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(publicado el 11 de abril de 2008)

Hace aproximadamente quince años, un equipo llamado Partizan asombró a la Europa baloncestística.

De repente, un equipo simplemente bueno se convirtió en sencillamente extraordinario. Y fue a hacerlo precisamente cuando más difícil lo tenía, cuando la guerra asolaba aquella antigua Yugoslavia, cuando se vieron privados de jugar en casa, cuando se quedaron sin su fortín de la Sala Pionir. Otros equipos de la región fueron a parar a Sevilla o a A Coruña pero ellos eligieron quedarse mucho más cerca de la capital. Cambiaron la Pionir por el Fernando Martín. Y, por unos meses, el Partizan de Belgrado se convirtió en el Partizan de Fuenlabrada.

En tales circunstancias ya sólo pasar ronda habría sido un éxito, pero ellos no fueron de la misma opinión. Ellos pasaron una ronda, y luego otra y otra más, y de repente se encontraron en la Final Four, y no contentos con eso fueron y la ganaron, me temo que en Badalona aún no lo habrán olvidado…

¿Cómo era posible todo aquello? Pues porque tenían un secreto: disuelta por culpa de la guerra la generación (mayoritariamente croata) que asombró al mundo en 1990 y 1991, ahora de repente emergía este Partizan con una nueva generación mayoritariamente serbia, con unos chicos cuasi desconocidos apellidados Djordjevic, Danilovic o Rebraca, dirigidos por un afamado ex jugador que también hacía sus primeros pinitos como entrenador, un tipo llamado Zeljko Obradovic.

En estos días he recordado toda esta historia al calor de este nuevo Partizan 2007-2008 que ha vuelto a rozar la gloria con los dedos, que se ha quedado a las puertas de la Final Four. No es fácil la supervivencia entre la élite de un equipo condenado permanentemente a vender, a quedarse sin referencias, a perder a sus mejores hombres y tener que reinventarse generación tras generación. Un equipo que durante estos últimos quince años ha conocido cosechas buenas, regulares y malas; pero ésta, la de 2008, es sencillamente excepcional.

No, no caigamos en el error de comparar lo excepcional con lo que fue sencillamente irrepetible. aquellos Djordjevic, Danilovic y demás hicieron historia, estos Tepic, Velickovic, Tripkovic o Pekovic se han quedado a las puertas de hacerla. Y probablemente ya no tendrán otra oportunidad porque los grandes de Europa se les rifarán más pronto que tarde: el propio Pekovic parece tener ya el billete para Atenas, yo mismo no tengo reparo en confesar que si tuviera un equipo y dinero para gastármelo en fichajes (por delirar que no quede), a estas horas ya andaría pidiendo precio por Velickovic…

Pero dará igual. Partizán volverá el año que viene, con éstos o con otros, y hará de nuevo un estupendo papel. Hoy su factoría ya estará fabricando esos productos que nos encandilarán mañana cuando los veamos en el escaparate. Y así sucesivamente, año tras año, generación tras generación…

Enhorabuena, Partizan, desde aquí, desde tan lejos, por esta grandísima temporada. Enhorabuena, baloncesto.

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Publicado octubre 21, 2012 por zaid en Euroliga, preHistoria

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