en busca del alma perdida   Leave a comment

(publicado el 9 de febrero de 2009)

 

Aquel equipo sin alma, residente en Sevilla, del que tan a menudo hablábamos hace apenas unos meses, parece estar por fin en el camino de encontrarse a sí mismo. Aquel equipo se fue a buscar por medio mundo su alma perdida y, tras varios intentos fallidos, parece que finalmente fue a encontrarla en Vilnius, capital de la República de Lituania. Un alma que sin embargo no es lituana sino serbia, y que responde al extraño nombre de Branko Milisavljevic.

Branko Milisavljevic tiene cara de facineroso, de malo de esas películas que antes llamaban de Serie B. Branko Milisavljevic tiene ya una edad, camino de los 33 años, y un apretado currículum que incluye estancias en equipos variados y diversos de Serbia, Rusia, Francia, Grecia, Alemania, Israel… Branko Milisavljevic tiene, además, un surtido anecdotario a su alrededor: de él se cuenta que hace algún tiempo llegó a Valladolid, fichado para ejercer de base, pero que en plena pretemporada se les lesionó el escolta, así que fueron a Milisavljevic y le dijeron que tendría que compatibilizar su posición de uno con la de dos… a lo que el serbio les contestó que de eso nada, que yo vine aquí para ser sólo base así que adiós muy buenas, que hasta aquí hemos llegado; de él se cuenta también que a su llegada a Sevilla, en su primer entrenamiento (repito, el primero) con Cajasol, en un momento dado paró él directamente el ensayo (con dos…) para corregir la posición de uno de sus aleros, supongo ante la atónita mirada de Pedro Martínez…

Y si todo ello les resulta difícil de creer será porque aún no le han visto en acción. Ayer sin ir más lejos, contra el Madrid: durante un tiempo muerto, en los instantes decisivos del partido, se le pudo ver llevando la voz cantante, pero no en sentido figurado sino real: allí en medio del corro dando instrucciones, aleccionando, arengando a sus compañeros mientras Pedro Martínez permanecía en un discreto segundo plano del que sólo salió cuando el serbio recuperó finalmente su posición original. Un auténtico entrenador en ciernes el amigo Branko: acaso le faltarán otras cualidades pero personalidad, carácter, presencia en cancha, liderazgo, de todo ello anda bien sobrado la criatura. Ayer enardeció a las masas, levantó al público de sus asientos, se echó una y otra vez al equipo sobre sus espaldas y ni siquiera le tembló el pulso para jugarse los dos tiros decisivos, el del final del partido y el del final de la primera prórroga… y fallarlos, ambos dos. Nadie es perfecto, evidentemente, y acaso él a la hora de la verdad no acertara a tomar la mejor decisión posible, pero no me vengan ahora a reprochárselo: pónganlo todo en una balanza, y verán que lo que les dio fue infinitamente más que lo que les quitó.

Sí, ayer Cajasol acabó perdiendo, y tras dos prórrogas que da aún más rabia; y sin embargo, aún a pesar de su imponente mosqueo final, la mañana sevillana pareció estar repleta de buenas noticias: un San Pablo por fin prácticamente lleno de una afición renacida, rescatada de sabe dios dónde; una imagen de equipo serio, bien plantado en cancha, ejecutando magníficamente los sistemas, haciendo cada uno exactamente lo que le corresponde, volviendo loco a su rival con una muy trabajada (y muy bien hecha) defensa zonal; un chaval, de nombre Xavi y de apellido Rey, rescatado de su confinamiento al fondo del banquillo blaugrana para hacerse por fin jugador a orillas del Guadalquivir: en un momento dado entró en cancha por (el errático) Triguero, y a partir de ese instante ya casi no hubo quien le sacara de allí…

Que sí, que ni todas estas buenas noticias ni los permanentes arrebatos de Milisavljevic les fueron suficientes para llevarse el partido, que por el medio se les cruzó ese extraño Real Madrid eternamente instalado en la épica, ése que ya sólo sabe ganar de forma agónica, ése que parece ganar más cuanto peor juega. Pero en Sevilla, aún a pesar de la derrota, sólo deberían extraer conclusiones positivas: ahora ya saben lo que acaso (tras sus dos anteriores victorias) ya imaginaban: que eso del sí se puede no es ciencia-ficción, que su salvación está mucho más cerca y que en todo ese trayecto parecen haber encontrado por fin un base, un líder e incluso, si me apuran, hasta ese alma que tantos ya dábamos por perdida.

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Publicado octubre 23, 2012 por zaid en ACB, preHistoria

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