capítulo final   Leave a comment

(publicado el 5 de septiembre de 2009)

 

…El espectáculo debe continuar… pero no conmigo, yo me apeo, conmigo que no cuenten. Aún lo seguiré de lejos, qué remedio, mucho me temo que no podré evitarlo, que el personaje aún me interesa lo suficiente como para necesitar saber cuál será el desenlace. Pero eso: el desenlace. Porque toda esta parafernalia previa de idas y venidas, quiebros y requiebros, tomas y dacas, tiras y aflojas, me supera ya en tal medida que arrojo la toalla. Me rindo, sencillamente. Háganme el favor, avísenme, despiértenme cuando echen el capítulo final… Esto escribí yo hace ya más o menos un mes, y no es que haya estado durmiendo estos últimos días sino más bien disfrutando de mi último trocito de vacaciones, sin internet alguno al que arrimarme… todo lo cual no me ha impedido seguir de lejos (de muy lejos) precisamente el desenlace de este culebrón eterno, esta saga-fuga de RR. Un desenlace no por previsible menos rocambolesco (o no por rocambolesco menos previsible, según) y que nos ha permitido disfrutar de todos sus protagonistas representando a la perfección su papel, ofreciéndosenos un nivel interpretativo sencillamente extraordinario.

And the Oscar goes to… Jordi Villacampa en estado puro, una vez más a la altura de su personaje, mira que nosotros en el colmo de la bondad estuvimos dispuestos a sacrificarlo todo por el chico, mira que hasta fuimos capaces de llegar al acuerdo con los Wolves, hasta perdiendo dinero incluso, y todo por él, todo por su bien, todo para que pudiera cumplir su sueño pero él no, noooo, él, el pérfido y maloso Ricky nos engañó, nos tuvo engañados siempre, él ahí diciendo que quería ir a la NBA cuando en realidad lo que siempre quiso era irse el Barça, nada más que al Barça, y por qué, ¿¿por qué??, pues para hacernos daño, sólo por eso, nada más que eso… (No, éstas tal vez no fueran las palabras exactas, pero ustedes cogen la idea). Mientras tanto, al otro lado de la escena podíamos encontrar a un Ricky Rubio en un registro interpretativo absolutamente opuesto, sobrio, contenido, alejado de cualquier histrionismo, mostrando su nueva camiseta blaugrana (más blau que grana) con gesto discretamente alegre, acaso a medio camino entre la felicidad y la circunspección, entre lo que pudo ser y lo que fue. Y mira que lo habría tenido fácil para sobreactuar como antes hicieron tantos otros en similares circunstancias, para soltar ese típico rollo de éste es mi equipo de toda la vida, desde niño siempre quise jugar aquí, éste es un sueño por fin hecho realidad… (Frases que, dicho sea de paso, habrían hecho inmensamente felices a todos esos foreros ultramontanos -de uno y otro bando- que sólo son capaces de entender el baloncesto a través del fútbol, y que se pasaron todo el verano pontificando que el barcelonismo jamás admitiría a Ricky, dada su conocida filiación espanyolista…) No lo hizo, afortunadamente, y algunos sólo podremos agradecérselo. Y cómo no, allí al fondo del escenario todavía podíamos ver a David Kahn, el hombre de los Wolves (el hombre-lobo, como si dijéramos) llegado por enésima vez a Barcelona (nunca sabremos si en esta ocasión vino por cuenta propia o ajena) lo que le habrá permitido conocerse a la perfección la Sagrada Familia y el Parque Güell, o al menos la nueva terminal de El Prat, otra cosa tampoco parece que haya podido sacar de la Ciudad Condal, Zona Metropolitana incluida. Y finalmente, haciendo mutis por el foro, desapareciendo entre bambalinas aún andaría el inefable Fegan, Dan Fegan rumiando entre dientes esa magra comisión que todavía tendrá que esperar al menos otro par de temporadas… pero que tampoco se me descuiden, que conociendo al personaje raro será que el verano que viene no intente enredar de nuevo, aunque aún no toque.

En cualquier caso, y una vez acabada la ficción, casi mejor quedémonos a solas con la cruda realidad: finalmente el de El Masnou esparcirá su riquirrubina por el Palau durante (al menos) los dos próximos años, para gozo y disfrute de una gent blaugrana que aún no parece ser del todo consciente de la joya que se llevan. Entre tanto en Minneapolis esperarán gustosos esas dos temporadas mientras se montan el apaño con Jonny Flynn y Ramon Sessions, y a poco bien que les salga la jugada (que tiene muy buena pinta) no les faltarán propuestas ofreciéndoles el oro y el moro a cambio de (los derechos sobre) Ricky. Y a todo esto, Villacampa… Villacampa bien haría en prescindir finalmente de sus ataques de importancia, ponerseestupendo al menos por esta vez, decirle al penyismo miren señores, teníamos un agujero negro en nuestras cuentas que ríanse ustedes del Túnel del Cadí, y no habremos sacado 5,7 ni 4,7 pero sí 3,7 limpios (4,2, impuestos incluidos), contantes y sonantes, nada de amistosos ni pagos en especies cogidos con alfileres, tres millones setecientos mil eurazos que es más de lo que nunca nadie jamás pagó por jugador de baloncesto alguno, y vale que aquí todos habríamos preferido que Ricky se hubiese ido a los Wolves de Minnesota, a los Knicks de Nueva York o a los Romeros de La Puebla, pero… ¿saben qué? Pues que esos tres millones setecientos mil se los hemos ido a sacar al Barça, precisamente al Barça, es precisamente nuestro odiado eterno rival el que nos va a ayudar a tapar el agujero y a hacernos de paso algún que otro fichaje de postín, y todo eso a cambio de un jugador que sólo van a tener un par de años, y eso en el mejor de los casos… O dicho de otra manera: venderle a su Penya un poco de positivismo, al menos por esta vez, en lugar de criminalizar una vez más al que se fue.

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Publicado octubre 25, 2012 por zaid en ACB, preHistoria

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