veinticuatro   Leave a comment

(publicado el 23 de agosto de 2008)

Necesité veinticuatro años de mi vida para poder ver a mi selección de mi deporte disputar una final olímpica, y ahora he necesitado otros veinticuatro años para poder volver a verlo. Veinticuatro: casi un cuarto de siglo, casi media vida, tal vez un tercio, quién sabe…

Veinticuatro como las horas del día, como la serie de televisión, como el dorsal (el de su equipo, que aquí deben ir todos numerados a la manera clásica, del cuatro al quince) de ese Raül López que ayer por fin consiguió ser importante, sentirse decisivo en el engranaje de la selección. Que pudo jugar mejor o peor, que pudo gustar más o menos, que pudo tener momentos mejores y peores pero que fue, qué duda cabe, imprescindible.

Veinticuatro como el dorsal (el que lleva en su equipo, por la misma razón anterior) de Kobe Bryant, ése que representa más que nadie el espíritu de esta nueva selección norteamericana contra la que nos enfrentaremos (utópicamente) por el oro mañana, precisamente mañana domingo día 24.

Y no es que crea yo mucho en números cabalísticos ni demás zarandajas, pero si los chinos inauguraron sus Juegos un ocho del ocho del dosmil ocho a las ocho y ocho, permítanme al menos que yo coloque mi veinticuatro en el pedestal de mis sueños baloncestísticos. Veinticuatro como los años que separan los dos ciclos más exitosos de nuestro deporte, veinticuatro los que van de Cali a Tokio, de Nantes a Madrid, de Los Ángeles a Pekín. Veinticuatro como el número de jugadores españoles de baloncesto que a partir de mañana podrán presumir de haber llevado una medalla olímpica colgada de su cuello.

E insisto, no es que crea yo mucho en esto de la numerología pero no puedo evitar pensar que, por esta regla de tres (o de veinticuatro), ya no me tocaría vivir otra final olímpica hasta los Juegos de 2032. Y para entonces sabedios dónde estaré, cómo estaré, a saber incluso si estaré. Así que usted haga lo que quiera, vívalo como quiera, súfralo hasta la médula si ese es su deseo pero sepa que yo mañana, aún deseando la victoria más que nada, más que nadie, pienso disfrutar, sólo disfrutar (que para sufrimientos, con la semi ya fueron bastantes). Porque una final olímpica no se vive todos los días, porque es algo que nos ocurre muy pocas veces en la vida, así les pille sobre una cancha o nos pille sobre un sofá.

Así pues usted verá, pero permítame que le diga que yo pienso vivirlo como si fuera algo único, como uno de esos momentos realmente especiales, como una de esas pequeñas grandes cosas que hacen que nuestra vida valga la pena. Y así será pase lo que pase, ocurra lo que ocurra, será así aún (lo más probable) perdiendo. ¿Ganando? Ese ya sería demasiado disfrute, demasiado sueño incluso para poder permitírmelo…

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Publicado octubre 21, 2012 por zaid en preHistoria, selecciones

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