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(publicado el 11 de mayo de 2008)

 

¡¡¡Queré-mos cien!!! ¡¡¡Queré-mos cien!!! ¡¡¡Queré-mos cien!!!

Allá por mi más tierna infancia, esta cantinela era relativamente habitual en los pabellones. Habitual cuando ganaba el de casa, cuando no preocupaba el resultado, cuando los tres dígitos (que a menudo ni siquiera cabían en los marcadores de la época, reflejándose el 00 porque no había dónde poner el 1) eran una bonita manera de ponerle la guinda a una paliza. Habitual cuando los cien puntos no eran sólo posibles sino también probables, cuando las defensas apenas eran defensas, cuando éstas no eran físicas sino (casi) contemplativas, cuando los jugadores no eran fornidos sino simplemente altos, cuando casi todos los tiros eran cómodos. Habitual aunque las posesiones fueran de 30 segundos y no de 24, aunque el tiro de tres no se hubiese inventado ni soñado tan siquiera.

El 100 siempre fue un número cabalístico (por llamarlo de algún modo) en nuestro deporte. Y aún hoy lo sigue siendo, aquí cerca y allá lejos. En la NBA, por ejemplo, antes era cotidiano pero hoy aún sigue siendo frecuente (al fin y al cabo, allí juegan ocho minutos más), y a menudo hasta las grandes cadenas de comida rápida organizan sus promociones a cuenta de dicho número: “si nuestro equipo llega a los cien puntos, por cada Big Mac que compren a la salida les daremos otro completamente gratis” (o algo así). Y luego pasa lo que pasa, lo que pasó hace meses en Utah, que a tres o cuatro minutos para el final los Jazz ganan de paliza, que ya están en 98 y el público empieza a salivar, pero son minutos de la basura y aquellos suplentes son incapaces de meter una sola canasta, de forzar faltas tan siquiera, y llega la última posesión y (como allí suele ser habitual) ni siquiera tiran, se limitar a botar hasta que suena la bocina y entonces se lía la de dios, que la gente les monta el pollo, que parece que se les quiere comer (ya que no hay hamburguesa gratis…), que a pesar de haber ganado el equipo local de treinta o de cuarenta aquello casi acaba en altercado, en escándalo público…

Ya, claro, si todo eso está muy bien, pero llegados a este punto lo mismo usted se estará preguntando a qué viene toda esta historia… Pues viene simplemente a que, según el contador de esta Comunidad, ésta es mi entrada número 100 (cien) en este blog. Cien entradas aquí, tal vez otras tantas en el blog de SEDENA, cientos de miles de palabras más o menos absurdas, más o menos innecesarias, más o menos inútiles… Sirva esto como conmemoración y (sobre todo) como agradecimiento hacia todos aquellos que, de forma casual o intencionada, esporádicamente o (incluso) habitualmente, tuvieron alguna vez la ocurrencia de asomarse por aquí, de perder unos segundos de su vida leyendo mis tonterías. Gracias por tanta paciencia…

 

…Y hasta la 101…

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Publicado octubre 21, 2012 por zaid en preHistoria, varios

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