Archivo para octubre 25, 2012

monsalvazo   Leave a comment

(publicado el 8 de septiembre de 2009)

 

Como diría aquél, me llena de orgullo y satisfacción… Me llena de orgullo y satisfacción haber puesto ya tantas veces por las nubes a Moncho Monsalve (*), me llena de orgullo y satisfacción haberme ilusionado con su futuro, con el día aquel en que decidió ponerse otra vez el baloncesto por montera, darle la espalda a la edad, darle la espalda incluso a sus problemas de espalda, olvidar por fin pasadas frustraciones, sentirse de nuevo (y más que nunca) entrenador. Me llena de orgullo y satisfacción, desde la distancia, desde la ignorancia, desde la carencia casi absoluta de imágenes y sensaciones, aún así poder sentirme casi partícipede ésta su segunda juventud brasileña. Me llena de orgullo y satisfacción proclamar a los cuatro vientos, por si alguien aún no lo supiera, que Moncho Monsalve, seleccionador nacional de Brasil, es ya hoy Campeón de América de baloncesto, acaso el título más importante de su intensa e inmensa carrera.

Acaso todo empezara ante mis ojos hace precisamente cuatro años, cuando a alguna televisión (Teledeporte, si mal no recuerdo) le dio por retransmitirnos aquel otro Torneo de las Américas, maravillosos tiempos aquellos en los que a veces te procuraban gozo y disfrute televisándote cosas insospechadas, quién los pillara a día de hoy. No teman, no me dejaré llevar por la nostalgia, me limitaré a constatar que Brasil alcanzó la final de aquel Torneo con una generación emergente, sin apenas desperdicio, de la que precisamente Moncho Monsalve ya escribió en aquellos días que habría de ser la que en años venideros reemplazara a Argentina en la hegemonía del baloncesto continental. Quién se lo iba a decir entonces, no ya que sus palabras resultarían premonitorias sino que incluso él mismo formaría parte de su propia premonición… Pero para eso aún faltaba algún tiempo, aún faltaba que la generación emergente de 2005 se pegara un hostiazo importante en Japón 2006, que se hundiera aún más en 2007, que ya sólo les quedara la repesca como única vía para Pekín 2008, que alguien un día decidiera dar un golpe de timón, poner aquella generación otrora emergente precisamente en manos de quien más había creído en su emergencia, ya saben, el tipo aquel tan estudioso de este otro baloncesto de allende los mares (de todos los baloncestos, en realidad), aún convaleciente, ya de vuelta, por qué no ofrecerle un nuevo viaje de ida…

No pudo ser Pekín 2008, demasiadas piedras en el camino, demasiadas ausencias. Pero dejó huella: la suficiente como para que sus internacionales pidieran casi a gritos su permanencia en el cargo, la suficiente como para convencer, por fin, a unos cuantos hijos pródigos, para que Leandrinho y Varejao (aún falta Nené, que también acabará cayendo algún día) se unieran a los marcelinhos, Giovannoni, Alex García, Splitter… Un equipazo, sí, pero el mismo que se la había pegado otras veces, tal vez sólo a falta de alguien que supiera dirigirlo, alguien que les enseñara por fin a ganar. Hoy son campeones de América, campeones ganándole la final a Puerto Rico en Puerto Rico, al Puerto Rico de Arroyo, Ayuso o Santiago, allí mismo, en su propia casa, a la manera (salvando las distancias) de aquel maracanazo que tantos brasileños parecen llevar eternamente sobre sus conciencias incluso sin haberlo vivido. No, no busco paralelismos (por otra parte imposibles), no lo llamaré puertorricazo ni boricuazo ni ninguna otra tontería… Pero no me quedaré con las ganas (ustedes me perdonen) de llamarlo monsalvazo, aunque quede raro, aunque apenas suene bien. Por eso, porque me llena de orgullo y satisfacción…

No sé muy bien por qué, siempre que escribo en estos últimos tiempos acerca de Monsalve se me viene a la cabeza una estrofa de una vieja y no demasiado conocida canción de Serrat, Tío Alberto, sospecho que poco adecuada para la ocasión porque no imagino a Moncho como muy serratiano, quizá porque tengo el recuerdo de cuando pinchaba otras músicas en la radio, hace ya demasiados años de eso. Pero no me resistiré, aunque no pegue, a transcribir aquellos versos, qué suerte tienes cochino / en el final del camino / te esperó la sombra fresca / de una piel dulce de veinte años / con que olvidar los desengaños / de diez lustros de amor… Sus (pongamos) diez lustros de intenso amor al baloncesto, y a la vida (dos conceptos que en su caso vendrían a ser la misma cosa), no estuvieron precisamente exentos de desengaños, que hoy ya carecen por completo de importancia ante esta piel dulce que le está tocando disfrutar y vivir en Brasil. ¿Final del camino? Mejor sería hablar de segundo (o tercer, o cuarto, o…) comienzo, una nueva vida que echó a andar con dificultades en 2008, que hoy es felicidad en 2009, que habrá de tener su próxima estación en Turquía 2010.

No hace mucho le leí en una entrevista que no hay cosa que más le joda que el que le llamen Maestro. Procuraré no llamárselo aunque le llame otras cosas, pongamos imprescindible una vez más, como en ese mismo enlace que dejo ahí debajo. No, no caeré en la tentación de llamárselo aunque probablemente nunca lo leyera, aunque los acontecimientos se empeñen en demostrarme lo contrario, aunque me obligue a buscar sinónimos insospechados, aunque sus triunfos me lo pongan cada día más difícil, hoy más difícil que nunca. Grande, Moncho.

(*) http://lacomunidad.elpais.com/correcalles/2008/1/25/imprescindible

Publicado octubre 25, 2012 por zaid en preHistoria, selecciones

de bajón   Leave a comment

(publicado el 7 de septiembre de 2009)

 

Qué quieren que les diga, hoy ando un poco de bajón. Será tal vez el SPV, síndrome post-vacacional, eufemística manera de definir la ilusión que me hace ver a todas horas la cara de mi jefe, sí, qué duda cabe, va a ser eso. O será también (vamos a lo nuestro) la sensación que me ha dejado la selección en lo poco que he podido entrever de estos últimos amistosos, algo así como un sí pero, como si en ataque fuéramos cada vez más sobraos pero en defensa aún no hubiéramos hecho los deberes, menos mal que aún tendremos seis partidos hasta el cruce de cuartos para ir haciéndolos.

O será acaso mi infructuosa búsqueda en unas y otras webs (qué tiempos aquellos en los que una sola Plataforma te lo resolvía todo), intentando encontrar dónde demonios puede verse el resto del Eurobasket, es decir, el de los partidos sin España: recuerdo que allá por 2006 laSexta irrumpió en este mundillo con el acertado reclamo de que por primera vez los aficionados podríamos ver una competición al completo, es decir, todos los partidos y no sólo los de nuestra selección. Tiempos aquellos, 2006 y 2007, en los que laSexta apenas tenía audiencia ni nada que perder; hoy, septiembre de 2009, tampoco es que tengan mucha audiencia pero algo que perder ya van teniendo, que si sé lo que hicisteis, que si la tira… ¿la competición al completo? Sí, claro, cómo no, faltaría más, todo el Eurobasket podrá verse en laSexta… pero según y como: los partidos de España en lo más alto de la parrilla, por supuesto, con enorme despliegue técnico y humano, con todo lujo de detalles, hasta ahí podíamos llegar. ¿El resto? Pues también por laSexta, es decir, por la web de laSexta, no me los busque usted en el televisor porque no los va a encontrar, mejor váyase al ordenador y rece lo que sepa, si no va a estar en casa olvídese de grabarlos, si va a estar en el trabajo olvídese de verlos, septiembre no es agosto, a ver quién se pone a mirar un Croacia-Macedonia con el jefe enfrente… No sé, digo yo que si al menos tuvieran un segundo canal deportivo en el que poder echar estas cosas, algo así como TDP para TVE… Anda, es verdad, si lo tienen, una cosa que antes llamaban Hogar 10 y ahora llaman Gol tv, qué bonito nombre, pero que se ve que lo quieren para otras cosas. En fin…

O será más bien la sensación que me están dejando (la mayoría de) los medios de comunicación, en los días y las horas previos a este Eurobasket, como si el oro ya lo lleváramos de serie, como si ganarlo no fuese una posibilidad sino una obligación, como si el título estuviera tan claro que ya ni siquiera pudiera alegrarnos, como si quedar segundo fuera ya fracasar, de ahí p’abajo ya no digamos. Vale, sí, jamás en la vida hemos sido tan favoritos, ni en 2006, ni siquiera en 2007, que se ve que hace apenas un año nos codeamos de tú a tú con kobes lebrones y ya parece que todo dios tuviera que rendirse a nuestros pies. Favoritos, sí, pero ser favoritos es una cosa y otra muy distinta es colgar el cartel de fracaso absoluto a todo lo que no sea esa misma cosa: por desgracia tengo ya demasiados años, he vivido demasiados quintos, sextos, octavos, décimos y hasta duodécimos puestos como para admitir que quedar segundos o terceros vaya a ser nunca un fracaso. Que tenemos mejor equipo que nunca, pues sí; y que estamos muy mal acostumbrados, pues también; pero que resulta que esto es un Eurobasket, mire usted, que si habláramos de (supuesto absurdo) una liga de todos contra todos, 16 equipos, 30 jornadas, pues (casi) no tendría ninguna duda de quiénes serían los campeones, como no la tendría si (supuesto aún más absurdo) esto fuera por el sistema de playoffs, cuartos, semifinales y final al mejor de 3, de 5 ó de 7; pero que si hablamos de eliminatorias a partido único, un día tonto (para bien o para mal) lo tiene cualquiera, y antes de que te des cuenta lo mismo te ves en la calle sin saber ni por dónde te has ido… Así pues, favoritos, sí, todo lo que se quiera, no existen razones objetivas para no serlo, sería absurdo negar la evidencia; pero no nos colguemos el oro todavía, hágame el favor, y aún menos nos pongamos ya el cartel de fracaso sólo con imaginarnos colgándonos la plata o el bronce.

Pues eso, que aquí sigo, de bajón. Pero vamos, que tampoco se me vayan a preocupar (como si no tuvieran otra cosa de qué preocuparse), que se me pasará en unas horas, lo que tarde en llegar a casa y plantarme ante el televisor para ver el España-Serbia; ganemos o perdamos tanto dará (al menos hoy), que con ver rodar de nuevo un balón en competición oficial, después de tantos meses, habré tenido ya más que suficiente.

Publicado octubre 25, 2012 por zaid en preHistoria, selecciones

capítulo final   Leave a comment

(publicado el 5 de septiembre de 2009)

 

…El espectáculo debe continuar… pero no conmigo, yo me apeo, conmigo que no cuenten. Aún lo seguiré de lejos, qué remedio, mucho me temo que no podré evitarlo, que el personaje aún me interesa lo suficiente como para necesitar saber cuál será el desenlace. Pero eso: el desenlace. Porque toda esta parafernalia previa de idas y venidas, quiebros y requiebros, tomas y dacas, tiras y aflojas, me supera ya en tal medida que arrojo la toalla. Me rindo, sencillamente. Háganme el favor, avísenme, despiértenme cuando echen el capítulo final… Esto escribí yo hace ya más o menos un mes, y no es que haya estado durmiendo estos últimos días sino más bien disfrutando de mi último trocito de vacaciones, sin internet alguno al que arrimarme… todo lo cual no me ha impedido seguir de lejos (de muy lejos) precisamente el desenlace de este culebrón eterno, esta saga-fuga de RR. Un desenlace no por previsible menos rocambolesco (o no por rocambolesco menos previsible, según) y que nos ha permitido disfrutar de todos sus protagonistas representando a la perfección su papel, ofreciéndosenos un nivel interpretativo sencillamente extraordinario.

And the Oscar goes to… Jordi Villacampa en estado puro, una vez más a la altura de su personaje, mira que nosotros en el colmo de la bondad estuvimos dispuestos a sacrificarlo todo por el chico, mira que hasta fuimos capaces de llegar al acuerdo con los Wolves, hasta perdiendo dinero incluso, y todo por él, todo por su bien, todo para que pudiera cumplir su sueño pero él no, noooo, él, el pérfido y maloso Ricky nos engañó, nos tuvo engañados siempre, él ahí diciendo que quería ir a la NBA cuando en realidad lo que siempre quiso era irse el Barça, nada más que al Barça, y por qué, ¿¿por qué??, pues para hacernos daño, sólo por eso, nada más que eso… (No, éstas tal vez no fueran las palabras exactas, pero ustedes cogen la idea). Mientras tanto, al otro lado de la escena podíamos encontrar a un Ricky Rubio en un registro interpretativo absolutamente opuesto, sobrio, contenido, alejado de cualquier histrionismo, mostrando su nueva camiseta blaugrana (más blau que grana) con gesto discretamente alegre, acaso a medio camino entre la felicidad y la circunspección, entre lo que pudo ser y lo que fue. Y mira que lo habría tenido fácil para sobreactuar como antes hicieron tantos otros en similares circunstancias, para soltar ese típico rollo de éste es mi equipo de toda la vida, desde niño siempre quise jugar aquí, éste es un sueño por fin hecho realidad… (Frases que, dicho sea de paso, habrían hecho inmensamente felices a todos esos foreros ultramontanos -de uno y otro bando- que sólo son capaces de entender el baloncesto a través del fútbol, y que se pasaron todo el verano pontificando que el barcelonismo jamás admitiría a Ricky, dada su conocida filiación espanyolista…) No lo hizo, afortunadamente, y algunos sólo podremos agradecérselo. Y cómo no, allí al fondo del escenario todavía podíamos ver a David Kahn, el hombre de los Wolves (el hombre-lobo, como si dijéramos) llegado por enésima vez a Barcelona (nunca sabremos si en esta ocasión vino por cuenta propia o ajena) lo que le habrá permitido conocerse a la perfección la Sagrada Familia y el Parque Güell, o al menos la nueva terminal de El Prat, otra cosa tampoco parece que haya podido sacar de la Ciudad Condal, Zona Metropolitana incluida. Y finalmente, haciendo mutis por el foro, desapareciendo entre bambalinas aún andaría el inefable Fegan, Dan Fegan rumiando entre dientes esa magra comisión que todavía tendrá que esperar al menos otro par de temporadas… pero que tampoco se me descuiden, que conociendo al personaje raro será que el verano que viene no intente enredar de nuevo, aunque aún no toque.

En cualquier caso, y una vez acabada la ficción, casi mejor quedémonos a solas con la cruda realidad: finalmente el de El Masnou esparcirá su riquirrubina por el Palau durante (al menos) los dos próximos años, para gozo y disfrute de una gent blaugrana que aún no parece ser del todo consciente de la joya que se llevan. Entre tanto en Minneapolis esperarán gustosos esas dos temporadas mientras se montan el apaño con Jonny Flynn y Ramon Sessions, y a poco bien que les salga la jugada (que tiene muy buena pinta) no les faltarán propuestas ofreciéndoles el oro y el moro a cambio de (los derechos sobre) Ricky. Y a todo esto, Villacampa… Villacampa bien haría en prescindir finalmente de sus ataques de importancia, ponerseestupendo al menos por esta vez, decirle al penyismo miren señores, teníamos un agujero negro en nuestras cuentas que ríanse ustedes del Túnel del Cadí, y no habremos sacado 5,7 ni 4,7 pero sí 3,7 limpios (4,2, impuestos incluidos), contantes y sonantes, nada de amistosos ni pagos en especies cogidos con alfileres, tres millones setecientos mil eurazos que es más de lo que nunca nadie jamás pagó por jugador de baloncesto alguno, y vale que aquí todos habríamos preferido que Ricky se hubiese ido a los Wolves de Minnesota, a los Knicks de Nueva York o a los Romeros de La Puebla, pero… ¿saben qué? Pues que esos tres millones setecientos mil se los hemos ido a sacar al Barça, precisamente al Barça, es precisamente nuestro odiado eterno rival el que nos va a ayudar a tapar el agujero y a hacernos de paso algún que otro fichaje de postín, y todo eso a cambio de un jugador que sólo van a tener un par de años, y eso en el mejor de los casos… O dicho de otra manera: venderle a su Penya un poco de positivismo, al menos por esta vez, en lugar de criminalizar una vez más al que se fue.

Publicado octubre 25, 2012 por zaid en ACB, preHistoria

descalzo sobre la hierba húmeda   Leave a comment

(publicado el 25 de agosto de 2009)

Aún recuerdo cuando le vi por primera vez, en aquellas monodosis semanales de NBA de finales de los ochenta, aquellos añorados Cerca de las Estrellas de hace ya más de veinte años, recurramos al tópico, hay que ver, cómo pasa el tiempo, madre mía, si parece que fue ayer. Los Bulls habían defenestrado jordanescamente a Doug Collins y para sustituirle rebuscaron en las profundidades de su banquillo, lugar desde el que emergió un tipo alto, flaco y con bigote, alguien a quien tal vez algunos viejos aficionados neoyorquinos aún recordaran como aquel desgalichado hippy que ejerció de jugador interior de complemento en los Knicks que gobernaron los primeros años setenta, alguien a quien las lesiones retiraron prematuramente y que se fue a ganarse modestamente las habichuelas como entrenador-jefe en sitios tan insospechados como la CBA y Puerto Rico antes de aterrizar finalmente en Chicago, alguien a quien ahora por fin ascendían a máximo responsable del cuerpo técnico… de momento, si acaso por unos meses, el año que viene ya veremos lo que hacemos.

Había algo en él que me rompía sobremanera los esquemas: quizá fuera su asombroso parecido físico con el que por aquel entonces era mi jefe (como dos gotas de agua, puedo asegurárselo); o quizá fuera su aire dinámico y jovial, tan lejos de la imagen hierática y adusta que ofrecían tantos otros entrenadores; o quizá fueran sencillamente sus tirantes, esos que nos mostraba cada vez que se abría la chaqueta y que ya entonces nos resultaban completamente anacrónicos… hasta que Trecet nos contaba que no eran por una cuestión de estética sino de estática, que usaba tirantes sencillamente por pura necesidad, porque sus maltrechas caderas ni tan siquiera le permitían utilizar cinturón. Fuera por lo que fuese te caía bien, te identificabas con su actitud, con su forma de ser y hasta con su manera de entender el baloncesto. Merecería que le vaya bien, pero ahí con Jordan al lado ya veremos lo que dura…

Duró, vaya que si duró. Duró casi diez años y aún habría seguido otros diez si aquel animal de bellota llamado Jerry Krause no hubiese decretado la inmolación de uno de los mejores equipos de la historia, en el que tal vez fuera uno de los más asombrosos casos de autodestrucción que jamás haya conocido el deporte moderno; fue genial, primero hundió el barco y luego se trajo a su colega Tim Floyd para que gobernara ese barco que él mismo había hundido, con amigos así no hacen falta enemigos pensaría el otro. Pero ésta sería ya otra historia, no nos vayamos por las ramas…

Porque en ese periodo a Phil Jackson le dio tiempo a ganar seis hermosos anillos, seis, qué les voy a contar yo que ustedes no sepan, seis anillos que aún habrían sido ocho si a Jordan no le hubiera sobrevenido aquella crisis existencial tras la muerte de su padre, aquella que le llevó a convertirse en el jugador de béisbol más insospechado de la historia. Seis anillos que deberían haber elevado a los altares al bueno de Jackson pero que no evitaron que muchos otros aún le siguieran negando el pan y la sal, con ese equipo ya podrá, teniendo a Jordan así cualquiera. Como si el mero hecho de tener al 23 ya te otorgara el título de serie, como si torres aún más altas no hubieran caído antes y después.

Puestos a criticarle, no faltaron los que le reprocharon menor riqueza táctica que tantos otros colegas suyos, quizá sin pararse a pensar que él, como principal virtud, siempre supo rodearse de extraordinarios colaboradores: pongamos por ejemplo aquel John Bag de su primer trienio triunfal en Chicago, aquel cuyo trabajo de orfebrería defensiva aún hoy permanecerá grabado a fuego en las mentes de Kevin Johnson, Charles Barkley y demás Suns que tuvieron el honor de padecerlo durante las inolvidables Finales del 93. O pongamos por ejemplo aquel Tex Winter que parió esa cosa, tan difícil de explicar y de entender pero tan grata de ver, llamada triángulo ofensivo. Hasta hace apenas unos meses aún podíamos verle, siempre a la vera de Jackson, siempre por allí detrás en un discreto segundo plano; hoy sus más de ochenta años ya le pasan factura, ya le obligan a permanecer alejado del escenario, lejos de su juego de toda la vida, de su sistema, de sus triunfos.

Pero es que además, recordémoslo, tengámoslo bien presente, esto es la NBA. ¿Cómo podría explicarlo? Quizá trayendo a colación aquella historia que contaba un cantautor argentino de cuando el Presidente de la nación visitó su pueblo, le presentaron a la madre del susodicho cantautor, el Presidente le dijo señora, cuánto gusto, dígame, ¿qué puedo hacer por usted?, y la señora sólo respondió, con que no me joda es suficiente… O quizá recordando aquellas otras palabras de Del Bosque en sus tiempos de entrenador madridista, cuando respondió a los elogios diciendo que hoy en día, con que un entrenador no estropee a un equipo, ese equipo tiene ya mucho ganado… Reitero, esto es la NBA, el paraíso de la profesionalidad, el paraíso de la superélite, el paraíso del uno contra uno: nadie niega la absoluta importancia del técnico en tantos otros niveles, tantos otros lugares, tantas otras competiciones. ¿En la NBA? Por supuesto, también la tiene, faltaría más, hemos conocido a demasiados entrenadores destrozando equipos como para negar ahora su trascendencia. ¿Mejorándolos? Pues también, claro está: pero no tanto a nivel táctico, aún menos a nivel técnico; mejorándolo, sobre todo, a nivel de trabajo psicológico.

Y en este aspecto Phil Jackson no tiene parangón. Nadie como él para saber manejar un grupo humano, para saber sacar partido de un montón de tíos cada uno de su padre y de su madre (y aún sin padre conocido en algún caso), para lograr que unos cuantos tipos que apenas se hablan y difícilmente se soportan sean capaces de remar juntos (y cómo) en pos de un objetivo común. Nadie como él para hacer un EQUIPO alrededor de aquel abrasivo Jordan que siempre midió a los demás en función de sí mismo, que siempre pareció incapaz de perdonar a sus compañeros el más mínimo error. Nadie como él para sacar partido del tipo más extraño que jamás entrenador alguno haya podido encontrarse, esa bomba de relojería llamada Dennis Rodman que a tantos estalló en las manos, a Jackson no sólo no le estalló sino que le rindió como jamás nadie pudo imaginar que rendiría; como sacó incluso partido del depresivo Brian Williams, aquel Only You Willams más tarde reconvertido en Bison Dele, una de las más trágicas historias que haya conocido nuestro deporte, descanse en paz. Nadie como él para lograr, ya en Los Ángeles, la cuadratura del círculo: dos tipos con complejo de estrella que se profesaban un inmenso desprecio, pero que fueron capaces de aguantarse y hasta de ganar tres anillos en ese periodo.

Y todo ello sin dar una sola voz, manteniendo la calma y transmitiendo ese sosiego de filósofo zen que siempre parece acompañarle, aderezado además con todas esas medidas que tanta gracia hicieron siempre a todos aquellos que no entienden la labor de un entrenador si no lleva un látigo en cada mano: él no, él prefería, cuando los Bulls iban de gira por el Oeste, aprovechar el día libre para llevarse a sus jugadores a conocer las Montañas Rocosas o el Cañón del Colorado; él siempre prefirió, antes y ahora, hacer algo tan simple como ponerles películas (más o menos alegóricas) o regalarles libros cada vez que se presentaba la ocasión; que uno hasta se imaginaba a Rodman o a Shaq preguntándole oiga coach, ¿esto cómo se enciende, dónde está el botón? Pero que luego resultaba que se los leían, hasta tratados de filosofía, y que hasta los más insospechados te venían luego diciendo a partir de ahora llámenme El Gran Aristóteles… Sí, todo muy gracioso si así lo quieren, pero quizá jamás entrenador alguno (de NBA, me refiero) haya entendido a sus jugadores como lo hizo y aún hoy lo hace Phil Jackson.

Una anécdota, una sola que quizá retrate mejor que ninguna otra el estilo Jackson: pongámonos en situación, año 1994, Jordan que se ha ido a jugar al béisbol, Pippen que directamente se cree dios, como si el equipo fuera ya casi de su propiedad; eliminatoria de playoffs contra los Knicks, partido decisivo, prórroga, tiempo muerto a falta de dos segundos, hace falta un triple, Phil les reúne y diseña la jugada para que sea un rookie croata llamado Toni Kukoc el que se juegue el tiro definitivo. Y Pippen que monta en cólera, un pollo impresionante, pues si la jugada no es para mí entonces yo no salgo, cosas así; cualquier otro entrenador se habría puesto allí a pegar gritos, pero tú quién te has creído que eres, quién sabe si algún otro hasta habría tragado y se habría bajado los pantalones ante su estrella; Phil no, Phil simplemente dijo pues vale, pues no salgas, y sin inmutarse lo más mínimo siguió explicando la jugada como si tal cosa. Claro, jamás sabremos qué habría pasado si aquello hubiera salido mal… porque resulta que salió bien, la estrategia fue perfecta, Pippen vio desde el banquillo como Kukoc metió aquel triple, como los Bulls finalmente ganaron aquel partido (no así la serie que fue para los Knicks, aquellos durísimos Knicks de Riley que a la postre perderían la Final ante los Rockets) y a Pippen le faltó tiempo para volver al día siguiente, orejas gachas y rabo entre las piernas, a pedir perdón a su entrenador, a sus compañeros, a su afición y a todo aquel que se le pusiera por delante.

Sí, el aspecto psicológico, el manejo de grupos, todo eso lo dominó como nadie… pero todo tiene un límite, y aquella cuadratura del círculo que tan bien había funcionado en Los Ángeles entre 2000 y 2002 estalló en mil pedazos en 2004, el cuadrado Shaq echándose a un lado, el círculo Bryant quedándose al otro, aquellos Lakers galácticos (Malone, Payton) de repente arrollados por los Pistons de Larry Brown, yéndose a pique ante la mirada asombrada de medio mundo. El rosario de la aurora: el uno echando pestes del otro, el otro buscándose líos imperdonables (que sólo le serían perdonados a base de pasta), el tercero (Jackson) desahogándolo todo en un best-seller…

Los Lakers se instalaron en el caos, pero es de sobra conocido que del caos nace el orden: Phil, vente de nuevo para acá, por favor, le pidió un día su chica, que al hecho de ser su chica unía también la nada desdeñable circunstancia de ser la hija del dueño de la franquicia. Y es bien sabido que (ustedes perdonen la grosería) tiran más dos tetas que dos carretas, tanto más si éstas vienen acompañadas por un contrato plurianual de un porrón de millones de dólares: Phil dejó su año sabático en Australia, volvió a Los Ángeles, tomó de nuevo las riendas y el resto es historia, qué les voy a contar yo que ustedes no sepan: Kobe queriéndose ir, parecía que a aquel equipo no habría por dónde cogerlo pero un día, por arte de birlibirloque, ficharon a un espigado mocetón llamado Pau (no sé si les suena) y fue como si de repente ya encajaran todas las piezas; la final de 2008 acabó en frustración, la final de 2009 acabó con la frustración.

Hoy Phil Jackson tiene a la vuelta de la esquina sus 64 tacos, y tiene además un montón de averías por todo su cuerpo, la espalda al bies, fascitis plantares, achaques cardiovasculares y esas caderas tantas veces operadas y trasplantadas, hasta con implantes de titanio incluso. Hoy Phil Jackson apenas se aguanta de pie (de ahí ese trono que le ponen en los banquillos, más alto de lo normal, para poder seguir el juego sentado como si estuviera levantado), el mero hecho de verle andar es ya un poema (por más que a algunos esos andares aún sigan haciéndoles tanta gracia). Hoy a Phil Jackson ya apenas le caben los dólares en su cuenta, ya ni siquiera tiene dedos para más anillos, razones todas ellas más que suficientes para haber dicho ahí os quedáis, apañároslas sin mí que yo me vuelvo a mi rancho. Pero es bien sabido que el corazón (aún achacoso) tiene razones que la razón no entiende: Phil Jackson aún buscará otro anillo como si le cupiera, aún paseará su maltrecha humanidad por la Liga, aún lo intentará otra temporada más. Será, esta vez sí, la última… aunque yo que usted no apostaría, por si acaso, no vaya a ser que.

Cuentan que en cierta ocasión, en rueda de prensa tras una victoria cualquiera, cierta periodista le preguntó si sentía feliz por aquel triunfo, y cuentan que él le respondió que no, que a él eran otro tipo de cosas las que le hacían sentirse feliz. Quizá en otro orador habría cabido temer que a continuación soltara a saber qué barbaridad, pero no así en Phil Jackson, que simplemente añadió: “por ejemplo, caminar descalzo al amanecer sobre la hierba húmeda…” Siempre me pareció una extraordinaria filosofía de vida; vale, sí, quizás un poco más difícil de llevar a cabo si vives en un piso de Vallecas que si habitas una mansión de Beverly Hills o un rancho de Montana, pero extraordinaria al fin y al cabo; una simple anécdota, pero que quizá resuma mejor que ninguna otra la personalidad de este (verdadero) señor de los anillos.

Siempre tuve cierta debilidad por él, a qué negarlo, siempre pensé que le debía algo a modo de particular homenaje, algo como uno de estos tochos que suelo escribir de vez en cuando. Y aunque tal vez éste no sea el mejor momento (offseason, como suelen decir ellos), sí que me ha parecido una buena manera de conmemorar de algún modo el que ya es el segundo aniversario de este blog (insisto, hay que ver, cómo pasa el tiempo, madre mía, si parece que fue ayer): dejando, por fin, esta deuda saldada.

Publicado octubre 25, 2012 por zaid en NBA, preHistoria

nombres, nombres   Leave a comment

(publicado el 24 de agosto de 2009)

Para variar, toca hablar de Isaiah Thomas. Pero sí, lo han leído bien, no Isiah sino Isaiah, con intercalada. Isaiah Thomas es un base freshman (a estas alturas del verano, ya casi sophomore) de la Universidad de Washington, a quien hemos podido ver estos días en los habituales veranos universitarios del Plus; aún está muy por hacer (sólo faltaría), se le ve tierno cual lechuga pero las mete como el que lava, parece ver bien el juego, pasa que da gloria verlo… Una joyita en ciernes, una de tantas a las que habrá que dejar puesto el ojo en estos próximos años, pero que además resulta que se llama Isaiah Thomas, así que como ya habrán adivinado es hijo de… de su padre y de su madre, casualmente, el señor y la señora Thomas (supongo), que nada en absoluto tienen que ver con Isiah Destroyer Thomas (afortunadamente para ellos), que se ve que simplemente tuvieron la ocurrencia de ponerle precisamente Isaiah a la criatura, justo ese nombre y no otro, vaya por dios, mira tú que casualidad…

Vale, éste no es hijo de, pero si buscamos hijos de tampoco habremos de preocuparnos, que la NCAA se muestra muy pródiga en ellos estos días. En estas retransmisiones pluseras hemos conocido por ejemplo aRalph Sampson III, el hijo de aquel interminable Ralph Sampson (que ahora descubrimos que sería Ralph Sampson II) que salió de Virginia para maravillarnos en la NBA de mediados de los ochenta y para echarse a perder (lesiones mediante) en la NBA (y hasta en la ACB, sección Unicaja) de comienzos de los noventa. Éste Sampson III juega en la Universidad de Minnesota, es más bajo que su padre (o sería más correcto decirmenos alto, que la criaturita mide 2,10, pero es que el papá andaba por los 2,24) pero igual de flaco, así en principio no parece que vaya a llegar ni al diez por ciento de lo que fue/pudo ser su progenitor, aunque aún habrá que darle tiempo… Aún no hemos conocido pero en breve también conoceremos al (éste sí) segundo hijo de John Lucas, y por tanto hermano (éste sí) del ex baskonista John Lucas, es decir, Jai Lucas, que el hombre se ha pasado un año de red shirt tras cambiar Florida por Texas, equipo éste de los Longhorns que amenaza con dar que mucho que hablar en estos años venideros. También conocimos brevemente (y ya glosamos en su momento) a Seth Curry, segundo hijo de Dell y hermano de Stephen, a quien aún no pudimos ver en NCAA (por haber jugado en la modesta Liberty) ni aún podremos en estos próximos meses (por su transfer a Duke) pero que en la selección USA sub19 dejó ya claras muestras de que su muñeca de seda nada tendrá que envidiar a las de su hermano y su padre. Bueno, y por conocer hemos conocido incluso al Hijo de DiosJeff Jordan, sí, como lo oyen, el primogénito de Michael y Juanita, que uno lo ve y piensa lo difícil que debe ser dedicarte al baloncesto teniendo un padre así… Tan difícil como que ya no da más de sí: el chaval ejercía de mediocre base suplente del equipo (ya de por sí flojo en estos días) de la Universidad de Illinois, y nótese que lo he puesto en pasado, ejercía, porque ya no ejerce, al parecer ha decidido colgar las botas, una vez comprobado que en esto no parece que vaya a tener nada que rascar. Será cosa de esperar a su hermano menor, el segundo hijo de Dios, de nombre Marcus, que al parecer trae mucha mejor pinta.

Claro que si lo que buscamos son nombres familiares, casi mejor quedémonos con la noticia que hemos podido leer en estos días, según la cual la Universidad de Syracuse ha reclutado, ya para el año 2010, a quien al parecer es uno de los mejores prospectos (siempre me alucinó la traducción literal que solemos hacer de dicha palabra, porque en mi casa los prospectos eran los papeles que venían con las medicinas) de dicho año, un tipo que al parecer responde al bello nombre de Fab Melo. Claro, tú lees que Syracuse ha reclutado a Fab Melo y de inmediato piensas que te están tomando el pelo (que hasta rima): al fin y al cabo los Orangemen ya reclutaron un Fab Melo hace siete años: Fab de fabuloso (habitual abreviatura en aquellas tierras; recuérdense los Fab Five, por ejemplo) y Melo de Carmelo, Carmelo Anthony por más señas, que les llevó de la manita a aquel inolvidable título de 2003. ¿Ya, pero entonces quién demonios es este otro, cómo es posible que…? Pues ha habido que escarbar un poco, pero aquí les traigo (y completamente gratis, además) la respuesta: este Fab Melo en nada se parece a su antecesor (salvo en el hecho de que también vestirá de naranja), este Fab Melo lleva por nombre completo el de Fabricio de Melo, siete pies brasileño que ya cursa estudios en un high school de Florida, y de quien ya cuentan maravillas a tan tierna edad. Lo demás, el nombre, el apodo, la universidad, no deja de ser todo ello una inmensa casualidad… aunque a algunos nos haya provocado una especie de regresión en el tiempo.

Publicado octubre 25, 2012 por zaid en NCAA, preHistoria

Manolo el del Bombo   Leave a comment

(publicado el 20 de agosto de 2009)

 

A veces la nostalgia escoge recónditos caminos, cuando menos te lo esperas te retrotrae a tiempos pasados que ya nunca más han de volver. Esta misma tarde, sin ir más lejos, de repente me he visto retrotraído a los pasados meses de mayo y junio, a los recientes playoffs ACB. No, no ha sido la selección (que acabo de ver grabada), ha sido el atletismo… o más exactamente, ha sido Manolo el del Bombo. Sí, Manolo (nombre supuesto, absolutamente ficticio, pero que en este caso le viene al pelo), es decir, el responsable de programación de Televisión Española que en su día se ocupó de reventarnos los playoffs con la constante aparición del bombo de la bonoloto, y que hoy, acaso recién vuelto de vacaciones, otra vez con las pilas cargadas para entregarse de nuevo a la noble tarea de joder al personal, a falta de bombo no ha encontrado mejor manera de destrozarnos el Mundial que con la emisión de toda una hora ininterrumpida de esa extraña cosa que ahora llaman Turf, antes denominada carreras de caballos.

Quiero pensar que el tal Manolo (probablemente un mandao a las órdenes de algún otro Manolo de mayor rango, y si usted amigo lector también se llamara Manolo le ruego que acepte mis más sinceras disculpas) se habrá visto obligado a emitir esto, como las primitivas o las bonolotos, en base al supuesto acuerdo TVE-ONLAE, todo un pedazo de spot de sesenta minutos con cargo al erario público (de ente público a ente público, al fin y al cabo todo queda en casa) para promocionar otro de sus maravillosos productos, digo yo que la quiniela hípica (en el supuesto de que aún exista) o como demonios se llame eso ahora. Quiero pensar eso, aunque me resulte terrible, porque me resultaría aún mucho más terrible que el tal Manolo escoja dar caballos en lugar de atletas en base a alguna supuesta demanda social, o al (aún más supuesto) interés público, o que sencillamente considere que la contemplación de briosos corceles trotando por las verdes praderas del hipódromo de San Sebastián tiene mucha más trascendencia que las semifinales masculinas del cincomil, la final femenina de salto de altura, la clasificación de longitud o la jabalina del decathlon, pruebas algunas de ellas con significativa participación española, ésa que en otras ocasiones tanto les preocupa. Claro está, tampoco pidamos peras al olmo, acaso el susodicho Manolo pensará que eso deldecathlon no es más que una tienda de material deportivo, a ver qué va a ser si no, a ver para qué vamos a darlo si ni siquiera me viene en la lista de anuncios que tengo que meter…

Claro, me dirán que tampoco es para tanto, me dirán que al fin y al cabo La2 no deja de ser un canal generalista, que para estas cosas ya está Teledeporte… Pues sí, es cierto, está Teledeporte, también llamada Teletenis, que bastante tiene toda la tarde con el apasionante Torneo de Cincinnatti como para ocuparse de las nimiedades éstas del Mundial de Atletismo. Menos mal que hay otros mundos fuera del Ente, menos mal que existe Eurosport. Al menos Eurosport nos salvará la tarde mientras La2 se entrega con denodado esfuerzo a su abnegada labor de fomento de la cría caballar… y una vez acabada ésta nos la seguirá salvando: el probo Manolo nunca descansa, y aunque ya no disponga de bombos ni de cuadrúpedos varios, siempre le quedará la publicidad (la de verdad, la de toda la vida): copiosas porciones de hasta diez minutos de duración, siempre cuidadosamente escogidas para ser insertadas justo en los momentos culminantes del salto de altura, total a quién le importan los nulos de Beitia o los vanos intentos de Vlasic por asaltar el récord del mundo si a cambio podemos enterarnos de que existe Micralax, microenema de alivio rápido contra el estreñimiento ocasional. Grande Manolo, no se le escapa una. Mira que Bolt de momento se está librando, así rapidillo como es la criatura, pero que no se descuide que el día menos pensado le caerán encima el Micralax, los tampax, los pezqueñines y hasta la impresora de El País, que esto es TVE, señores, a ver si enteran, aquí estamos para cosas importantes, quien quiera ver récords que los busque en Eurosport.

(Aclaración final: ustedes disculpen estos dos últimos off-topic; éste, aunque no lo parezca, aún sigue siendo un blog de baloncesto, en breve retomaremos nuestra temática habitual; por favor, permanezcan atentos a sus pantallas…)

Publicado octubre 25, 2012 por zaid en medios, preHistoria

crisis existencial   Leave a comment

(publicado el 20 de agosto de 2009)

La culpa la tiene Marta Domínguez. Sí, Marta Domínguez, sempiterna medallista, ya antes campeona de Europa, ahora también campeona del mundo, acaso nuestra mejor atleta (tómese la palabra atleta no en sentido femenino sino genérico: atleta, de cualquiera de los dos sexos) de todos los tiempos, es la principal (e involuntaria) culpable de que cada verano, más o menos por estas fechas, se me presente una crisis existencial. La que me entra cada vez que salgo a la calle, hablo con unos y con otros y consternado compruebo cómo a la palentina apenas la conoce ni dios.

Es decir, no exageremos: la conocemos usted (espero, dado que le presupongo aficionado al deporte, dado que está leyendo esto) y yo, la conocemos todos aquellos que siempre pensamos que el concepto deporteno empieza ni se acaba dándole patadas a un balón, que también hay otros mundos (pero están en éste). Somos muchos los que la conocemos y la admiramos y hasta nos emocionamos con ella un verano tras otro, así aplastando rivales como estampándose contra una valla, tanto da, aún somos muchos los que disfrutamos y aún seguiremos disfrutando sus éxitos (así como los de su amiga y compañera Mayte Martínez, otra que tal), somos y seremos muchos… pero, aún siendo muchos, somos muchos menos de los que fuimos.

A ver cómo lo explico: allá por mi más tierna infancia (me remonto treintaytantos, casi cuarenta años atrás) todo dios sabía quién era Mariano Haro, voluntarioso fondista (también palentino, por cierto) que solía cuajar grandes participaciones en aquello que llamaban el Cross de las Naciones (antecedente del actual Campeonato Mundial de Cross) y que en las pruebas en pista hacía literalmente lo que podía, demasiado en cualquier caso si lo comparamos con la realidad no ya tercermundista, más bien cuartomundista, de nuestro deporte en aquellos años amargos. Pero insisto, todo dios sabía quién era, como a comienzos de los ochenta todo dios sabía quiénes eran José Luis González y José Manuel Abascal, como a comienzos de los noventa todo dios conocía a Fermín Cacho. Y cuando digo todo dios no me refiero necesariamente a aficionados al deporte, me refiero a (llamémoslo así) gente de la calle, seres humanos que apenas se enteran de las noticias por el telediario (del canal que sea), incluso parroquianos que siguen el fútbol y apenas nada más, que no ven más allá de la victoria o derrota de su equipo. Qué sé yo, vecinos/as, conocidos/as del trabajo, algún cuñado, mismamente mi madre, que si aún hoy les preguntas por Abascal te dirán sí hombre, ése que corría (y bien está que así sea), pero que si les preguntas por Marta Domínguez te pondrán cara deno sé de qué me hablas, no me suena de nada, y es raro, mira que me veo todos los corazones y los tomates y las norias y los sálvames y demás guirigáis pero aún así no recuerdo yo ahora mismo quién es esa tal Marta, la verdad

Me dirán que no es para tanto, me dirán que al fin y al cabo todo el mundo conoce, valora y a veces hasta admira a Fernando Alonso, Rafa Nadal e incluso Pau Gasol (buen momento para recordarme que éste aún sigue siendo un blog de baloncesto). Pues vale, pero también con matices: acaso lo que voy a escribir tal vez sonará descabellado a aquellos que no conocieron esa época, pero yo no puedo evitar pensar que la repercusión social que hoy obtienen los Gasol, Calderón, Navarro, Rudy o Ricky, aún siendo ésta mucha, no se acerca ni de lejos a la que en su día tuvieron aquellos Corbalán, Epi, o Fernando Martín. Del mismo modo que Nadal (por increíble que nos pueda parecer) tampoco alcanza la repercusión que tuvo Santana, o que Contador, así gane media docena de tours, no llegará tampoco a la que un día tuvo Induráin, no digamos ya Delgado (y eso por no remontarme a los aún más lejanos tiempos de Ocaña y Fuente). Quizá Fernando Alonso sería la excepción… más que nada porque tampoco hay apenas precedentes con los que poder comparar. ¿Exagero? Salgan ustedes a la calle, cual si de avezados reporteros se tratara, escojan cien personas al azar y pregúntenles, por ejemplo, cómo se llama el nadador español que recientemente batió un récord del mundo y aún más recientemente obtuvo una medalla de bronce en el Campeonato Mundial de Neopreno, digo de Natación, que tuvo lugar en Roma hace apenas un mes; y si de cada cien me encuentran ustedes a uno, quizás uno sólo que atine con la respuesta (Rafael Muñoz, aclaro por si decidiera aventurarse con la encuesta pero desconociera el dato), bien que podremos darnos con un canto en los dientes aún a riesgo de hacernos daño.

Y si no nos quedáramos en la paletada localista, si miráramos más allá de nuestras narices (y de nuestras fronteras), pues tres cuartos de lo mismo: ¿es hoy Phelps tan conocido en nuestro país (no sé en otros) como lo fue en su día Mark Spitz? ¿acaso el mismísimo Federer, tantas veces como le hemos visto y aún le veremos jugar, está tan inoculado en nuestra memoria colectiva como en su día lo estuvieron Borg o McEnroe? O sin ir más lejos: déjese transcurrir un mes, déjese pasar toda esta vorágine mundialista, cójanse otra vez cien personas al azar (pesadito estoy) y entrégueseles sencillamente dos nombres, dos tan sólo: Carl Lewis y Usain Bolt. Excepción hecha de los más jóvenes (que apenas habrán oído hablar del primero), ¿a cuál de los dos creen ustedes que recordará más la (que llamaríamos) gente de a pie?

¿Qué está pasando? Se supone que estamos llegando al final de la primera década del tercer milenio de nuestra era, se supone que nunca jamás los medios de comunicación estuvieron tan presentes en nuestras vidas, se supone que hoy hay doscientos canales donde antes sólo había dos, se supone que hoy ya no sabemos ni podemos vivir sin Internet, se supone que hoy tenemos ya información hasta en la sopa, que recibimos más contenidos de los que caben en nuestro cerebro… Vale, sí, tenemos más información, pero no estoy tan seguro de que tengamos mejor información. Y en este caso no me refiero (aunque podría hacerlo igualmente) a la prensa o a la radio, me refiero básicamente a la televisión, sobre todo a esos bloques de información deportiva que suelen ir al final de los telediarios (entiéndase el término telediarios como informativos, sean de la cadena que sean, aunque no se llamen necesariamente así). Recuerdo un estudio realizado hace ya un montón de años (veinticinco, treinta, qué sé yo) según el cual el sesenta por ciento de la población española jamás compraba un periódico, jamás escuchaba las noticias de la radio, jamás consultaba Internet (más que nada porque no había): para seis de cada diez ciudadanos de este país, su única fuente de información resultaba ser el Telediario, obviamente el del único canal que entonces existía. Obviamente estos datos nada tienen que ver con nuestra actual realidad, ni falta que nos hace, pero aún así no me cabe la menor duda de que aún hay, no diré ya un sesenta ni un cincuenta ni un cuarenta, pero sí un amplio y significativo segmento de población que no tiene por costumbre leer la prensa (ni la gratuita siquiera) ni escuchar informativos en la radio ni mirar periódicos digitales… Gentes a las que la actualidad de cada díase les da una higa, pero que a la hora de la comida o de la cena se ponen el parte porque es lo que toca, lo que hay en todos los canales, quizá sólo por tener un sitio al que mirar para no tener que verse las caras, un ruido que escuchar para así no tener que compartir las miserias cotidianas del de al lado (lo siento, ya dije al principio que estaba en crisis existencial). Y aún sin querer, aún sin que les importe una mierda lo que allí aparece, poco a poco, de alguna manera, se va inoculando en su interior…

Y acaba la información general y llegan los deportes, y créanme que hubo un tiempo, acaso ya demasiado lejano, en el que relación fútbol/otras disciplinas venía a ser de más/menos 50/50, 60/40 en el peor de los casos: te empezaban por el fútbol, claro, pero nunca faltaba el hueco para meter imágenes de algún torneo de tenis, algún récord de atletismo o natación, algún gran golpe de golf, algún descenso de esquí… Hoy, qué les voy a contar que ustedes no sepan, padecemos el monocultivo del fútbol puro y duro: 80/20 en el mejor de los casos, a veces 90/10, demasiado a menudo 100/0: te meten el entrenamiento de cada día del Madrid y el Barça, te cuentan qué le pasa a Messi, cómo lleva los pelos Cristiano Ronaldo, dónde le duele a Iniesta, cómo hace caca Kaká. Luego, ya dependiendo de la actualidad (curioso concepto éste, actualidad), acaso te metan también imágenes del Valencia, el Sevilla, El Espanyol o alguno de los Atletis, y después… Pues ya dependiendo del canal, si es TVE meterán su dosis de motos y tal vez aún se acuerden de alguna otra cosa, si es LaSexta Fórmula Uno, si se trata de Telecinco, Cuatro o Antena 3 ya ni eso siquiera. En temporada la NBA, que se las sabe todas, aún se las apaña para colocar aquí y allá las tres o cinco mejores jugadas del día (gracias a lo cual algunos recordarán que aún existe este deporte); ¿la ACB? ¿la Euroliga? ¿y eso qué es? Aún en TVE muy de vez en cuando se les escapa alguna imagen por mero compromiso, pero un telespectador que sólo vea las noticias de T5 ó de A3 pensará legítimamente que las competiciones domésticas de nuestro deporte (y de otros, balonmano, voleibol, ya ni hablemos) se extinguieron hace ya mucho, mucho tiempo.

Claro, me dirán con razón que esto es lo que la audiencia demanda, que a la gente le preocupa básicamente la información de su equipo, cómo han entrenado, quién hay lesionado, que el resto se la trae al fresco. Y será cierto, qué duda cabe, hay que meter hasta la extenuación los entrenamientos de los dos grandes porque eso es lo que la gente pide… Pero, aún siendo cierto, no deja de parecerme un tanto peligroso; podríamos hacer lo mismo en el bloque de información general, dar a la gente lo que pide, suprimir esasnimiedades de los 40 muertos del atentado en Kabul o las 70 víctimas de una explosión en Bagdad, cosas que al fin y al cabo no le interesan a nadie, total si están allí pues ya saben que se van a morir, qué más dará un día que otro, y sustituirlo por lo que realmente importa a la gente, qué sé yo, la trama marbellí, veinte minutos diarios de Julián Muñoz y/o la Pantoja, pongamos por caso. No está mal, movernos exclusivamente por criterios de audiencia, pero algunos ingenuos aún pensamos que la información, así deportiva como de cualquier otra clase, debería hacerse en base a criterios exclusivamente informativos, como su propio nombre indica: contar lo que es noticia, en lugar de crear noticias donde no las hay para poder contarle luego a la gente sólo lo que ésta quiere oír.

Éste es un país extraño, qué duda cabe: el balonmano, deporte cada vez más sumido en las catacumbas, vivió un inesperado momento de eclosión hace unos cuantos años por algo tan simple como que un afamado jugador de nuestra selección fue a ennoviarse con una no menos afamada Infanta. Y en nuestro deporte, pues tres cuartos de lo mismo: hoy quizá ustedes ya no lo recuerden, pero puedo asegurarles que durante los oscuros años noventa (retirada ya la generación de Los Ángeles, aún no estrenada la generación de Lisboa/Tokio/Pekín) el jugador de baloncesto más famoso de este país era Fran Murcia; sí, Fran Murcia, jugador murciano (como su propio nombre indica), eterna promesa que no pasó de hacer una carrera simplemente digna, pero que en un momento dado tuvo a bien contraer matrimonio con una tal Lara Dibildos (o algo así), personaje al parecer de vital importancia en las revistas del páncreas, el intestino y demás vísceras. No sé, acaso éste sea el camino: que Marta, Mayte, Paquillo, Eliseo, Pestano, tantos/as otros/as, en lugar de entrenar anónimamente durante doce meses al año, en lugar de sufrir en silencio un día tras otro sus lesiones, sus bajones, sus depresiones, total para luego dejarse los hígados en cada competición y que sólo apreciemos su esfuerzo los cuatro tontos de siempre, en lugar de todo eso casi mejor que se dediquen a dar que hablar, no por su actividad deportiva sino por su vida social, claro está: no, no ganarían campeonatos, no alcanzarían finales (y total para qué, total a quién le importa) pero estarían en boca de todo dios, las marcas comerciales se les disputarían, los contratos publicitarios les lloverían, fama y dinero a espuertas, el atletismo (sustitúyase, en su caso, por el deporte minoritario que cada uno desee) convertido en fenómeno de masas otra vez (si es que alguna vez lo fue)…

Vale, ya lo dejo, acabo ya de desbarrar. No se preocupen, será sólo que las altas temperaturas me habrán reblandecido las neuronas (en su caso), que ya hasta me da por pensar lo que sé que no debo pensar. Sí, está claro, el calor, va a ser eso…

Publicado octubre 25, 2012 por zaid en medios, preHistoria

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