Cheska   Leave a comment

(publicado el 5 de mayo de 2008)

 

Cuentan que detrás está Abramovich; cuentan que el turbio magnate que inunda de millones de libras al futbolero Chelsea inunda también de millones de rublos al baloncestero Cheska. Parece que en fútbol sus inversiones empezarán a rentabilizarse (deportivamente) en apenas unos días con la disputa de su deseada final de Champions. En baloncesto, en cambio, llevan años rentabilizándose. En baloncesto, durante estos últimos años, no existe ningún proyecto comparable al CSKA.

Aquel CSKA que conocimos en nuestra (lejana) infancia, aquel que entonces llamábamos TSSKA, aquel de estructura militar y público uniformado en caqui o verde oliva, aquel de gradas sepulcralmente silenciosas cual si del Bolshoi se tratara, aquel que ni siquiera soñaba con imaginar a las Red Foxes es hoy un club modélico, una máquina perfecta, un complejo mecanismo de precisión. O tal vez no sea para tanto, pero ésa es al menos la sensación que transmite a todos aquellos que lo contemplamos desde fuera.

O quizás sea todo mucho más sencillo, quizás sea simplemente que tiene a los mejores jugadores dirigidos por el mejor entrenador, nada más y nada menos que eso. La prodigiosa capacidad y la enérgica serenidad de Ettore Messina, puesta al servicio de un enorme montón de talento puesto a su vez al servicio de un proyecto colectivo común. Holden, Langdon, Siskauskas, Smodis, Andersen, Papaloukas… Todos tan buenos como solidarios, tan importantes por sí solos como imprescindibles para el engranaje, tan esenciales por sí mismos como incomprensibles cada uno sin el otro. Tal vez nunca fuera más difícil designar un MVP.

Anoche el Cheska se proclamó campeón de Europa, y muchos de esos aficionados vestidos de rojo que lo celebraban pasadas las once de la noche por los aledaños de la calle Goya (mezclándose con esos otros vestidos de blanco que hacían sonar los cláxones, y que a saber quiénes serían) tal vez fueran los mismos que hace apenas seis meses y medio ya salieron festejando y pegando brincos de ese mismo Palacio de Deportes. El baloncesto ruso, versión selección (plagada de rusos) o versión club (sin apenas rusos, pero tanto da) tendrá ya siempre un hueco en su corazoncito para este emblemático edificio del centro de Madrid en el que anoche se produjo la segunda coronación de John Robert Holden.

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Publicado octubre 21, 2012 por zaid en Euroliga, preHistoria

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