Popi   Leave a comment

(publicado el 20 de mayo de 2008)

 

A veces los motes que uno pone tienen orígenes absurdos. Uno se acostumbra durante años a ver a un jugador llamado Paul Pierce, y de tanto pronunciarlo y escucharlo pronunciar, Pol PirsPol Pirs, pues la cosa acaba degenerando y convirtiéndose en el interior de mi cerebro en Po-Pi, y finalmente en Popi (que además resulta ser el nombre de un muñeco que aparecía en televisión, en algún olvidado programa infantil de mi ya lejana infancia). Sí, ya sé que resulta un poco (o un mucho) patético, pero en mi fuero interno, desde hace ya unos cuantos años, Paul Pierce es Popi (sí, lo mío es así de triste, entiendo que se le hayan quitado las ganas de seguir leyendo, ya me hago cargo).

Popi, o sea Paul Pierce, se ha pasado un par de lustros siendo alma, corazón y vida de sus pálidos Celtics, aguantando el temporal a veces con la única ayuda de Antoine Walker, a menudo sin esa ayuda siquiera. Popi las ha visto de todos los colores, Popi ha conocido temporadas de veinte o treinta victorias (o lo que viene siendo lo mismo, de cincuenta o sesenta derrotas). Popi vivió también su fugaz aventura en los playoffs, se hartó de nadar para finalmente morir en la orilla, acabó por descubrir que ni siquiera aquella mínima aventura tendría la menor continuidad. Y harto ya de estar harto ya se cansó, y hasta quiso irse (pero nunca se fue)…

Pero tanta paciencia finalmente tuvo su recompensa porque a Popi, o sea a Paul Pierce, allá por el verano de 2007 se le aparecieron, cual si de hadas madrinas se tratase, dos compañeros de la creme de la cremede la Liga, dos fenómenos (cada uno en su estilo) llamados Kevin Garnett y Ray Allen. Y de repente aquello fue pasar del cero al infinito, de la nada al todo, de perder sistemáticamente a ganar compulsivamente. Y a aquello que se formó lo llamaron Big Three, y a su estela el orgullo verde renacía, y hasta un anillo relucía en el horizonte…

No tan deprisa. Una cosa es la temporada regular con todas sus fantasías, y otra muy distinta la cruda realidad de los playoffs. Estos Celtics resultaron ser tan invulnerables en casa como vulnerables fuera, su defensa de cemento en el Comodemonios Sellame Garden resultó ser de plastilina en cuanto salieron de paseo por Georgia u Ohio. Y su presunto Big Three pareció haberse convertido en Big Two (con Ray Allen desaparecido en combate, tal vez abrumado por su terrible drama familiar), a veces incluso en Big One point five (o sea, Big 1.5). Y enfrente, El Hombre Biónico (o sea, LeBron), con todo un séptimo partido en sus manos para hacer añicos el cuento de hadas…

Para Garnett, para Allen, para tantos otros, ese séptimo partido tal vez sólo fuera un drama más, uno de tantos que se dan en los playoffs. Para Popi, o sea Paul Pierce, no. Para Popi era EL DRAMA. Para Popi era el último (por ahora) clavo ardiendo al que agarrarse, la orilla que debería alcanzar para poder continuar nadando. Y Popi, que durante toda la serie había estado bien pero no extraordinario en ataque, quizás porque venía siendo con su defensa el principal (que no único) culpable de los terribles porcentajes (2 de 18, 6 de 24…) de LeBron, decidió que hasta aquí habíamos llegado, que aquel séptimo partido tenía que ser supartido, que si Garnett quería pasar desapercibido y dar argumentos a sus acusadores no era su problema, que esto era él contra el mundo, que ésa debía ser su gran noche.

Su duelo con LeBron quedará para la historia. Tal vez las estadísticas de El Hombre Biónico fueran superiores, pero éste perdió. Y mientras tanto Popi, o sea Paul Pierce, no es sólo que ganara; es que ganó pero además nos dejó unos números de ensueño, y nos deleitó con su muñeca de seda y con esas todas esas penetraciones suyas de velocidad engañosa, típicas de el más rápido de entre todos los jugadores que parecen lentos. Sobre su espalda los Celtics viajaron hasta la Final de Conferencia; y pase lo que pase ahora ante Detroit, pase lo que pase tal vez después, en la (supuesta, presunta) final, estos arrogantes verdes bien pueden sentirse orgullosos de su Popi del alma. Porque de eso se trata en Boston, de orgullo, más que de ninguna otra cosa. Y ese eterno Orgullo Céltico muy pocas veces (y de ellas hace mucho, demasiado tiempo) estuvo mejor representado.

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Publicado octubre 21, 2012 por zaid en NBA, preHistoria

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