desahogo   Leave a comment

(publicado el 19 de enero de 2008)

 

Aún no llevábamos dos minutos de juego y ya nos habíamos enterado de muchas cosas. Ya sabíamos por ejemplo que en el Barça juega Ilyaseva, que su entrenador se llama Ivkovic, que Mario Kasun es turco… Para empezar no estaba mal.

Minutos más tarde el entrenador del Barça se seguiría aún llamando Ivkovic de vez en cuando, sabríamos que Fran Vázquez fue elegido en el draft de la NBA “¿por Miami? No, número 6 por Orlando” (está bien, fallaron el puesto pero al menos acertaron el equipo al segundo intento; teniendo en cuenta que sólo hay treinta franquicias no deja de ser un éxito) y descubriríamos el inopinado currículum de Pepe Sánchez (“fue el primer argentino en jugar en la NBA, luego ganó la Euroliga con el Olympiacos y de ahí ya vino al Unicaja”, el juego de los errores parecía aquello). El baloncesto en Telemadrid es como aquel Libro Gordo de Petete: te enseña, te entretiene, y te amenaza tan contento con volver la semana que viene…

Tengo un profundo respeto por Siro López, aquel magnífico periodista de baloncesto que tantas veces iluminó nuestros aparatos de radio en aquellos 80 y en los primeros 90, aquella edad de oro. Pero ha pasado tiempo desde entonces, quizás demasiado, quizás todos estos años metido en un despacho entregado casi en exclusiva a tareas ejecutivas hayan terminado por pasarle factura.

Sólo así se entendería que se le pueda pillar en tantos renuncios, que de repente se ponga a gritar como un energúmeno ¡¡¡¿¿¿pero qué han pitado???!!!, que tenga que ser Vaquerizo el del inalámbrico quien les diga que han pitado manejo (o sea, los típicos dobles por acompañar o retener el balón), que él y su compañero de al lado reaccionen gritando más todavía ¡¡¡¡¡pero cómo es posible, pero si es que eso no se pita nunca!!!!!

O aún peor, que el árbitro levante sus dos pulgares hacia arriba, que Siro diga que han pitado lucha, que Vaquerizo desde la banda apostille que balón para el Barcelona, que Siro reaccione abruptamente, ¡¡¡no, no, no, no, no, no; han pitado lucha, yo he visto clarísimamente cómo el árbitro hacía la señal de lucha!!!, y que Vaquerizo tenga que decirle sí, ya, pero es que es por la alternancia, es que ahora hay lo de la alternancia…Para cerrar tan ameno diálogo con un momento genial de Siro, a medio camino entre la reconvención y la autoironía: “Vaquerizo, ¿insinúas acaso que no nos sabemos el reglamento?” No creo que fuera una insinuación, más bien era una evidencia…

Claro, que Siro López no sepa estas cosas tal vez hasta pueda entenderse (un momento de debilidad lo tiene cualquiera), que al fin y al cabo se supone que él está allí sólo para narrar, que el especialista es el otro, el que tiene al lado… El que tiene al lado no necesita presentación, se llama Chechu Biriukov, no haría falta decir más. No han pasado tantos años desde que se retiró, desde que se alejó totalmente del baloncesto para dedicarse (creo) a tareas empresariales. Pero uno siempre se imagina que algo queda, uno oye su fichaje y hasta se ilusiona, uno en su evidente ingenuidad piensa que si Telemadrid le ha fichado no es por su mero nombre sino porque confía en su capacidad, piensa incluso que si él ha aceptado dicho encargo es porque confía plenamente en salir airoso de semejante reto…

Y sin embargo la ignorancia de Siro se torna casi en sabiduría si la comparamos con la de Biriukov. Si en Siro hablábamos de tal vez demasiado tiempo en un despacho, en Chechu casi cabría hablar de hibernación. Si Siro transmite la impresión de que ha visto poco baloncesto durante estos últimos años, Chechu transmite la impresión de que no ha visto ninguno, la impresión de no haber vuelto a sentir siquiera la más mínima curiosidad por este juego. Así que la ardua labor de Chechu consiste básicamente en reírse, reírse constantemente, prorrumpir en risas estruendosas a cada chorrada de su compañero, reír a carcajadas durante casi todo el partido sin que se sepa bien por qué. Bien mirado su papel sería casi comparable al de esas típicas risas enlatadas de las telecomedias, y su utilidad más o menos la misma: desesperarnos a unos cuantos pero surtir efecto en otros cuantos, esos que al final acabarán esbozando también una sonrisa sin saber por qué, sólo porque la tele les ha dicho que lo hagan, porque se ha reído su televisor. Teniendo en cuenta todos esos estudios que hablan de lo buena que es la risa para la salud, no me cabe la menor duda de que los comentarios de Biriukov serán sumamente beneficiosos para la mayoría de la población (para mí no, desgraciadamente; a mí me descompone); aunque no tanto como para él mismo.

Y está también Vaquerizo, el del inalámbrico, convirtiendo en una gran verdad aquello que decían nuestras abuelas de que en el país de los ciegos el tuerto es el rey. Cuando hace banquillos los domingos por la mañana en ACB sus obsesiones arbitrales a veces nos rompen los esquemas, a menudo nos sacan de quicio. En cambio en la Euroliga es el único que nos salva: no pone cordura, que eso ya sería pedir demasiado, pero sí algo de conocimiento e incluso algunas pequeñas dosis de sentido común. Quién hubiera podido imaginarlo…

Porque la ignorancia, con ser mala, no es lo peor. Lo peor es el tremendismo, el forofismo, el fanatismo incluso. Es como si hubieran llegado a la conclusión de que el baloncesto por sí solo no vende, de que si pones sólo baloncesto no atraes a nadie, de que la gente no se lo come si no lo aderezas con múltiples aditamentos, crispaciones, tensiones a vida o muerte, paranoias arbitrales de todas clases.

Y así una vez más se nos empieza diciendo que si un partido decisivo, que si hay que ganar o ganar, que sihoy sólo vale ganar, como si quedando segundo de grupo tuvieras ya media Euroliga en el bolsillo, como si quedando tercero fueras ya carne de cañón.

Y así una vez más, desde el primer segundo hasta el último, sólo una cosa importa, da igual que un equipo juegue bien o mal, da igual que el rival sea fácil o difícil, todo eso es secundario, todo eso carece de la menor importancia porque el único factor verdaderamente determinante, el único que decide la victoria o la derrota es la actuación arbitral. Todo lo demás sobra.

Si se pierde es por los árbitros. Si se gana es a pesar de los árbitros. Toda señalización a favor es justa, toda señalización en contra es injusta, por dios, qué barbaridad, pero míralo, pero si no ha habido nada, por dios, cómo puede pitar eso. Todo intento de tapón propio es un soberano tapón, todo intento de tapón ajeno es falta clarísima (da igual lo que diga después la repetición). Toda buena defensa propia es una defensa extraordinaria, toda buena defensa ajena es que míralo, si están pegando todo el rato, si es que le ha dado hasta tres veces, míralo, hasta tres faltas le ha hecho, pero hombre por favor… Toda protesta propia está justificada, faltaría más, ante la injusticia que se está padeciendo. Toda protesta ajena es injustificable a la par que risible, sí, hombre, protesta encima, si encima vais a protestar… pero mírale [a Ivkovic, o sea Ivanovic], si el tío no para, si es que lleva así todo el partido, ganándose la técnica, pero no, si no hay peligro, no te preocupes que no se la van a pitar…

Y así todo el partido, así su hora y tres cuartos de duración (exceptuando los anuncios, que por cierto entre cuarto y cuarto también se nos comen casi un minuto de juego, no nos vayamos a malacostumbrar), así los 40 minutos de juego real, desde el primer al último segundo. A apenas un minuto para el final se alcanza el paroxismo en aquella jugada en la que Felipe parece haber atrapado un rebote en ataque, se va al suelo y finalmente pierde el balón. Siro y Chechu montan la de dios, montan la mundial, los exabruptos les rebosan pero apenas les da tiempo a decirlos porque el juego continúa, finalmente Siro encuentra la palabra mágica, vergüenza, esto es vergonzoso, grita fuera de sí justo antes de ponerse a gritar por otras causas, por aquel soberano tapón que valdrá medio partido. Pocos segundos después veremos la repetición y entonces Siro dirá una frase que debería quedar para los restos en la antología de las narraciones televisivas: “…míralo, míralo, le quitan el balón de las manos… ¡¡¡y no pitan falta!!!”

Segundos más tarde, aquella polémica falta antideportiva (otro concepto que desconocen, ellos se quedaron en las intencionadas) pitada al Barça no les mereció el más mínimo comentario, les pareció lo más natural del mundo. Y probablemente lo fuera, y no seré yo quien diga si acertaron en una o se equivocaron en otra, o viceversa, que ni lo sé ni me importa, que no es mi guerra; sólo lo pongo como ejemplo.

En cualquier caso algo hemos adelantado de la pasada semana a ésta. Esta vez nadie pidió ningún linchamiento, esta vez a Biriukov no se le escapó aquello de “es que es para matar a estos tíos…”; aunque no faltaron sutiles menciones hacia el Trío Calavera (no está mal: la semana pasada hablaron del Trío de la Bencina, ésta del Trío Calavera, no sé qué tocará la semana que viene, tal vez el Trío Los Panchos, tal vez el Trío La La La…)

Y el desprecio, total, absoluto, profundo, por el juego: puede ponerse a parir a Lakovic porque se juega un triple precipitado, hay que ver, vaya la que se ha tirado, es lo que tiene este jugador, desde luego ésa a Ivanovic [¿o era Ivkovic?] no le habrá gustado nada… Reflexión en la que tal vez todos podríamos estar de acuerdo, de no ser por el pequeñísimo detalle de que dicho tiro se producía en el último segundo de la posesión, aspecto éste del que ninguno de los comentaristas pareció darse cuenta. Desprecio por el rival que comete la quinta falta, sí, sí, vale, chaval, tú di lo que quieras pero a sentarte, hale, a descansar, que por hoy ya está bien

Y hasta puede suceder la jugada más bella del partido, una asistencia por detrás de la espalda de Sánchez desde medio campo para que Fran reciba y anote bajo la canasta, y que sin embargo dicha jugada merezca por todo comentario un “ahí Fran Vázquez le ha robado la cartera a Papadopoulos, no puede ser que un jugador como Papadopoulos se deje robar la cartera de esa manera…” (hará falta una repetición, y otra, y otra, para que finalmente Siro López repare en ello, para que por fin se dé cuenta, para que diga “quéasistencia de Pepe Sánchez, ahora lo hemos podido ver en la repetición…” Al menos él aunque tarde consiguió verla, no consta en cambio que Biriukov la haya visto todavía).

Me dirán que exagero, y quizás tengan razón. Me dirán que en todas partes cuecen habas, que todas las autonómicas son partidistas para con los equipos de su comunidad, y tendrán también razón… pero con matices. Porque una cosa es el elegante partidismo de (pongamos) Rovirosa y Solozábal en TV3, o el de los que hacen ACB en Andalucía TV cada domingo por la mañana, o el del mismísimo Felipe Galán de esos mismos domingos en Telemadrid, y otra muy distinta el forofismo tabernario y ultramontano que predican estos tíos. Sí, quizás tengan razón, quizás yo exagere. Pero tengo una pila considerable de años y por muy atrás que me remonto no consigo recordar otro caso igual, ni tan siquiera en aquel primer Pedro Barthe que tan a menudo solía echarse al monte en sus inicios. Ni siquiera en fútbol (aunque sea menor mi experiencia en ese campo) me resulta fácil encontrar algo parecido.

Sí, echo de menos los jueves a ese Felipe Galán de los domingos, e incluso al analista de turno (Indio Díaz, Antúnez, Toñín Llorente) que, por poco que aporte, siempre aportará más que Biriukov. Vale, Galán no es precisamente la alegría de la huerta (y eso será lo que le ha costado el puesto de los jueves) pero tiene algunas cualidades impagables: es elegante, es respetuoso, sabe de lo que habla, hace bien su trabajo. Sin excesos, simplemente cumple su labor con exquisita corrección; lo cual, en estos tiempos que corren, es más que suficiente.

Pero es que, puestos a preferir, yo ayer, una vez entrado en el partido, habría preferido cualquier cosa. Habría preferido cien mil veces poder escuchar a Rovirosa y Solozábal aunque fuera en un idioma que no es el mío (pero que tampoco me resulta tan difícil de entender), aunque fueran con el Barça (pero de una forma normal, sin ruidos), aunque no soy del Barça ni tenía el más mínimo interés en su victoria. Habría preferido poder escuchar como cada jueves a mi Chichi Creus del alma, tuviese a quien tuviese al lado, así fuera Esteban Gómez, Ferreres, hasta a Nacho Calvo creo que le habrá preferido (dios santo, jamás pensé que llegaría a escribir esto…). Habría preferido cualquier cosa antes que aquello, antes de terminar el Madrd-Barça con un espantoso dolor de cabeza y con la no menos espantosa sensación de que aquellos tipos armados de micrófono me habían estropeado uno de los mejores partidos de lo que llevamos de temporada.

Esto de la Euroliga en Telemadrid me está provocando una especie de dilema moral. Por un lado creo que es maravilloso que una televisión apueste de esta manera por el baloncesto, que se vuelque con él, que arrastre otra vez a las buenas gentes hacia nuestro deporte, que consiga esa impresionante audiencia del 18 por ciento, infinitamente superior a las de sus antecesores (y es que al final va a resultar que esto de las audiencias es más fácil de lo que parece, que no es suficiente con tener el producto, que además hay que saberlo vender).

Todo eso está muy bien, qué duda cabe. Pero si el precio que hay que pagar para arrastrar a las masas es abaratar el producto, es convertirlo en una baratija del todo a cien o en una especie de atracción de feria, pues entonces yo ya no estoy muy seguro de querer pagarlo. Me llamaréis elitista, seré un aficionado de culto, seré muy raro, qué sé yo lo que seré. Será que me gusta mi juego de siempre, contado como me lo han contado casi siempre, aunque luego apenas lo veamos cuatro gatos encerrados en una cueva; o será que me da un poco de miedo que todas esas buenas gentes que vuelven al baloncesto no sean atraídas por el baloncesto, en absoluto. Que más bien sean atraídas por una farsa, por una especie de película falsa y extraña que alguien sin demasiados escrúpulos ha montado a su alrededor.

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Publicado octubre 20, 2012 por zaid en Euroliga, medios, preHistoria

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