misterios insondables de este draft   Leave a comment

(publicado el 26 de junio de 2009)

Más allá del rickydrama de estos últimos días (ya convenientemente reflejado en los posts precedentes… y sospecho que también en los próximos), he aquí otros misterios, gozosos y/o dolorosos, que nos dejó la extraña noche de san draft:

– ¿Qué sentido tiene que Memphis escoja a Thabeet? Siendo el número 2, cabe pensar que escogen al tanzano no porque sea el jugador que necesitan sino porque les parece el mejor jugador disponible: esto último es sumamente discutible, pero si ellos lo creen así, pues perfecto, allá ellos, nada que objetar. Ahora bien, si hay otras razones digamos tácticas, si eligen a Thabeet con la idea de montar una suerte de torres gemelas, pues entonces permítanme que les advierta que van daos: Thabeet podrá salir (en el mejor de los casos) un Mutombo o podrá salir (en el peor) un DesaganaDiop, pero lo que no saldrá es un jugador distinto de lo que es, es decir, un árbol que da sombra en defensa y es manifiestamente mejorable en ataque, pero que carece de sentido en cuanto le separas medio metro del aro. Un cinco puro, tan puro o más que Marc Gasol, si bien con la única diferencia de que el de Sant Boi resulta ser infinitamente más determinante en ataque que el de Dar Es Salaam. Pero tan cinco el uno como el otro, no habrá mayor incompatibilidad de caracteres en toda la Liga, la mera imagen de ambos juntos sobre una cancha se me antoja sencillamente demencial. No sé muy bien qué demonios estará pensando Memphis (de hecho no creo haberlo sabido nunca, jamás en todos estos años), pero quiero creer que algún movimiento harán en el mercado: con la escasez de cincos que hay en la NBA, condenar al banquillo a todo un número 2 del draft no tendría ningún sentido… y condenar al banquillo a Marc, predestinado a convertirse más pronto que tarde en uno de los grandes cénters de la Liga, tendría aún muchísimo menos sentido. Ellos sabrán.

– Sigamos con cosas que en mi modesta (y probablemente equivocada) opinión carecen por completo de sentido: lo de Orlando, por ejemplo. Han creado un bloque magnífico, han realizado un trabajo extraordinario, han alcanzado la final de la NBA dejando en el camino a Celtics y Cavs, han puesto la primera piedra de un ilusionante futuro… y de repente, de un plumazo, han empezado a echarlo todo a perder: mandas a New Jersey a Battie (sin importancia), a Rafer Alston (que a lo mejor hasta estará encantado de verse tan cerca de su Rucker Park del alma) y nada menos que a Courtney Lee, pieza (que iba a ser) básica en todo este (ex) proyecto, rookie solvente en ambos lados de la cancha, espectacular cuando hay que serlo y que tiene por costumbre no cometer errores ni hacer tonterías, pero en quien ahora sorprendentemente parece pesar más su floja Final que todo lo bueno que hizo durante los meses anteriores, como si no fuera novato, como si en su primer año no fuera legítimo que acusara la presión de toda una Final, como si la madurez ya la debiera traer de serie. Vale, y todo esto, ¿a cambio de qué? Me gustaría decir que Vince Carter a estas alturas espan para hoy y hambre para mañana, pero es que ya ni siquiera me creo lo del pan de hoy. Y sé que si pasara por aquí (cosa improbable) algún vicentista de los muchos que aún pululan por el mundo, me pondría verde y hasta me echaría directamente a los perros, pero qué quiere que le diga, yo lo veo así. Añádase que ahora Turkoglu tiene ya otra razón para irse (por si no lo tenía suficientemente claro) y el resultado final será que a estos Magic ya no los va a conocer ni dios, no va a haber casi por dónde cogerlos. Ah, y de paso otrogol de los Nets, que vuelven a soltar lastre viejo y cansado por carne joven y fresca, y liberando de paso aún más espacio salarial de cara a ese deseado advenimiento del verano de 2010. Ya se la metieron a los Mavs con el canje Kidd-Harris, y éste va por el mismo camino. ¿Que no? Dentro de unos meses hablamos.

– Los Knicks definitivamente se merecen el premio a la desgracia, como si la sombra de Isiah Thomas tanto tiempo después aún siguiese planeando sobre el Madison. Los Knicks querían un base, uno bueno a ser posible, uno de esos cuatro que parecían destacar sobre el resto, tenemos la elección número ocho, malo será que no lleguemos a tiempo de escoger siquiera a uno de ellos… Dicho y hecho: Evans con el 4, Ricky con el 5, Flynn con el 6… Cuando los Golden State Warriors eligieron a Stephen Curry con el 7 la desolación se apoderó de las gradas del teatro del Madison, manos a la cabeza, pateos y abucheos de esos presuntos aficionados (que año tras año acuden exclusivamente para esto, con la única finalidad de dar la nota y que se les vea haciendo un poco el payaso por televisión) que aún se recrudecieron cinco minutos después, cuando les tocó escoger y no teniendo ya bases decentes que llevarse a la boca hubieron de conformarse con el ala-pívot de la Universidad de Arizona Jordan Hill, a la fuerza ahorcan. ¿Y ahora qué? Ahí siguen los Knicks, compuestos y sin más base puro que Duhon, que bien sabido es que aquello que tanto se habló de Sergio Rodríguez finalmente se quedó en agua de borrajas. Pero no desesperen (en el supuesto de que fueran de los Knicks, claro está): aún tienen por delante un largo y cálido verano, seguro que el amigo Donnie Walsh moverá Roma con Santiago (o Nueva York con Minneapolis, quizá) para buscar alguna solución.

– El agua de borrajas de Sergio no fue a Nueva York, no viajó hacia el Este sino hacia el Sur, hacia la soleada California, hacia la no tan soleada Sacramento. Sergio y la elección 38 a cambio de la elección 31, qué barbaridad, sabíamos que le valoraban en poco pero no en tan poco, si le hubieran dado gratis no nos habría chirriado tanto, la verdad. Pero bueno, todo se da por bien empleado, Portland ya es historia, el presente y el futuro se llaman Kings, el Chacho está como unas castañuelas… Y ahora vengo yo en plan tocapelotas a rebajarle la euforia, hay que ver, por qué no me estaré calladito, menos mal que él no va a pasar por aquí. A ver cómo lo explico: los Kings eligieron con el número 4 a Tyreke Evans, que no es un base en sentido estricto (casi dos metros de puro jugón, anotador compulsivo, una verdadera delicia… pero de crear juego, digamos que más bien poquito) pero que ya jugaba de base en Memphis (Universidad de) por lo que resulta sumamente probable que siga haciéndolo en Sacramento. Ya está, me dirán ustedes, Sergio de uno y Evans de dos, la solución perfecta… Ya, pero entonces ¿que hacemos con un tal Kevin Martin? Añádase que por allí aún seguirá (supongo) Beno Udrih, y podremos concluir que las cosas tampoco van a resultarle fáciles en la capital de California (y conviene decirlo ahora, no vaya a ser que luego en noviembre nos echemos las manos a la cabeza si resulta que aquí tampoco es titular ni juega cuarenta minutos por partido). Ah, y tampoco las tengo yo todas conmigo con el amigo Paul Carapasmao Westphal: que sí, que es innegable que le gusta el baloncesto de ataque, tan innegable (al menos para mí) como que en sus dos anteriores experiencias como técnico NBA sus resultados no siempre estuvieron a la altura del equipo que pusieron en sus manos: la última (Seattle) acabó hace ya ocho años, bastante mal por cierto, y luego desapareció del mapa, acaso con una breve y nada brillante parada técnica en no sé qué universidad de medio pelo. Ojalá ahora me haga cambiar de opinión.

– Los Blazers, empeñados año tras año en ser los reyes del draft, nunca terminarán de sorprendernos… gratamente, una vez más. Yo ahora podría callarme, o decir que es lo lógico, que ya me lo esperaba, que se veía venir, podría decirles cualquier cosa pero en su lugar les diré la verdad: yo estaba totalmente convencido de que Claver la cagaba, de que metía la pata yendo al draft este año, de que su larga inactividad le acabaría pasando factura, de que habría sido mucho mejor esperar al próximo, que aunque el nivel fuera mayor también él sería mucho mejor jugador… Mis tonterías habituales, ya saben. Los Blazers le tenían echado el ojo hace tiempo, los Blazers buscaban (sobre todo) un tres, sumen ambas circunstancias y resultará queblanco y en botella, leche. No sé cuándo se marchará Claver para allá (ojalá no tenga ninguna prisa), de hecho ni siquiera sé si se marchará algún día, por ahora lo único que sé es que esa elección en el puesto 22 resultó una magnífica noticia (sobre todo para mí, que no creía en ella). Y es que la noche, más allá de la decepción inicial de Ricky, resultó pródiga en satisfacciones: Llull, Eyenga, Norel, pase lo que pase de ahora en adelante siempre podrán contar con orgullo que hubo una noche, allá por junio de 2009, en la que su nombre fue pronunciado en la mismísima ceremonia del draft de la NBA.

– Uno de los mejores jugadores interiores de este draft, para mi gusto (quizá el mejor tras Griffin y Thabeet; o quizá el mejor tras Griffin, punto), era el pívot de la universidad de Pittsburg DeJuan Blair, de quien ya escribí largo y tendido allá por marzo: magníficos movimientos de espaldas al aro, calidad por arrobas, tremendo instinto reboteador y taponador, intensidad a prueba de bombas… y sí, un defecto evidente: le faltan centímetros, andará por los dos metros pelaos, eso si es que llega. Podría decirse con absoluta propiedad que se trata del genuino dos por dos, una verdadera mole, tan ancho como alto, algo a medio camino entre Robert Tractor Traylor y Glenn Big Baby Davis pero con la diferencia de que a estos se les ve más redondos y a Blair más cuadrado, a aquellos más orondos y a Blair indudablemente más fornido. Casi todas las previsiones le situaban en torno al número 13 (elegido por los Pacers) y a todos nos parecía normal, claro, con esa falta de centímetros a ver quién se va a atrever a escogerlo más arriba. Pero a la hora de la verdad resultó que Indiana prefirió a Hansbrough, y que nuestro Blair tampoco salió en el 14, ni en el 15, ni en el… Cayó hasta el número 37 nada menos, en el que fueron a escogerle los Spurs. Y entonces, llegados a este punto, permítanme que les diga que no entiendo nada, absolutamente nada: o bien yo no tengo ni puta idea de esto (lo cual es muy probable) o bien hay algo que a mí se me escapa, algún otro defecto más allá de su falta de centímetros. No lo sé. Seguramente ellos (todos los que pasaron de él) tendrán razón, seguramente yo estaré equivocado; pero si dentro de unos años nos encontramos ante otro caso Boozer o similar, si hasta nos lo presentan como un robo del draft (como si hubiera sido mérito de San Antonio y no demérito del resto), si algo de todo eso sucede, por favor, recuerde que yo antes ya se lo avisé…

– Y ya puestos, metan también en este mismo saco de olvidos incomprensibles a Patrick Mills, prodigioso base australiano criado en la modesta universidad norteamericana de St. Mary’s. Muchos pudimos disfrutarlo en los Juegos Olímpicos (y en sus amistosos previos), algunos también en los refritos pluseros veraniegos de NCAA y bien podemos decir que en ambas dos competiciones nos maravilló igualmente (de hecho algún afamado playmaker de aquel llamado Redeem Team todavía le andará buscando). Vale que este año tuvo una lesión seria que le echó a perder buena parte de la temporada (como Claver, vamos), pero ¿tan grave fue como para que ni dios se acordara de él? Al final, cuando ya pareció que se saldría del cuadro, acudieron a rescatarle los Blazers, precisamente los Blazers (siempre a la caza del base) eligiéndole en el puesto 55, nada menos. ¿Otro robo del draft? Les digo lo mismo que antes, apúntenlo por si acaso… (y aún habría más casos pero digo yo que por esta vez ya está bien, de misterios insondables me llevan ya una buena dosis)

Publicado octubre 24, 2012 por zaid en NBA, preHistoria

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