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(publicado el 17 de junio de 2009)

Sé que ya empiezo a resultar cansino, pero aún así confío en que ustedes con su infinita bondad me permitirán volver una vez más con lo mismo. Que sí, que el cansancio no existe, yo bien lo sé, que no es un estado físico sino mental, que sólo estás cansado si crees estar cansado, es así, siempre ha sido así en el argumentario de Don Dusko, a ver quién soy yo para rebatírselo. Pues vale, existir lo que se dice existir no existirá, pero por alguna extraña razón sus jugadores parecen empeñados en disimular su inexistencia.

A ver si va a ser peor el remedio que la enfermedad. A ver si va a resultar que de tanto quitarle importancia a este tema al final va a acabar consiguiendo el efecto contrario, que le den aún más importancia de la que tiene: que tú al jugador no le dices nada y éste simplemente asume su cansancio, sin más, pero que si constantemente se lo echas por tierra, tú no estás cansado, sólo piensas que lo estás, pues lo mismo llegará un momento en el que el jugador conteste para sus adentros (por no atreverse a hacerlo para sus afueras) y unos cojones no voy a estar yo cansado, que se plante él aquí cada dos días a correr tras los del Barça, a ver cómo se siente, que al final esto acabará pareciendo el mundo al revés, en vez de pensar que no está cansado acabará pensando que está aún más cansado de lo que está.

Claro que usted pensará que juego con ventaja, a ver por qué salgo ahora con esto tras el abrumador tercer partido, a ver por qué no lo he dicho tras cualquiera de los dos primeros. Pues no lo dije pero sí lo pensé, que motivos más que de sobra me dieron para pensarlo: en ambos choques el Tau empezó como una locomotora, en ambos le sobrevino un bajón espectacular hacia la mitad del segundo cuarto, en ambos retornó con renovados bríos tras el descanso, en el primer partido le volvió el bajón al final (y bien que lo acabó pagando), al menos en el segundo le aguantó el éxtasis hasta el último instante, tampoco tenía otra. Y en el tercero si lo pensamos tres cuartos de lo mismo, empezó aguantando el tipo, se hundió tras el descanso, ya apenas volvió a levantar cabeza.

Aunque tal vez usted se estará preguntando por qué habría de estar más cansado el Tau que el Barça si ambos vienen teniendo todo el año la misma tralla, si acaso el Tau un partido más en Copa y en Supercopa, pero también el Barça dos partidos más en Euroliga. Entonces casi mejor hagamos otra cuenta: Prigioni, Rako, Vidal, Mickeal, Teletovic, McDonald, Splitter, total siete. Siete jugadores tan extraordinarios como achacosos que son los que se acaban comiendo la casi totalidad de los minutos, que mira que Querejeta le trajo de regalo a John Lucas III pero se ve que el chico parece un poco autista (en su forma de jugar, me refiero), que Dusko cada vez que le pone parece estar contando los segundos para poder volver a quitarlo; y aún antes le trajo al impasible Ilievski, que aún andará fastidiado pero tampoco le acabó nunca de convencer; y está San Emeterio, repentinamente reconvertido en especialista defensivo cuya presencia no deja de ser poco menos que testimonial aunque más de una vez le haya sacado de más de un apuro; y Baldo, meroparche que ocupa el sitio de aquel otro parche llamado Barac, y pare usted de contar. ¿Enfrente? Lakovic, Sada, Navarro, Grimau, Basile, Ilyasova, Andersen, Vázquez, Santiago, total nueve, nueve monstruos a cual mejor, que aún serían diez si no se les hubiera roto Barton. Que aunque Barrett y Trías estén de miranda las criaturas, me reconocerán que no hay comparación posible. Claro, ya lo sé, tampoco hay comparación entre ambos presupuestos pero quizá estábamos malacostumbrados, a que el Tau lo optimizara mientras el Barça lo dilapidaba: no parece que este año las cosas sean precisamente así.

Que vale, que el cansancio no existirá como tampoco existirá el dolor (¿verdad que no, Sergi?) y todo lo que ustedes quieran, pero este Tau, aún con todo su Carácter Baskonia en ristre, parece incapaz de sacarse de encima la sensación de llevar el piloto de la reserva permanentemente encendido. Y cuanto más intensos sean los partidos más sufrirán (y de intensidad no andamos escasos precisamente), y cuanto más les corran más sufrirán (que así lo entendió ya el Madrid en semis, que en Vitoria no dio más de sí pero en Madrid les corrió hasta la extenuación). Dicho todo lo cual, quién sabe si mañana no forzarán el quinto y me dejarán en ridículo (que por otra parte me encantaría, mi neutralidad no es capaz de imaginar mayor placer), pero me reconocerán que no tiene pinta. No sé, quizá si Ivanovic fuera capaz de cambiar por una vez el discurso, si al menos por esta vez les dijera vale, sé que estáis cansados, destrozados, hechos puré, no os lo niego pero aún así os pido un esfuerzo más, tan sólo uno, dos a lo sumo, entonces, quién sabe…

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Publicado octubre 24, 2012 por zaid en ACB, preHistoria

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