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(publicado el 28 de mayo de 2008)

Ignoro qué delito ha cometido Pepu Hernández, no sé qué pecado nefando debe pagar, no tengo claro de qué terrible crimen se le acusa. Quizá se le olvidó hacer la reverencia, tal vez se quedó corto de adulaciones, escaso de loas o alabanzas, lo mismo se le pasó besar un pie o lamer alguna oscura y remota zona del egregio organismo de nuestro amado y nunca bien ponderado Presidente federativo a quien dios guarde muchos años.

O quién sabe, quizás fue pillado in fraganti pensando en algo que no debía pensar, lo mismo cualquier noche de éstas se desveló y violó su presunta dedicación exclusiva dedicando sus reflexiones, sus sueños incluso, a temas no estrictamente relacionados con la selección, qué sé yo, su familia, reformas que habría que hacer en su casa, su comunidad de vecinos, cualquier cosa. Tal vez incluso imaginó lo que haría cuando estuviera fuera de la selección, dejó vagar su mente por las ofertas que podría tener o que incluso ya tuviera, pensó en cómo podría ser su vida a partir de septiembre.

Pero no lo sé, como no sé si negoció con alguien o si le negociaron o si ninguna de las dos cosas, como tampoco sé si asistió a reuniones o si dejó de asistir, o si le convocan las reuniones cuando ya saben que no podrá ir, o si el decir que no se podrá ir acaso no sea excusa suficiente para no ir, no sé.

Ni sé siquiera si acaso todo esto no se arrastra desde el pasado septiembre, si no vendrá todo de aquella vez que Pepu tuvo el atrevimiento de torcer el gesto cuando su amado y nunca bien ponderado Presidente que dios guarde muchos años le convocó, a él y a su selección, al trigésimo cuarto o cuadragésimo tercer acto promocional de alguna marca de cereales para el desayuno, o si vendrá del día aquél que Pepu tuvo la ocurrencia de sentarse con él y decirle las cosas a la cara, en la ingenua creencia de que a su amado y nunca bien ponderado etc se le puede decir lo que se piensa, de que se puede pensar algo diferente a lo que se debe pensar, de que se pueden tener ideas propias y expresarlas haciendo uso del legítimo derecho a la discrepancia, por dios, qué barbaridad, a quién se le habrá ocurrido semejante cosa. No lo sé.

Sólo sé que no sé nada… excepto una cosa: que Pepu Hernández fue el capitán de aquella nave que hace apenas veintiún meses consiguió el mayor éxito de todo nuestro deporte a lo largo de toda su historia; que capitaneando esa misma nave, hace apenas ocho meses logró otro gran éxito contra viento y marea, contra propios y extraños (no resultando los extraños más difíciles de vencer que los propios). Que él fue uno de los mayores culpables, si no el principal, de todo aquello, como lo fue también del renacimiento de este juego, de que los aficionados al BA-LON-CES-TO pudiéramos sentirnos no ya felices sino también (y aún más, incluso) orgullosos del deporte que amamos. Que sea cual sea su (presunto) delito no merece salir así, ser despachado como un criminal, como un traidor a la causa, a su causa.

Y sé también que Pepu Hernández es un gran profesional, nada más y nada menos que eso; un pedazo de profesional como la copa de un pino, como lo son todos aquellos que integraron su equipo técnico, como lo son absolutamente todos sus jugadores. Y sé que todos y cada uno de ellos son infinitamente más importantes que cualquier federativo, por muy dios que éste se crea. Sólo esto, nada más que esto sé. Y todo lo demás, francamente, ni lo sé ni me importa.

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Publicado octubre 21, 2012 por zaid en preHistoria, selecciones

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