sorpresa ¿sorpresa?   Leave a comment

(publicado el 21 de enero de 2009)

 

Allá por el mes de junio, tuve la ocurrencia de escribir que Rudy un día será all star en la NBA. No me refiero al partido de rookies contra sophomores ni al concurso de triples ni al de mates ni al desafío de habilidades siquiera, me refiero al verdadero all star game, al auténtico partido de las estrellas. No, no será el próximo año ni el siguiente, quizás tampoco el otro ni el de después. Tal vez habrán de pasar seis años, ocho, diez incluso, pero yo estoy convencido de que sucederá

Eso escribí entonces, y hoy, siete meses después, sigo pensando exactamente lo mismo, hasta corregido y aumentado incluso. Un día, sabediós cuándo, Rudy Fernández será votado o seleccionado para el all star game y a mí no me pillará de sorpresa, en absoluto. Como aún menos me pillará de sorpresa cuando dentro de unos días sea nombrado (al igual que Marc G.) para esa estupenda selección de novatos del viernes 13 de febrero. No, Rudy parece haber agotado por completo nuestra capacidad de sorprendernos… y sin embargo, contra todo pronóstico, nos sigue sorprendiendo. Aunque su última (¿o debería decir penúltima?) sorpresa es ya de sobra conocida: haber sido elegido para participar, la próxima noche de San Valentín, en el concurso de mates de la NBA.

Claro que la sorpresa no es de ahora, que llevábamos ya un mes presuponiéndolo y hasta votándolo. Pero no por ello resulta menos alucinante: un chaval mallorquín, tan curtido en mil gloriosas batallas europeas como absolutamente novato en aquella Liga, compitiendo por el cartel de mejor matador del mundo contra tres bichos cuya mera mención ya resulta estremecedora, Dwight Superman Howard (podría ponerle Rudy debajo de la canasta en uno de sus mates, más que nada para recordar los viejos tiempos), Nate Robinson y su tocayo Gay (o sea, Rudy Gay). Todos ellos sobradamente preparados y experimentados, todos con otras participaciones a sus espaldas, la mayoría con brillantes entorchados en su currículum. La de dios.

Y esto es algo que deberíamos tener bien presente, antes de caer en esa terrible costumbre ibérica del más dura será la caída: vender siempre euforia desmedida antes de, para así luego aumentar la cuota de decepción después de. Vale, sí, las cualidades como dunker de nuestra Ensaimada Voladora (escalofriante apodo, por cierto) no las voy a descubrir yo ahora, las conocemos todos de sobra, han estado ahí a la vista de todos nosotros desde hace ya más de cinco años. Pero de ahí a pensar, como ya he oído/leído por ahí a algún iluminado, que Rudy sea el gran favorito, que vaya a ganar sí o sí, media un abismo. El concurso de mates de la NBA, no lo olvidemos, lleva disputándose desde hace más de un cuarto de siglo. Y en todos estos años nunca, jamás, ni una sola vez siquiera, ha participado en el concurso ni un solo jugador que no fuera norteamericano. Rudy irá de pionero, en cierto modo, y eso no le convierte necesariamente en carne de cañón pero sí le sitúa muy lejos del favoritismo. Llegará a Phoenix como el cuarto de cuatro: el último en llegar a la Liga, el último (y el único por suscripción popular) en ser seleccionado para el concurso, el que menos pedigrí matador tiene y encima el único que no es de allí, el primer advenedizo rostro pálido europeo que osa discutir la suprema supremacía matadora yanqui. Asumámoslo: sus posibilidades de éxito son ínfimas… O no. O acaso nuestra capacidad de asombro aún no tenga límites, o acaso a Rudy aún tenga que darnos otra última (penúltima) sorpresa…

Y en todo caso, ¿qué más da? El fin de semana de las estrellas es en sí mismo una fiesta, por definición. Y de toda esa fiesta, la más festiva suele ser precisamente esa noche del sábado con sus triples, sus mates y demás concursos variados. Habrá quien se tome muy a pecho el que Rudy gane o pierda. Yo no. Yo pienso limitarme a disfrutarlo, a gozar del espectáculo, a dejarme sorprender (otra vez) por todo lo que suceda, por cada cosa que haga. Y si encima gana, pues miel sobre hojuelas, y si (como parece probable) no gana, yo al menos tendré muy claro que tampoco habrá perdido. Que no habrá derrota posible, que su verdadera victoria habrá sido ya el mero hecho de haber estado allí.

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Publicado octubre 22, 2012 por zaid en NBA, preHistoria

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