memorias de África   Leave a comment

(publicado el 23 de abril de 2009)

Le vimos desmoronarse, 218 centímetros de humanidad allí desmadejados sobre el parquet, sus manos buscándose de inmediato la rodilla. Vimos ese terrible gesto de dolor, de un dolor que acaso fuera más allá del dolor físico. De inmediato supimos, como lo supo él, que todo había terminado. Que sus articulaciones, a punto de cumplir (al menos) 43 años, habían dicho basta, hasta aquí hemos llegado, ya no estamos para soportar tanto peso cayendo a plomo tras cada rebote, tras cada tapón. Supimos que esta vez ni siquiera nos valdría aquella fórmula tan socorrida, se perderá todo lo que resta de temporada, plazo tan largo para tantos, tan insignificante para él en la certeza de que era algo más, mucho más lo que se le había acabado precisamente en ese instante.

Le imaginamos, como dijo aquél, viendo pasar su vida entera en diapositivas. Su vida o su carrera, que casi vendría a ser lo mismo: sus comienzos en su tierra natal, aquel lugar que un día fue Congo Belga, luego Congo Kinshasa, más tarde Zaire y que hoy se hace llamar República Democrática del Congo. Sus años mozos a las órdenes de John Thompson y al lado de Alonzo Mourning en Georgetown. Su número cuatro del draft, su llegada a Denver, su sueño hecho realidad la noche aquella en que fueron a poner patas arriba toda la Conferencia Oeste, cargándose a todo un número 1 como Seattle desde su modesta octava posición. Sus años dorados en Atlanta, su dedo índice tantas veces moviéndose a un lado y al otro tras cada tapón, su not in my home. Su ganchito limitado y ortopédico, casi único recurso en ataque pero que también le sacó de unos cuantos apuros de vez en cuando. Su curva ya descendente hacia Philadelphia, New Jersey o New York. Sus ocho viajes al All Star, sus cuatro premios como mejor defensor de la Liga. Sus donaciones cuantificadas en millones de dólares, esos que posibilitaron que hoy tantos congoleños puedan disponer de asistencia hospitalaria en uno de los países más pobres de la Tierra. Su llegada a Houston, a lo que algunos pensamos que sería ya sólo un retiro dorado sin imaginar siquiera cuán equivocados estábamos, cuántos minutos, cuántos huecos le habrían de quedar por tapar todavía. Su último partido, quién iba a pensar que lo sería, su salto tras no entrar el tiro aquel de Rudy, su lucha con Oden por ese último rebote, su caída…

Le pusieron Dikembe Mutombo Mpolondo Mukamba Jean-Jacques Wamutombo pero aquello se nos hacía un poco largo, se nos salía de los marcadores, de los casilleros estadísticos, de las camisetas. Así que nos quedamos con los dos primeros, con eso sería ya más que suficiente, sobraba todo lo demás. Dikembe Mutombo. Te echaremos de menos, este juego ya no será el mismo sin ti.

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Publicado octubre 23, 2012 por zaid en NBA, preHistoria

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