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(publicado el 17 de julio de 2009)

 

Hace algunas semanas la web de Solobasket puso en el mercado una línea de camisetas de su invención, con ocurrentes estampados relativos a nuestro deporte. De entre todas ellas la que más llamó mi atención fue una de color naranja en la que se podía leer “yo también sueno para el Pamesa”. Me pareció genial. Difícilmente una sola frase, apenas seis palabras, podría sintetizar mejor lo que ha sido la política deportiva del equipo valenciano durante estos últimos años…

Pero hete aquí que esa camiseta se les ha ido a quedar obsoleta aún antes de nacer, ya que, como ustedes sabrán de sobra a estas alturas, el Pamesa Valencia ya no existe. Es decir, existe, supongo que seguirá existiendo, Pamesa, sociedad anónima dedicada a sus cerámicas y sus cositas. Y existe, y esperemos que siga existiendo por mucho tiempo, el Valencia Básquet, equipo de baloncesto puro y duro, sin aditivos, colorantes ni conservantes, sin apellidos ya de ninguna clase.

Esto nos va a costar. Mira que otros equipos, Penya, Estu, Granca, incluso Baskonia, tantos otros, mantienen una identidad con el paso del tiempo, logran seguir siendo ellos mismos por encima de patrocinadores más o menos eventuales. Éste no. El equipo de baloncesto de la ciudad de Valencia lleva siendo el Pamesa desde mucho antes de lo que alcanzamos a recordar, de hecho hasta nos resulta difícil acordarnos de cómo lo llamábamos antes de llamarlo así, aún más difícil nos resultará aprender a llamarlo de cualquier otra manera. Si hasta para sus aficionados lo era, si hasta su grito de guerra proclamaba Força Pamesa (penúltima vez que cito su nombre, que tampoco es cuestión de regalarle publicidad a una empresa que acaba de abandonar nuestro deporte)…

¿Qué haremos, cómo le diremos a partir de ahora? Valencia Básquet Club se nos queda un poco largo, VBC se nos queda un poco confuso, quizás el recurso más fácil sería decir el Valencia, sin más. Pero claro, esa expresión, el Valencia, la tenemos tan asociada al fútbol que nos chirría en el baloncesto, como si al Cajasol tuviéramos que llamarlo el Sevilla o al Unicaja el Málaga, vaya lío. Supongo que poco a poco nos iremos acostumbrando pero de entrada nos va a costar, vaya si nos va a costar…

En fin, que más allá de chorradas meramente anecdóticas la cosa no tiene ni puñetera gracia, fíjese usted. Los Hermanos Roig que se vuelven a sus cuarteles de invierno, el uno a sus baldosas, el otro a sus hipermercados de línea blanca, y de paso finiquitan el patrocinio y anuncian a los cuatro vientos que antes de dos años habrán vendido todo su paquete accionarial, que esto es justo lo que necesitan en Valencia, como tienen pocos líos con la propiedad de su principal club de fútbol ahora se les sumarán también los del baloncesto, mira tú qué bien. Los Hermanos Roig debieron de creerse que esto era como vender azulejos o productos Hacendado, pura física y química, mezclas ingredientes, remueves bien, elaboras en cadena y al mercado a esperar que me los compren, todo bueno, todo barato, lléveselos que se me acaban, que me los quitan de las manos oigaaa

Los Hermanos Roig dieron con la tecla adecuada en el Villarreal futbolístico, y hoy gentes del mundo entero acuden alucinadas a estudiar la fórmula que convirtió a un modesto entre los modestos en todo un grande de España y casi de Europa, y todo ello en apenas diez años. Sí, hoy el Villarreal es la envidia de media humanidad, con lo cual al final va a resultar que esto del baloncesto es mucho más difícil que aquello otro del fútbol, ya ve, quién habría podido siquiera imaginarlo. ¿Solución? Una retirada a tiempo es una victoria, dicen, victoria tal vez para ellos porque a los aficionados se les habrá quedado una cara de derrota que no les cabe en el cuerpo. Primero fue Llorente, ahora los Roig (¿cómo era aquello de que el capitán debía ser el último en abandonar el barco?), dejen la puerta abierta que seguro que otros irán detrás…

Hoy ya nadie suena para el Pamesa (última vez). La catarata de nombres de este verano empezó en Nando de Colo y a este paso se acabará también en Nando de Colo. Y a Oliver que me lo despidieron (cosa que no entendí) pero que ahora dicen que le quieren tantear para que vuelva (cosa que aún entiendo menos), justo cuando el chaval ya se ha engolosinado con el Estu. Y en medio el sufrido aficionado valenciano al baloncesto que ya no entiende nada, pero nada de nada, no digamos ya si mira también un poco más al sur y ve al pobre Gandía pendiente de un hilo, buscando un clavo ardiendo al que agarrarse, sin saber aún cómo ni dónde ni cuándo saldrá (ni si saldrá, siquiera) la próxima temporada. Malos tiempos para la lírica baloncestera en Valencia…

Y en más sitios: Granca ya no es Kalise, Bilbao ya no es iurbentia, Estu dejará de ser MMT, veremos hasta cuándo sigue Baskonia siendo Tau. Unos pierden los patrocinadores mientras otros ya ni sueñan con encontrarlos. Es lo que hay pero no nos vayamos a quejar demasiado, tengamos siempre bien presentes aquellas sabias palabras de Murphy: cualquier cosa, por mal que esté, siempre es susceptible de empeorar.

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Publicado octubre 24, 2012 por zaid en ACB, preHistoria

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