sensaciones sub19   Leave a comment

(publicado entre el 14 y el 16 de julio de 2009)

 

(I)

Llegué pelín tarde a las retransmisiones del Mundial Sub19, digamos que me incorporé en cuartos de final, que antes tan sólo pude mediover algún minutillo de España, sus derrotas contra Australia y Argentina más concretamente. A partir de cuartos ya sí, al menos ya pude (aunque con cierto retraso) ir echando un ojo a lo que nos fueron dando, y hasta extraer, si no conclusiones (quién soy yo para concluir nada) sí al menos ciertas sensaciones que intentaré describir a continuación:

USA

Nombre por nombre, este equipo no parecía tener comparación posible con aquel que compitió hace dos años en Novi Sad. Aquel presentaba apellidos resonantes, de esos que ya nos resultaban familiares incluso antes de que se iniciara la competición: Beasley, Beverley, Flynn, Deon Thompson, Stephen Curry. De éste, en cambio, apenas conocíamos a nadie. Vale, tiras de criaturas en su primer año universitario (o equivalente), pero si luego quitas a los drafteados (Tyreke Evans, DeMar DeRozan, BJ Mullens, incluso Brandon Jennings) y a los escaqueados (clamoroso el caso de Kemba Walter) el resultado es que te queda una panda de chavales que no les conoce (casi) ni su padre. Mal pronóstico, sin duda…

 

Y sin embargo, hete aquí que el gran técnico de Pittsburg (Universidad de) Jamie Dixon se las apañó para armar con ellos un verdadero EQUIPO, con mayúsculas, un conjunto con un sentido del juego colectivo muy pocas veces visto en tantas otras selecciones USA. Todos mueven el balón en ataque, todos defienden a muerte, todos van al rebote, todos paran cuando hay que parar y corren cuando hay que correr, apenas nadie comete tonterías, todos parecen saber qué deben hacer, cómo y cuándo deben hacerlo. Añádase que físicamente parecen estar siempre un escalón por encima de los demás (no hablo tanto de estatura como de constitución física, no digamos ya de capacidad atlética: jugaran contra quien jugaran parecían hombres contra niños) y que de calidad tampoco andan precisamente escasos, y el resultado será ése que ustedes ya conocen: campeones del mundo, un trono otrora incontestable pero que ahora llevaban ya dieciocho años sin conquistar, un periodo durante el que vieron como Grecia, España, Australia y Serbia se les iban subiendo sucesivamente a las barbas, a menudo en sus mismísimas narices. No, este equipo plagado de ausencias (añádase la de uno de los doce seleccionados, quizá el más reputado de todos ellos, DeAngelo Casto, que se les rompió por el camino) no parecía precisamente el más indicado para reivindicarse, pero (Dixon mediante) ahí los tienen…

Ahí tienen por ejemplo al Jayhawk Tyshawn Taylor, puro jugón (pero con criterio), sin duda lo más espectacular y efervescente de este equipo; o al no menos jugón Terrico White, o a los sólidos interiores Moultrey y Howard Thompkins III (nada menos), o al eficaz base (también de Pittsburg) Gibbs… Aunque me van a permitir que yo me quede con una criaturilla que se salía por completo del molde, un blanquito larguirucho con incomparable cara de buena persona, puro tres haciendo funciones de cuatro, de nombre Gordon Hayward, Universidad de Butler. Probablemente no le veremos nunca en NBA (que no parece tener físico para dicha Liga) pero su juego me pareció (sobre todo en cuartos y semis) una verdadera delicia: magnífica mano, instinto reboteador, trabajo incansable y fundamentos técnicos asombrosos, ese dribling que saca de pascuas a ramos (¿cómo fue aquello por la línea de fondo?) pero que capaz es de crujirle los tobillos al más pintado.

Ah, y por supuesto, una mención especial para Seth Curry, de los Curry de toda la vida, segundo hijo de Dell y hermano pequeño de Stephen, de quien parece literalmente un clon. Es verle armar la muñeca y ya casi se te saltan las lágrimas, que uno ya hasta se pregunta si esto irá en los genes o si en aquella casa el papá y los retoños se habrán pasado toda la vida tirando de fuera, sin parar ni un solo día, ni un solo instante de la mañana a la noche: en ellos el tiro parece tan natural como en otros el bote, resulta difícil hacerlo más fácil (por contradictorio que esto suene). Curry jugó su año freshman en la modesta Universidad de Liberty, pero se ve que aquello se le quedaba pequeño y ahora se nos marcha nada menos que a Duke, razón por la cual se pasará el próximo año en blanco (red shirt, como dicen ellos), habrá que esperar hasta la 2010/2011 para verle tirar de nuevo.

(II)

Grecia

Para mi gusto, el equipo de mayor calidad del Torneo. En la final hubieron de rendirse al atleticismo, despliegue físico e intensidad defensiva yanqui, pero eso no le quita un ápice de mérito a su actuación, no digamos ya a su semifinal para enmarcar ante Australia.

Decir Grecia es decir Nikos Pappas, un nombre que ya de entrada nos resultaba sumamente familiar dado que este año le hemos tenido por aquí y nos hemos hartado a leer acerca de él y de su extraño viaje, que si Bilbao, que si Madrid. En la semifinal se salió, en la final no tuvo su noche (o su mañana) pero en una y otra ocasión mostró bien a las claras que le sobra calidad, tanta como para no tener que verse otra vez jugando en un equipo vinculado de la LEB Bronce. Aquí o en donde sea, pero este chaval está para cotas más altas, está para explotar ya.

Pero Grecia no era tan sólo Pappas, qué va, en absoluto. Grecia era también Sloukas, un base al que creo recordar (espero que la memoria no me traicione) poniéndoselas a Koufos en aquel Europeo Sub18 de Madrid 2007: magnífico pasador, muy poco anotador pero capaz de complicarle la vida al rival de mil diferentes maneras. Grecia era también dos maravillosos aleros, el finísimo Giankovits (lástima esos tiros libres al final) y el todoterreno Papanikolau, una verdadera joya capaz de hacer de todo, y todo bien. Añádase a Kaselakis, presunto (sólo presunto) pívot tan escaso de centímetros como sobrado de clase, y habremos conseguido completar un quinteto titular (y no me dejen de lado al sexto hombre Mantzaris, perfecto relevo para los puestos de fuera) casi de ensueño: frágil y endeble en lo físico, pero con niveles de talento fuera de lo común.

Endeblez que habría sido menor si hubieran podido contar asiduamente con Sarikopoulos, el verdadero cénter de este equipo. Pero el susodicho se les debió romper prematuramente y ya no volvió a aparecer hasta la final, cuando recurrieron a él como medida desesperada para intentar paliar el poderío interior yanqui. No sirvió, evidentemente, pero al menos nos permitió verle unos minutos sobre la cancha, los suficientes para hacernos una idea de lo que podrá dar de sí cuando esté sano. Tiene muy buena pinta, hoy por hoy es todo lo que podemos decir.

Croacia

Tenían el mejor base del torneo. Tenían el mejor pívot del torneo, podría hablarse incluso del mejor juego interior de toda la competición. Con todo ello, la razón por la que hubieron de conformarse con el bronce reconozco que ya se me escapa: tal vez les faltara algo en medio (es decir, entre lo muy bueno de dentro y lo muy bueno de fuera), tal vez alguien no supo acoplar adecuadamente todas esas piezas, tal vez les perdió una cierta tendencia a la anarquía, a hacer demasiadas veces lo que querían en vez de lo que debían… Tal vez si se hubieran aplicado más en las primeras fases habrían podido quedar primeros de grupo, evitando así a USA en semis (a la que dieron muchos más problemas de los que luego les daría Grecia en la Final) y regalándonos de paso una apasionante semifinal ante los helenos, tal vez…

Prostran. No suena a jugador de baloncesto, suena más bien a problemática glándula, o a tercera persona del plural del presente de indicativo del verbo postrar (prostrar, en este caso). Pero créanme que Toni Prostran es una verdadera maravilla: para todos, el mejor base del torneo; para mí, incluso, el mejor jugador (en cualquier posición) de todo el torneo, al menos del torneo que yo vi. Mi particular MVP, vamos. Dirige, tiene criterio, tira bien, pasa como los ángeles, penetra que da gloria verlo, y sobre todo da muestras de una personalidad y un cuajo fuera de lo común a estas edades. Jugador a seguir, sin duda.

Y de mi emvipí pasemos al verdadero emvipí, Mario Delas, pívot extraordinario dentro y que también te la puede liar desde fuera si se lo propone; el comentarista de Teledeporte le comparó más de una vez con Dino Radja, y a fe que no iba desencaminado, en absoluto: su forma de encarar la canasta es casi idéntica a la del ex yugoplástico y céltico. Ojo que parece que le veremos (a Delas, no a Radja) muy próximamente por Bilbao, quién sabe si a la vera de Pappas. Pero (volviendo a Croacia) no habremos de olvidarnos tampoco del otro pívot, su suplente de lujo (ambos habrían podido compartir titularidad perfectamente, de hecho no alcanzo a entender por qué no coincidieron en cancha más a menudo) Leon Radosevic, viejo conocido de aquel Torneo de l’Hospitalet 2008 que Canal + tuvo la gentileza de ofrecernos, al que acudió formando parte de la Cibona: ya entonces nos gustó, y más todavía nos habría gustado si no se hubiera averiado el tobillo durante aquella semifinal.

Y mención especial merece el (supuesto) cuatro Tomislav Zubcic. También le conocimos en aquel Torneo de l’Hospitalet 2008, y he buceado en las profundidades de este blog para recuperar lo que ya entonces escribí acerca de él: “magníficas condiciones físicas y aún mejores condiciones técnicas, pero con una terrible propensión a cargarse de faltas y otra aún más terrible a ponerse de los nervios. Cuando madure (en el supuesto de que algún día lo haga) será un ala pívot muy a tener en cuenta”. Año y medio después bien podría decirse que su evolución es imparable… en todos los sentidos: cada vez parece mejor jugador, pero alguien ha debido decirle que es el próximo Nowitzki y él debe habérselo creído, razón por la cual apenas pisa la pintura no vaya a ser que se manche, recluyéndose en las esquinas para esperar el pase de Prostran y clavarla de tres con singular eficacia. Es bueno, pero sin encasillarse (sin escaquearse) podría ser muchísimo mejor. Eso en lo que respecta al juego, que en lo que respecta a su actitud ya ni hablamos: típicotocapelotas en la mejor tradición balcánica, aspavientoso a más no poder, incapaz de meter una canasta sin montar luego el numerito, golpes en el pecho, brazos al cielo, dedicatoria a la grada (propia o ajena, tanto da); los propios le amarán, los ajenos le tacharán de provocador. A éste lo de la maduración le va a costar, me temo: un ajuste fino en las neuronas no le vendría nada mal, pero quizás a estas alturas sea ya demasiado tarde.

 

(III)

los demás

De Australia me quedaría con Motum, sin lugar a dudas el MUP del Torneo (ojo, no el MVP sino el MUP; U deugly, feo como un dolor de huevos la criatura; le pones al lado a su compañero Greenwood y si los viera un extraterrestre pensaría que se trata de dos especies diferentes); más allá de sus circunstancias estéticas me pareció un pívot interesantísimo; de natural escuálido ciertamente, pero a poco que se fortaleciera habría que tenerle muy en cuenta. Añádanse algunas cosillas del base Dellavedova (o algo así) y casi pare usted de contar. Es decir, escuché hablar muy bien Ellis y de Page pero a mí no me dijeron nada, la verdad. Será que no les pillé en el día bueno.

De Argentina, sin duda su juego exterior: el baskonista Matías Nocedal me dejó un tanto frío (o quizá mis expectativas fueran demasiado altas), pero a cambio me gustó mucho el alero Luciano González y aún más el base owl Juanma Fernández, gran director de juego y extraordinario pasador en la mejor tradición de bases argentinos de Temple, sin duda tiene un gran espejo llamado Pepe Sánchez en el que mirarse. En condiciones normales aún le quedarán tres años de universidad, y yo que usted si tuviera algún equipo iría ya reservándole plaza para cuando acabe…

Decir Puerto Rico es decir Mike Rosario, de quien ya habrán oído hablar en estos días a costa de los 54 puntos que le endosó a Francia. Puertorriqueño que juega en Rutgers (Universidad de) y criado en New Jersey, de infancia difícil y cuerpo ya inverosímilmente tatuado para tan corta edad, será que empezó a hacérselos con siete años, tal vez menos… Yo sólo le vi en cuartos de final (ante Croacia) y la verdad es que no sé si definirle como jugón o como chupón (al fin y al cabo, a ambos términos tan sólo les separan dos consonantes): es decir, es francamente bueno, qué duda cabe, pero me dio la sensación de que se tiraba lo que debía y lo que no, lo suyo y también lo de los demás. Típico exponente de una selección boricua que pareció jugar por oleadas, por arrebatos, a ratos dejándose ir, a ratos en pleno éxtasis. Puro estado de ánimo.

De Canadá sólo me quedó para el recuerdo un escolta/alero magnífico, un tipo de nombre extrañísimo y apellido premonitorio, algo así como (tiro de memoria) Mangistro Arop (los comentaristas preferían llamarle Manny, sin gistro). Jugador a seguir, sin duda (lo cual no habrá de ser difícil: si se llamara John Smith o Pepe Pérez ya sería otra cosa pero los Arop no creo yo que abunden mucho en el mercado).

Me quedé con las ganas de ver (no sé si yo solo, no sé si dieron algún partido suyo en las primeras fases del Torneo) a la Francia del INSEP (siempre es interesante ver a Francia, aunque no parece que ésta fuera su mejor versión) y a la Lituania de Motiejunas, otro viejo conocido de Madrid (sub18) 2007. Otra vez será.

… y los nuestros

Los nuestros bien, gracias. Es decir, aquí ha habido quien se ha rasgado las vestiduras y ha colocado adjetivos como triste decepcionante para ilustrar nuestro décimo puesto, pero no seré yo quien me sume a ese coro; entre otras cosas porque ya sabíamos lo que había, ya sabíamos a lo que íbamos. Ésta generación del 90 no está exenta de calidad (y aún menos habría de estarlo si recordamos que a ella también pertenece Ricky; otra cosa es que éste ya esté para otras historias) pero sí de centímetros: presencia interior escasa por no decir nula, el pobre Toni Vicens fajándose con entusiasmo contra tipos que le sacaban la cabeza, así no hay manera. Yo me quedaría sin lugar a dudas con el base barcelonista Dani Pérez, sobrado de talento y aún más de decisión, una joya; muy por encima, por cierto, de su eterno compañero Alex Hernández, a quien me pareció ver como encogido durante todo el Torneo (es decir, durante lo poco que pude ver de nuestra selección en el Torneo). Y supongo que también habría de quedarme con el madridista Jorge Santana, aunque sus exhibiciones anotadoras coincidieran precisamente con los días que yo no pude verlo, qué le vamos a hacer. Los demás, alguna cosilla de los Martínez, Álvaro Muñoz, Chema Gil, jugadores a los que habrá que ver más despacio para apreciar su verdadero potencial.

Esto es lo que hay. Esto de las generaciones es así, de un año para otro te cambia todo; las comparaciones son odiosas, pero no estaría de más echar un ojo a la sub20 (es decir, tan sólo un año por encima) que ya mismo empezará a disputar el Europeo de su categoría: José Antonio Marco, Rai López, Xavi Rabaseda, Pere Tomás, Sergio de la Fuente, Pablo Aguilar… más la luminosa incorporación de Mamadou Samb. Un equipazo, al menos en apariencia. Como lo serán también, tal vez, los que vengan por detrás, así que no nos rasguemos las vestiduras ni cubramos de adjetivos a este equipo, por un quítame allá esos centímetros o porque esta vez las cosas no nos salieron como quisiéramos.

Y no querría yo acabar sin una breve (espero) mención a la pareja de comentaristas de Teledeporte durante todo el Torneo, Javier López y Sergio García, la noche y el día como si dijéramos. Sergio García sabe de lo que habla, conoce el juego y a los jugadores, transmite su entusiasmo y hasta logra que acabes perdonándole algún sonoro patinazo o algún comentario levemente salido de madre, gajes del oficio al fin y al cabo. Aporta, y aún aportaría más si no tuviera al lado a una mosca cojonera empeñada en interrumpirle a cada rato, simplemente porque sí, aunque no tenga nada que decir ni haya nada interesante que narrar. Vale que Javier López es sólo narrador, que no es el experto, pero digo yo que quizá cabría exigirle algo más de nivel, que está muy bien eso de tiro de Grecia, rebote para Australia, pero que tampoco estaría de más decir de vez en cuando el nombre del jugador que tira o del que rebotea, que no hayan de pasar necesariamente cinco segundos desde que mete una canasta el 14 para que se mire la chuleta y finalmente nos diga quién es el 14, que vale, no está mal pero aún estaría mejor si llegara ya al partido con los deberes hechos, conociéndose incluso a más de un jugador por equipo, menudo lujo sería… Y si no, que al menos se limite a narrar, que no corte una y otra vez a su compañero, que no nos deje colgadas todas sus explicaciones simplemente por el mero placer de meter baza.

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Publicado octubre 24, 2012 por zaid en preHistoria, selecciones

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