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(publicado el 29 de abril de 2009)

Siempre me ha fascinado la obsesión que los americanos (los de USA, concretamente) parecen tener con las portadas. Como si aquellos que creen ser alguien no fueran realmente alguien mientras su careto no apareciera en la primera página de Time, Newsweek, Sports Illustrated o (en lo que a nosotros nos ocupa) Slam. Llevo años suscrito a ésta que algunos llaman la biblia del baloncesto USA: no diría yo tanto (no vaya a ser que me tachen de blasfemo), pero sí afirmaría con rotundidad que es la mejor publicación de baloncesto que conozco, con la impagable cualidad de tratar los diferentes temas con una amenidad y una profundidad muy pocas veces vista en otras revistas del gremio. Pero aún así nunca dejará de sorprenderme cómo en su sección de cartas al director (que ellos llaman muy apropiadamente trash talk) se establecen apasionados debates acerca de si Fulano merecía o no esa portada, de si Mengano lleva ya cinco reportajes pero aún no le habéis dado una portada o, aún peor, de a ver por qué Zutano lleva ya siete portadas y Perengano sólo cinco, cuando es un hecho objetivo que la carrera de Perengano está muy por encima de los méritos contraídos por Zutano, etc etc. Vamos, como si aquí (por ejemplo) Bardem y Banderas (o sus respectivos públicos) regañasen por quién ha salido más veces en Fotogramas (si aún existe) o en El País Semanal, o como si llevásemos la cuenta de cuántas veces hayan salido Gasol, Navarro o Felipe Reyes (pongamos por caso) en la portada de Gigantes. Qué cosas.

Dado que Slam es de periodicidad (más o menos) mensual (diez números al año), resulta fácil deducir que no es nada sencillo aparecer en su portada. Aún menos si tenemos en cuenta que dicha revista tiene, como si dijéramos, una cierta inclinación natural hacia la especie de los jugones: pongamos que Iverson andará ya por la docena de portadas (y aún me quedaré corto), la última con ocasión de su reciente llegada a los Pistons, mandagüevos; o que LeBron, Kobe, o Wade promedian casi una portada por año, todo lo cual hasta puede ser lógico… sobre todo si lo comparamos con las que en su día recibieron Carter o McGrady, no digamos ya con las que le fueron generosamente concedidas a Stephon Marbury. Sobre gustos…

Llegados a este punto, el sufrido lector ya imaginará que no ha habido muchos no-norteamericanos que hayan resultado agraciados con una portada en Slam. Creo recordar quizás una con Nowitzki (que fue protestadísima, por cierto), quizás otra con Parker y Ginóbili junto a Duncan tras alguno de sus anillos… y pare usted de contar. Y sin embargo en estos días, finales de abril de 2009, bien podemos sacar pecho porque uno de los nuestros ha entrado a formar parte de ese reducidísimo círculo, de ese coto cerrado de seres humanos (y casi divinos) que ha merecido tal alto honor. Y ahora usted (si no se conoce previamente la historia) dirá, pues claro, Pau Gasol, quién si no. Pues no. No es Pau, que sí lleva unos cuantos reportajes en Slam pero jamás ha aparecido en portada alguna (si ganan el anillo lo mismo le permitirán asomar algún rizo al lado del careto de Bryant, quién sabe). No, tampoco se trata de Calderón, no digamos ya Marc, Rudy o Sergio, aún menos ex como Raül, Navarro o Garbajosa, claro que no, en absoluto. El compatriota que asoma en la portada de Slam aún no ha jugado jamás en USA, quizá ni siquiera haya pisado jamás aquel país a no ser que haya ido de la mano de sus padres en visita turística, no lo sé, no me consta. El compatriota que asoma en la portada de este número 128, correspondiente a junio (sí, junio) de 2009, usted a estas alturas ya habrá caído en la cuenta, se llama Ricky Rubio.

Hace ahora exactamente dos años, cuando Ricky aún andaba por los dulces dieciséis, Slam ya se vino hasta Badalona para ver a ese chico de quien tanto se hablaba, ése que a tan tierna edad causaba ya tanta sensación en ACB y Euroliga, ése cuya leyenda estaba ya empezando a cruzar al charco, a difundirse en los mentideros baloncesteros del otro lado del Atlántico. El resultado de todo ello fue un maravilloso reportaje del que ya entonces me hice eco en otro lugar (entre otras cosas, porque éste todavía no existía), en otra de mis habituales parrafadas. Pero éste otro de hoy no tiene nada que envidiar a aquél de entonces. Éste de hoy es el resultado de una nueva visita de su reportero-estrella Lang Withaker a Badalona, esta vez con ocasión de aquel encuentro euroliguero del 11 de diciembre (reportaje realizado en diciembre, publicado en abril, en el número de junio… los procesos de producción de las revistas yanquis deben ser complejísimos) que reunió (y enfrentó) sobre la misma cancha del Olimpic a Ricky y a aquél con quien comparte la portada, y que no es otro que el lottomático Brandon Jennings.

Hasta donde yo alcanzo a recordar, Ricky no salió demasiado favorecido en aquella foto. Tenía coartada, andaba aún renqueante, recién reaparecido de su lesión olímpica en la muñeca. Y enfrente Jennings, quizá picado por tanta comparación, sí cuajó algo parecido a un partidazo, quizá el mejor que yo le haya visto hasta ahora (lo cual tampoco es decir mucho porque le habré visto tres o cuatro a lo sumo, de Euroliga todos ellos). Pero esa mala noche no se refleja para nada en el reportaje de Slam, que en un momento dado (y para justificar ante sus lectores por qué ponen por primera vez en su historia a un chaval europeo de 18 años en su portada), nos dirá que “This is because we believe Ricky Rubio is The Truth. We are not requiring yoy to believe, though we think one day you will agree. There are many reasons we don’t think Ricky is next, but now”. (Sí, frases sacadas de contexto… pero es que no dispongo de tiempo ni paciencia para copiarme elcontexto entero). Es sólo un ejemplo, quizás el más llamativo pero desde luego no el único. Todo el artículo es un encendido elogio hacia ambos, Rubio y Jennings, “future NBA floor generals“, “ready to rock the NBA“.

O dicho de otra manera: por increíble que nos pueda parecer, Ricky Rubio es ya a día de hoy casi unaestrella en el universo baloncestero USA. Y esto es así sin haber metido allí una canasta, sin haber jugado allí aún, acaso sin haber pisado jamás suelo norteamericano. Esto es así aunque allí tan sólo le habrán visto jugar la final olímpica, quizás también aquel otro USA-España anterior, o tal vez ni eso, algún vídeo en Youtube, cosas así. Es decir, un seguimiento infinititamente menor al que podamos hacerle semana tras semana, mes tras mes, a este otro lado del Atlántico. Pero ellos se han leído estos reportajes, han consultado sus webs, ahora hasta se lo encuentran en portada, ellos de alguna manera han ido construyéndose su mito. Sí, por increíble que nos pueda parecer, en apenas un par de meses Ricky aterrizará en el draft con un sorprendente cartel de estrella colgado ya del cuello… y eso puede ser sólo el principio.

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Publicado octubre 23, 2012 por zaid en NBA, preHistoria

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