quijotes   Leave a comment

(publicado el 24 de agosto de 2008)

 

Solemos decir que los españoles somos un poco o un mucho quijotes. Nos encanta perseguir imposibles, defender causas perdidas, luchar contra gigantes que tal vez lo sean o que tal vez resulten ser molinos de viento; nos encanta pensar que podemos volver la vida del revés, que podemos hacer justicia, que hasta podemos cambiar el mundo.

Pero solemos utilizar esta misma palabra, quijotes, con un matiz peyorativo: como si fuéramos de perdedores por la vida, luchando inútilmente, pringando una y otra vez, peleando por todo sin ganar nunca nada; llevándonoslas todas en el mismo carrillo, si acaso poniendo también la otra mejilla. Quijotismo, lo llaman…

Pero yo no lo veo así (o como diría el bolero, yo no concibo esa razón): dicen que lo que no puede ser no puede ser y además es imposible. Vale, sí, suele ser cierto pero también puede contraponérsele aquella otra frase que hace años solíamos encontrar a menudo en las tiendas, las oficinas, los servicios públicos, las fotocopiadoras: las cosas difíciles las hacemos al momento; en las imposibles tardamos un poco más

Esa distancia que separa lo difícil de lo imposible es la que a menudo nos limita a los seres normales, la que normalmente detiene a la inmensa mayoría de nosotros. Pero existen sin embargo algunos seres, pocos ciertamente, que no creen en imposibilidades. Seres que no quieren oír hablar de limitaciones, de puertas blindadas, de muros por derribar. Seres que creen que las utopías fueron puestas ahí para ser perseguidas, para ser incluso alcanzadas, para ser dadas la vuelta y reconvertidas en maravillosa realidad. No, no suele pasar, no puede pasar, pero ¿y si pasa?

Quijotes, en suma. Maravillosos quijotes como aquellos que hoy, esta misma mañana, han intentado revertir el poder establecido. Tipos que sueñan despiertos y que hasta se permiten el lujo de creer que los sueños pueden convertirse en realidad, por qué no, todo es ponerse. Y mira que les habrán dicho una y mil veces que los sueños sueños son pero ellos a lo suyo, a soñar y a contagiar su sueño a todos los que les rodean, incluso a todos aquellos que les vemos a miles de kilómetros de distancia. ¿Imposible?

Las cosas imposibles, ya quedó dicho, a veces tardan un poquito más. Al fin y al cabo ya hubo otro imposible que duró hasta 2002, y ya entonces la utopía inalcanzable de derrotar al baloncesto USA se trocó en realidad alcanzada. Vale, sí, ellos se lo pensaron, tardaron seis años y unas cuantas derrotas en pensárselo, les costó pero finalmente encontraron la forma de restituir su utopía, de montar otra escuadra imbatible y esta vez no sacarla de paseo sino prepararla a conciencia para la ocasión. Así que llegaron a Pekín con su utopía nuevecita, con su nuevo muro tan imposible de derribar como todos aquellos de antaño…

Y hoy tal vez se vuelvan a sus tierras con su muro no intacto, sumamente resquebrajado pero aún en pie, pensando que por fin han encontrado el camino, que son de nuevo invencibles, que haciendo bien las cosas no les puede ganar nadie. Craso error: si estos años anteriores averiguaron que haciendo mal las cosas les podía ganar cualquiera, hoy también saben (o deberían saber) que aún siendo perfectos, aún haciéndolo todo perfectamente, aún creyéndose dioses ya no son inmortales. Haber sobrevivido hoy, en tan extrañas circunstancias como lo han hecho, ya no garantiza supervivencias futuras. Ya no se les garantizará jamás, deberían saberlo. Ya otra cosa será que lo sepan.

Y qué quieren que les diga, los culpables de todo ello, de haberles bajado del cielo, de haberles hecho pisar la tierra, de haberles casi obligado a rebozarse por el fango tienen nombre y apellidos, les conocemos todos, son de aquí mismo, les llamamos Ricky, Rudy, Pau, Marc, Juanqui, Jose, Carlos, Felipe, Raül, Berni, Jorge, Alex, también si me lo permiten Aíto, Quim, Juan, Manolo, Pepiño, y hasta Pepu, Chichi, Rafa, Jota o Jenaro por la parte que aún les toca, y hasta tantos otros cuyo nombre ahora mismo no me viene a la memoria. Todos ellos quijotes, quijotes absolutos, quijotes en el buen sentido, en el mejor sentido, en el más hermoso sentido que pueda otorgarse nunca a esa engañosa palabra.

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Publicado octubre 21, 2012 por zaid en preHistoria, selecciones

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