vueltas que da la vida   Leave a comment

(publicado el 30 de mayo de 2008)

Hace apenas siete meses, hacia finales de octubre, Kobe Bryant echaba espuma por la boca, despotricaba contra Kupchak, ponía verde a toda la gerencia de sus Lakers, disparaba contra todo aquello que vestido de amarillo se movía. Proclamaba a los cuatro vientos que se quería ir, pedía a gritos el traspaso mientras al otro lado del país, allá por Chicago, empezaban a hacerse ilusiones, tantas se hicieron que al final pensaron menos en lo que tenían que en lo que podrían tener (y así les fue).

Hace apenas seis meses, hacia finales de noviembre, Pau Gasol ya había perdido toda su moderada ilusión de octubre. Aquellos Grizzlies de Iavaroni no serían mejores que los de Barone, Fratello, Brown o Lowe, aquella nave se encaminaba un año más a la deriva, otro año perdido esperando ese salto de calidad que jamás llegaba, ese soñado traspaso que probablemente jamás sucedería…

Hace apenas cuatro meses, hacia finales de enero, mientras los Grizzlies proseguían su interminable descenso a los infiernos los Lakers estaban bien, gracias. Metidos en playoffs, codeándose más o menos con los grandes del Oeste, peleando por hacer simplemente un buen papel, la final ni soñarla, el anillo ni imaginarlo siquiera. El anillo sería de nuevo para los Spurs, quién sabe si por fin para los Suns, quizás para esos pujantes Celtics que llegaban desde el otro lado…

Hoy, 30 de mayo de 2008, los Lakers (con Gasol) son finalistas de la NBA. Y no, no esperen de mí que me apunte al carro mediático-triunfalista del nacionalismo deportivo imperante proclamando a los cuatro vientos que todo se lo deben a Pau, que sin él no son nada, que esto es un hito histórico para nuestro deporte, una gesta incomparable que perdurará por los siglos de los siglos… (amén) No, no es mi estilo, el patrioterismo deportivo (el patrioterismo, en general) tiende a tocarme bastante las narices, ustedes perdonen la ordinariez.

Pero aún menos esperen de mí que caiga en esa tentación que parece haberse instalado en unos cuantos foros ultramontanos (y hasta en el chat de la propia retransmisión televisiva), inspirada en la más rancia tradición ibérica de despellejar al propio que triunfa, de ponerle a parir con calificativos que jamás utilizaríamos si en vez de propio fuese extraño: Gasol es blando, Gasol es apático, Gasol no defiende, Gasol no se mueve, Gasol no hace nada, es Kobe el que lo hace todo… (aunque no quieras, apenas cinco minutos de Internet te permiten darte de bruces con todos estos calificativos y otros peores).

Gasol es como es. No es un fajador, no es un intimidador, no es un rompehuesos, no es Ben Wallace, no es Brad Miller. ¿Y qué? ¿El no ser un tipo duro implica necesariamente ser un jugador blando? ¿El no ser un gran defensor implica necesariamente ser un mal defensor? ¿Es lícito descalificarle por sus malas defensas (sin apenas ayudas) ante Duncan, como si fuese el primero al que éste se come con patatas? ¿Es lícito quedarnos sólo con su floja defensa de ayer durante la primera mitad, sin fijarnos en su extraordinaria defensa durante toda la segunda mitad? ¿O acaso será que da igual lo que haga, que una vez que te colocan la etiqueta ya la llevas puesta durante toda la vida?

Y más: ¿Tiene sentido que el día que mete veinte puntos le critiquemos porque no coge rebotes (y que aprovechemos para llamarle blando, una vez más), y que el día que coge veinte rebotes le critiquemos porque apenas mete puntos? ¿Tiene sentido que le valoremos sólo por sus números sin apreciar su importancia en el juego, en la fluidez de cada ataque, en sus pases, en la mera circulación de balón? ¿Tiene sentido que le pidamos en Los Ángeles los números que hacía en Memphis, y que en cuanto no hace un 20-10 (aún haciendo un 10-20) pensemos ya que no ha hecho lo suficiente? (al hilo de esto, me permitirán que les copie algo de lo que escribí aquí hace cuatro meses, la noche de su traspaso: “Antes de que alguien se rasgue las vestiduras por el presumible bajón estadístico de Pau, expliquémoslo: la excelencia tiene un precio. El estar en un gran equipo rodeado de buenos jugadores será maravilloso a nivel colectivo, pero provocará una bajada de sus números a nivel individual. Él ya lo tendrá asumido y aceptado, él es un pedazo de profesional que prefiere aspirar al anillo a rellenar su casillero. Sólo esperemos que todo el mundo lo asuma también por aquí, que ningún iluminado, dentro de algunos días o de algunos meses, se llene la boca inventándose un supuesto bajón en su rendimiento“. Nunca pensé que tendría que volver a ello, que acabaría resultando tan premonitorio…)

¿Así que Gasol no aporta nada, que es Kobe el que lo hace todo? Claro, si va a ser eso. Como en aquellos Bulls (salvando todas las distancias): todo todito lo hacía Jordan, Pippen no hacía nada, ni Kukoc ni Harper ni Rodman siquiera, eran meros bultos sospechosos deambulando por la pista, apartándose si acaso para no molestar…

Si esto es muy fácil: pregúntenle a Kobe, y él les explicará gustoso (es un decir) la diferencia entre aquellos Lakers de octubre o enero y estos de mayo o junio: una diferencia que no es sólo física, que no es sólo técnica, que es, quizás más que ninguna otra cosa, psicológica: un salto de mentalidad (aún más que de calidad) propiciado por la sola llegada de un solo jugador; el salto de mentalidad que va de creerse un buen equipo a creerse un equipo campeón.

O aún mejor: pregúntenselo a otros, más allá de los Lakers. Pregunten en otros lugares, a otros técnicos, a unos cuantos jugadores rivales. Pregunten sin ir más lejos a estos (aún campeones) Spurs. Lean lo dicho al respecto por tipos tan poco sospechosos de amabilidad como Popovich o Bowen. Por si aún les queda alguna duda.

En resumidas cuentas hoy Gasol, jugador de Los Ángeles Lakers, es finalista de la NBA. Y ya ve usted lo que son las cosas, qué vueltas da la vida, si esto nos lo hubieran dicho hace ocho, seis, cuatro meses, no sólo no nos lo habríamos creído sino que nos habríamos partido de la risa. Y sin embargo es así, es hoy y es ahora y es real, es la pura realidad y ante ella caben probablemente dos reacciones: amargarnos la vida despellejando al triunfador, o disfrutarlo. Permítanme que yo escoja la segunda opción.

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Publicado octubre 21, 2012 por zaid en NBA, preHistoria

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