la batalla naval   Leave a comment

(publicado el 30 de abril de 2009)

Pongamos, por ejemplo, 1995: un autocar de aficionados del Panathinaikos, aterrizados en El Prat y de camino hacia Zaragoza para la Final Four, hace una parada en un área de servicio de la A-2. A esa misma hora, un autocar de aficionados del Olympiacos (aún Olympiakos por aquel entonces), que realiza ese mismo recorrido, decide casualmente (¿casualmente?) hacer esa misma parada, exactamente en ese mismo lugar. ¿El resultado? Aún hoy, catorce años después, en el Área de Lleida no habrán podido olvidarlo… Horas más tarde, en el Príncipe Felipe, unos y otros, ya convenientemente separados y casi enjaulados para la ocasión, presencian (o al menos lo intentan, mientras cantan y se desprecian sin parar) otro enfrentamiento, éste ya reglamentario, éste ya el de sus ídolos sobre el parquet. En medio, los presuntamente neutrales, mayoritariamente madridistas (mayoritariamente futboleros por aquel entonces) que esperan el comienzo de su otra semifinal, deciden tomar partido, deciden que entre un equipo rojiblanco y otro verdiblanco (más verde que blanco) no puede haber dudas, se ponen a animar al Panathinaikos al grito de musho Beti musho Beti eh, eehh. No fue a ganar el Betis, sino más bien el Atleti… para que luego todavía les diera más gusto cuando lo derrotaran en la final.

Es sólo una historia, una más, una de tantas. Panathinaikos y Olympiacos han protagonizado ya cientos de enfrentamientos (deportivos y de los otros) a lo largo de su historia. Panathinaikos y Olympiacos, como Madrid y Barça, como Partizan y Estrella Roja, como Boca y River, como Duke y North Carolina, como tantos otros en éste y otros deportes, mantienen una profunda enemistad que va más allá de la noche de los tiempos (esto último me ha quedado un poco cursi). Guerras de mil batallas en competiciones domésticas pero que a veces trascienden también más allá de sus fronteras, tanto más en este deporte nuestro, tanto más en aquellos noventa, cuando la FIBA se empeñaba en que los vecinos dirimieran sus cuitas en semifinales si acaso les daba por llegar juntos a la Final Four. Hoy esto ya no es así, pero como si lo fuera: esta noche, Panathinaikos y Olympiacos nos regalarán otra batalla naval.

¿Batalla naval? Bien podríamos llamarlo así: al fin y al cabo Grecia mira al mar (Mediterráneo, Egeo), al fin y al cabo uno de los contendientes es puramente portuario, al fin y al cabo siempre nos contaron que detrás de unos y otros, soltando a chorros dracmas o euros, estaban los milmillonarios navieros y armadores que de siempre ha tenido ese país; y ello es así por más que luego, entrando ya más en detalle, también nos contaran que uno de sus propietarios era en realidad un magnate de la industria farmacéutica, rompiéndosenos así los tópicos y hasta los esquemas. Da igual, una excepción no hace sino confirmar la regla: batalla naval al fin y al cabo, aunque se dispute en un Berlín que sólo habrá visto el mar por televisión.

A un lado Panathinaikos, el equipo que se autoproclama de todos los atenienses (pan – athinaikos), si bien sospecho que los aficionados de Panionios o AEK no estarán muy de acuerdo con dicha definición. Al otro Olympiacos, el equipo que dice no ser de Atenas sino de El Pireo… es decir, de lo que vendría a ser el puerto de Atenas. A un lado Obradovic, al otro Yannakis. A un lado Diamantidis, al otro Papaloukas. A un lado Jasikevicius, Spanoulis, Hatzivretas, Nicholas, al otro Greer, Childress, Halperin, Pargo. A un lado Batiste, al otro Vujcic. A un lado Tsartsaris, Fotsis, Pekovic, al otro Bourousis, Printezis, Erceg. A un lado, perdido ya en las profundidades de su banquillo, el eterno Fragiskos Alvertis. Al otro, perdido ya en las profundidades de sus grasas y en la superficialidad de sus neuronas, el orondo Sofoklis Schortsianitis. A un lado verde, al otro rojo (y blanco). La mundial.

Gane o pierda el Barça, gane o pierda el Cheska, se sienta usted más o menos feliz o desgraciado al acabar ese partido, no se me vaya a olvidar que luego hay otro. No se me vaya a olvidar que a las veintiuna horas, aún en seco y sobre parquet, podrá usted presenciar una verdadera batalla naval.

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Publicado octubre 23, 2012 por zaid en Euroliga, preHistoria

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