Davidson   Leave a comment

(publicado el 30 de marzo de 2008)

 

Por no saber, no sé ni dónde están. O más bien no lo sabía, que llegados a este punto la cuestión merecía ya una pequeña investigación. Nada del otro mundo, un par de webs, un par de pinchazos aquí y allá, lo suficiente como para averiguar que la Universidad de Davidson tiene su sede en la localidad de Davidson (casualmente), a continuación de la cual aparecen las siglas N.C. por lo que cabría suponer que dicha localidad pertenece al estado de Carolina del Norte (lo cual por sí solo ya explicaría muchas cosas). Por el mismo precio mi investigación también me ha ofrecido un dato alucinante, estremecedor: en este punto estamos acostumbrados a encontrarnos universidades de 30.000, 40.000 estudiantes matriculados, a veces más, y en cambio la humilde Davidson tiene la friolera de… 1.700.

Sí, usted me dirá que a ver qué le importa todo esto, y no le faltará razón, pero antes déjeme que le explique: se lo debía. Le debía a esta Universidad de Davidson (¿cuántas veces habré escrito ya su nombre?) el pequeño homenaje de al menos tomarme la molestia de saber quiénes son, de averiguar su paradero. Es lo mínimo que puedo hacer tras el inmenso rato de felicidad que me hicieron pasar durante noche del viernes, casi ya madrugada del sábado, aquí yo enloquecido pegando brincos ante mi ordenador: el pequeño equipo venido de la nada, la humilde universidad que ya en primera ronda sorprendió al cargarse a Gonzaga y en segunda ronda epató al arrasar con Georgetown, ahora alcanzaba el éxtasis absoluto machacando a los Badgers, a esa tediosa y espesa pero sólida cual roca Universidad de Wisconsin, minutos más tarde ya disuelta como un azucarillo…

Davidson, sí, es esa cenicienta sin la cual el cuento no tendría sentido. Pero ojo, que esta cenicienta no llegó al baile como una perfecta desconocida, en absoluto. A esta cenicienta se la esperaba, diría incluso que se la veía venir. Ya bailó sobradamente el pasado año, ya danzó éste por todo lo largo y ancho de su conferencia, discreta conferencia pero no hasta el punto de que resulte frecuente que un equipo se pasee por ella con un balance final de 20-0. No, Davidson no llegaba como el típico equipo pequeño del que no se espera nada, sino como el típico equipo pequeño que sabes desde el principio que te la puede liar. Ahora bien, que la liara era una posibilidad, que se cargara de una tacada a los números 7, 2 y 3 de su región era sencillamente impensable.

Y esta cenicienta tiene, cómo no, un hada madrina, que no tiene que aparecérsele porque ya está en su interior: Stephen Curry, recordemos, el hijo de Dell Curry, el perfecto ejemplo de aquello de de tal palo tal astilla, el vivo retrato de su padre… pero un retrato que parece tenerlo todo para aún mejorar el original. Tira como su padre, las mete como los ángeles, su suspensión es seda pura pero además sabe hacer más cosas: sabe pasar, sabe dirigir cuando es preciso, defiende a las mil maravillas, penetra hasta romperte los esquemas… Sale a treintaytantos puntos por noche y, suceda lo que suceda a partir de ahora, quedará ya en nuestros corazones como el jugador del Torneo.

Pero ni siquiera él, por bueno que sea, puede jugar solo: tiene al magnífico base Richards, tiene la ayuda exterior de (entre otros) Paulus-Gosselin (nada menos), tiene escaso juego interior pero su pívot Lovedale te hace un apaño cuando es preciso… Y tiene un juego fluido, alegre, desinhibido, que suple sus carencias con desparpajo e inteligencia, que pelea cada rebote muy por encima de sus limitados físicos…

Espera Kansas. Sí, los Jayhawks, el número uno de la región, uno de los indiscutibles cuatro grandes de este año. Pero también un equipo demasiado acostumbrado a pegarse batacazos precisamente ahora, en su final regional con todo a favor. Claro que si se lo pegara ante Davidson ya no sería un batacazo, sería la mundial. Y sin embargo no seré yo quien descarte a estos Wildcats (¿cuántos wildcats hay en la NCAA?), ni usted se atrevería tampoco a descartarlos si les hubiera visto jugar. Soñar es gratis y este sueño, por lejos que ya haya llegado, todavía puede continuar.

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Publicado octubre 21, 2012 por zaid en NCAA, preHistoria

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