estado de ánimo   Leave a comment

(publicado el 10 de marzo de 2009)

Si el baloncesto es, sobre todo, un estado de ánimo, a mí ese estado de ánimo se me ha caído a los pies esta misma tarde, viendo (grabado, sin ninguna información previa) el Blazers-Lakers; es decir, viendo a Rudy, hacia el final del tercer cuarto, desparramarse contra la tarima del Rose Garden tras la ocurrencia (llamémoslo así) de Trevor Ariza. No, no se me asusten, no les voy a contar lo que pasó ni a llenarles la cabeza con estúpidas valoraciones: a estas horas todo el mundo habrá podido ver ya la escena cuatrocientas veces, quien más quien menos tendrá ya su opinión formada al respecto… Supongo que sólo estoy tratando de buscar alguna salida para ese estado de ánimo.

Por más veces que las veas nunca te acostumbras a estas cosas. No te acostumbras ni aunque las veas grabadas, como fue el caso aquel de Calderón hace un par de años. Entonces fue primero la información, después la imagen, la escena no nos pilló tan de sorpresa. Ésta en cambio ha sido en directo (o como si lo fuera), como aquella otra de Marcelo Nicola en la Copa de hace ya más o menos ¿15 años?, su mano resbalándose del aro, su aparatosísima caída, sus terribles convulsiones sobre el parquet. Una escena que ya creía olvidada pero que hoy me ha reaparecido de nuevo al ver a Rudy allí desmadejado, su respiración entrecortada, su cuerpo inmovilizado por mil sitios sobre aquella camilla. No, no te acostumbras a estas cosas por más que sepas que suelen ser más aparatosas que graves, que el 99 por ciento de las veces se quedan sólo en el susto (pero también existe ese otro uno por ciento: que se lo digan a, por ejemplo, T.J. Ford). Da igual, no te acostumbras.

Me pregunto cómo se recupera uno de una situación así. Pero no me refiero a la recuperación física, que hoy ya sabemos que Rudy está bien, que en unas horas le darán el alta, que en unos días le tendremos de nuevo pegando cabriolas por esas canchas de dios. Me refiero a la recuperación psicológica. Una vez, hace muchos años, me dieron un golpe por detrás con el coche. No fue nada, el otro no imaginó que yo pararía en el stop (ya ves tú que tontería), reconoció su culpa, hicimos los partes del seguro y aquí paz y después gloria… Pero durante los meses siguientes, cada vez que paraba en un ceda, en un stop, ante un semáforo en rojo, lo primero que hacía instintivamente, siempre, sin poder evitarlo, era mirar por el retrovisor a ver si también frenaba el de detrás. Me dirán que nada tiene que ver una cosa con otra, me dirán que el ejemplo no puede estar más traído por los pelos… Pero yo, desde mi ignorancia, no puedo evitar preguntarme si Rudy (que no tiene retrovisor) no sentirá, durante al menos unos meses, ese mismo miedo (llamémoslo así) cada vez que decida volar hacia un alley-oop, un mate, una simple bandeja. Se le quitará, seguro, más pronto que tarde. Pero antes me temo que tendrá que pasar por ello.

El baloncesto es, definitivamente, un estado de ánimo. Y a mí, desde mi humilde estado de ánimo, sólo me queda desear precisamente eso, mucho ánimo, a Rudy y a todos aquellos que le rodean. Que no fue nada para lo que pudo haber sido. Que tu carrera, con ser ya larga, no ha hecho más que comenzar, que aún te quedan infinidad de canastas, muchísima felicidad para regalarnos todavía.

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Publicado octubre 23, 2012 por zaid en NBA, preHistoria

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