y me lo quería yo perder   Leave a comment

(publicado el 4 de mayo de 2009)

 

Jueves 30

1. Mientras mi señora y mi niño se van a la otra tele para ver Águila Roja, yo opto más bien por entregarme con fruición al quinto Hawks-Heat, el cual tengo grabado desde la madrugada anterior. Más que un partido, una crónica de sucesos. Hacia la mitad del primer cuarto al pobre Wade, que ya había llegado al choque renqueante y cuasicojo el hombre, me le empiezan a pasar cosas: se golpea la cabeza contra el parquet, se medioconmociona, se va al vestuario a que se lo miren, vuelve, recién vuelto se revuelve tras encajar un palo infame, a continuación pone un tapón tan arriba que los árbitros tras ver la caída se asustan y le pitan flagrante, más tarde Horford se le cae sobre el pie con el consiguiente esguince de tobillo… Parece media vida, pero aún faltan nueve minutos para el final del segundo cuarto. Los Hawks se emplean en su zona con extrema dureza, parecen aplicar aquella vieja máxima del si pasa el balón, al menos que no pase el jugador. Mención especial en tan abnegada tarea merece el georgiano (pero no de Atlanta, Georgia, sino de la República de Georgia) Zaza Pachulia. Le debieron decir que fuera duro pero el debió entender que repartiera hostias por doquier, se ve que después de tantos años aún no se aclara con el idioma. Un máquina, el tío. Los Hawks ganan (de calle) y se regodean mientras Josh Smith confirma que nuestras sospechas eran fundadas: tanto como se les fue la mano poniéndole facultades físicas a la criatura, y resulta que al final se olvidaron de ponerle facultades neuronales…

2. Ya son casi las tantas, pero aún así decido intentar la contemplación del iurbentia-Fuenla de ACB, recién ofrecido por LaOtra. Fracaso absoluto: Valters palidece ante su paisano, Oleson, Saúl o Bueno están como si no estuvieran, todo el Fuenla parece una caricatura de sí mismo. Entre la paliza y el sueño que llevo ya acumulado de toda la semana, a duras penas llego al segundo cuarto. Acabaré pasándolo rápido, mirándolo a través de mis párpados entreabiertos (o entrecerrados, no sé) por si al final hubiese acaecido alguna novedad… No fue el caso.

Viernes 1

3. Para desayunar me pongo uno de los dos partidos ofrecidos esa misma madrugada por D+, concretamente ese sexto Bulls-Celtics todavía calentito, apenas disputado unas horas antes. Me pongo a verlo con cierto escepticismo: si el primero de la serie (que lo dieron en directo) ya fue fantástico; si el cuarto (que dieron en diferido y que por ahí tendré grabado, aún no he tenido tiempo de verlo), con sus dos prórrogas, debió ser mejor todavía; si el quinto (que no lo dieron) fue definido por aquellos que lo vieron como “uno de los mejores partidos de la historia de los playoffs”, mucho me temo que a este sexto llegarán ya ambos equipos con las balas gastadas, todo lo mejor habrá pasado ya… Afortunadamente, aún no sé cuán equivocado estoy: 63 minutos (los 48 reglamentarios más tres prórrogas) de juego alucinante, de intercambio de golpes (baloncestísticos y a veces también de los otros), de lucha sin cuartel; llega un punto en que cada canasta parece mejor que la anterior, y de repente me encuentro pegando botes en el sofá tras cada acción, sin importarme quién gane pero celebrándolo todo como si quisiera que ganasen los dos; y Ray Allen triple va triple viene, meterá nueve a cuál mejor, batirá todos los récords habidos y por haber, se cascará 51 puntos a la postre inútiles; y Derrick Golosino Rose doctorándose como el gran base que ya es, como el grandísimo jugador que va a ser; y Joakim Noah consiguiendo algo así como la canasta del año, robando un balón en defensa a Paul Pierce hacia el final de la segunda prórroga (¿o fue la tercera?), echando a correr a toda leche (sí, Noah) como si le fuera la vida en ello, con Pierce pegado a sus talones, para acabar no trompicándose ni haciendo pasos ni recibiendo un tapón como todos sospechábamos sino incrustando el mate más imposible que uno pueda imaginar, con adicional de propina… Acaba la gozada con victoria de Chicago, con la constatación de que habrá séptimo partido; no podríamos esperar nada mejor.

4. Tras duras negociaciones y denodados esfuerzos, consigo ver en directo (todo un lujo) la semifinal Barça-CSKA. Qué les voy a contar que ustedes ya no sepan: la gent blaugrana que empieza arrollando, 14-4, todo va sobre ruedas, el barcelonismo en pleno prometiéndoselas muy felices, quien más quien menos pensando que aquest any sí… Pues no. Hacia el comienzo del último cuarto el Cheska agarra por fin a su presa, 63-62, y ya no volverá a soltarla en lo que resta de encuentro. El (presunto) suplente de lujo Siskauskas demuestra de nuevo ser un jugador impagable, uno que se merece con creces todos los MVPs que le quieran dar; a su alrededor toda una maquinaria bien engrasada, Langdon, Holden, Lorbek, Smodis y hasta el rookie Sasha Kaun (curiosamente en su segunda Final Four consecutiva: el año pasado jugó y ganó la de la NCAA con Kansas), todos y cada uno cumpliendo perfectamente su función. Y enfrente el Barça convertido en un quiero y no puedo: lo pondrán todo, lo intentarán hasta el último aliento, echarán el resto pero ese resto ya no será suficiente. Al final cuatro abajo, y la sensación de que esta película la hemos visto ya demasiadas veces.

5. A la noche (ya madrugada, más bien) aún me quedan dos historias pendientes, a saber, la otra semifinal de la Euroliga y el otro partido de NBA que nos fue dado en la madrugada anterior, es decir, el sexto Rockets-Blazers. Escojo este último, por aquello del orden cronológico. Buena parte de él debió solaparse con las prórrogas del Bulls-Celtics pero aún así los del Plus, con muy buen criterio, decidieron darlo entero, editado desde el primer segundo y ya bien podado de tiempos muertos (afortunadamente, porque de no haber sido así no me habría cabido en la grabación). Todo habría sido aún más perfecto si Iñaki Cano no se hubiese pasado la mitad de la noche leyendo e-mails y la otra mitad dando una y otra vez las gracias por recibir tantos e-mails, pero en fin, ya se sabe que no se puede tener todo en esta vida… Rudy es por fin titular, pero como si no; no será una de sus mejores noches, pero es que ningún Blazer tendrá una noche ni decente siquiera: como si su victoria en el quinto partido no hubiese sido una esperanza de remontada sino tan solo un engordar para morir: Roy volverá a comportarse como si fuese no la principal sino la única opción, Aldridge volverá a huir de la pintura como si manchara y el forajido Outlaw volverá a ejercer una vez más determinator, en el sentido de que termina las jugadas: balón que le llega balón que se tira, venga a cuento o no. Felices vacaciones.

Sábado 2

6. Allá por la sobremesa, encuentro por fin el rato para hincarle el diente a la otra semifinal euroliguera,Panathinaikos-Olympiacosbatalla naval como si dijéramos. De entrada a los de Obradovic da gloria verlos, juego interior con Pekovic por aquí, penetraciones de Spanoulis por allá, Jasikevicius, Diamantidis o Batiste aún reservados para lo que sea menester. A los de Yannakis da menos gloria verlos, van más por libre, Papaloukas y Vujcic no pueden evitar transmitir la sensación de que aún siguen siendo mucho pero ya no son tanto como fueron, Childress sólo está a ráfagas, Pargo ni eso, Greer vuelve a dejar claro que él sí es el verdadero Americano (con mayúsculas) de este equipo. Van a remolque pero aún así, entre cositas de Bourousis y esa conexión Papaloukas-Vujcic que por fin funciona, se plantan con todas las opciones en los instantes finales, pero éstos son territorio del infalible Saras y de un impagable Diamantidis, verdadera joya (como su apellido indica) en ambos lados de la cancha, no es tanto lo que te da (aún siendo esto mucho) como lo que al contrario le quita. Gana Panathinaikos, nos espera una grandísima final.

7. Momento para el sexto Heat-Hawks, pendiente desde la pasada madrugada. Esta serie es como la de Boston y Chicago, pero exactamente al revés: si aquella en seis partidos ha generado siete prórrogas, ésta parece incapaz de generar siquiera un final emocionante. La serie está igualada, los partidos no; ni por casualidad. Hoy tampoco va a ser la excepción. Si de los Hawks puede decirse que son un buen cinco titular sin apenas banquillo, de los Heat puede decirse que son un extraordinario jugador sin apenas nada más, ni en cancha ni en el banquillo. Pero los Hawks aterrizan en Miami sin Horford ni Marvin Williams, y Miami aún sigue siendo territorio Wade: hoy por fin se sale, aún a pesar de sus achaques, de los mandobles y de todos lo pesares. Habrá séptimo. Acabo justo a las dos de la mañana, justo cuando empieza el séptimo en Boston; me tienta vérmelo en directo, pero mi sueño es más fuerte que mi tentación. Además, no vaya a ser que tenga treintaysiete prórrogas, no vaya a estarme yo aquí en vela hasta el domingo por la tarde… Mañana será otro día.

Domingo 3

8. Hoy ya es otro día. Me abalanzo (es un decir) a por ese séptimo Celtics-Bulls… Me abalanzo, pero ya con la idea de que los séptimos partidos suelen ser extraordinarios en emoción pero no tanto en calidad. Y con la idea de que el ochenta por ciento de las veces gana el de casa, tanto más si éste es sobradamente más experto, tanto más si el ambiente de sus gradas es mucho más infernal que el del rival… Acierto, por una vez. Tendremos emoción hasta el final, los Bulls lo intentarán a la desesperada pero ya no les será suficiente ante unos Celtics puestos en las inesperadas manos de Eddie House, ése de quien sus colegas dijeron que es quien peor penetra de toda la NBA, lo que no oculta que es también uno de los mejores tiradores de la Liga. Tras siete partidos que con tanta prórroga parecieron casi ocho, unos y otros se abrazan y hasta se olvidan (más o menos) las rencillas, los unos con la satisfacción de haber pasado, los otros con la satisfacción de haber tenido contra las cuerdas al campeón vigente, todos con la satisfacción de habernos dejado una de las mejores series que se recuerdan.

9. Tarde de domingo: la final euroliguera y el séptimo en Atlanta se hacen la competencia, puedo zapear del uno al otro, o puedo ver uno en directo y grabar el otro. Escojo esto último. Escojo ver en directo elPanathinaikos-CSKA, y a Atlanta ya viajaremos después. Buena decisión. La final promete ser extraordinaria, y de entrada lo cumple… pero sólo por un costado, el de Panathinaikos. Los de verde juegan un segundo cuarto sencillamente perfecto, sublime: su tela de araña defensiva enreda al Cheska una y otra vez, y en ataque Jasikevicius y compañía no fallan ni aunque se lo propongan; Pere Ferreres no pierde la oportunidad de hacer uno de sus juegos de palabras y decirnos que el CSKA está CS-K.O. 48-28 al descanso, que será 51-28 tras la primera jugada del tercer cuarto… ¿Partido finalizado? Así lo pensamos todos, así lo pensó (sobre todo) el propio Panathinaikos que para desesperación de Obradovic decidió que ya estaba, prefirió sentarse a mirar cómo intentaba jugar el CSKA. Y así, poco a poco, los 23 que se quedan en 18, y luego en 16 y más tarde en 12, en 10, en 8… Y los rusos que se lo creen, y Pere Ferreres que no pierde la oportunidad de hacer otro de sus juegos de palabras y decirnos que el CSKA por fin ha encontrado un plan, el Plan-inic… Ciertamente el croata aparece de repente para convertirse en pieza fundamental, a cuyo alrededor todo el engranaje de Messina por fin funciona. Pero Panathinaikos tras su tercer cuarto sabático ya está de vuelta y ahora el partido es ya una gozada, un toma y daca y un tira y afloja como solía decir aquel terrible Nacho Calvo que dios guarde (en el tenis) muchos años. Pudo ganar el Cheska, apenas un poquito les faltó para culminar tan asombrosa remontada. Ganó un pedazo de equipo, ganó Panathinaikos, con tres cuartos les bastó para lograrlo. Y Obradovic, coronado una vez más como el señor de los anillos (si éstos existieran) europeo. Qué partidazo.

y 10. Final europea vista, cena digerida, cocina recogida, niño acostado… parece ya el momento de atacar ese séptimo Hawks-Heat: quién sabe, acaso éste, por ser el último, sí que tenga esa emoción de la que carecieron los anteriores… Pues tampoco. Los Hawks ya tienen a Horford y hacen como si también tuvieran a Marvin Williams, mientras enfrente Wade está ya más dolorido y más maniatado que nunca. Y a su alrededor no hay nada, pero lo que se dice nada, pero nada de nada, y aún menos ese Jermaine O’Neal tan lesionado como siempre, que intenta hacer el papel de estar medianamente sano sin que nadie, ni tan siquiera sus propios compañeros, se crea su representación. Hacia el comienzo del último cuarto los Hawks ya ganan casi de treinta mientras los Heat, a sabiendas de que ya no pasarán la eliminatoria, intentarán al menos dejar sus deudas saldadas. Y a quien más deben es a Pachulia, evidentemente: Wade se queda a medias pero Haslem no, le pilla de lleno y se lleva una expulsión a cambio, afortunadamente aquello está ya visto, los pesos pesados se van sentando antes de que pase a mayores… El castigo para los Heat será irse de vacaciones, el premio para los Hawks será intentar que los Cavs no les endosen otro 4-0. Bocina final, Giménez y Fernández despiden raudos porque tienen que pasarse al Denver-Dallas… pero aún nos da tiempo a intuir cómo los Heat se dan media vuelta y se encaminan hacia su vestuario sin cumplir con el típico ritual de cada final de serie, los abrazos y felicitaciones y saludos y deseos de suerte de rigor (y casi mejor, porque de haberse quedado lo mismo se habría liado alguna). Será interesante ver sus enfrentamientos del año que viene. Incluso los de temporada regular…

Y hasta pudo haber un 11 y un 12, aún se me quedaron dos asignaturas pendientes, a veces hay que hacer otras cosas aparte de ver baloncesto, llega uno a un punto que ya no da para más… la Final de Consolación de la Euroliga (¿por qué demonios la llamarán así si es bien sabido que a nadie, así gane o pierda, podrá servirle nunca de consuelo?¿por qué demonios aún sigue disputándose?) y ese primer Nuggets-Mavs que intentaré ver esta noche, con el permiso de la autoridad y si el tiempo no lo impide…

No ha estado nada mal, no señor. No estuvo nada mal sobre todo si tenemos en cuenta que yo me iba a ir de puente, que de haberme ido apenas habría podido ver nada en directo, que casi ni grabado siquiera… Jamás pensé que alguna vez me alegraría de quedarme en casa, jamás pensé que alguna vez llegaría a alegrarme incluso de tener el coche en el taller.

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Publicado octubre 23, 2012 por zaid en preHistoria, varios

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