el Blando   Leave a comment

(publicado el 9 de junio de 2009)

Tal vez, antes de empezar, no estaría de más que viajáramos en el tiempo. No mucho, no se me asuste, apenas un año atrás, concretamente al 19 de junio de 2008. Acompáñeme por un instante, tenga la bondad (y luego vuelva, claro está, no se me vaya a quedar allí leyendo cosas atrasadas):

http://lacomunidad.elpais.com/correcalles/2008/6/19/sambenito

¿Ya de vuelta? (en el supuesto de que se hubiera ido, que tampoco era obligatorio) Hoy ya es 2009. Hoy sería un buen ejercicio volver a esos articulistas, a esas webs, a esos foros yanquis (angelinos, mayormente) que hace apenas un año crujían a Pau Gasol, que echaban pestes contra él, que le señalaban como principal y casi único culpable de las derrotas bostonianas, que clamaban por su traspaso (cuando apenas acababa de llegar), que echaban cuentas a ver por quién podrían intercambiarlo, que hasta pedían el retorno de Kwame Brown, ¡¡¡Kwame Brown!!! Estaría bien hacer hoy ese ejercicio, apenas trescientos cincuenta y cinco días después. Lamentablemente yo no dispongo de tiempo para hacerlo (de hecho casi ni tengo tiempo para escribir esto) pero invito al sufrido lector a que lo haga, a que busque, compare y descubra qué dicen ahora todos aquellos que hace sólo un año le ponían a parir, tantos que hasta le habrían linchado a poco que se les hubiese presentado la ocasión.

Ya parece haberse convertido en un lugar común. Decir Gasol es blando sería como decir el cielo es azul, la hierba es verde, el mundo es redondo, el espacio es infinito. Un hecho (supuestamente) objetivo, una verdad absoluta, incontrovertible, indemostrable por la sencilla razón de que no necesita ser demostrada. Es así y ya está. Gasol es blando como Kobe es bueno, como Howard es grande, como Garnett es chulo o Yao es chino. Es así de serie, sin vuelta de hoja, una característica indisolublemente unida a su carácter para el resto de sus días, algo que ya nada ni nadie podrá cambiar jamás.

Pero luego, sin embargo, llega la cruda realidad y se empeña en poner las cosas en su sitio, hay que ver cómo es. Llega el trío calavera de los Denver Nuggets, a su frente el Bruto Martin repartiendo mamporros a diestro y siniestro, a sus costados el Pájaro el Nené dando también lo suyo, pobre Pau, a algunos casi les falta el tiempo para escribirle la esquela pero antes de que se den cuenta habrán pasado seis partidos y allí seguirá Pau, ese mismo Pau llenito de hematomas por todo su cuerpo pero con unas cuantas muescas en su revólver y unas cuantas chapas en su zurrón. Y mientras el susodicho trío aún mirándose sin entender nada, si a este niñato nos lo íbamos a comer con patatas, si le hemos dado más que a una estera, qué demonios habrá podido pasar, habrán sido los árbitros, seguro que sí, eso debe ser…

A ver, criatura, habrás sobrevivido al macarreo de Denver pero ahora te llegan Supermán y sus supermancitos, tipos que ya no son tanto de repartir como de jugar (y cómo), ahí te quiero ver. Y otra vez todos nos apresuramos a escribir la esquela, Howard y Lewis ya se comieron a Kendrick Perkins y a Glenn Davis y ahora recién acaban de zamparse a Ilgauskas, a Varejao, hasta al mismísimo Big Ben Wallace, y ya todos nos imaginamos al pobre Pau persiguiendo la sombra de Rashard de esquina a esquina de la cancha, ya todos le suponemos encogiéndose mientras Dwight se la machaca una y otra vez (la pelota en su aro, quiero decir). No, ahora ya no habría salvación posible.

Vale, lo primero tal vez fuera cierto, lo de perseguir inútilmente a Lewis por las esquinas, seguramente sí… pero es que tampoco hemos tenido ocasión de comprobarlo, no nos ha dejado Bynum, sus faltas mandándole al banquillo cada dos por tres, obligando a Gasol a olvidarse de la sombra de Lewis para convertirse él mismo en sombra de Howard. Y entonces es cuando en Orlando se frotarían las manos, ya está Dwight, te vas a forrar… A estas horas ya se habrán dado cuenta de que las faltas de Bynum les perjudican más a ellos que a los propios Lakers, Howard debería protestarlas casi tanto como las que le pitan a él mismo: se le sienta Bynum, se le pone Gasol, el blando, el chollo, el que no defiende, menudo sueño… Un sueño que a estas horas se le ha convertido ya en su peor pesadilla.

¿Pero cómo es posible, pero qué está pasando aquí, vamos a ver? Señores, está pasando que ustedes hace años compraron una apariencia y luego se olvidaron de cotejarla con la realidad. Ustedes le fabricaron una etiqueta que está muy bien, queda muy mona, mira éste, familia medianamente acomodada, infancia feliz, nada de guetos ni de drogas ni de tiroteos ni de miserias, europeo además y encima con esa pinta de chico bueno, de no haber roto jamás un plato, que no da un problema, que nunca dice una palabra más alta que otra, que éste por no tener ni siquiera tiene una novia perseguida en ocho estados con ocho identidades diferentes, ahí le tienes, el hijo perfecto, el compañero ideal, el yerno con el que soñaría cualquier suegra… ¿Conclusión? Blando. Le pones el cartel y tanto da que la vida venga a desmentírtelo a cada momento, entre otras cosas porque siempre podrás adaptar la realidad a tus necesidades: ¿que los Grizzlies se clasifican para los playoffs pero luego son incapaces de ganar siquiera un solo partido? A ver, si ya dijimos que era un blando; ¿que los Lakers alcanzan la final de la NBA pero luego caen estrepitosamente ante los Celtics? A ver, si ya dijimos que era un blando. Es lo bueno que tienen las etiquetas, te valen para un roto y para un descosido, siempre encontrarás cómo utilizarlas para cada ocasión.

Escribo esto pocas horas después de ver el segundo partido de la Final, y pocas horas antes de que se dispute el tercero. Y sé bien que allá en la esquina sureste las cosas habrán de ser completamente distintas a como fueron en la esquina suroeste, sé bien que Howard será otro Howard al calor del hogar, al calor de su público, al calor tal vez de unos árbitros susceptibles de dejarse envolver por el ambiente, sé bien que allá en Orlando todo habrá de resultarle mucho más difícil. Y sé también que en cuanto vengan mal dadas las cañas se tornarán en lanzas (vaya cursilada), que los abrumadores elogios de estos días no tardarán en desaparecer, que rápidamente volveremos a los argumentos de costumbre. Lo sé, como también sé que a día de hoy Pau Gasol tiene ya medio anillo, que bien que se lo ha ganado, lo cual no quita para que aún tenga que ganarse legítimamente el otro medio. Llámenle a partir de ahora lo que quieran, sí, pero que le quiten lo bailao.

Así que no nos preocupemos: por más que los hechos sean tozudos, por más que prestigiosos analistas como Peter Vecsey escribieran (ya antes incluso de la Final) que ¿por qué dicen que Gasol es blando, porque no es violento?, por más que hoy tantos anden con los esquemas rotos y las etiquetas del revés seguro que siempre encontrarán algo a lo que agarrarse, cualquier cosa que les permita sacar otra vez a relucir el Winnie the Pau, el Gasoft y demás variopintas memeces. Así gane el anillo, así reciba una y otra vez el reconocimiento de todos sus rivales, así anule un día tras otro a Supermán y aún le queden fuerzas para meter veinticuatro al otro lado, así reviente él solito una prórroga y las que hagan falta, así haga lo que haga todo dará igual, será siempre lo mismo, habrá de seguir cargando con ese cartel de blando para toda la eternidad. Bendita blandura.

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Publicado octubre 24, 2012 por zaid en NBA, preHistoria

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