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(publicado el 8 de abril de 2008)

 

Esto vendría a ser la crónica imposible de un partido que ya se ha jugado pero que aún no he visto. De un partido que esta noche quedará grabado en mi memoria pero que por ahora sólo está grabado en mi DVD, venciendo así mi incompatibilidad horaria, liberándome de trasnochar, esperando a que mi escaso tiempo libre me proporcione ese buen rato para poder por fin disfrutarlo.

Esto vendría a ser algo así como el anticipo de lo que ya fue, la previa de un post-partido o quizás al contrario, el post-partido de una previa, no sé. Algo tan absurdo como hablar de lo que ya fue sin saber lo que fue, sin saber cómo fue.

Sin saber y sin querer saber; viviendo en la ignorancia, en la pura y simple y deseada ignorancia, venciendo la tentación, dejando de lado mi curiosidad por tantos otros temas, olvidándome por unas horas de Internet, visitándolo tan solo el tiempo indispensable para publicar esta mínima tontería. Poniendo todos los medios a mi alcance para lograr disfrutarlo al cien por cien, el inmenso placer de un gran espectáculo unido indisolublemente al inmenso misterio de desconocer cuál habrá sido su final.

Pero la cabeza se me va en estas horas anodinas de trabajo, la imaginación se me transporta hasta esas altas horas de la madrugada preguntándose, preguntándome si Memphis habrá puesto en marcha su imponente apisonadora de hace dos días, si Kansas habrá logrado repetir su mágico inicio del sábado, si habrán saltado chispas de las batallas interiores, si Darrell Arthur o Joey Dorsey habrán sembrado el pánico en las zonas rivales, si la pareja Rose-Douglas-Roberts (el segundo guión no separa jugadores, sólo apellidos) habrá sido más y mejor que la pareja Chalmers-Rush, si Calipari no habrá añorado en su banquillo al sancionado Allen, si Self aún se guardaría otro as bajo la manga como aquel inesperado e imponente Aldrich… Y si habrá sido el partidazo que yo espero, si ambos equipos habrán corrido como corrieron, si acaso esta vez habrán mantenido la emoción hasta el mismísimo final…

Tantas y tantas preguntas cuya respuesta no sé ni quiero aún saber. Acaso habrá un lector (¿acaso lo habrá?) que ya las sepa; o quizás no, quizás ni haya lector y si lo hubiere tal vez ni sepa de qué hablo, ni le suenen las siglas NCAA ni tenga la menor idea de que esta pasada madrugada el baloncesto universitario, la competición deportiva más desconocida y (para mi gusto) la más fascinante del planeta habrá celebrado su gran fiesta, habrá conocido su final, habrá proclamado su nuevo campeón.

A mí, en cambio, aún me quedarán unas pocas horas para conocerlo, para disfrutarlo independientemente de cómo haya sido, de cuál haya sido su resultado. Para vivir por fin dos de mis horas baloncesteras más felices de cada temporada, dos horas marcadas en rojo en mi calendario particular de cada año. Para todos fue esta pasada madrugada pero para mí será (espero) esta próxima noche. Hasta entonces.

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Publicado octubre 21, 2012 por zaid en NCAA, preHistoria

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