Pacasa Valencia   Leave a comment

(publicado el 21 de mayo de 2009)

No puedo evitar tener la sensación, desde la distancia (desde trescientos y pico kilómetros de distancia) de que debe resultar muy frustrante ser aficionado al baloncesto en Valencia. O para ser más exactos, ser aficionado del Pamesa Valencia. Un año tras otro les garantizan un equipo de campanillas, les llenan la cabeza de fichajes, les prometen la luna y las estrellas, les aseguran que aquest any sí (espero que en valenciano sea igual que en catalán, ya que de no ser así estaré metiendo la pata), que esta vez sí hay equipo para llegar a la final, para llegar al menos a semifinales, para rozar por fin esa plaza en la Euroliga… y un año tras otro siempre se repite esta misma historia (que cantaba su casi paisano Camilo Sesto, cuando aún cantaba algo), esa misma pequeña vía de agua a la que de inmediato intentarán poner un parche (cargándose al entrenador, generalmente) para acabar provocando un agujero muchísimo mayor, un año tras otro el barco a pique, el mismo techo, otra vez para casa en cuartos de final. Sí, más que Pamesa deberían ser Pacasa (que como marca de azulejos tampoco suena mal, lo mismo les estoy dando una idea).

Que una cosa es perder y otra perder como perdieron, que una cosa es caer y otra no intentar ni siquiera levantarte, que una cosa es ser consciente de tu inferioridad y otra no intentar ni siquiera cuestionarla, total, si ya sabemos que el otro es mejor, a ver para qué se va a tener que molestar en demostrarlo. Y que lo malo no es perder sino la cara que se te queda, dicen (no digamos ya si pierdes así); y si es por caras, las que las cámaras nos mostraron en la Fonteta el pasado martes no podrían resultar más significativas: caras que han pasado ya por demasiadas fases, que las han visto de todos los colores, que ya ni fuerzas les quedan para animar, para seguir a la banda (la de música, me refiero), para culpar al árbitro o al empedrao como tantas otras veces; caras que ya ni ganas tienen de protestar, que ya han perdido la ilusión y hasta la energía para montar una pañolada en condiciones; caras que ya no parecen saber cómo expresar tanto estupor, abatimiento, hastío.

Señores Roig y demás familia: tienen ustedes Mercadona, y Pamesa, y el oro y el moro y la biblia en verso y qué sé yo cuántas cosas más; y yo bien que me alegro, faltaría más, de que les sigan yendo bien las cosas en estos tiempos difíciles. Pero en lo tocante a baloncesto, permítanme que les informe de que tienen ustedes además un patrimonio del que tal vez no sean conscientes: su afición, esas buenas gentes que llenan casi cada semana la Fonteta, esas que siguen acudiendo fielmente aún a pesar de que sus altas expectativas de cada septiembre se les conviertan sistemáticamente en frustración al llegar mayo. Un patrimonio que es todo un lujo, que muy pocos lo tienen, que deberían ustedes cuidarlo, mimarlo, procurar por todos los medios no dilapidarlo. Que aquí ya llevan aguantando demasiado, que todas las paciencias tienen un límite, que no haya de llegar ese día en el que miren ustedes a sus gradas y se las encuentren vacías, que no tengan que esperar hasta entonces para preguntarse si habrán hecho algo mal, a ver si al final va a resultar que los equivocados no son siempre todos los demás.

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Publicado octubre 23, 2012 por zaid en ACB, preHistoria

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