falsa moneda   Leave a comment

(publicado el 20 de julio de 2009)

que de mano en mano va y ninguno se la queda, decía la copla, y no es que sea yo muy de coplas (más bien nada) pero hay algunas que queramos o no forman ya parte de nuestra memoria colectiva, que aquellos que tenemos ya una edad las llevamos perennemente instaladas en nuestro subconsciente, coplas que luego se nos aparecen en el momento menos pensado, en cuanto se les presenta la menor ocasión. A mí, por ejemplo, ésta de la falsa moneda me reaparece cada vez que veo, leo o escucho algo relativo a Zach Randolph.

Zach Randolph llegó a la NBA hace ya ocho años, tras su única temporada en Michigan State, y muchos expertos proclamaron entonces (y hasta yo estuve de acuerdo) que en este caso dar el salto tras tan sólo un curso sí tenía todo el sentido ya que aparentaba tratarse de un jugador plenamente formado en el aspecto técnico, no digamos ya en el aspecto físico. Y tal vez fuera así, qué duda cabe, pero hay un tercer aspecto que a nadie pareció importar entonces, aún siendo tanto o más importante que los dos anteriores: el aspecto psicológico. Y en esto no estaba formado entonces, ni lo está hoy, ni tiene pinta de que ya vaya a estarlo jamás en la vida. Otro par de años a la vera de Izzo tal vez no le habrían aportado mucho más como jugador de baloncesto (o tal vez sí, quién sabe), pero sí le habrían aportado un plus de madurez que le habría resultado de gran ayuda durante su posterior carrera profesional. Hoy, a estas alturas del partido, mucho me temo que la cosa no tenga ya remedio.

Así que Zach aterrizó en Portland y allí fue a encontrarse con aquellos Jail Blazers, lo mejor de cada casacomo si dijéramos, el perfecto caldo de cultivo para desarrollar su compleja personalidad. Es decir, para desarrollarla en sentido inverso, en imparable proceso involutivo. De entrada los Blazers tuvieron dudas, de salida ya no tuvieron ninguna: había que deshacerse de él, como fuera. Y sin embargo de entre todas aquellas piezas fue la que más les costó sacarse de encima, de hecho Sergio aún llegó a tiempo de disfrutar de su peculiar manera de hacer vestuario, anécdotas varias contó al respecto en su momento (muchas menos de las que se callará, seguro).

Menos mal que apareció para solucionarles el problema un tal Isiah Thomas, en aquel entonces entregado en cuerpo y alma a la innoble tarea de encanallar del vestuario de los Knicks, qué más nos da cómo sean si nos gusta como juegan. Fue la culminación de uno de los mayores procesos autodestructivos jamás conocidos en la historia del deporte mundial, el hundimiento hasta el fondo (y más allá) de una nave que a día de hoy aún no ha podido ser reflotada. Claro, para reflotarla había que aligerar lastre, qué mayor peso (en todos los sentidos) que Zach, ya está, larguémosle de inmediato. Ya, pero… ¿habrá alguien que pique? Sí hombre, sí, cómo no va a haberlo, siempre hay un roto para un descosido, equipos con tal tradición de tomar decisiones erróneas que seguro que estarán encantados de recibirle, mira por ejemplo esos Clippers, qué mejor destino para él, a ver cuándo han acertado en algo los Clippers…

Dicho y hecho: tras su año en Nueva York otro en Los Ángeles, tras el cual tenemos ya a otra franquicia perdiendo el culo por sacárselo de encima como sea. Éstos además con la coartada perfecta, su número 1 del draft, su elección evidente de Blake Griffin. Y ahora ¿a quién podemos engañar? ¿Acaso quedará alguien incluso por debajo de los Clippers en la escala evolutiva de los equipos NBA? Pues sí señor, por increíble que parezca resulta que aún hay un escalón inferior, el cual se encuentra ubicado en Memphis, Tennessee. Y si no podemos venderlo pues lo regalamos, mira tú, total con que nos devuelvan a ese ciclotímico Quentin Richardson que ya no es ni la sombra de aquél que tuvimos pues ya nos vale, para qué más…

Dijo hace meses Marc Gasol que la NBA es como Humor Amarillo: nunca sabes lo que te vas a encontrar al otro lado de la puerta. Puede que la frase sea cierta en lo que se refiere a la NBA, pero en lo que se refiere a su equipo aún se queda corta: en Memphis las sorpresas te llegan una tras otra sin necesidad de abrir ninguna puerta. Primero te traen del draft a un tanzano interminable que en defensa desviará infinidad de tiros pero que en ataque nunca será ni el diez por ciento de lo que serás tú. Y luego te ponen al lado a este Randolph, que sí, podría ser justo lo que necesitan, un cuatro, sin duda su puesto peor cubierto, su principal carencia. Vale, sí, taparán un buen agujero en la cancha (eso el día en que le dé por jugar), pero a cambio de provocar otro agujero mucho mayor en las paredes de su vestuario.

Vamos, que a no ser que a la criatura le dé justo ahora por sentar la cabeza, cosa harto difícil dados sus antecedentes (y dado el pedazo de bola que lleva sobre los hombros, dicho sea de paso), lo más probable es que de aquí a un año los Grizzlies se encuentren en las mismas, a la caza, búsqueda y captura de alguien a quien poder engañar. Lo cual evidentemente será cada vez más difícil: incautos ya van quedando menos, y hay monedas cuya falsedad se ve venir cada vez más de lejos.

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Publicado octubre 24, 2012 por zaid en NBA, preHistoria

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