la amenaza fantasma   Leave a comment

(publicado el 20 de febrero de 2009)

 

Cuando, allá por el verano de 2007, Navarro confirmó que se iba por fin a la NBA, acaso fueran los aficionados madridistas los que se alegraran más de su partida. Por él, claro está, enemigo irreconciliable a quien sin embargo jamás habían conseguido odiar, a quien ahora ya podrían dejar de admirar en secreto, ya podrían profesarle libremente su devoción. Pero también, y sobre todo, por el enorme peso que se acababan de quitar de encima.

Del mismo modo, cuando allá por el verano de 2008 Navarro confirmó que se volvía, que esto de la NBA está muy bien para un rato pero luego ya cansa, que nada era comparable a su Barça de toda la vida, acaso fueran de nuevo los aficionados madridistas los que se llevaron el mayor disgusto. Porque otra vez habrían de volver a admirarlo en silencio, a intentar odiarlo sin apenas conseguirlo. Pero también, y sobre todo, por la amenaza fantasma que de nuevo se cernía sobre sus cabezas.

Esa amenaza fantasma se materializó ayer, precisamente ayer, acaso cuando el madridismo ya anduviera confiado, cuando ya creyera que nada podría ser peor de lo que ya fue. 28 puntazos, 6 de 8 en triples, 8 asistencias… y un robo (o acaso fueran más, no lo sé, pero es uno puntual el que yo recuerdo): EL ROBO, con mayúsculas. Diferencia de 8 y bajando, el Madrid ya ha entrado en trance, rebote blanco, balón para Bullock que se dispone a cruzar la divisoria a toda leche y mientras tanto ya todos creemos saber lo que allí va a pasar: que se va a parar en la línea de triples, que se va a levantar, que la va a meter, la diferencia reducida a 5 puntos, el Palacio otra vez un clamor, un manicomio, la misma historia de siempre, la eterna remontada otra vez repetida, la de dios.

Y sin embargo sucedió exactamente todo lo contrario: de repente, como por arte de magia, la mano de Navarro que se cruza en su camino, un toquecito sutil, como de prestidigitador, abracadabra y ahí en medio que se queda el pobre Bullock, compuesto y sin bola, sin apenas darnos cuenta, sin que ni él mismo supiera cómo había sucedido. Luego un pasecito aquí, otro allá, otro acullá, la zona descompuesta, la bola que vuelve a Navarro que casualmente clava otro triple, el enésimo… 11 puntos de ventaja, partido absolutamente finalizado por más que, en los más/menos tres minutos que aún le restan, unos y otros intenten denodadamente convencernos de lo contrario.

Partidos como el de ayer son los que separan a los jugadores normales de los buenos, a los buenos de los muy buenos, y a los muy buenos de los verdaderamente grandes. Navarro evidentemente es uno de estos últimos; por más que todos lo sepamos ya de sobra, nunca está de más repetirlo. Navarro entró ayer como un ciclón en su Copa, ésa que acaso tanto echara de menos hace un año, en tantas desangeladas tardes de invierno en Memphis. Y de paso presentó ya, en tan solo un partido, su firme candidatura a MVP de la competición. A poco bien que le vaya a su equipo, no será nada fácil arrebatárselo.

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Publicado octubre 23, 2012 por zaid en ACB, preHistoria

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