Archivo para octubre 22, 2012

LLULL   Leave a comment

(publicado el 29 de enero de 2009)

 

Cuando todo marcha mal, cuando tu rival es manifiestamente superior, cuando te ves superado en todos los órdenes, por arriba y por abajo, por delante y por detrás, cuando el juego ya no te aporta soluciones, cuando ya no sabes que hacer, cuando todo esto sucede entonces ya sólo te queda una opción, ya sólo puedes agarrarte a un clavo ardiendo, ya sólo te queda recurrir a la épica. Bueno, a la épica… y a Sergio Llull, que de alguna manera viene a ser lo mismo.

Sergio Llull, en apenas dos años, ha pasado por todas las fases posibles de una carrera profesional, todas esas fases que algunos tardan media vida en recorrer, todas esas por las que otros muchos no pasarán jamás. Llegó de tercer base en pleno proceso de aprendizaje, no tardó en convertirse en uno más de la plantilla, más tarde alcanzó el estatus de pieza imprescindible en dicha plantilla y hoy, casi sin habernos dado cuenta, se ha convertido en su referente, en el verdadero líder espiritual de su equipo. Sergio Llull es lo mejor que le ha pasado al Real Madrid (sección baloncesto) en este último año y medio.

Y mira que aún le quedará por aprender (como a todo dios, por otra parte). Mira que aún tiene carencias en el pase o la lectura del juego, mira que aún está lejos de ser el típico base director, de ser algo parecido a un Corbalán o a un Pepe Sánchez (sin ir más lejos)… Da igual: más allá de sus inmensas cualidades físicas o técnicas Llull tiene algo especial, algo que no se aprende, que se tiene o no se tiene, algo que le hará ser (aún más) grande en este juego: un tremendo carácter, una imponente presencia en cancha, una arrolladora personalidad. La suficiente como para, siendo con diferencia el más joven, el menos experimentado de toda esa plantilla, ser el único capaz de echarse el equipo y el partido sobre sus espaldas cuando nadie más lo quiere, cuando ninguno de sus brillantes compañeros parece dispuesto a asumir semejante carga. Él sí, y tanto da que se trate de un partido corriente de ACB contra el Bruesa o de un choque decisivo de Euroliga contra el Barça, precisamente el Barça. ¿Tanto da? No, en realidad no: a mayor acción mayor reacción, cuanto mayor sea el reto más grande será su respuesta.

¿Le vieron ayer? Allá en el banquillo Raül López con sus achaques, al otro lado Pepe Sánchez con los suyos (o quizá no, quizá simplemente haya caído en desgracia para Joan Plaza, como si el ya no ser lo que fue le descartara, como si aún no se le pudiera sacar mucho partido); y mientras Llull en pleno arrebato, arengando a las masas, levantándolas literalmente de sus asientos, y ahora una penetración suicida, ahora este mate, ahora este otro, ahora este triple que aún no es lo mío pero aún así los meto, ahora otro gran pase, ahora otro robo crucial, ahora otro triple pero éste ya en el momento más decisivo posible… Y ese Madrid que se adelanta tras 39 minutos por detrás, y esas masas enloquecidas coreando su nombre, LLULL, LLULL, LLULL(sin saber pronunciarlo, que aquí en Madrid nos cuesta la elle y nos sale Yul, como si corearan a aquel actor de apellido Brinner), y ese Barça tan inmensamente superior aún preguntándose qué hemos hecho para merecer esto, en qué hemos fallado, cómo hemos podido llegar a esta situación…

Siro López, crepuscular y apocalíptico narrador telematritense, haría bien en dejar de preocuparse por suFelipe (“¡¡Madre mía, pero qué bueno es, qué bueno es Felipe Reyes!! ¡¡¡Por favor, que no se entere la NBA!!! ¡¡Que no se entere, que siga así, que nos lo deje aquí mucho tiempo…!!”), entre otras cosas porque a estas alturas parece ya evidente que Felipe nunca irá a la NBA (ni falta que le hace, cabría añadir); pero si lo que quiere es preocuparse (o hacer como que se preocupa), quizá debería empezar a hacerlo por Sergio Llull: nació en 1987 luego le correspondería por edad el draft de 2009, es decir, el que tendrá lugar dentro de cinco meses. Bien es verdad que, consultadas las principales listas pre-draft, su nombre aún no aparece por ningún lado, ni en el puesto 60 tan siquiera, pero eso a estas alturas no quiere decir nada… ni tampoco querría decir nada que no fuera escogido en dicho draft (Calderón no fue escogido, y ahí le tienen). Y el perfil de Llull es de esos que gustan sobremanera al otro lado del charco: muy físico, muy buenas piernas, intenso a más no poder, feroz penetrador, aceptable (aunque mejorable) tirador, magnífico defensor, presumiblejugón más orientado a la anotación que a la dirección… No, de momento no teman, aún no parecen haberse dado cuenta; pero tampoco se me confíen: si Llull sigue así, no les quepa la menor duda de que no tardarán en enterarse.

NOTA AL MARGEN: me había prometido no hacer más sangre con los comentaristas de Telemadrid, que ya bastante hice el año pasado. Me había prometido no insistir más en su supino desconocimiento, en su amarillismo, en sus absurdas y artificiosas obsesiones arbitrales… Pero el amigo Chechu Biriukov me pone muy difícil cumplir mi promesa. Un tipo que tras pitar el árbitro dobles por acompañamiento (o por manejo, o por llámelo usted como quiera) exclama a voz en grito “¡¡¡¿PERO QUÉ CHORRADA ES ÉSTA?!!!” como si jamás hubiera tenido ni la menor noticia sobre la existencia de dicha norma; un tipo que en un momento dado te suelta sin ningún rubor que “es el primer partido de esta segunda fase de la Champions League, y por eso es muy importante ganarlo…”, un tipo así te obliga a preguntarte dónde demonios habrá estado metido Chechu Biriukov durante todos estos años. Viendo baloncesto no, desde luego.

Publicado octubre 22, 2012 por zaid en Euroliga, preHistoria

dádivas   Leave a comment

(publicado el 28 de enero de 2009)

Esto del All Star de la NBA (de los pasos previos al All Star, quiero decir) a veces me parece un auténtico cachondeo. Y no, no me refiero ya a las masivas votaciones para escoger a los quintetos titulares, que sí, todo muy democrático y muy tal, pero a poco que te descuides casi te cuelan al chino Yi JianLian (y raro es que no hayan votado también masivamente a Sun Yue, el de los Lakers, que no habrá jugado ni diez minutos en toda la temporada); o te colocan a Bruce Bowen como tercer o cuarto clasificado para el puesto de alero en el Oeste, que digo yo que esto habrá sido alguna broma pesada, acaso propagada por alguna web (vamos, como aquella vez aquí, en cierto foro de cuyo nombre no quiero acordarme, cuando alguien tuvo la ocurrencia de que todo dios votara a Luke Recker como MVP); o te encuentras cómo también reciben infinidad de votos Luke Ridnour o Kyle Korver, presuntos guaperas oficiales de la Liga que tendrán hasta sus clubes de fans organizados a tal efecto… Pero no, no me refiero a nada de esto, que al fin y al cabo forma parte del juego (llamémoslo así); no me refiero a la elección de los titulares sino a la elección del resto, de los siete suplentes de cada equipo, que como es bien sabido (¿?) suelen ser escogidos por todos los entrenadores de una y otra Conferencia.

Y es que esto viene a colación (palabra que suena como a chocolate en polvo para diluir en la leche) de una información facilitada durante las pasadas noches de domingo y lunes por el brillante a la par que irónico narrador plusero Guillermo Giménez, y que provocó la absoluta estupefacción de sus compañeros de cartel, Juan Antonio Orenga y Nikola Loncar respectivamente (nótese que cito cuidadosamente la fuente, en principio absolutamente fiable, ya que no tengo forma humana de comprobar su veracidad). Según esta información, los Minnesota Timberwolves habrían regalado un GPS a cada uno de los catorce restantes entrenadores del Oeste, para de esta manera convencerles de que voten a Al Jefferson para el partido de las estrellas. Nada nuevo por otra parte ya que al parecer Brandon Roy ya hizo lo propio el año pasado, regalando catorce iPod a tal efecto (claro está, se supone que la coartada sería que dichos aparatejos incluyen un vídeo en el que se recogen las más brillantes acciones del susodicho jugador). A Roy le salió bien y muy probablemente a Jefferson también le saldrá bien este año, pero no seré yo quien diga que su selección pueda deberse a tan generosas dádivas: ambos son suficientemente buenos como para merecer ser all stars sin necesidad de recurrir a esta clase de cosas.

Y llegados a este punto, yo, ustedes me perdonarán, no puedo dejar de pensar en los nuestros. Pau Gasol será proclamado mañana all star, seguro: porque está haciendo una grandísima temporada, y porque es mucho más fácil jugar el partido de las estrellas siendo el segundo mejor de los Lakers que siendo el mejor de los Grizzlies. Vale, pero… ¿y Calderón? Mucho me temo que Calde no va a ser all star, y no porque (a mis parciales ojos) no lo merezca, acaso por otros efectos colaterales: bien las lesiones que en varias ocasiones han interrumpido su gran temporada, o bien la pésima marcha de su equipo. O mucho me equivoco, o Jameer Nelson y/o Devin Harris ocuparán su puesto de base suplente del Este. Y será entonces cuando yo me pregunte: ¿acaso, siguiendo el sabio ejemplo de sus colegas, no podría haberse hecho algo para remediar esta situación?

No, no se trataría de regalar gepeeses ni áipodes ni demás paratos de esos que pueden comprarse en cualquier establecimiento del ramo, y que además, con la nómina que se gastan estos tíos, digo yo que regalarle un chisme de éstos a Phil Jackson o a George Karl debe de ser como si a mí me regalan un boli Bic de punta fina, pongamos por caso; se trataría más bien de apelar a los orígenes de José Manuel Calderón, natural de Villanueva de la Serena e Imagen de Extremadura en muy recientes campañas publicitarias. ¿Y qué mejor promoción de los Alimentos de Extremadura que regalar catorce jamones ibéricos, catorce (14), uno para cada entrenador del Este? (bueno, y otro más, el decimoquinto, para el suyo, Jay Triano, que aunque ese voto ya esté garantizado de serie tampoco sería cuestión de dejar al pobre hombre a dos velas). Y ante eso ¿quién podría resistirse? (yo no, desde luego, y menos a estas horas que aún estoy sin comer). Calderón sería all star no ya este año o el que viene, sería proclamado all star vitalicio, a perpetuidad, para siempre jamás con todos los pronunciamientos favorables, así juegue de cine como ahora, así ya no esté en la Liga incluso…

Así que ahí les dejo la idea para lo que fuera menester, y gratis total por supuesto, faltaría más (aunque ya puestos, si les sobrara un decimosexto jamón y decidieran remitírmelo en justa correspondencia, no duden que yo les quedaría eternamente agradecido…)

Publicado octubre 22, 2012 por zaid en NBA, preHistoria

Rako   Leave a comment

(publicado el 26 de enero de 2009)

 

Lo fácil (y, de hecho, lo que suelo hacer a menudo) es escribir acerca de jugadores por los que siento una especial debilidad. Se describe con entusiasmo su juego, se acompaña una ristra de adjetivos elogiosos, se les pone por las nubes y aquí paz y después gloria, como suele decirse. Lo difícil, en cambio, es escribir acerca de jugadores por los que no siento debilidad sino todo lo contrario, tipos por los que no tengo filia sinofobia. Sobre todo, si no me queda más remedio que ponerles bien.

Igor Rakocevic, lo reconozco, nunca fue santo de mi devoción. No lo fue en Pamesa, aún menos lo fue en el Madrid y hasta ahora tampoco venía siéndolo en el Tau. Jugador egocéntrico, de esos que parecen creerse más importantes que su propio equipo, de esos que parecen ignorar que este juego es cinco contra cinco en vez de uno contra uno. Jugador con patológica tendencia a tirarse lo suyo y lo de los demás, lo que debe y lo que no, cuando toca y cuando no, así tenga o no sentido. Jugador antes (en sus etapas valenciana y madrileña) utilizado demasiadas veces erróneamente como base, cuando es lo más opuesto a un base (a lo que yo entiendo por base) que pueda existir sobre la faz de la Tierra. Jugador de esos que por muy bien que jueguen nunca mejoran un equipo, de esos tan beneficiosos a corto plazo como perjudiciales a medio-largo plazo. Jugador a quien mis prejuicios (todos estos prejuicios) probablemente me habían impedido apreciarle en su verdadera medida.

Igor Rakocevic (no descubro nada nuevo) se está saliendo este año. Es (con permiso de mi Oleson, que ése sí que es debilidad pura y dura) el MVP de lo que llevamos de competición. Igor Rakocevic se sigue tirando lo que le toca y lo que no… pero lo mete todo, lo previsto y lo impensable, lo suyo y hasta lo de los demás. Igor Rakocevic, que no es base ni jamás debió serlo, ya nunca lo será porque a su lado tiene a un Prigioni que se las pone como se las ponían a Fernando VII (¿o era a Felipe II?). Igor Rakocevic acaso aún siga sintiéndose más importante que su propio equipo, pero no por ello resulta menos imprescindible, menos piedra angular de dicho equipo. Igor Rakocevic nos ha dado en los morros a todos los que pensamos que se estrellaría con Ivanovic, que don Dusko jamás tragaría con su (presunto) egocentrismo. A Igor Rakocevic, jugando así, tirando así, anotando así, ni tan siquiera sus más recalcitrantes detractores podremos jamás ponerle pega alguna.

No, no será fácil que mi rakofobia se convierta de repente en rakofilia, no soy tan volátil. Pero esa rakofobia no me impide reconocer que Rako es para mí, sin lugar a dudas, la gran sorpresa de lo que llevamos de competición. No ya porque sea un gran jugador, que eso, más o menos, lo sabíamos todos, sino porque es un gran jugador que está haciendo aún más grande a un gran equipo, al mejor de la ACB a día de hoy, acaso (veremos) el mejor de Europa a día de hoy. Un Tau que ya ni sabe cómo perder, que ya ni se acuerda de la última vez que lo hizo. Y con Rako, quién me lo iba a decir, como uno de los principales culpables de todo ello. Aunque me cueste reconocerlo.

Publicado octubre 22, 2012 por zaid en ACB, preHistoria

Coby   Leave a comment

(publicado el 23 de enero de 2009)

 

¿Suena bien, verdad? Coby ficha por la Penya. Imagine que se lo dicen, no que se lo escriben. Le dicen Coby ficha por la Penya y su mente automáticamente se traslada a Los Ángeles, a ese MVP de la NBA a quien por un segundo le quita el amarillo (y púrpura) para vestirlo de verde (y negro)… justo antes de pensar que le están tomando el pelo, sí, claro, ya, Kobe va a fichar por la Penya, y yo que me lo creo… Pero no, le aclaran, que no es con ka sino con ce, que no acaba en e sino en y griega, ande, mírelo escrito, Coby ficha por la Penya, y su mente automáticamente se traslada 16, casi 17 años atrás, a aquel verano olímpico del 92… para de inmediato pensar que le están tomando otra vez el pelo, sí, claro, ya, la mascota de Mariscal, muy gracioso, a ver qué demonios pintaría en la Penya a estas alturas, vamos que ni para hacer el chorra en los descansos…

Pues es verdad: Coby ficha por la Penya. Un Coby que no es Kobe (aunque ambos hayan compartido vestuario) ni aún menos aquel otro Coby olímpico sino Coby Karl, el hijo del señor y la ex señora Karl, nacido en Wisconsin y criado (entre otros sitios) en Madrid, España, a la vera de su padre don George, en aquel entonces (finales de los ochenta, comienzos de los noventa) entrenador del Real Madrid, luego de Seattle o Milwaukee, hoy orgulloso y satisfecho técnico de los Nuggets de Denver.

Pero Coby no es simplemente el hijo de. La NBA no es un banco ni un comercio ni una empresa pública, nadie accede a la NBA simplemente por el mero hecho de ser hijo de. Coby Karl es un muy buen jugador de baloncesto. Quizá no lo suficiente como para haberse ganado algo más que contados minutos (más o menos de la basura) en aquellos Lakers del pasado año, pero sí lo suficiente como para estarse saliendo estos días en la NBDL (Idaho Stampede, nada menos), sí lo suficiente como para triunfar, más o menos, casi en cualquier lugar donde se lo proponga. Badalona, por ejemplo.


Coby Karl, por lo poco que he podido verle, es un escolta que en caso de emergencia te podría hacer también de base; fantástico tirador, buen pasador, te hace un apaño como defensor, carácter luchador (todo acaba en or). Viene de promediar 18 puntos y seis asistencias en Idaho, y con esas credenciales llega a Badalona para ocupar la plaza que ha dejado vacante Bracey Wright. Y claro, habrá quien espere encontrarse un clon del susodicho ex, pero quien así piense debería quitarse esa idea de la cabeza cuanto antes: Karl es otro perfil, quizás el perfil perfecto para esta Penya; no resulta difícil imaginarlo ya al lado de Ricky, Ribas, Mallet, Laviña, volviendo loco al perímetro contrario, cerrando todas las líneas de pase habidas y por haber, robándola y clavándote el triple en cuanto te descuidas, cuando menos te lo esperas.

Coby Karl, además, no debería tener casi ningún problema de adaptación (aspecto con el que no querrán correr muchos riesgos en Badalona, que digo yo que a estas alturas andarán ya bastante escarmentados). Pero no precisamente por el hecho de que pasara apenas dos años en Madrid durante su más tierna infancia, que eso ya lo tendrá más que olvidado, sino por el hecho de que ha vivido en demasiados sitios, ha cambiado de domicilio demasiadas veces como para que ahora le vaya a resultar extraño venirse para acá. Pero también, y sobre todo, porque a Coby Karl la vida no le ha puesto las cosas fáciles. No, la suya no es la típica historia de chico desarraigado de familia desestructurada a quien el baloncesto haya salvado de una mísera existencia, no, en absoluto. Su historia es completamente distinta, pero no por ello menos dramática.

Coby Karl no fue el típico alumno aventajado (en lo que a baloncesto se refiere) a quien se rifan con sus becas los grandes programas universitarios de la nación. Resulta fácil caer en la tentación de pensar que, con la de contactos que tendrá su padre, casi cualquier college medianamente decente debería haberle abierto de par en par sus puertas. Pues no. Por no abrírsele, ni tan siquiera se le abrieron las de North Carolina, las de esos mismos Tar Heels en los que su progenitor hizo historia a comienzos de los setenta. Coby encontró acomodo en Boise State, modesta universidad del estado de (sí, otra vez) Idaho en la que no tardó en convertirse en estrella… y en descubrir cómo la vida se le volvía completamente del revés.

A Coby Karl (acaso esto sea ya de sobra conocido, ustedes me disculpen si les reitero cosas que ya saben) le fue diagnosticado un cáncer. Pero no un cáncer cualquiera, no en un sitio asequible ni medianamente controlable, no: un delicadísimo tumor en la glándula tiroides, nada menos. Coby Karl fue operado y pasó quimioterapia, pero aquello no fue suficiente; pocos meses después el tumor se le reprodujo aún más fuerte si cabe, y Coby hubo de someterse a otra terrible intervención quirúrgica de más de siete horas, hubo de pasar por muchas más sesiones de quimio, llegó a temerse por su vida mucho más de lo que ahora podamos o queramos recordar. Durante un largo tiempo la preocupación por la salud de Coby resultó ser un tema recurrente en cada madrugada NBA, en cada partido de un George Karl que había padecido él mismo un problema muy similar (cáncer de próstata) muy poco tiempo antes, y en cuyo rictus no resultaba nada difícil adivinar el sufrimiento por el que estaba pasando…

A Coby Karl, por edad, le correspondía el draft de 2007, pero como si no. Con sus antecedentes nadie se atrevió a escogerlo, ni los Nuggets siquiera. Coby, casi aún convaleciente, debió buscarse la vida en ligas de verano, sesiones de prueba y demás bolos similares en una u otra franquicia para finalmente, ya casi a la desesperada, encontrar discreto acomodo en las profundidades del banquillo de los Lakers. Allí, mal que bien, debutó en la NBA; allí debutó incluso en playoffs, aquella inolvidable noche de primera ronda, precisamente contra los Denver Nuggets. De repente, con el partido resuelto, Phil Jackson tuvo el hermoso gesto de hacerle jugar aquellos últimos minutos y algunos jamás olvidaremos la cara de George Karl, enfocada como veinte o treinta veces por las cámaras de televisión, dejando atrás el cabreo por la derrota para entregarse a la emoción, muy difícilmente contenida, de ver allí enfrente a su hijo corriendo por la cancha en plena noche de playoffs, sin que tuviera ya la menor importancia que lo hiciera en el equipo contrario. Tanta tensión, tantos meses de sufrimiento estallándole allí de golpe, aguantándose a duras penas las lágrimas, el corazón casi a punto de salírsele por la boca.

Pero no por ello las cosas iban a ser más fáciles. Este pasado verano, de nuevo sin equipo, Coby volvió a probar aquí y allá, en algún momento hasta se rumoreó muy seriamente que los mismísimos Nuggets de su padre le acogerían en su seno… Pues tampoco, que esto es la NBA, mire usted, que aquí no ha lugar a sentimentalismos. Y que el chico lo que necesita es jugar, recuperar sensaciones, no calentar ya más banquillos: pues eso, que hacia los Stampede de su muy querido Idaho, y de ahí a… ¿Badalona? Coby ficha por la Penya

Coby está en los 25 años, aún en plena juventud, cualidad fundamental (como su propio nombre indica) de un DKV Joventut que hace apenas unos días batió récords ACB al alinear un quinteto titular compuesto por Ricky Rubio, Pau Ribas, Pere Tomás, Bogdanovic y Norel (20,9 años de media), y que hace apenas unas semanas acabó un partido de Euroliga en Ljubljana con un quinteto aún más joven todavía, Franch, Ribas, Pere Tomás, Eyenga y Norel que ni siquiera sumarán cien años entre los cinco, acaso el quinteto de menor edad que haya jugado nunca en esa competición (y ello con el lujo de aún tener a Ricky en el banquillo). A ese grupo llega Coby: no para ser lo más de lo más sino para ser, sencillamente, uno más: nada más y nada menos que eso.

No les aseguro que vaya a salir bien, a ver quién soy yo para asegurar nada. Pero sí creo que tiene toda la pinta de tratarse de un magnífico fichaje. Y que se ganará rápidamente el favor de la hinchada, y que (si él quiere, si no le llaman ni le tientan de otros lugares) en Badalona podría haber Coby para rato. Y que tal vez un día, quién sabe, acaso escuchemos a las buenas gentes del Olimpic gritar¡¡¡Coby, Coby, Coby!!!, a la manera en que lo hacen a menudo las glamourosas gentes del Staples. Que la de allí es con ka y e, que la de aquí será con ce y con y griega pero dará igual, ambos gritos sonarán de la misma manera, ambas aficiones se sentirán igualmente felices al proclamarlo. Ojalá.

Publicado octubre 22, 2012 por zaid en ACB, NBA, NCAA, preHistoria

enigmas   Leave a comment

(publicado el 22 de enero de 2009)

 

Quizás usted aún no se haya enterado de que en estos días, concretamente ayer y hoy, se está disputando una nueva jornada de Liga ACB, aprovechando así el hueco dejado en el calendario por la Euroliga. Quizás usted aún no sepa que ayer Fuenla ganó a Pamesa, Unicaja apalizó a Cajasol, Tau arrasó en Manresa y la Penya se impuso en casa del Estu, ni sepa tampoco que hoy, en apenas un rato, el Madrid jugará en Granada, el Murcia en Barcelona, iurbentia en Menorca, Granca en Zaragoza.

Quizás usted, amigo aficionado al baloncesto, ahora que ya está informado se estará preguntando ansiosamente cuál de estos partidos ofrece La2, para así acudir raudo a desmoronarse ante su televisor y proceder a su gozosa contemplación… Vale, pues deje de preguntárselo, no pierda ni un segundo más en semejantes disquisiciones: esta jornada ACB, La2 no ofrece partido alguno.

¿Por qué? Buena pregunta (que es lo que se suele contestar cuando no se tiene una respuesta). Me gustaría poder ofrecerle una explicación; decirle, por ejemplo, que todo se debe a la coincidencia con el Mundial de Balonmano (pero no, porque incluso los partidos más decisivos de la selección española, ayer contra Croacia, hoy contra Corea, parecen haber sido condenados a las catacumbas de Teledeporte); o decirle que la programación de La2 en estos días se halla hipotecada por algún acontecimiento de rabiosa actualidad, político, social, cultural incluso (pero tampoco, de hecho su programación no puede ser más normal: BuffycazavampirosSmallvilleDías de cine… vamos, que ni la sacrosanta Premier League tan siquiera). ¿Y entonces? Pues como diría mi hijo en similares circunstancias: pues porque sí. O en este caso, para ser más exactos: pues porque no.

Televisión Española es un organismo lleno de misterios, de hecho debe de tratarse de algo consustancial a su condición de Ente. Miremos el sábado pasado, sin ir más lejos: reloj no marques las horas, porque voy a enloquecer, debió pensar algún alto cargo transido de emoción; vale que no les funcionara, ni en un solo momento del partido, el cronómetro que habitualmente aparece sobreimpresionado, adosado al marcador; ¿pero tan difícil habría sido, como se ha hecho tantas otras veces, colocar una cámara, sólo una, enfocando a un reloj cualquiera del pabellón, el de encima de las canastas sin ir más lejos, de tal manera que se abriera una ventanita en cualquier esquina de la pantalla que nos mostrara permanentemente el cronómetro? No hombre no, para qué, si allí ya están Cañada y Romay que si el partido se decide sobre la bocina ya irán cantando a viva voz los segundos que falten, como si en esos momentos no tuvieran otro sitio hacia donde mirar…

Enigmas sin resolver, pues: éste del sábado, o el de por qué en esta jornada entresemana nos hemos quedado sin el partido de La2 (mira que aún falta para los playoffs… pero quizá deberíamos empezar a preocuparnos), o tantos otros… Definitivamente el tal Íker Jiménez debería cambiarse de cadena: si en vez de en la Cuatro estuviera en La2 ya no tendría que preocuparse nunca más de buscar temas para su programa: le saldrían solos, simplemente con limitarse a mirar a su alrededor.

Publicado octubre 22, 2012 por zaid en ACB, medios, preHistoria

sorpresa ¿sorpresa?   Leave a comment

(publicado el 21 de enero de 2009)

 

Allá por el mes de junio, tuve la ocurrencia de escribir que Rudy un día será all star en la NBA. No me refiero al partido de rookies contra sophomores ni al concurso de triples ni al de mates ni al desafío de habilidades siquiera, me refiero al verdadero all star game, al auténtico partido de las estrellas. No, no será el próximo año ni el siguiente, quizás tampoco el otro ni el de después. Tal vez habrán de pasar seis años, ocho, diez incluso, pero yo estoy convencido de que sucederá

Eso escribí entonces, y hoy, siete meses después, sigo pensando exactamente lo mismo, hasta corregido y aumentado incluso. Un día, sabediós cuándo, Rudy Fernández será votado o seleccionado para el all star game y a mí no me pillará de sorpresa, en absoluto. Como aún menos me pillará de sorpresa cuando dentro de unos días sea nombrado (al igual que Marc G.) para esa estupenda selección de novatos del viernes 13 de febrero. No, Rudy parece haber agotado por completo nuestra capacidad de sorprendernos… y sin embargo, contra todo pronóstico, nos sigue sorprendiendo. Aunque su última (¿o debería decir penúltima?) sorpresa es ya de sobra conocida: haber sido elegido para participar, la próxima noche de San Valentín, en el concurso de mates de la NBA.

Claro que la sorpresa no es de ahora, que llevábamos ya un mes presuponiéndolo y hasta votándolo. Pero no por ello resulta menos alucinante: un chaval mallorquín, tan curtido en mil gloriosas batallas europeas como absolutamente novato en aquella Liga, compitiendo por el cartel de mejor matador del mundo contra tres bichos cuya mera mención ya resulta estremecedora, Dwight Superman Howard (podría ponerle Rudy debajo de la canasta en uno de sus mates, más que nada para recordar los viejos tiempos), Nate Robinson y su tocayo Gay (o sea, Rudy Gay). Todos ellos sobradamente preparados y experimentados, todos con otras participaciones a sus espaldas, la mayoría con brillantes entorchados en su currículum. La de dios.

Y esto es algo que deberíamos tener bien presente, antes de caer en esa terrible costumbre ibérica del más dura será la caída: vender siempre euforia desmedida antes de, para así luego aumentar la cuota de decepción después de. Vale, sí, las cualidades como dunker de nuestra Ensaimada Voladora (escalofriante apodo, por cierto) no las voy a descubrir yo ahora, las conocemos todos de sobra, han estado ahí a la vista de todos nosotros desde hace ya más de cinco años. Pero de ahí a pensar, como ya he oído/leído por ahí a algún iluminado, que Rudy sea el gran favorito, que vaya a ganar sí o sí, media un abismo. El concurso de mates de la NBA, no lo olvidemos, lleva disputándose desde hace más de un cuarto de siglo. Y en todos estos años nunca, jamás, ni una sola vez siquiera, ha participado en el concurso ni un solo jugador que no fuera norteamericano. Rudy irá de pionero, en cierto modo, y eso no le convierte necesariamente en carne de cañón pero sí le sitúa muy lejos del favoritismo. Llegará a Phoenix como el cuarto de cuatro: el último en llegar a la Liga, el último (y el único por suscripción popular) en ser seleccionado para el concurso, el que menos pedigrí matador tiene y encima el único que no es de allí, el primer advenedizo rostro pálido europeo que osa discutir la suprema supremacía matadora yanqui. Asumámoslo: sus posibilidades de éxito son ínfimas… O no. O acaso nuestra capacidad de asombro aún no tenga límites, o acaso a Rudy aún tenga que darnos otra última (penúltima) sorpresa…

Y en todo caso, ¿qué más da? El fin de semana de las estrellas es en sí mismo una fiesta, por definición. Y de toda esa fiesta, la más festiva suele ser precisamente esa noche del sábado con sus triples, sus mates y demás concursos variados. Habrá quien se tome muy a pecho el que Rudy gane o pierda. Yo no. Yo pienso limitarme a disfrutarlo, a gozar del espectáculo, a dejarme sorprender (otra vez) por todo lo que suceda, por cada cosa que haga. Y si encima gana, pues miel sobre hojuelas, y si (como parece probable) no gana, yo al menos tendré muy claro que tampoco habrá perdido. Que no habrá derrota posible, que su verdadera victoria habrá sido ya el mero hecho de haber estado allí.

Publicado octubre 22, 2012 por zaid en NBA, preHistoria

trincheras   Leave a comment

(publicado el 20 de enero de 2009)

 

Cada año, en cuanto llegan estas fechas, solemos escuchar la misma cantinela. Cada temporada los apologistas del Frente Anti-Playoffs reaparecen, recién acabada la primera vuelta, para recordarnos que, una vez adjudicadas las plazas para la Copa, toda esta segunda fase carece ya por completo de sentido. Total qué más da lo que pase, total si los equipos grandes ya saben de sobra que jugarán playoffs, total a quién le importa que ganen o pierdan, total para qué se van a molestar en ser segundos mejor que terceros, cuartos mejor que quintos, total si luego serán las eliminatorias las que pondrán a cada uno en su sitio, así pues queda totalmente confirmado que toda esta fase así montada no sirve absolutamente para nada, sólo suprimiendo los playoffs recobraría esta segunda vuelta todo su sentido, etc etc. Sí, si aún no lo han escuchado no tardarán en escucharlo, si aún no lo han leído no tardarán en leerlo, si aún no han aparecido no tardarán en aparecer, en acudir puntualmente a su agorera cita de cada año.

Y sin embargo, este pasado fin de semana, se enfrentaron entre sí cuatro de los cinco mejores equipos de la ACB. Es decir, cuatro equipos que al parecer deberían languidecer, dejarse llevar, jugar al trantrán, limitarse a cubrir el expediente hasta que acabe la temporada regular, y todo ello ante la indiferencia general, por supuesto. Pero contra todo pronóstico (es decir, contra esos pronósticos), Joventut y Barça, Madrid y Unicaja, eligieron bajar a las trincheras, regalarnos un baloncesto quizá no extraordinario de calidad pero sí sublime en términos de intensidad. Dos partidos tensos, físicos, plenos de dureza, no exentos de polémica, dificilísimos de pitar. Dos partidos plagados de detalles, ricos en emociones. Dos partidos, aún con sus imperfecciones (o quizá también gracias a ellas), maravillosos, en suma: el uno resuelto sobre la bocina, el otro resuelto aparentemente antes pero como si no, que allí aún siguieron peleando como si tal cosa por un quítame allá ese basket-average, luchando por ganar o perder por más o menos de 17. Pero vamos a ver ¿no habíamos quedado que esto no servía para nada, que daba igual ser cuartos o quintos? Pues estos no parecen haberse enterado, vaya por dios.

Y claro, como esta fase al parecer no tiene interés ni emoción ni sustancia ni enjundia ni nadená, pues ya se sabe, las asistencias (de público, me refiero) se resienten, las buenas gentes dan la espalda al espectáculo, las aficiones huyen, las audiencias se hunden, los pabellones se vacían… ¿Se vacían? El Olimpic y el Vistalegre llenos a rebosar, en el coso carabanchelero casi 15.000 almas, en el badalonés hasta tuvieron que destapar el voladizo de arriba para meter a todos los que querían asistir. Y vaya que si asistieron, y sufrieron y gozaron y vibraron con toda la pasión que este deporte pueda proporcionar… Eso sí, claro está, todos ellos (todos nosotros) sumidos en la ignorancia, en la inconsciencia, en la ingenua creencia de que esto sirve para algo, de que hasta merece la pena disfrutarlo. Por favor, señores del Frente Anti-Playoffs, no nos dejen así: acudan puntuales a su cita, raudos a cumplir con su misión apocalíptica, a recordarnos lo que importa y lo que no, lo que nos tiene que gustar y lo que no. Bájennos de nuevo a la tierra, desengáñennos, no vaya a ser que en un descuido le cojamos (aún más) el gusto, nos enviciemos y quién sabe, lo mismo para cuando ustedes quieran llegar la cosa ya no tenga remedio.

Publicado octubre 22, 2012 por zaid en ACB, preHistoria

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