale, Parish, Ainge y Dennis Johnson (que tal vez aún no eran conscientes de haber empezado ya su decadencia) ganar a un Real Madrid

250que tan solo perdió de 15 (hoy sería normal, entonces era toda una hazaña), encomendado inesperadamente a las habilidades de un actor secundario llamado Pep Cargol. Y todo ello en este mismo lugar, en el entonces vetusto y hoy remozado Palacio de los Deportes.

En aquel viejo Palacio estuve viendo baloncesto, así fuera Madrid o Estu, no menos de cien veces, tal vez muchas más. En este nuevo Palacio tan solo he estado una vez, pero no para ver a Gasol y Calderón (qué más hubiera querido yo) sino a Serrat y Sabina, tal solo dos días después de la aún dolorosa eurofinal. Aquella otra maravillosa noche me chupé una cola (qué mal suena esto) de más de media hora de duración para poder acceder al interior del recinto, de hecho el concierto debió empezar con casi media hora de retraso por el caos organizado en los accesos. Así que hoy no estoy dispuesto a que me pille el toro. Me he venido directamente del trabajo, es muy pronto pero ya estoy aquí…

Y en la puerta como de costumbre me espera el habitual segurata, tamaño dos por dos, que tras registrar concienzudamente mi mochililla me pide que separe los brazos del cuerpo y seguidamente me cachea, de arriba abajo, de los sobacos a los tobillos, afortunadamente sólo por los costados, los huevos no me los toca (no físicamente, al menos). No es que tenga yo pinta de facineroso, al menos no más que el de delante y el de detrás que también corren la misma suerte, sospecho que también la correrán los 13.703 espectadores de pago que al parecer (speaker dixit) asistirán esa tarde al pabellón.

Hasta donde alcanzo a recordar es la primera vez en mi vida (y mira que llevo vida) que me cachean, que ya se sabe que para todo hay una primera vez, que nunca es tarde si la dicha es buena, etc, etc. Ni en los cientos de espectáculos deportivos a los que habré asistido, ni en un edificio público, ni al hacerme el DNI, ni en un aeropuerto, ni siquiera en Disneyland Paris (y mira que estaban atacados de los nervios cuando allí estuve)… Me pregunto ingenuamente si los espectadores habituales del FedEx Forum o del Air Canadá Center (por ejemplo) también serán cacheados cada vez que acuden a su pabellón. Casi mejor prefiero no contestarme…

Llego a mi localidad, en su día comprada literalmente a ciegas (me pilló de vacaciones, no tenía Internet, lo hice por teléfono). No está mal, aunque podría estar mejor. Justo en una esquina, justo en diagonal, justo encima de la bocana (terrible palabro) de vestuarios, justo debajo de una de las pantallas gigantes… Quedan cincuenta minutos para que empiece el chou. En uno de los lados de la pista ya calienta el Estu en pleno, en el otro lado lo hace un único jugador de los Grizzlies, precisamente uno que no resulta muy difícil reconocer: 215 centímetros de estatura, raza blanca, cabello abundante, barba poblada…

Cinco minutos más tarde Gasol decide que ya está bien y se dispone a reunirse con sus compañeros. Pero los aún escasos aficionados de las gradas contiguas al acceso a vestuarios deciden que no están dispuestos a dejar pasar semejante oportunidad. Piden autógrafos y Pau acude presto a firmarlos, pese a los denodados esfuerzos de un tipo de tez oscura, cabeza afeitada y traje marrón que no está dispuesto a consentir semejante ruptura del protocolo establecido. Tira de él una y otra vez, intenta llevárselo de todas las formas posibles pero Pau no cede y allí permanece firmando en periódicos, programas de mano, camisetas, balones… Si el boli que le alcanzan no escribe, es el propio Pau el que le pide otro boli a otro aficionado para que nadie se quede sin su recuerdo. Finalmente el tipo del traje marrón termina rendido a la evidencia, hasta acaba echando una mano y alcanzándole a Pau los papeles para firmar, a ver si así al menos aquello acaba cuanto antes…

Pasa el tiempo, todo está ya preparado, al pie del cañón ya vemos a Daimiel, Carnicero, Loncar… y a Rafa Vecina, haciendo honor a aquel mote que un día le puso Montes, de repente un extraño, nunca mejor dicho. Antes de que todo empiece, el speaker nos lee un comunicado: nos dice que la NBA y la Organización del Certamen asumen el compromiso de brindarnos un espectáculo seguro, cómodo y divertido, por lo que toda aquella persona que presente un comportamiento conflictivo, o que utilice palabras abusivas u ofensivas o gestos obscenos será inmediatamente expulsada del pabellón; nos pide que no nos peleemos ni arrojemos objetos a otros espectadores (de arrojar objetos a la pista no dicen nada, se ve que eso ni les cabe en la cabeza); nos advierte que si vemos a alguien que incumpla estas normas tenemos la obligación de denunciarlo, al acomodador o miembro de la Organización más cercano; y por si acaso también nos recuerda que el pabellón dispone de un completísimo sistema de vídeo-vigilancia, para que nadie pueda escapar bajo ningún concepto. Un espectador, a mi lado, realiza una profunda reflexión, ya ves tú, aquí tantas normas y luego allí están a tiros en los colegios… No entro al trapo, no me atrevo a asentir no vaya a ser una trampa, no me vayan a delatar…

Ya están todos, estudiantiles y grizzlies, en la pista: ovación de gala para Navarro (“quién hubiera dicho que le íbamos a aplaudir así, con la de veces que nos ha jodido”, comenta un madridista; “no, si yo le aplaudo precisamente por eso, porque se ha ido”, contesta otro), ovación de gala para Gasol, tibios aplausos para el resto de los protagonistas… excepto para Darko Milicic que se ha pasado todo el verano haciendo amigos, la criatura: sus consideraciones sobre la blandura de Pau, unidas a sus profundas reflexiones sobre las madres y las hijas de los árbitros y sobre la condición sexual de los mismos, parecen haberle convertido en el ser más odiado de todo el pabellón. Ya en juego los abucheos se reproducen cada vez que toca el balón. Si le quedara algo de inteligencia lo habría dejado estar, y los silbidos se habrían ido apagando por sí solos; pero no es el caso: en un momento dado responde levantando los brazos, como pidiendo venga, más, silbad más todavía… El ruido aumenta, le dicen de todo, algún espectador cercano muestra su preocupación, cuidado con lo que le llamamos, acordaros de las normas, a ver si nos van a echar…

A todo esto el partido comienza con una ocupación ciertamente irregular de las gradas. Las localidades baratas y las de precio medio se ven llenas en un 90 ó 95 por ciento; en cambio las caras aún no están ni al 50 por ciento, para variar. Ya irán viniendo… Ya se aprecia mucha más presencia madridista que estudiantil, algo que se confirmará aún más según avance la tarde. De la Demencia ni rastro, si alguno hay estará de incógnito. Si bien, en honor a la verdad, luego tampoco habrá rastro de los Ojos del Tigre, los Berserkers u otras peñas blancas, como si este tipo de grupos fueran absolutamente incompatibles con el espíritu lúdico-festivo que envuelve al evento.

Hacia la mitad del primer cuarto llega ese momento que todos habíamos estado esperando desde que comenzó el partido: el momento en que se estropean los relojes de posesión. ¿los barridos? ¿los inhibidores de frecuencia? No consta que haya presencia de la familia real, pero, vistas las medidas de seguridad que hay a la entrada, tampoco aquello resulta tan extraño. La cosa se arregla (más o menos), parece que podremos continuar.

Final del primer cuarto… y final del partido, todo a la vez: Memphis, sin hacer nada del otro mundo pero tomándose las cosas muy en serio, aplasta 32-11 a un Estu que se comporta como si le hubiera plantado ahí el ayuntamiento sin saber muy bien por qué. Por no saber no saben ni qué hacer con los tiempos muertos, inusitadamente largos para sus costumbres, buena parte de los cuales, una vez acabada la charla de De Pablos, se los pasan mirando las cosas que ocurren en medio de la pista. Y sólo nos quedan 36 minutos (de la basura, con perdón)…

Es como chocar contra una pared: escasitos de tiro exterior (y hoy aún más, porque Lorbek no juega), escasísimos de presencia interior sólo queda el socorrido recurso a las penetraciones, muy útil si juegas contra (por ejemplo) iurbentia, pero suicida si juegas contra Grizzlies. Sólo Jasen y Larry Lewis sobreviven a duras penas, el resto naufraga sin remisión pero al menos nos queda la posibilidad de que el Estu saque al escaparate a su gran cantera, versión internacional: a Clark y a Torres ya les conocemos, así que hoy nos presenta en sociedad a Yannick Driesen (que pese a su tamaño consigue pasar desapercibido) y a Jayson Granger (que nos regala unos cuantos detalles muy esperanzadores). Y pare usted de contar.

El descanso nos trae un magnífico acróbata importado del Cirque du Soleil… y una pregunta: ¿dónde están las cheerleaders? La respuesta la tendremos en el primer tiempo muerto de la segunda mitad, con la aparición en escena del Raptors Dance Pak. Es decir, Memphis no parece haber traído animadoras, sino más bien un modesto equipo de animación: chicos fuertotes que levantan chicas, chicas que ponen posturas y realizan piruetas encima de los chicos… En cambio de Toronto sabemos que ha desplazado a Madrid a buena parte de su organización, la prensa habla de hasta 60 personas, el aficionado de mi derecha dice que está aquí Torontontero (no, no es muy original…)

Las mascotas sí están ambas: la de los Grizzlies se llama Grizz y es un oso gris (como su propio nombre indica), mientras que los Raptors se llama Raptor (todo un alarde de creatividad) y es una especie de dinosaurio rojo. Pero también en esto, como en tantas otras cosas, gana Toronto: Grizz se limita a cubrir el expediente, dar algún salto en la cama elástica, algún paseo por la grada… En cambio Raptor es mucho más travieso, incordia a propios y extraños, parodia a los miembros de la organización, levanta y sienta al público cual si de Suso se tratara…

A todo esto, el partido (o lo que queda de él) continúa: la gente pide a Navarro y Iavaroni lo pone, la gente pide que vuelva Gasol y Iavaroni les deja con las ganas… tal vez no se hayan dado cuenta de que Pau se está poniendo hielo en el muslo, tal vez no reparen en que Iavaroni no pondría jamás a su jugador franquicia con los treinta puntos que lleva de ventaja, ni aunque el partido se disputara en la plaza mayor de Sant Boi de Llobregat…

Al menos, antes de acabar, tendrá lugar un momento insospechado: un salto entre dos. Es decir, se pelea por un balón, los árbitros decretan lucha y ello supone que deberán acudir al salto Navarro (que debe hacer la tira de años que no lo practica) y Beirán (que tal vez no haya saltado nunca; o tal vez, si acaso, en infantiles). Todo ello nos mueve a profundas reflexiones: todos preferiríamos que esta suerte volviera a nuestro baloncesto, a ninguno nos gusta la alternancia… Es lo que hay.

73-98. El Estu se va por donde ha venido, Memphis lo mismo… pero Gasol y Navarro aún continúan en cancha en el preciso instante en que aparecen dos jugadores de los Raptors que casualmente resultan ser Calderón y Garbajosa. Los cuatro se abrazan en medio de la pista rodeados por una nube de fotógrafos, y justo en ese momento emerge junto a ellos un señor mayor, bajito y trajeado, que resulta ser El Comisionado Portela (del otro Comisionado, el de verdad, Stern, no se aprecia ni rastro, aunque todos suponemos que por allí anda). Portela quiere acabar lo que empezó en la Supercopa de 2006, renombrando unas cuantas estrellas con el nombre de cada jugador campeón del mundo. Navarro ya tenía la suya, ahora ya la tienen también los otros tres. Más aplausos, más pabellón entero en pie. Calde y Garba se quedan, pronto se les unirán Felipe Reyes y Rafa Vecina en animada tertulia; Navarro y Gasol se nos van; éste último se quiere quedar de nuevo a firmar autógrafos, pero esta vez no ha lugar: el tipo del traje marrón le echa los brazos por la cintura (tampoco le llega mucho más arriba) y literalmente le arrastra hacia el interior de los vestuarios.

Ahora sí, ya estamos todos: las gradas (casi) a rebosar; los espectadores que ocupan sus asientos ya de nuevo informados de que no podrán decir palabras ofensivas ni hacer gestos obscenos; los jugadores que se disponen a ser presentados… pero también hay malas noticias, como que nos quedaremos sin ver al mejor jugador de cada uno de los equipos. Por ahí andan, Bosh vistiendo un impecable traje gris, Felipe vistiendo una impecable camiseta gris y unos impecables vaqueros… que afortunadamente aquí todavía no ha llegado lo del Dress Code (pero todo se andará, me temo). Llegan las presentaciones, las ovaciones… Tal cual hicieron Jasen y Pau en el partido anterior, ahora son Calde, Garba y Felipe (y por qué no también Mumbrú, se pregunta alguien) los que toman el micrófono para darnos las gracias por venir. Ya podemos empezar.

Toronto empieza arrollando 0-9 y por un momento sospechamos que tendremos la reedición del partido anterior… pero no. El primero en sumarse a la fiesta es La Araña Smith, luego llegará Sweet Bullock, más tarde Raül… y cuando todo parece estabilizado, emerge el factor Llull. Plaza le da minutos como a tantos otros (que hoy hay 48 para repartir) y el menorquín decide que no existe un momento mejor para jugar el partido de su vida (hasta ahora). Lo que, dicho sea de paso, llena de preocupación al acérrimo madridista que tengo a mi izquierda, tiene que jugar así precisamente hoy que estará toda la NBA observando, ya ves, otro que nos quitan, como si lo viera…

Descanso. Nos disponemos a observar una actuación de las cheerleaders, tal vez más larga que de costumbre… pero hete aquí que las que emergen no son las Raptors Dance Pak, sino las concursantes del programa Supermodelo 2007, de Cuatro (qué casualidad, el mismo canal que retransmite el partido, mira tú qué cosas). Se ve que les han puesto ese reto, el de montar un baile en el centro de la pista, cual si de las animadoras de Toronto se tratara, si acaso un poco menos rubias. Aparentemente les sale bien… pero ellas no las debían tener todas consigo porque acabada su actuación se ponen como locas, los que estamos encima de ellas (quiero decir, en las gradas que están justo encima de la entrada de vestuarios) las vemos abrazarse como si todas hubieran ganado el concurso, celebrarlo como si hubieran logrado la mayor de las hazañas… La verdad, tampoco parecía para tanto.

Pero también queda tiempo para hablar de baloncesto: por extraño que parezca si miramos al marcador, hay consenso en que Toronto juega mucho mejor al baloncesto que Memphis. Tal vez no sea culpa de Iavaroni, tal vez sea lo normal: Memphis es un equipo en reconstrucción mientras que Toronto es un equipo ya hecho, Memphis aún apenas conoce sus nuevos sistemas mientras que Toronto juega de memoria, Memphis se está hartando de probar con unos y con otros mientras que en Toronto juegan (casi) los que tienen que jugar… Es así, por más que la paliza anterior y la igualdad actual parezcan indicar exactamente lo contrario. (y es que quizás la diferencia esté también en el nivel del rival, me temo).

También hay consenso en que los Raptors juegan mucho mejor con Calderón que con Ford. Evidentemente no somos neutrales y tal vez ya estemos predispuestos, pero aún así la sensación se percibe a simple vista: Ford es rapidísimo (en vivo su velocidad llama muchísimo la atención), da gusto verle cortar la zona rival cual cuchillo en mantequilla… pero se juega demasiados tiros, absorbe demasiado tiempo de posesión, él puede ser más o menos determinante de cara al aro pero el juego de conjunto se resiente. En cambio Calde de mucho más ritmo al ataque de su equipo, aporta un dinamismo, un movimiento de balón, una fluidez casi imposible de encontrar con T.J.

Aunque éste no siempre fue así, hubo un tiempo, pongamos en sus años mozos cuando era freshman en la Universidad de Texas, en que daba más asistencias que ningún otro base en toda la NCAA. Y en su primer año en Milwaukee tampoco era éste su papel… Pero se ve que fue llegar a Toronto y creerse aquello de que él era la segunda opción (eso con Bosh; sin Bosh ya no digamos). Así son las cosas, me temo. No diré que Calderón sea mejor jugador que Ford (aunque lo piense), pero sí diré que los Raptors juegan mejor con Calderón que con Ford. Aunque se me note una vez más la parcialidad, la debilidad.

Tercer cuarto. De repente el Madrid se pone por delante, en un abrir y cerrar de ojos va ganando 68-63, el madridista que tengo a mi izquierda saca el móvil y tira una foto al electrónico para inmortalizar el histórico momento, no vaya a ser que no se repita… Se repetirá, pero él aún no lo sabe.

A todo esto, el partido es magnífico. Vale, sí, es un amistoso, pero también es el duelo entre dos buenos equipos, NBA versus ACB, luchando denodadamente por la victoria… o quizá sea que, comparado con el partido anterior, ya cualquier cosa nos parece hermosa. Tenemos emoción, tenemos buen juego… tenemos también una constante sucesión de tiempos muertos para disfrutar de los concursos más insospechados, el concurso de EA Sports, el concurso de Powerade, el concurso de Adidas, el concurso de Las Vegas… El más escalofriante es el concurso de KFC, cuyo ganador será aquel que tarde menos tiempo en vestirse como el muñeco que aparece en su logo, obteniendo como premio un año de comida gratis en KFC. Se me revuelven el colesterol y los triglicéridos, sólo de pensarlo.

Llega la traca final. Calde por supuesto la ve desde el banquillo, Ford la vive desde la pista, faltaría más. Enfrente Plaza nos sorprende, otorgando el mando en plaza (nunca mejor dicho) a Llull, en justo premio a sus elevadas prestaciones del final del segundo cuarto. Pero lo que ya nadie espera es que dichas prestaciones aún se vean corregidas y aumentadas, con otros dos portentosos triples (tamaño NBA, no lo olvidemos), una buena dirección y una extraordinaria defensa sobre la dirección rival.

Como a treinta segundos del final llegará la jugada que resume el partido, una pérdida de Ford que más bien es un robo de Llull, primorosamente atento a la línea de pase. Canasta, adicional (creo recordar), otra vez cinco de ventaja, el júbilo consiguiente, la locura. Algo así como veintiséis tiempos muertos después (y con un susto de por medio, el que nos dan Garbajosa y el ex macabeo Parker, estampándose cabeza con cabeza en su lucha por un balón), la victoria blanca finalmente se consuma: 104-103 (diferencia engañosa, ya que los tres últimos puntos de Toronto llegan con un triple de Ford literalmente sobre la bocina).

Doce y veinte (más o menos) de la noche. La gente abandona el Palacio contenta y feliz. Sí, vale, porque el Madrid ha ganado. Pero no puedo evitar tener la sensación de que si finalmente hubiera perdido, la gente estaría saliendo casi igual de contenta y de feliz. Al fin y al cabo esto era una fiesta, y se ha disfrutado como tal. Ahora las buenas gentes de Mister Stern se nos van, nuestra película se nos acaba. Será hasta la próxima. Y esperemos, y deseemos, que esta vez no tengan que pasar otros diecinueve años…

Publicado octubre 19, 2012 por zaid en NBA, preHistoria

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