el jugador número trece   Leave a comment

(publicado el 14 de agosto de 2009)

Es posible que mucha gente no haya entendido la elección de Llull en detrimento de Blanco para la plaza que dejó vacante Berni en la selección. Habrá hasta quien se haya echado las manos a la cabeza, por dios, otro base, para qué queremos cuatro, como si Llull no hubiera hecho el papel de dos cantidad de veces este mismo año mientras López o Sánchez llevaban el timón. Pero es que, además, es todo mucho más sencillo que todo eso: Scariolo no buscaba un dos como tampoco buscaba un uno, buscaba un buen defensor para posiciones exteriores, nada más (y nada menos) que eso. Ese rol de especialista defensivo (digámoslo así) es el que habría correspondido a Berni, y puestos a buscar, si no un clon, sí alguien lo más parecido posible, está claro que entre el menorquín y el asturiano no hay color: lo que Saúl te pueda aportar, siendo esto mucho, ya te lo aportan (corregido y aumentado) Navarro y Rudy, lo que Llull (sin ser manco tampoco en ataque, no lo olvidemos) te pueda aportar no te lo aportará ningún otro (salvo Ricky) en esta selección.Blanco (no de apellido, si acaso de camiseta) y en botella, Scariolo se lleva a su tocayo, punto y final. Pero hablando de sergios…

Me van a perdonar, pero llegados a este punto yo no puedo dejar de lamentarme de la mala suerte padecida (una vez más) por quien en condiciones normales debería haber sido el sustituto natural de Berni, quien en condiciones aún más normales debería haber sido seleccionado incluso por delante de Berni, es decir, Sergi Vidal. Cuando Scariolo anunció su lista, hacia finales de junio, recuerdo que vino a decir (no sé si con estas mismas palabras) que sentía no poder contar con él, pero que a Vidal debería serle atribuida a todos los efectos la condición de jugador número trece de esta selección. Y en aquellas palabras creí yo ver una especie de declaración de intenciones, pero es bien sabido que las intenciones suelen ir por un lado y las lesiones por otro (y entre uno y otro lado siempre nos quedará Querejeta, envolviéndolo en papel de celofán, que nadie toque a mi niño -y Scariolo menos- no vaya a ser que me lo rompa); tanto más la fascitis plantar, lesión puñetera donde las haya. Hoy sabemos ya que aquella designación como jugador número trece fue más simbólica que real, que Sergi nunca fue una opción, no podía serlo. E insisto, no me quejo de la elección de Llull (cuyas virtudes ya he ponderado sobradamente), más bien todo lo contrario… pero éste era, tenía que haber sido, el año de Sergi Vidal. El año en el que todos del primero al último lo teníamos clarísimo, tanto que hasta él mismo cambió sus vacaciones, anuló su viaje, dejó todo un hueco en mitad del verano para que en él le cupiera por fin la selección, ya esta vez sí o sí, por fin… Puta vida.

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Publicado octubre 25, 2012 por zaid en preHistoria, selecciones

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