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(publicado el 29 y 30 de marzo de 2009)

(I)

…o dicho de otra manera: todo lo que usted siempre quiso saber sobre baloncesto universitario, pero nunca se había atrevido a preguntar…

Chorradas al margen, yo tampoco me considero precisamente un iniciado, si acaso un mero aficionado con cierta tendencia al apasionamiento. Pero ante el clamor popular suscitado en aquel post titulado bracketología, intentaré aquí explicar un poco de lo poco que sé. Que a ustedes les sea leve…

Empecemos con un poco de organización general: la primera división de la NCAA integra a trescientas y pico universidades, nada menos. Hay también una segunda división e incluso una tercera, y hasta aquella otra cosa que llaman Junior Colleges, en abreviatura JuCo, centros a los que generalmente acceden aquellos que no consiguen plaza en escuelas mayores, con carreras tipo diplomatura que duran sólo dos años, pudiendo luego (si sus resultados académicos se lo permiten) incorporarse al tercer curso de las universidades (digamos) grandes…

Pero no nos vayamos por las ramas, centrémonos en la primera división de la NCAA que es la que nos ocupa. Como decía, trescientas y pico universidades (la última cifra que escuché fue 325, pero recuerdo que hace unos años eran 303… vamos, que la cifra es cambiante, supongo que en función de que se funden o accedan nuevos centros, sabradiós con qué criterios), que a efectos deportivos (no sé si también académicos) se agrupan en conferencias. Por cierto que esta agrupación por conferencias es siempre la misma en todos los deportes, así se trate de baloncesto, béisbol, football, soccer, voleibol, atletismo o curling (si tal cosa existiera). Y otro por cierto: hay también un pequeño puñado de universidades (no más de diez) que van de independientes por la vida, sin estar englobadas en ninguna conferencia, vaya usted a saber por qué. Se hacen su propio calendario, se montan sus partiditos aquí y allá, pierden más que ganan (ya que se trata de centros bastante modestos), apenas nadie se acuerda de ellas…

En total hay 31 conferencias. En baloncesto, que es lo que nos ocupa, hay seis conferencias, digamos, grandes, seis que por la importancia de sus equipos destacan sobre todas las demás: la ACC, siglas de Atlantic Coast Conference (Duke, North Carolina, North Carolina State, Wake Forest, Maryland, Georgia Tech…); la Big East (Connecticut, Syracuse, Georgetown, Villanova, Pittsburg, Louisville…); la SEC, siglas de SouthEastern Conference (Kentucky, Tennessee, Florida, Arkansas, LSU…); la Big 10 (Michigan, Michigan State, Indiana, Purdue, Illinois…); la Big 12 (Kansas, Texas, Oklahoma, Oklahoma State, Missouri…) y la Pacific 10 o simplemente Pac 10 (UCLA, Arizona, Stanford, California, USC…). Luego hay unas cuantas conferencias de nivel medio, y otro montón de nivel baloncestístico mucho más bajo; entre éstas hay dos que por su peculiaridad no me resistiré a nombrar: la Ivy League, que agrupa a las universidades más elitistas (en términos académicos) de la nación (Harvard, Yale, Columbia, Princeton, Brown) y la Patriot League, en la que encontramos “universidades” tales como Army, Navy, American…

Pasemos ahora al aspecto que quizá nos resulta más chocante a este otro lado del charco: el calendario, que en nada se parece a lo que estamos acostumbrados a encontrarnos en cualquier otra competición.

De entrada, decir que cada temporada comienza oficialmente a mediados de octubre. Antes de esa fecha, cualquier entrenamiento medianamente organizado está severamente prohibido por la NCAA, acaso la organización deportiva más rígida y con mayor número de normas coercitivas de todo el mundo mundial. Los chavales pueden juntarse a echar pachangas e incluso montarse presuntos entrenamientos por su cuenta, más o menos a escondidas, pero si les pillan en algún ensayo que parezca de verdad, su universidad será duramente castigada. Así que los entrenamientos oficiales empiezan a mediados de octubre, la competición comienza hacia el 10 de noviembre… Pero antes de continuar, y para que todo resulte más claro (o menos oscuro), digamos que el calendario de competición, a grandes rasgos, puede dividirse en tres fases claramente diferenciadas: 1) calendario de no-conferencia; 2) competición de cada conferencia; y 3) torneo final.

El calendario de no-conferencia (o non conference, que le dicen ellos) va más o menos desde primeros/mediados de noviembre hasta finales de diciembre. Y aquí es difícil no caer en la tentación de establecer paralelismos con nuestra realidad deportiva habitual, y automáticamente pensar (como hice yo la primera vez que supe de ello) que claro, entonces esto debe de ser la pretemporada… Pues no. Nada más lejos de la realidad, porque allí, por extraño que resulte, no hay pretemporada que valga. En NCAA cuenta todo, y cuenta ya desde el primer partido que se dispute. Luego veremos (o intentaremos ver) cómo…

¿Cómo se organiza esta fase de no-conferencia? Me resulta francamente difícil explicarlo, quizá porque también me resulta francamente difícil entenderlo. Generalmente todos los equipos pactan unos con otros la disputa de partidos, “oye, que si os vendría bien que nos enfrentáramos el día 30”, “pues sí, pero casi mejor el 28 porque luego tenemos otro partido el día 1”, “ah, pues vale, pero entonces casi mejor el 29 porque nosotros habremos jugado el 27”… Digo yo, desde mi ignorancia, que debe ser algo así. Y de esta manera cada equipo se va formando su calendario, un entramado de partidos para el que se elige cuidadosamente a cada rival sopesando muy mucho el grado de dificultad de cada enfrentamiento: por ejemplo, para equipos presuntamente fuertes, pero que estén integrados en conferencias flojas (pongamos Memphis, o Gonzaga) resulta sumamente importante buscarse rivales potentes en esta fase de la competición, para así poder tener una medida real de sus posibilidades (ya que luego sus partidos de conferencia serán mucho más flojos); otros en cambio preferirán ir de menos a más, empezar con rivales muy flojos (cual si de una verdadera pretemporada se tratara) e ir poco a poco subiendo el nivel…

Además, hay también una serie de torneos de gran tradición en estas fechas, a los que generalmente se accede por rigurosa invitación (pero sin que los organizadores puedan invitar a una misma universidad dos años consecutivos; otra norma de la NCAA): por ejemplo el NIT, el Coaches vs. Cancer, el Alaska Shootout (o algo así) o el famoso Maui Invitational, en Hawai, torneo al que todos están siempre deseando ir (por razones obvias) y en el que resulta especialmente llamativo, según cuentan aquellos que han podido presenciarlo, ver a los entrenadores, incluso a los más circunspectos, vistiendo floreadas camisas hawaianas durante los partidos (sí, Krzkzyzewski inclusive). A veces, en esta fase de la temporada, se organizan también originales duelos entre conferencias, ACC vs. Big 10 por ejemplo, emparejando a los equipos de la una contra los de la otra, a ver qué conferencia gana; y hay también, por último, partidos preestablecidos que no hace falta pactar porque son ya duelos de gran tradición año tras año (por ejemplo el duro enfrentamiento Kentucky-Louisville, de intensa rivalidad regional).

Ante todo este batiburrillo, el aguerrido lector que haya aguantado hasta aquí (si alguno hubiere) se estará preguntando cómo demonios se establece una clasificación. Buena pregunta. Clasificación como tal no hay, pero sí algo muy parecido, que son los rankings. No uno sino varios, porque más o menos cada medio de comunicación especializado establece el suyo, y además está el (muy prestigioso) de la agencia Associated Press, y hasta el de la Asociación de Entrenadores… Todos ellos, desde el comienzo de la competición (y desde antes incluso) publican semanalmente su relación de mejores equipos de la nación, generalmente numerados del 1 al 25 (ó del 1 al 50, ó del 1 al…). Rankings que generalmente se parecen bastante unos a otros, que se basan en criterios objetivos y supongo yo (desde mi ignorancia) que también subjetivos, sobre todo en ese comienzo de temporada…

(II)

La segunda fase, la competición de cada conferencia, comienza generalmente a finales de diciembre o primeros de enero, y se extiende hasta primeros/mediados de marzo. Esto ya nos resulta como más asequible, porque se parece bastante a las clásicas ligas de todos contra todos a las que tan acostumbrados estamos por aquí. Claro está que tampoco es exactamente así, que sabido es que esa filosofía del todos-contra-todos-a-doble-vuelta no encaja demasiado con la mentalidad deportiva yanqui. Pero al menos se le parece.

Esta es, para mi gusto, la fase más romántica (llamémoslo así), con más encanto de toda esta competición. Aquí, que raras veces hemos podido ver baloncesto de temporada regular NCAA, tenemos estereotipada la típica imagen del aficionado yanqui que asiste a los partidos de temporada regular NBA, ése que llega tarde, se va antes de que acabe, se pone hasta el culo en los descansos y asiste al espectáculo sin mostrar la menor emoción. Bueno, pues esa imagen habremos de borrarla de un plumazo, porque en NCAA sucede exactamente todo lo contrario: aficiones que acuden uniformadas en pleno con los colores de su universidad, que permanecen en pie (y a menudo, sin dejar de saltar) durante todo el encuentro, que cantan, gritan, animan y abuchean sin parar ni un solo instante… Puro colorido, pura pasión, un sabor que aquí apenas conocemos pero que nada tiene que envidiar a las más tradicionales competiciones que puedan encontrarse en el universo-mundo, pongamos por ejemplo, qué sé yo, el Seis Naciones de rugby. Una verdadera lástima que aquí ninguna televisión, ni pública ni privada, ni gratuita ni de pago, haya apostado jamás por este espectáculo, porque para muchos podría ser todo un descubrimiento…

Finalizado el arrebato sentimental, vuelvo al tema. En esta fase cada equipo viene a jugar entre quince y veinte partidos, dependiendo del calendario de cada conferencia. Y por cierto, entre col y col lechuga que decía mi abuela, es decir, entre partido de conferencia y partido de conferencia aún puede programarse (pero ya nunca de forma generalizada, si acaso como algo ocasional) algún duelo de no-conferencia. Lógicamente cada conferencia establece su propia clasificación, ésta ya sí atendiendo a criterios meramente objetivos: número de victorias y número de derrotas. Pero a nivel nacional el único sistema de evaluación sigue siendo el ránking puro y duro: los mejores equipos de la nación, numerados del 1 al 25 en función de sus victorias y derrotas totales, del grado de dificultad de los rivales, incluso del criterio personal de cada evaluador… Y eso sí, a la derecha de cada equipo, unas cifras que conviene explicar; podemos leer, por ejemplo, “1. Louisville – 30-5 (16-2)”, lo que viene a querer decir que esa Universidad tiene un balance de 30 victorias y 5 derrotas en el global de la temporada, y de 16 victorias y sólo 2 derrotas en su Big East. Durante estos meses ambas cifras, la del total de la temporada y la de cada conferencia (ésta entre paréntesis), convivirán siempre en cada ránking, en cada clasificación.

Todas estas ligas finalizan puntualmente en la primera semana de marzo, proclaman su campeón de cada temporada regular… y dan paso de forma inmediata al Torneo de cada Conferencia, a disputar durante la segunda semana de dicho mes (no en todos los casos: hay alguna Conferencia que no hace Torneopropiamente dicho, que no reconoce más campeón que el que más victorias obtuvo en su liga regular, y punto; pero son las menos, deben ser apenas una o dos). Es lo que la televisión americana viene a llamar “Championship Week”: la semana en la que cada conferencia proclama a su campeón, aquel que obtendrá pasaporte automático para el Torneo Final.

Puestos a buscar paralelismos que nos faciliten la comprensión, digamos que estos torneos de cada conferencia quizá no se parecerían tanto a un playoff como a una Copa, es decir, a nuestra querida Copa del Rey. Sí, no se me extrañe, esto viene a ser más o menos igual: los mejores equipos de cada conferencia, ocho, diez, los que sean, tienen a bien reunirse durante cuatro o cinco días en una única sede (para la Big East, por ejemplo, suele hacerse siempre en el Madison Square Garden); se les empareja mejor con peor, segundo mejor con segundo peor y así sucesivamente (en algunas conferencias, para que cuadre el cuadro, los mejores equipos suelen quedar exentos de disputar la primera eliminatoria), y luego cuartos, semifinales, final, todo siempre a partido único. El campeón (ya quedó dicho demasiadas veces) obtendrá pasaporte directo al Torneo Final, así haya hecho una gran temporada o una temporada mediocre. El resto…

El resto, pues depende: en las conferencias grandes, el hecho de que un equipo que hizo una gran temporada regular no gane luego su torneo de conferencia no suele suponer ningún trauma, porque sabe que recibirá con toda probabilidad su invitación. De hecho estos torneos a menudo funcionan como válvula de escape para aquellos equipos que vienen de hacer un año flojo, pero que si ahora ganan obtendrán contra todo pronóstico su billete para el baile (o lo que es lo mismo, habrán salvado de alguna manera su temporada). Esto es así en las conferencias grandes y hasta puede serlo en las medianas: un equipo que haya hecho una gran temporada, aunque luego no gane su torneo suele recibir de todos modos su invitación (a Gonzaga, por ejemplo, le pasó hace un par de años). No así en las pequeñas: un equipo puede haber hecho un gran año, haber ganado a todos en su conferencia, pero si luego no gana el torneo no lo salva ni dios (Davidson, este mismo año, sería el ejemplo perfecto).

(III)

Y llegamos a la tercera y definitiva fase, quizá la que mejor conocemos todos (quizá, durante mucho tiempo, la única que conocimos), el Torneo Final propiamente dicho, también llamado coloquialmente March Madness Big Dance, como se prefiera.

En realidad esta última fase comienza el mismo día, y casi a la misma hora, en que finalizan los últimos torneos de conferencia; es decir, generalmente el segundo domingo de marzo, conocido a estos efectos como Selection Sunday. Desde varias horas (tal vez varios días) antes se encuentra reunido el Comité de Selección, panda de sesudos señores que no sé muy bien quiénes son ni creo que casi nadie lo sepa: supongo que serán las más altas autoridades en materia baloncestística de entre las que integren el Consejo Rector (o como eso se llame) de la NCAA, algo así. Sea como fuere sus profundas deliberaciones habrán de haber finalizado esa misma tarde, ya que a las 18:00 (hora del Este de USA) la CBS (poseedora en exclusiva de los derechos del Torneo) emite a bombo y platillo el Selection Show, es decir, el programa en el que se da a conocer el cuadro de emparejamientos del Torneo, el popularmente conocido como bracket.

¿Quiénes integran el bracket? Pues los 65 equipos que disputarán el Torneo: 31 “automatic” (los campeones de todas y cada una de las conferencias) y 34 “at large” (por invitación expresa de la NCAA, como si dijéramos). Entre estos 34 invitados normalmente habrá un montón de cada conferencia principal (alguna vez alguna conferencia ha llegado a colocar hasta a ocho equipos en el Torneo, no sé si más incluso), y podrá haber también alguno que otro de alguna conferencia mediana (la Atlantic 10, la USA, la Horizon League). De las conferencias más flojas, como ya quedó dicho, nada de nada, que éstas con que participe su campeón ya tienen más que suficiente…

A estos equipos se les distribuye cuidadosamente en cuatro Regiones, East, Midwest, West y South, a razón de 16 equipos por Región, cuidadosamente numerados en función de su potencial, de tal manera que en primera ronda cada número 1 de cada región jugará contra el nº 16, el 2 contra el 15, etc. Y luego en segunda ronda (si no ha habido sorpresas) el 1 contra el 8, el 2 contra el 7… Y (siempre en el supuesto de que no haya habido sorpresas) en semifinales regionales jugarían el 1 contra el 4 y el 2 contra el 3, y el ganador de la posterior final regional accedería finalmente a la Final Four… pero no vayamos tan deprisa; casi mejor expliquemos, antes de nada, alguna que otra particularidad.

Por ejemplo: el (sufrido) lector quizás habrá imaginado que a los equipos se les sitúa en una u otra región por su ubicación geográfica, en función de las denominaciones antes mencionadas… Pues no. Siempre que se pueda, se intentará que al menos el número 1 de cada región sí que se corresponda… pero puede suceder lo de este año, que los cuatro mejores equipos de la nación sean Louisville, Connecticut, North Carolina y Pittsburgh, todos tirando más o menos hacia el Este, y a ver qué haces. Y así nos acabaremos encontrando a UConn como número 1 de la Región Oeste, que basta mirar el mapa para entender que es absurdo, o a Carolina del Norte como cabeza de serie de la Región Sur, lo cual resulta aún más contradictorio… Y si esto sucede con los cabezas de cartel, no digamos ya con los (presuntos) secundarios. Al final, lo único que se corresponde (más o menos) con la denominación de cada Región es la ubicación de las sedes en las que se disputarán los partidos.

Otra particularidad más: acaso el lector (en el supuesto de que alguno quedara o quedase) habrá apreciado una aparente incoherencia en el hecho de que participen 65 equipos en el Torneo, a razón de 16 por Región, lo que multiplicado por 4 regiones y si Pitágoras no miente da 64. La verdad es que esto es así desde hace muy pocos años; supongo (pero es mucho suponer) que en algún momento surgiría una conferencia nueva, y que para que les cupiera el campeón sin reducir por ello el número de invitados decidieron recurrir a esta especie de apaño (pero insisto, esto sólo lo supongo, en realidad no tengo ni la menor idea). ¿Solución? Los dos equipos considerados en principio como los peores del Torneo, disputarán el martes siguiente (dos días después del Selection Sunday, dos días antes de que empiece el Baile propiamente dicho) algo así como unOpening Game. El ganador será el que participe finalmente en el Torneo, como número 16 de la Región que le corresponda. El perdedor, obviamente, con haber jugado este partido ya habrá tenido más que suficiente.

Dos días después comienza ya la fiesta: Primera Ronda, el jueves y el viernes de esa tercera semana de marzo; Segunda Ronda, el sábado y el domingo siguientes. Los 16 equipos resultantes, los Sweet Sixteen, se enfrentarán al otro jueves/viernes en las correspondientes semifinales regionales. Y los 8 ganadores, los Elite Eight, se jugarán ese último sábado/domingo de marzo, en cada final regional, el ser uno de los 4 finalistas, los Final Four. Y lo demás ya se lo saben: el primer sábado de abril se disputan las dos semifinales, y al lunes siguiente la gran Final, todo un acontecimiento de esos que paralizan al país, quizá el segundo espectáculo deportivo de un solo día con mayor seguimiento en USA (sólo por detrás de la Super Bowl), hasta el punto de que incluso la sacrosanta NBA se rinde y ni siquiera programa partidos en esa fecha (y sin que ello le suponga ningún trauma: al fin y al cabo en apenas un par de semanas ya llegarán sus playoffs, ya llegará su momento).

¿Algo más? Pues añadamos, si acaso, alguna información relativa a los jugadores (aunque creo que esa parcela es sobradamente más conocida): un jugador, si no es (o no se cree) tan bueno como para dar antes el salto a profesionales, normalmente permanecerá cuatro años en el College, en los que será sucesivamente freshman (o sea, novato), sophomore, junior y senior. ¿Puede llegar a estar más de cuatro años? Puede: por ejemplo si alguna lesión grave le obliga a permanecer un año en blanco; o si decide cambiar de universidad, en cuyo caso la norma (supongo que con intenciones disuasorias, para intentar controlar que esta práctica no se generalice) le obliga a permanecer también un año sin jugar, convertido en lo que llaman (vaya usted a saber por qué) red shirt. ¿Por razones académicas, porque repitan curso, porque aplacen convocatorias, porque se dejen asignaturas para el curso siguiente? Pues no lo sé, supongo que también se dará algún caso… pero en lo que se refiere a jugadores de baloncesto, yo al menos no lo he escuchado jamás.

Y recordar (aunque también es de sobra sabido) que un estudiante/jugador no puede cobrar ni un centavo de dólar, ni en dinero ni en especie, ni durante su estancia en la universidad ni antes de ésta (es decir, para reclutarle, para convencerle de que acuda a este College y no a aquel otro); que cualquier mínima desviación de esta norma será severísimamente castigada; que si llega a saberse que tal chaval aceptó que le regalaran un bolígrafo, o que tal universidad proporcionó un trabajo de limpiadora (por ejemplo) a su madre viuda con doce hijos que mantener, pues se le habrá caído el pelo, el peso de la ley caerá implacablemente sobre él… aunque no tanto como caerá sobre su centro (que hasta podrá ser castigado con unos cuantos años sin permiso para disputar el Torneo Final) y no digamos ya sobre su entrenador (por lo general, el responsable último de cada reclutamiento).

Y recordar que aquí no hay cuartos que valgan, que se juegan dos mitades de 20 minutos como en los viejos tiempos; que las posesiones duran 35 segundos; que te pueden pitar violación de 5 segundos siempre que tengas un defensor (o varios) encima, incluso aunque estés botando todo ese tiempo; que en los saques de banda o de fondo no hay campo atrás… Y que hasta aquí hemos llegado, que por esta vez ya está bien; no sé si habré aclarado algo, o si lo habré liado todo más todavía…

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Publicado octubre 23, 2012 por zaid en NCAA, preHistoria

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