germanías   Leave a comment

(publicado el 24 de julio de 2008)

 

Mira que nos habremos echado risas por estos pagos con la cosa esa de las nacionalizaciones, con tantos serbios que por tener un abuelo en la frontera ya pasaban a ser griegos, tantos americanos que se convertían en turcos con sólo poner su apellido del revés, tantos otros que por cambiarse de fe y profesar la judía ya se convertían en israelíes. Mira que habremos alucinado con todos esos georgianos o armenios de piel oscura que apenas si conocen el país de su pasaporte, mira que habremos alucinado con tantas nacionalizaciones por decreto, así las de Franco hace cuarenta años como (salvando las distancias) las de Putin ahora. Mira que aún alucinamos, y probablemente seguiremos haciéndolo con cada inicio de cada Liga, con todos esos presuntos matrimonios de conveniencia que supuestamente pueblan nuestro baloncesto…

Frecuentemente tendemos a asociar todas estas historias con administraciones poco serias, con normativas más o menos tibias, con ese típico quien hace la ley hace la trampa propio de tantos países del Sur y/o del Este de Europa. En otros territorios, en, pongamos, el norte o el centro de nuestro continente estas cosas son impensables; allí son serios, formales, civilizados, faltaría más…

Y sin embargo, hace unos pocos años, la selección alemana se presentó en un Eurobasket con Shawn Bradley, legendaria grúa de más de 230 centímetros de longitud de quien jamás supimos que fuera alemán hasta que poco tiempo antes fue a descubrirlo su compañero en los Mavs Dirk Nowitzki, ya ves tú qué casualidad. Resultaba que el interminable Bradley debía haber nacido en territorio germano, mira tú qué cosas, aunque luego jamás hubiera vuelto a pasarse por allí ni apenas supiera dónde estaba aquello. Suficiente para considerarle alemán de toda la vida, para llevarse a la criatura de paseo por esas canchas de dios.

El tiro les salió por la culata, sin embargo: en Europa, como en USA, además de ser largo es conveniente saber jugar al baloncesto, y me temo que ése nunca fue el caso de este espigado mocetón. Aquello fue hola y adiós, debut y despedida. Ni él intentó volver ni nadie se planteó siquiera la posibilidad de que volviera, que con una vez ya era más que suficiente…

Así que nos olvidamos de aquel episodio, al menos hasta que hace unas pocas semanas descubrimos que a la NBA le había crecido otro alemán, ya ves tú qué casualidad, que ahora va a resultar que en el baloncesto USA brotan los teutones cual setas en otoño. Chris Kaman, fíjate, quién lo iba a decir, media vida viéndole fajarse en la zona de los Clippers, y mientras todos pensando ingenuamente que era yanqui, hay que ver, cómo no nos dimos cuenta, si con ese apellido y esa cara y esos pelos no podía ser de otra manera… Se escarba en su árbol genealógico hasta llegar a sus bisabuelos, y… ¡¡¡bingo!!!

Y esta vez el tiro no les saldrá por la culata: Kaman es, de aquí a Lima (en este caso habría que decir de Los Ángeles a Pekín, pasando por Berlín, por supuesto) cien mil veces mejor jugador que Bradley. Por si no teníamos bastante con El Tío Loco ahora ya nos tendremos que comer la parejita completa, Nowitzki-Kaman, éramos pocos y parió la abuela, vaya por dios…

En cualquier caso las perspectivas de futuro son escalofriantes: cualquier día el amigo Dirk verá a su compañero Josh Howard (por ejemplo) comerse con mucho estilo una salchicha de Frankfurt y no dejará escapar la oportunidad: inmediatamente informará a su Federación, la maquinaria burocrática se pondrá en marcha, en un par de días el pasaporte estará hecho, alguien que come tan bien salchichas tiene que ser necesariamente alemán, incluso aunque él no lo sepa… Sabe dios qué nos quedará por ver.

¿Y nosotros? Vale, sí, puede argumentarse que ahora mismo vamos sobraos, que a ver qué falta nos hacen los nacionalizados. Y será cierto, pero no siempre va a ser así. Pensemos en el año que viene, en el Eurobasket de Polonia 2009 sin ir más lejos: es previsible que más de uno y más de dos de nuestrosenebeás se tomen un verano sabático, nos dejen un hueco casi imposible de llenar; echémosle imaginación, pues: si ya sabemos que el madrileño Wally Szczerbiak no traga, vayamos más allá; pensemos en (por ejemplo) Gilbert Arenas. ¿Cómo dice? ¿que no es español, que hasta hace un par de semanas que anduvo por aquí quizás ni siquiera supiera dónde estaba nuestro país? ¿Y qué? Vamos a ver, señores, con ese apellido, no me negarán que algún ancestro hispánico debería tener, así que sólo es cuestión de encontrarlo: quizás haya que remontarse treinta generaciones atrás, tal vez haya que llegar incluso a los tiempos del descubrimiento de América. Todo es ponerse…

Y si Arenas no cuela no perdamos la esperanza, sólo miremos el draft de este mismo año: Mayo, los gemelos López… ¿Acaso hay algo más español que llamarse López? Pongámonos cuanto antes a la tarea, globalicémonos, no dejemos pasar esta gran oportunidad…

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Publicado octubre 21, 2012 por zaid en preHistoria, selecciones

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