regurgitación   Leave a comment

(publicado el 21 de junio de 2008)

 

Hace un par de veranos, quizás coincidiendo con la marcha de Garbajosa, quizás coincidiendo con los diez o doce rumores (posteriormente nunca confirmados) que cada año nos inundan por estas fechas, alguien en el foro de SEDENA abrió un hilo con el dramático título de “¿la NBA nos come?”. Y creo recordar que yo entonces comenté que si así fuera deberíamos asumirlo, entenderlo como un mero proceso de selección natural: aquello de que el pez grande se come al chico, nos guste o no; si nos quejamos de que la NBA nos come, ¿cuánto más no deberían quejarse legítimamente los aficionados argentinos o croatas (por ejemplo) de que la ACB les come?

Pero creo recordar que además comenté otra cosa: que tal vez la NBA nos come, pero que también regurgita (seamos finos) lo que se come. No todo, por supuesto, que una buena parte de ello sí que lo deglute con fruición, sí que le aporta los nutrientes que ese organismo precisa para su subsistencia. Pero su paladar es exquisito, y en cuanto encuentra algo que no está al punto de sal, que no tiene no ya el sabor sino la textura o la consistencia deseada, entonces apenas tarda medio segundo (o un año, que para el caso viene a ser lo mismo) en rechazarlo, en devolverlo por donde ha venido.

Para entendernos, digámoslo de otra manera: Navarro vuelve a Europa, es decir, Navarro es regurgitado por la NBA. Pero antes de que usted se abalance sobre mi cuello para recordarme que es él quien se va, motu proprio, y no la NBA la que le echa, permítame por favor que se lo explique…

Podría empezar en plan chulo y decir que Navarro es demasiado bueno para la NBA, pero tanta chulería no sería del todo justa. Digamos mejor que Navarro es demasiado fino (en el sentido estrictamente literal de la palabra) para los cánones de dureza que se estilan en aquella Liga. A ese otro lado del Atlántico se valora el talento pero se valora aún más el músculo, dándose por supuesto que el talento no sirve de nada si no se tiene músculo. Y sabido es que la morfología de Navarro no es así: La Bombados puro en Europa, es algo así como un unoymedio en USA; el típico escolta con cuerpo de base. Pero Navarro no es base, lo sabemos nosotros y lo saben ya ellos, y su juego como escolta se basa (como el de tantos otros) en tiros y en penetraciones (con o sin bombita): y con los tiros no hay problema, pero con las penetraciones… esa zona que en Europa divide cual cuchillo en mantequilla, en USA se le convierte en campo de minas. ¿Conclusión yanqui? Si no puede jugar de base y no puede penetrar, ¿qué nos queda? Pues un tirador puro, un especialista en el tiro, sólo eso, exclusivamente. Y ya está: o lo tomas, o lo dejas.

Y Navarro, que de tonto no tiene un pelo, ha entendido perfectamente el mensaje: lo deja. Sabe, yo también lo sé, que habría tenido ofertas en la NBA. Pero sabe también que habrían sido ofertas a la baja, que su papel de presunto especialista le habría condenado con seguridad al banquillo, a jugar si acaso diez, quince minutos por noche con la exclusiva misión de tirársela de tres, de no intentar apenas nada más. Y sabe también que ése es un papel muy digno, que él podría hacer perfectamente eso… pero que él, como jugador, es mucho más que eso.

Él es lo que fue y lo que ahora volverá a ser en el Barça. Ha preferido ser cabeza de ratón en vez de cola de león y habrá quien piense (que de opiniones está el mundo lleno) que ha escogido el camino fácil. Yo más bien creo lo contrario: lo fácil (más allá de cuestiones económicas) habría sido acomodarse, acularse en un banquillo y pisar cancha un ratito para tirarse su media docena de tiros por noche sin apenas responsabilidad. Lo verdaderamente difícil es esto, es volver, es ser otra vez líder, es echarse de nuevo sobre los hombros a su equipo de toda la vida, sentirse parte importante (quizás la más importante) de él, sentirse partícipe y pieza clave de todo lo que se consiga, no sentirse un relleno, no ser uno del montón…

Ahí reside la gran diferencia. Eso es lo que le ofrece el Barça, lo que le ofrecería cualquier otro por estos pagos. Eso es lo que nunca podría ofrecerle la NBA. La NBA no le pide que se vaya, en ningún caso, pero tiene la bondad de explicarle cuáles son (por aquello de la oferta y la demanda) sus límites en aquella Liga, de decirle hasta donde (y sólo hasta ese punto) podría llegar. Y si lo quieres, pues bueno, y si no, pues ya sabes donde está la puerta. A eso y no a otra cosa es a lo que yo llamo regurgitación. Y (al menos en este caso) bendita regurgitación.

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Publicado octubre 21, 2012 por zaid en NBA, preHistoria

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