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(publicado el 3 de abril de 2009)

 

Connecticut

En los Huskies habremos de mirar, por supuesto, a Hasheem Thabeet. De hecho le veremos aunque no queramos, no nos resultará nada difícil encontrarnos ese pedazo de árbol tanzano allí plantado en medio de la zona, sus 220 bien proporcionados centímetros (tal vez a día de hoy la presencia más imponente de toda la NCAA) intimidando por doquier, taponando y desviando tiros aquí y allá, sembrando el pánico en los ataques rivales… No, en las defensas ya no, mire usted, todo se andará (esperemos) pero hoy por hoy no es que sea Jabbar ni Olajuwon precisamente la criatura. Más bien nos da que pueda acabar pareciéndose a (su vecino de continente) Mutombo, acaso también a (su predecesor en esas mismas aulas) Okafor. Ciertamente ha mejorado un montón, pero me temo que aún le queda mucho camino por recorrer.

Échenle un ojo también al estupendo base A.J. Price, a Jeff Adrien que echa una buena mano a Thabeet en posiciones interiores… Y no se me olviden (si le dan minutos) de otro base, éste freshman y que suele salir desde el banquillo, Kemba Walker. Aún le he visto muy poco, pero lo poco que le he visto daba gloria verlo.

Sí, todo junto así en principio parece poca cosa, pero que no será tan poca si han liderado el ránking unas cuantas semanas, si han llegado al Torneo como cabezas de serie, si se han metido finalmente (y bastante sobradamente) en la Final Four. Dicen además (los que gustan de estas cosas) que los números están de su parte: fueron campeones en 1999 (Khalid El Amin, Rip Hamilton…) y en 2004 (Okafor, Ben Gordon, Villanueva), y habiendo llegado en ambas ocasiones exactamente de esta misma manera, como número 1 de la Región Oeste. Estamos en 2009, luego les toca. Y no parece que este equipo (aún siendo bueno, aún teniendo a Thabeet) tenga el nivel de aquellos otros dos, pero… Yo que ustedes no apostaría nunca contra Jim Calhoun. Por lo que pueda pasar.

 

Michigan State

La publicidad (llamémoslo así) nos hablará sobre todo de Kalin Lucas, diminuto, rapidísimo, eléctrico, fascinante base de los Spartans. Pero yo, por esos caprichos que tiene uno de vez en cuando, casi me quedaría antes con el pívot bosnio (más bien un cuatro, o al menos eso será en el baloncesto profesional) Goran Suton. Le definió perfectamente el comentarista de turno de la CBS, justo al comienzo de la Final Regional, cuando vino a decir (o yo vine a entender, que mi inglés tampoco es como para tirar cohetes) que Suton es ese tipo de jugador a quien jamás verás hacer nada extraordinario pero que hace siempre exactamente lo que debe hacer, que está siempre exactamente donde se le necesita. Es así, tal cual: te cogerá sus rebotes, y aquellos que no coja los punteará lo justo para que los coja el compañero; atrás te intimidará y adelante te meterá lo que sea menester, así desde debajo mismo del aro o desde la línea de tres, tanto da. Sin ruido, sin alharacas, con absoluta eficiacia. Será apasionante ver su duelo de semifinales con Thabeet: ver, sobre todo, cómo se las apaña para intentar sacar al tanzano una y otra vez de la pintura…

Y poco más, aparte del estupendo alero Raymar Morgan y de un buen puñado de actores de reparto, tienen los Spartans. Bueno, sí, tienen además una verdadera joya, pero que no va de camiseta y pantalón corto sino de traje y corbata: Tom Izzo, desde aquel título de 2000 (Mateen Cleaves, Mo Peterson, Charlie Bell) ha metido ya unas cuantas veces más a Michigan State en la Final Four, y en todas ellas siempre con un denominador común, siempre habiéndonos parecido antes que no tenía equipo para tanto. Más de lo mismo en esta ocasión, otra vez consiguiendo resultados muy por encima de sus (aparentes) posibilidades, administrando sus (escasos) recursos a la perfección, manejando magistralmente el tempo de cada partido. Así se la liaron al archifavorito Louisville en su Final Regional, así intentarán liársela también a UConn. Y al lado de su casa además, que resulta que todo esto sucederá en Detroit, Michigan. Ojo con ellos.

 

Villanova

Échenle un ojo sobre todo a Scottie Reynolds, aunque sólo sea porque sin él no estarían aquí: porque de no haber sido por aquel sprint en aquellos cinco últimos segundos, por aquella canasta casi de costa a costa, casi sobre la bocina, a estas horas estaríamos hablando de otra cosa: estaríamos hablando quizás de Levance Fields, DeJuan Blair o Sam Young, de todos esos estupendos Panthers de Pittsburgh que a estas alturas aún no se habrán repuesto del trauma. Pero echen también ese ojo a Scottie Reynolds porque así se lo merece este sobrio base con aspecto de escolta, pura metáfora de su equipo, que tiende a equivocarse muy poquitas veces y a ejecutar casi siempre a sus rivales con la mayor frialdad. Y tampoco me quiten ojo por la parte de dentro a Dante Cunningham, un tipo del que cuentan cosas bastante mejores que las que yo haya podido verle hasta ahora; pero es que yo apenas le habré visto un par de partidos y no completos, así que seguro que lo mejor aún está por llegar. Quién sabe si en esta misma semifinal…

Buena parte de lo dicho para Michigan State sirve también para Villanova: estos Wildcats tienen también un magnífico entrenador, Jay Wright, que ya hace pocos años se quedó a las puertas de la Final Four con aquel extraordinario equipo (Foye, Lowry, Nardi, Ray) lastrado en demasía por las lesiones, pero que ahora en cambio se ha metido en ella de cabeza con un baloncesto nada espectacular pero plenamente dotado de sentido: cometiendo poquísimos errores, fallando poquísimos tiros libres, moviendo magníficamente el balón, haciendo generalmente lo correcto, procediendo casi siempre con ejemplar sensatez.

 

North Carolina

Aquí no nos bastará una mirada, aquí apenas tendremos ojos suficientes. Empecemos por Ty Lawson, mi preferido: el año pasado le daban como el mejor base de todo el baloncesto universitario, y a mí por aquel entonces aquello me pareció una exageración; en cambio hoy es muy probable que sí que se merezca con creces ese calificativo: al menos el mejor base de entre los que yo conozco (lo cual tampoco es decir mucho, pero francamente no creo que haya por allí otro mejor). Una inoportuna lesión le ha hecho llegar tarde al Torneo, le ha hecho jugar renqueante pero aún así ha dominado los partidos enteramente a su antojo; anotando, repartiendo asistencias por doquier, perdiendo poquísimos balones. Una maravilla.

Sigamos con Wayne Ellington, con apellido que suena a músico de jazz y con un juego que es pura armonía, en cada tiro, en cada penetración. Continuemos con Deon Thompson, ala-pívot que se nos ha quedado un poco en el camino, que no ha llegado ni de lejos a lo que se esperaba de él en sus años (aún más) mozos, pero que aún aporta sobrada calidad y presencia intimidante en el interior de la zona; y acabemos, cómo no, con Tyler Hansbrough, el eterno All-American y Trofeo Naismith y Premio Todoloquesequiera, que se apresta a cerrar con broche de oro su ciclo de cuatro años: una vez más no nos conquistará con su estética, ni con su buen juego, ni con su finura de movimientos; pero una vez más le veremos sacar petróleo de las piedras, hacerse con lo que casi nadie se hace, meter lo que casi nadie mete, incordiar a todo dios con la eterna agitación de sus codos… Una vez más, tendremos la sensación de que para ganarle habrá que pasar por encima de su cadáver.

Es curioso: los americanos, siempre dispuestos a prestar más atención al uno contra uno que al cinco contra cinco, nos vendieron la Final Regional North Carolina-Oklahoma como un duelo Hansbrough-Blake Griffin. Craso error: Griffin es (y va a ser) infinitamente mejor que Hansbrough, pero Griffin era él contra el mundo mientras que Hansbrough tenía un pedazo de equipo detrás. Tenía y tiene: nadie en esta Final Four posee un arsenal como el de Roy Williams, ni hay (quizás en todo el baloncesto universitario) plantilla que pueda compararse a ésta de los Tar Heels. Allá por octubre o noviembre, en los albores de la competición, no había otro favorito, no había analista alguno que se atreviera con cualquier otro pronóstico. Luego no todo fue como lo esperaban, no siempre estuvieron en lo más alto ni mucho menos; pero llega el momento culminante y ahí están, absolutamente preparados para ganarlo todo. En mi modesta (y generalmente equivocada) opinión, será muy difícil que no lo hagan.

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Publicado octubre 23, 2012 por zaid en NCAA, preHistoria

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