uno de los nuestros   Leave a comment

(publicado el 16 de junio de 2009)

 

…y aunque los vientos de la vida soplen fuertes, soy como el junco que se dobla pero siempre sigue en pie…(afamado himno de hace ya demasiados años, hoy convenientemente reconvertido en anuncio de telefonía móvil). Habrá quien, viéndolo desde fuera, tal vez crea que lo de Pau haya podido ser un camino de rosas, ya ves tú, chico de buena familia, siendo aún un crío llega ya a la NBA, de entrada es estrella y gana una pasta, luego es megaestrella y la pasta ya es gansa, le fichan los Lakers, me juega una final, luego otra, por fin gana un anillo, la de dios… Qué bonito todo, ¿verdad? Pero las rosas suelen tener espinas, razón por la cual los caminos de rosas suelen estar alfombrados de pinchos que tal vez pasen desapercibidos para la gente de a pie, pero que a quien los pisa le taladran los pies y hasta los higadillos si se descuida. Hoy que ya ha llegado al final de ese camino (que en realidad no es tal final sino un oasis intermedio, una acogedora estación de paso), hoy que ya todo parece de color de rosa (o de oro y púrpura, más bien) no estará de más que echemos la vista atrás, que volvamos siquiera por un segundo a cuando todo se movía entre diferentes tonalidades de gris.

No sé si lo recuerdan pero hubo un tiempo, cuando aún era nuestro único paisano en aquella Liga, en el que aquella frase de los Grizzlies han vuelto a perder esta pasada madrugada en la NBA se convirtió en la más repetida en todos nuestros noticiarios deportivos, si acaso en dura pugna con aquella otra de que la mala suerte se ha vuelto a cebar con Carlos Sainz. Pau resistió, soportó derrota tras derrota, temporadas enteras tiradas a la basura, clasificaciones in-extremis para playoffs que inevitablemente devenían en derrotas por cuatro a cero y que encima solían venir acompañadas por críticas sin par a éste y al otro lado del Atlántico. Pau de alguna manera estaba poniendo una pica en Flandes (en Memphis, más bien), picando allá donde nunca uno de los nuestros había picado antes, no ya jugando en la NBA sino siendo titular en la NBA y más tarde siendo estrella en la NBA pero todo daba igual, hasta los elogios parecían llevar siempre implícita una carga de profundidad, vale, sí, es bueno pero no es definitivo, gana lo normal pero no lo importante, le sobra talento pero le falta carácter, qué sé yo; y allá tres cuartos de lo mismo, acaso aún peor porque aquello se les acababa en abril o en mayo, no tenían la opción de disfrutarlo de rojo en ninguna selección: siendo como son el paraíso del maniqueísmo todo les habría de resultar mucho más fácil, al fin y al cabo su mundo se divide en buenos y malos, en duros y blandos, en ganadores y perdedores, sin término medio no nos vayamos a complicar. Una primera ojeada y ya está, no tiene un gesto patibulario, no le cuelgan adoquines de las orejas, no lleva tatuajes hasta en las cejas así que ya hemos visto bastante, su etiqueta ya está puesta, su suerte está echada, para qué más.

Un día le pidieron que hiciera las maletas para marcharse nada menos que a Los Ángeles, y hasta cuentan que apenas un rato más tarde le llamó ese tipo contra el que había jugado alguna vez, ese tal Kobe preguntándole si estaría dispuesto a ir a por todas. Pau se nos vistió de amarillo aún cuando apenas había acabado de pellizcarse, empezó a ganar partidos por doquier y algunos hasta nos creímos que sus días grises por fin se habrían terminado, ignorando tal vez que cuando el nivel de exigencia aumenta en proporción aritmética los palos también suelen aumentar en proporción geométrica. Aquella final de 2008 la perdieron los Lakers al completo, pero a ratos pareció como si la hubiera perdido él solo de tanto como le dieron. ¿Qué hacer? Re-sis-tiré… Seguir aguantando. Seguir mejorando, defender como nunca nadie pensó que defendería, fajarse contra ese mismo al que llaman Supermán, dejarse los dientes por cada balón, tras cada posesión. Seguir sacándose todas las espinas, seguir curándose las yagas, seguir adelante, doblándose cuanto fuera preciso pero continuando aún de pie, resistiendo, simplemente resistiendo.

Hoy Pau nos trae un anillo y algunos de por aquí, los que ya tenemos una edad, los que descubrimos maravillados esta Liga hace ya un cuarto de siglo, no podremos evitar que se nos ponga la piel de gallina cuando intentemos verlo con cierta perspectiva, cuando por fin nos demos cuenta de que aquella mítica competición que un día se nos presentó como si fuera una cima inalcanzable, hoy haya podido ser no ya hollada, no ya participada sino incluso ganada por uno de los nuestros. Hoy Pau tiene un anillo y Kobe tiene ya la respuesta a su pregunta, ya sabe (tal vez siempre lo supo) que Pau sí que estaba dispuesto a ir a por todas, tan sólo necesitaba que se presentara la ocasión. Hoy Pau tiene un anillo que de algún modo es como si fuera la cuadratura del círculo, ser campeón del mundo dos veces en dos campeonatos del mundo diferentes: del mismo modo que en boxeo solía decirse (no lo sigo, no sé si hoy sigue diciéndose) que Fulanito era campeón del mundo en versión de la Asociación y Menganito en versión del Consejo, hoy nosotros podríamos decir con toda propiedad que Pau Gasol ha unificado los dos títulos: es campeón del mundo en versión FIBA en versión NBA. Hoy Pau ha ganado por fin su anillo y ha ganado además algo aún mucho más importante que eso, algo que siempre tuvo de muchos pero que siempre echó en falta de muchos otros, de tantos como año tras año se empeñaron en negarle el pan y la sal: algo que llaman RESPETO, con mayúsculas, nada más y nada menos que eso.

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Publicado octubre 24, 2012 por zaid en NBA, preHistoria

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