incompatibilidades   Leave a comment

(publicado el 9 de enero de 2009)

 

No sé muy bien cómo se las apaña este Real Madrid que, en su versión Euroliga (en su versión doméstica también, pero no tanto), logra superarse a sí mismo semana tras semana en su denodado empeño por convertirse en el equipo más extraño del Continente. Ayer, en su visita a la elegante y desolada casa milanesa del signore Armani, nos volvió a demostrar que es el equipo perfecto para servir de bálsamo de cualquier crisis, por muy profunda que ésta sea; que es capaz de hacer internacional a cualquier jugador rival, por insospechado que éste sea; y que en su seno aún rige una extraña Ley de Incompatibilidades, por si todavía no nos habíamos dado cuenta.

Durante este último año y pico aprendimos a duras penas que Reyes y Papadopoulos no podían jugar juntos. Lo aprendimos, más que nada, por la mera observación de que casi nunca coincidían en cancha. Claro está, tampoco le dimos demasiada importancia, ya ves tú, las cosas de un Lazaros que no espabila, que no termina de centrarse, que él ha entrado en el Madrid pero el Madrid no parece haber entrado en él. Si ambos son cincos, al parecer, y Felipe es imprescindible, Lazaros entonces habrá de ser incompatible: al principio, sólo para darle descanso, para tapar huecos; al final, ni para eso siquiera.

Pero Papadopoulos es pasado, y ahora el presente se llama Van den Spiegel. ¿Otra historia, verdad? Pues no. No de momento, al menos. Ayer el susodicho VDS entró en el partido (de titular, con Felipe en el banquillo, claro) como un torbellino: sin duda el mejor madridista en ese primer cuarto, también en los pocos instantes de que dispuso durante el segundo y el tercero. Causando evidentes destrozos en un juego interior milanés que no parecía tener antídoto para pararlo. Y el Madrid con el partido controlado, gobernándolo con cierta holgura incluso… hasta que llegó el último cuarto y se le fue a derrumbar todo su castillo de naipes.

De repente una simple zona descomponía todo el ataque madridista, de repente Mordente (haciendo honor a su apellido) se comía a bocados el partido, de repente Nelson Rocca (¡¡¡Nelson Rocca!!!) parecía haberse convertido en el amo y señor de ambas zonas, de repente nada tenía ningún sentido. Y mientras Van den Spiegel, el recién llegado fichaje-estrella, el mejor blanco hasta ese momento sin ningún género de dudas, allí pelándose el culo en el banquillo, mirando cómo sus compañeros naufragaban, cómo veían pasar todos los rebotes sin olerlos, cómo eran incapaces de meter ni una mientras que a ellos se las clavaban de todos los colores. ¿Por qué?

Pues habrá que suponer que por esa misma Ley de Incompatibilidades, que al parecer le impediría coincidir en cancha con Felipe Reyes. Y tanto da que Hervelle esté lesionado, que Venson Hamilton esté descalificado por su insólita ocurrencia de resolver una trifulca en las mismas narices del árbitro en lugar de hacerlo a sus espaldas como todo el mundo. Da igual: VDS no puede entrar porque está Felipe, mire usted: ni en lugar de Massey (que de todos modos quizá fuera el más digno –que no el mejor; mejor no había ninguno- jugador madridista en aquellos momentos) ni aún menos en lugar del propio Felipe: que sí, que es el mejor, que eso nadie lo duda; pero que a veces, fíjese usted, también se cansa; por ejemplo ayer, que se le veía absolutamente reventado en esos últimos minutos. Pues ni por esas. Ni siquiera para darle dos o tres minutillos de descanso pudo entrar Van den Spiegel.

¿Acaso Plaza se olvidó de él, quizá por aquello de que lleva muy poco tiempo en plantilla? Puede ser, que cosas aún más raras se han visto. Pero no lo creo, francamente. Yo más bien creo que no fue olvido sino decisión consciente, quizá motivada por esa supuesta Ley de Incompatibilidades. Y ahí ya es donde me pierdo: ¿Realmente Felipe no puede jugar con un cinco puro a su lado? ¿Acaso no es (o no puede ser) también Felipe un cuatro, acaso no mira tanto al aro de cara como de espaldas, acaso no se abre una y mil veces buscándose los espacios, acaso no ha desarrollado un magnífico tiro de 4-5 metros, sin que todo ello haya supuesto merma alguna de su intensidad ni haya ido en detrimento de sus capacidades reboteadoras? ¿Acaso son incompatibles Gasol y Bynum en los Lakers, Stoudemire y O’Neal (Shaq) en los Suns, Bosh y O’Neal (Jermaine) en los Raptors, Andersen y/o Vázquez y/o Santiago en el Barça? Sé muy bien que los entrenadores, por definición, ven cosas que al resto de los mortales, humildes aficionados, sencillamente se nos escapan. Ésta, qué duda cabe, debe de ser una de ellas.

Estos últimos meses, en medio del marasmo generado por las bajas prestaciones de Papadopoulos, emergían algunas voces, ciertamente minoritarias, atreviéndose a comentar que la culpa no era tanto del propio Lazaros como del entrenador que jamás había sabido utilizarlo. Y reconozco que yo en su momento no les presté mucha atención, pero que hoy, cuando Papadopoulos ya es historia, cuando Van den Spiegel ya es (o debería ser) presente, empiezo a preguntarme si acaso aquellas voces no tendrían su buena parte de razón.

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Publicado octubre 22, 2012 por zaid en Euroliga, preHistoria

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