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(publicado el 23 de mayo de 2008)

 

Antes de que nos lo dijera Ivanovic ya nos lo habían dicho otros. Yo, por ejemplo, recuerdo haber leído alguna vez a Jorge Valdano la historia que les contaba el médico de la selección argentina (Doctor Oliva creo que se llamaba, si la memoria no me traiciona), en los meses previos a aquel Mundial de 1986. Era más o menos así:

Imaginen que ustedes tienen un trabajo agotador, y que hoy precisamente han tenido un día terrible, durísimo, el peor que recuerdan. Imaginen que se van ustedes a casa ya de noche, pensando que están molidos, que ya no pueden más, y que al entrar por el portal ven un cartel que les dice que el ascensor está averiado. Y entonces ustedes, que casualmente viven en el undécimo piso y que creían que ya no podrían más, se suben los once pisos a pie. Y entran en casa y se desmoronan sobre el sofá, y piensan que hasta aquí han llegado pero precisamente en ese momento alguien grita “¡¡¡¡¡FUEGO!!!!!” y entonces ustedes, los que estaban reventados, los que no podían más, agarran a sus dos niños y con ellos en brazos echan a correr escaleras abajo… Luego el cansancio no existe, el cansancio no es algo físico sino mental, ustedes no están cansados sino que se sienten cansados, pero eso no significa que estén verdaderamente cansados…

Y sin embargo, la Penya está cansada. O más bien son sus jugadores los que parecen estarlo. Ya emitieron síntomas preocupantes el martes, y ayer en mitad del tercer cuarto de nuevo les sobrevino la pájara. Contra Akasvayu tiraron de reserva y supieron arreglarlo, pero contra el Barça… El Barça es mucho Barça.

Están cansados aunque sus piernas son, por término medio, mucho más jóvenes que la media, porque también corren el doble o el triple por partido que el resto de equipos en competición. Están cansados porque la temporada ha sido larga, inmensa, intensa, llena de frentes, de objetivos, de retos, de logros, de triunfos, de bien ganada felicidad. Como (creo que) dice bien esa gran pancarta verde que cuelga de sus gradas,quisieron recuperar el sueño y ahora no quieren despertar. Tal vez despierten mañana (o tal vez no), pero en todo caso será un despertar dulce, muy dulce.

Pero están cansados aunque intenten disimularlo, aunque intenten constantemente mostrarnos esa chispa que siempre tuvieron. Están cansados como cansados están, salvando las distancias (y el charco) los Spurs, pagando los días de asueto que no pudieron tener, pagando la mala noche tras su tremendo séptimo partido en Nueva Orleans. Están reventados, unos y otros, porque el cansancio sí existe como también existen, señor Ivanovic, doctor Oliva, distintos niveles de cansancio; como también existen estímulos diversos que provocan respuestas diferentes; como existen personas distintas que, presumiblemente igual de agotadas, ante un mismo estímulo siempre responderán de diferente manera.

Y por supuesto que en todo cansancio hay también un componente psicológico, nadie lo niega. Importante, sin duda, pero no más que el puro agotamiento físico. Que existe, vaya que si existe. Qué más quisiéramos que no existiera.

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Publicado octubre 21, 2012 por zaid en preHistoria

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