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(publicado el 31 de octubre de 2008)

 

Sales de casa un jueves por la mañana, sabes que no volverás hasta la noche, programas cuidadosamente el deuvedé para grabar el partido de Euroliga que La2 anuncia para las 19:45, estás todo el día currando, vuelves, cenas, haces todas las tareas domésticas habidas y por haber y cuando por fin te arrellanas y te repantingas en tu sofá para ver al fin tu partido, le vas a dar al play y en tu televisor (tras varios minutos de noticias varias) se te aparece un extraño francés de apellido Monfils (o sea, Mishijos), el cual porta una sospechosa raqueta en su mano derecha. Qué hace este tío aquí, te preguntas durante un instante, tan sólo el breve periodo que tarda el realizador en irse al otro lado y mostrarnos a su rival, el insigne, el eminente, el insustituible, el imprescindible (sobre todo imprescindible) Rafa Nadal que a su vez porta otra raqueta, ésta en su mano izquierda…

Que está muy bien, no seré yo quien lo critique, faltaría más, hasta ahí podíamos llegar. Soy el primero en admirar a Nadal, en disfrutar con su juego y con sus triunfos, y hasta entiendo que su fama trasciende fronteras, que su importancia va mucho más allá de lo meramente deportivo para elevarse hasta la categoría de icono mediático, que sus partidos son de interés general cual si del fútbol en tiempos de Cascos se tratara, que todos y cada uno son absolutamente imprescindibles, así se trate de una final de Gran Slam u olímpica o de un partido de octavos de final de cualquier torneo de segunda.

Si yo lo entiendo, entiendo todo eso y entiendo además que el tenis, maravilloso deporte donde los haya, merece tener un hueco en la programación de nuestras televisiones. Y de hecho es lo que hace Televisión Española, abrirle un pequeño y modesto huequecillo en la programación de su canal temático, Teledeporte, programación que por ejemplo, para este mismo jueves, anunciaba: 11:00 – directo, tenis, Masters Series de Paris; 13:00 – directo, tenis, Masters Series de Paris; 15:00 – directo, tenis, Masters Series de Paris; 17:00 – directo, tenis, Masters Series de Paris; 19:00 – directo, tenis, Masters Series de Paris; 21:00 – directo, tenis, Masters Series de Paris; 23:15… no, a las once y cuarto de la noche ya no nos queda más tenis, ya lo hemos dado todo pero no caigamos en el error de ofrecer alguno de los cuatro partidos de Euroliga hoy disputados, ni aún en diferidísimo siquiera, no por dios, si resulta que son las tantas y aún no hemos dado fútbol, cómo puede ser eso, démosles este mismo partido italiano, Lazio-Chievo, no vaya a ser que los aficionados echen en falta su dosis y luego no nos duerman, hasta ahí podíamos llegar, somos una televisión pública luego debemos proporcionar un servicio público, procurar el bienestar de la inmensa mayoría de nuestros telespectadores, faltaría más…

Si es que en el fondo somos unos pardillos. Allá por el 20 de octubre, en el comienzo de la Euroliga, eso que ahora llamamos Opening Dayporque se ve que queda más fino que decir Partido Inaugural, el voluntarioso a la par que bienintencionado narrador Diego Martínez nos contó que cada semana podríamos ver todos los encuentros de nuestros equipos, uno de ellos por La2, los otros cuatro por Teledeporte. Y nosotros fuimos y nos lo creímos. De hecho hasta es posible que él mismo, no menos ingenuo que nosotros, también se lo creyera mientras lo decía.

Y la primera semana sí fue más o menos así: ese lunes vimos al Tau en La2 y ya en días posteriores Teledeporte nos ofreció al Madrid en directo, al Unicaja en semidirecto, a la Penya en diferidísimo, al Barça que iba a ser sólo con un ligero retardo pero que al final también se nos cayó a la mañana siguiente… Podría ser mejor, ciertamente, pero visto lo visto ya casi nos dábamos con un canto en los dientes si todas las semanas fueran así…

Porque esta segunda semana la programación, así de entrada, ya nos venía coja: miércoles el Madrid, jueves el Unicaja por La2, Barça y Tau que se caen a la mañana del viernes en Teledeporte… Y al Joventut que le den. Que le den otros quiero decir, sus canales autonómicos mismamente, que a nosotros ya no nos cabe, que esta semana es que hay mucho tenis, mire usted, y si acaso ya veremos si le encontramos un hueco en la mañana del sábado, día ideal porque para entonces ya ni dios se acordará de cómo quedaron, así que podrán verlo con la misma emoción que si fuera en directo… Y en cualquier caso qué más da, si tampoco necesitamos verlo, si con imaginárnoslo tenemos ya más que suficiente, si a estas alturas de nuestra vida ya tampoco nos hace falta mucho más…

Pero aún así, si al menos hubiéramos podido ver los otros cuatro partidos anunciados, pues tal vez nos habríamos vuelto a dar con ese mismo canto en los dientes, que acabaremos con los piños machacados de tanto darnos… Sobre todo esa gran cita de la semana, sin duda el partido cumbre, y por ello (y por empezar más temprano, también) el elegido (presuntamente) para La2, el nuevo y flamante Unicaja de Aíto rindiendo visita al manicomio de la Paz y de la Amistad, al milmillonario Olympiacos de Papaloukas o Childress… Pues no. ¿Que acaso un partido del Unicaja en El Pireo va a ser más importante que Nadal enfrentándose (es un decir) al Mishijos éste, en octavos de final del segundo torneo en orden de importancia de entre todos aquellos que se disputan cada año en París de la Francia? Pues eso.

Así pues, vale, asumámoslo: asumamos que Nadal es de interés general y que su mera aparición sirve para levantar cualquier programación. Asumamos que nos levanten el baloncesto sin aviso previo… bueno, sin aviso previo, sin aviso posterior, sin información alguna, sin explicación de ninguna clase, que esto de dar explicaciones es muy peligroso, lo mismo vas, lo explicas y se malacostumbran, y luego ya se creen con derecho a que se lo tengamos que explicar todo… Vale, está bien, está Nadal ergo la Euroliga no puede ir por La2, pero… ¿y por Teledeporte?

No hombre no, por Teledeporte no, qué cosas tiene usted. En Teledeporte tenemos anunciado tenis, no vamos a cambiar la programación, qué pensarían los aficionados al tenis, que está muy feo eso de anunciar una cosa y luego dar otra… Pues es verdad, mire, no había caído pero ahora que lo dice… Además la suprema trascendencia planetaria de Nadal nos obliga a dar sus partidos por Teledeporte, por La2 y por tve1 también si es preciso, y por donde haga falta, como el discurso del Rey en Nochebuena, como el parte o el desfile de otros tiempos, y espérese que cualquier día no saquemos un Real Decreto obligando a ofrecerlos a todas las demás cadenas…

Aunque quizá no faltará quien diga que todo esto nos está bien empleado, que en el fondo tenemos lo que nos merecemos. No tanto los aficionados, pobres de nosotros, como el baloncesto en general y como la Euroliga en particular. Porque si el mercado se mueve por eso que llaman la ley de la oferta y la demanda, pues entonces tenemos un problema: este verano la Euroliga generó una oferta, sus derechos de televisión, para la cual no encontró demanda alguna. Es decir, no encontró más demanda que la que ya tenía: algunas (sólo algunas) Autonómicas, para dar a los equipos de su Comunidad respectiva, y para el resto TVE, pero no porque quieran ni porque les haga ilusión sino porque casi no les quedaba otro remedio: bueno, venga, vale, si esto no lo quiere nadie pues nosotros os haremos el favor, al menos nos servirá para rellenar huecos pero luego no os vengáis quejando de si lo damos así o asao ni de si lo dejamos de dar…

Dicho y hecho. La Euroliga, como la ACB, están en el Ente Público porque sí, porque no hay otra opción, porque nadie más las quiere. Pero eso sí, con una diferencia: que al menos a la ACB me la tratan con cariño: aceptables realizaciones, buenos medios, el mejor narrador disponible, un analista para los aspectos técnicos y otro (es un decir) para los lúdico-festivos, una o dos entrevistadoras, un horario (casi) fijo, una costumbre… Que sí, que podría estar mejor pero al menos es algo; o es mucho, si lo comparamos con aquello que tuvimos tres o cuatro años atrás.

Ese cariño que recibe la ACB es todo un lujo al lado del profundo desprecio que recibe la Euroliga: desapariciones repentinas, diferidos constantes, horarios cambiantes, narradores solitarios y (digámoslo así) desiguales, comentarios técnicos inexistentes, carencia absoluta de entrevistas, previos, análisis y demás parafernalia, y la sensación permanente de que con todo y con eso nos están haciendo un gran favor, casi como si nos dieran una limosna; vamos, que si os lo damos es porque nos dais pena así que encima no vengáis a quejaros, y si no os gusta pues ya sabéis, ahí tenéis la puerta, a ver dónde encontráis otra televisión que os quiera…

Y eso es lo malo, que no la hay, que no existe demanda para esta oferta, nos guste o no (que no nos gusta, evidentemente): a Antena3 y Tele5 ni les hables de baloncesto, ni a laSexta, que mucho colegueo con la selección en los veranos pero que ahora anda en otras cosas, en sus júrboles mayormente. Y Sogecable, con su Cuatro y sus Pluses, pues dirán que ellos bastante tienen con su NBA, aún más este año que han decidido echar el resto, partidos por doquier, comentaristas invitados a tutiplén, todo ello quizá para convencer al señor Stern, para que siga depositándoles su confianza y haga oídos sordos a esas otras propuestas que le llegan para el año que viene, la de laSexta, la de (sí, créanselo) TVE, que mira tú, se ve que esto sí les interesa, vaya por dios… Sí, en Sogecable dicen ser la casa del basket pero por ahora sólo son la casa de la NBA. Y está muy bien que lo sean, de hecho la NBA no podría estar mejor en ningún otro sitio. Pero para ser esa casa del basket deberían hacer reformas, tirar algún tabique, ampliar la construcción por algún lado… Y no, por ahora no parece que estén por la labor.

Llegados a este punto, tal vez los mandamases de la Euroliga deberían hacérselo mirar. Deberían ser capaces de vender su producto, o al menos de intentarlo; pero si no saben venderlo y tienen que regalarlo, entonces lo mínimo sería que supieran cómo y a quién se lo regalan; cómo trata luego ese producto su cliente (por llamarle de algún modo), de qué manera lo hace llegar al gran público: si cuida su marca, si la promueve, si la ningunea, si la prostituye incluso. Deberían hacer siquiera un mínimo control de calidad. Sí, tendrían que empezar a preocuparse muy seriamente por estos y otros temas pero no hay cuidado, que ellos ahora mismo están en otras cosas…

Por ejemplo en su imparable proceso autodestructivo, reinventando la autofagia como nueva modalidad de gestión deportiva. Sumidos en guerras no ya fratricidas sino parricidas, enfrentados consigo mismos y con quien los fundó, y todo por un quítame allá esos equipos, que si yo quiero que siempre jueguen los mismos, que si yo prefiero que también juegue el campeón de Moldavia o el de Beluchistán… Y mientras unos y otros se matan por cómo será la Euroliga del futuro, poco a poco, sin que apenas se den cuenta, se les va apagando la Euroliga del presente. O dicho a la manera clásica, entre todos la mataron y ella sola se murió. En ello estamos.

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Publicado octubre 22, 2012 por zaid en medios, preHistoria

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